Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

Introducción

El deporte tuvo un rol protagónico en la presión que la comunidad internacional ejerció sobre Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid. Con el apoyo de las Naciones Unidas, el Comité Olímpico Internacional y las distintas federaciones marginaron del mapa a aquel país impidiéndole participar en mundiales, Juegos Olímpicos o cualquier otra competencia. Sumado a sanciones comerciales y políticas, los sudafricanos quedaron aislados.

Cumpliendo a rajatabla el clásico hecha la ley, hecha la trampa, se encontró la manera de burlar la prohibición. La mejor ejemplificación de esta situación la entregó el cricket con los llamados Rebel Tours.

Gracias al buen aporte de dinero que provenía de sponsors privados y, especialmente, de fondos públicos, se contrataban jugadores para formar equipos con nombres de fantasía que servían de rivales para la selección local.

Aunque previamente hubo experiencias con clubes o combinados regionales, los Rebel Tour tuvieron mayor relevancia entre 1982 y 1990. Durante esa época conjuntos no oficiales de Inglaterra, Sri Lanka, Australia y West Indies, que nuclea a naciones del Caribe ex colonias británicas, jugaron ilegalmente en Sudáfrica.

En medio de esas giras se mezclaron la política, el Apartheid y el dinero. La mayoría de sus protagonista vieron como sus carreras se truncaron demasiado temprano y socialmente quedaron marcados de por vida.

Capitulo 1: Los doce del patíbulo

“Otra gente puede ir a Sudáfrica como abogados, plomeros o contadores. Somos un blanco fácil para criticar”, era el justificativo usado por Graham Gooch, capitán del equipo inglés que en 1982 participó en el Rebel Tour inaugural, a la hora de defenderse de las criticas que llovían por la visita a un país que tenía al racismo como política de estado.

La primera intención de la organización, encabezada por Ali Bacher, último capitán sudafricano antes de la suspensión, era invitar a West Indies, en ese momento el mejor equipo del mundo, pero la posibilidad se diluyó. Se intentó con Inglaterra y las negociaciones tuvieron más éxito. Con Geoffrey Boycott, quien capitaneaba a la selección inglesa, como líder las tratativas se manejaron en absoluto secreto.

Finalmente se arregló una gira de 4 partidos que se extendió durante 1 mes. El hecho recién tomó estado público cuando el 1 de marzo 7 de los 12 rebeldes, que habían recibido entre 40 y 60 libras, aterrizaron en Johannesburgo. De los integrantes de aquel plantel sólo había una ausencia de los habituales convocados para la poderosa selección inglesa.

Geoff Boycott, izquierda, y Graham Gooch, las caras principales del polémico tour. (cricketinfo.com)

En Londres la noticia estalló como una bomba. Hubo protestas de grupos anti Apartheid y el tema no pasó desapercibido para el Parlamento. “Se vendieron a si mismos por unas monedas de oro cubiertas de sangre”, atacó el laborista Gerald Kaufmann. En ese recinto también se los tildó como The Dirty Dozen, tomando el nombre de la película de 1967 en la que un grupo de soldados debía cumplir una misión suicida y que en español se tradujo como Los Doce del Patíbulo. El apodo también fue adoptado por la prensa.

Mientras tanto en Sudáfrica la visita era promocionada como el retorno del cricket de primer nivel y la convocatoria de público, mayormente blanco, fue altamente positiva. Había que remontarse a 1970 para que Sudáfrica, nación con mucha tradición en este deporte, enfrentara a un rival importante.

No todos estaban felices con esta serie de amistosos y no lo tomaban como un hecho a celebrar. “No es un capitulo glorioso de su historia. Ellos no deberían decirle a sus hijos que vinieron”, escribió Desmond Tutu, por ese entonces Arzobispo de Johannesburgo y que en 1984 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Tras esta aventura, en la que los visitantes estuvieron apartados de cualquier conflicto social, sobre todo por la feroz represión policial contra cualquier protesta, la delegación inglesa retornó a casa sin victorias pero con las billeteras más abultadas. Los miembros del equipo tuvieron que cumplir una pena de 3 años, que para la mayoría significó el fin de sus días como cricketeros profesionales y tardaron varios años en reinsertarse a la actividad.

Una historia que se desprende es la de Bob Woolmer, uno de los 3 jugadores que se integró en el tramo final del tour como refuerzo. En 2007 fue entrenador de Pakistán, otra potencia, y luego de la sorpresiva eliminación pakistaní en la primera ronda del mundial de ese año, Woolmer apareció estrangulado en la habitación de la concentración. Se cree que la muerte estuvo relacionada con el mercado negro de apuestas, pero al día de hoy el caso sigue siendo un misterio.

Con esta polémica vista del conjunto inglés, comenzaba lo que el periodista Peter May, autor de un libro al respecto, calificó como la crisis de conciencia del cricket.

Continuará

En la próxima entrega las visitas de Sri Lanka, West Indies y las dramáticas historias de vida post Rebel Tour.

Links/Fuentes relacionadas

SAB’s fat cheques broughy disgrace upon world cricket in 1982 (The Guardian)

The Dirty Dozen (cricketinfo.com)

Playing with Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

Caught in Time: English rebel cricket tour of South Africa, 1982 (The Times)

1982 England XI  (The Rebel Tours Blog)

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2 Respuestas a “Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

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