El curioso caso de Robert Dee
Dentro del tenis mundial los flashes se dirigen a las grandes celebridades. Roger Federer, Rafael Nadal, María Sharapova o las hermanas Venus y Serena Williams, son sólo algunas de las figuras más reconocidas en varios rincones del planeta. Por detrás de ellos hay millones de tenistas que transitan sus días sumergidos en la más profunda ignorancia. Pocos logran saltar a la fama y, si lo hacen, probablemente lo logren gracias a un triunfo resonante. Pero no todos los casos son iguales, sino que lo diga Robert Dee, que vivió un fugaz estrellato por recorrer el camino inverso.
El protagonista de esta historia nació el 18 de enero de 1987 durante uno de los inviernos más crudos que recuerde Inglaterra. A los 7 años el pequeño Robert agarró la raqueta y comenzó a tejer sus sueños de ganar Wimbledon, algo que le ocurre a la gran mayoría de los británicos que empiezan a hacer sus primeros palotes en el ex deporte blanco.
Según explica en la biografía de su sitio oficial, empezó a tomarse las cosas más en serio a los 16 años. Es por eso que abandono su casa y viajó hasta Florida, en donde ingresó a la prestigiosa academia de Nick Bollettieri, factoría de campeones de donde salieron, entre otros, Andre Agassi y Sharapova. Allí comenzó a trabajar con otra exigencia, tanto en la parte tenística, como en la mental y en la física. Dos años después a Dee le llegó la gran oportunidad. Un certamen en México DF le entregó una invitación especial para ingresar al cuadro principal sin tener que sortear la clasificación. Era su debut en el profesionalismo.
Esa caída ante el local Jaime Arriaga por 1-6 y 0-6 sería el comienzo de un periplo que lo llevaría a recorrer lugares tan disimiles como Estados Unidos, Holanda, Sudán, Colombia, Kenia, Irán o Noruega, entre otros tantos. Todas sus apariciones en cada uno de los torneos tenían un denominador común: la derrota. Fue así que entre 2005 y 2008 acumuló 54 caídas consecutivas a nivel de certámenes reconocidos por la Federación Internacional de Tenis (ITF), con la particularidad que durante esa racha no ganó ni siquiera un set.
Esta seguidilla de sinsabores se cortó en Reus, España, al vencer al estadounidense Arzhang Derkhshani 6-4 y 6-3 en la primera ronda de la clasificación. “Llamé enseguida a mis padres, primero le dije a mi madre que había perdido, pero después le dije que me pasara con mi padre y ya le dije que había ganado. Ha sido un respiro, sabía que podía hacerlo, pero a veces lo dudaba”, recordó al London Evening Standard. Esta proeza rápidamente recorrió el mundo y ocupó un lugar importante en varios medios, especialmente en Gran Bretaña, que no tardaron en señalarlo con injusticia como el peor tenista del mundo.
Casi sin quererlo desde lo profundo del ránking captó la atención de Federer, el número 1 del mundo y que en ese momento estaba jugando el Masters Series de Monte Carlo. Días después del triunfo de Dee, el suizo fue consultado al respecto en la conferencia de prensa tras su debut. Escuchó con atención el relato y mostró simpatía para con su colega (con diferencias abismales, es cierto, pero colega al fin) por el trato que le habían dado. Según contaba Barry Flatman en The Times, al día siguiente el ganador de 16 títulos de Grand Slam seguía preguntado por la situación del inglés y le envió palabras de aliento para que no baje los brazos.
A Dee y a su familia el mote nos les cayó en gracia. Inmediatamente se empezaron a mover, en especial Alan, su padre, para revertir la concepción que pesaba sobre el tenista. Acompañado por una legión de abogados Alan hizo una presentación ante la Press Complaints Commission, encargada de la regulación de las publicaciones en Gran Bretaña, aduciendo que por el calificativo su hijo se había visto afectado psicológicamente y que esto perjudicaba su profesión. Además sostenía que, si bien el dato de los 54 derrotas era real, no se consignaba que paralelamente había ganado más de 20 partidos en competencias organizadas por la Real Federación Española de Tenis (RFET) y que estaban por fuera del paraguas de la ITF.
Algunos medios, como el sitio de la BBC o The Guardian, días más tarde publicaron una disculpa con una aclaración del tema. Otros, en cambio, no lo hicieron y por eso comenzaron con los juicios.
Dee, cuya mejor ubicación en el ránking ATP fue 1466 el 16 de mayo de 2005, decidió instalarse en España y ser un habitual competidor del los certámenes organizados por la RFET. Esporádicamente aparece intentando pasar la clasificación en un Future. “Muchos son grandes torneos españoles que pueden llegar entregar 5.000 euros para el ganador, que es más de lo dan algunos Challenger de segunda línea. Además hay muchos muy buenos jugadores compitiendo”, explicó el tenista que entrena en la academia del Club Costa Este, fundada por Daniel Dios, uno de sus entrenadores.
Al inglés no le importan ni los tropezones ni las burlas que ha recibido porque no se da por vencido y tiene las ideas muy claras: “soy muy determinado. Me levanto a la mañana y hago esto porque amo al tenis. No intento llegar a la cima del mundo, pero siempre trato de hacer lo mejor para mejorar. Sé que si lo sigo intentando voy a tener mi oportunidad”.
Durante este 2009 no tuvo resultados demasiados destacados. A nivel local jugó varias clasificaciones, ingresando casi siempre al cuadro principal, y en el ámbito internacional sólo ha logrado 1 victoria sobre 8 presentaciones. En total bajo el ala de la ITF Dee registra en total 3 triunfos. Actualmente no tiene ránking.
La mejor definición sobre este antihéroe del tenis la entregó Fraser Wright, director del Club La Manga, primer sitio que acogió al británico en España: “seguramente él no hará una fortuna jugando al tenis, pero ¿cuál es el problema con la vida que esta viviendo? No todos en la vida pueden ser campeones, pero nadie debe dejar de intentarlo”. A pesar de todas las trabas Dee sigue adelante incasablemente. Y esta bien que así sea.
Foto 1 y 2: Robert Dee (Sitio oficial de Robert Dee/Nuevo Nivel Tenis)
Fuentes/Links relacionados
No joke for jolly Robert Dee (The Times)
El peor tenista del mundo (El Mundo)
No le llamen el peor tenista del mundo (El Mundo)
Disculpas de la Agencia Reuters
Todos los partidos de Robert Dee (ITF)
Perfil de Robert Dee (ATP)
Nominado
Este blog que alguna vez empezó como una aventura para despuntar el vicio de escribir fue nominado para los premios Estimulo 2009 al periodismo joven que entrega Tea y Deportea en la categoría Blogs y Sitios de Internet. Los otros candidatos son verdaderos pesos pesados y que, en algún caso, han servido de influencia a Historias Deportivas. Ellos son: Fue Buena, TicEspor, La pelota no dobla, Dame Pelota, ValeChumbar, RugbyFun, El Circuito Cerrado y La Legión Argentina.
La verdad que no sé que pasará cuando se entreguen los premios el 24 de noviembre en la Sala Pablo Picasso del Paseo la Plaza, pero, aunque suene trillado, figurar entre los candidatos es un verdadero orgullo para un blog modesto y que se hace con mucho esfuerzo y dedicación.
Ajedrez en tiempos de guerra
Casi al mismo tiempo que las fuerzas nazis ingresaban a Polonia, en lo que se considera el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en Buenos Aires se disputaba la octava edición de la Olimpiada, a la que rápidamente se puede definir como la Copa Davis del juego-ciencia. A pesar de no ser tiempos de globalización, lo que estaba sucediendo en Europa repercutió inmediatamente en esta competencia, que no se postergó, pero sufrió un fuerte cimbronazo en muchas aspectos. Irónicamente a la larga esta situación terminó por ser beneficioso para esta actividad en el país.
La Olimpiada, por aquel momento llamada Torneo de las Naciones, comenzó a disputarse de manera oficial en Londres 1927, aunque hubo dos ediciones previas que no son reconocidas por la Federación Internacional (FIDE) en París 1924, en concordancia con los Juegos Olímpicos, y Budapest 1926. La llegada de este campeonato a la Argentina, una de las grandes potencias ajedrecísticas del momento, significó la primera excursión fuera del Viejo Continente. Paralelamente se disputó el Mundial femenino.
En el teatro Politeama de la avenida Corrientes se reunieron 27 países, todo un récord, en busca de destronar a Estados Unidos, vigente campeón y que no se presentó por diferencias económicas con la organización. De todos los participantes uno de los casos más llamativos fue el de Palestina, conformado íntegramente por europeos de origen judío. “Nos hemos reunido por pertenecer a la raza judía y somos por ello representantes de los 500.000 judíos que hay en Palestina. Aunque juegan por su parte los árabes y los británicos, nosotros solamente representamos a jugadores de nuestra raza. Lo señalamos puesto que somos una selección de una población relativamente pequeña y nuestro equipo ha logrado estar a la altura de rivales importantes”, indicó al diario La Nación Moshe Czermiak, capitán palestino, oriundo de Austria, en su llegada al puerto de Buenos Aires.
Dos nombres importantes que participaron fueron el cubano José Raúl Capablanca, uno de los campeones mundiales más famosos que tuvo el ajedrez en su extensa historia, y el francés de origen ruso Alexander Alekhine, dueño del cetro mundial tras desbancar a Capablanca en Buenos Aires en 1927.
Días previos al comienzo de la Copa de las Naciones a bordo del barco de bandera belga Piriápolis arribaron buena parte de las delegaciones que provenían del otro lado del Atlántico. Sin saberlo muchos de los tripulantes pisaban la tierra que los acogería por el resto de sus vidas. Venían desde lugares tan disimiles como Estonia, Holanda, Inglaterra, Islandia, o Checoslovaquia, que compitió bajo el nombre de Protectorado de Bohemia-Moravia para poder participar al margen de Alemania, que en ese momento había tomado posesión de ese territorio. También llegaron, entre otros, representantes de Uruguay, Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú y Canadá. La inscripción de tantos equipos de América fue una novedad ya que por lo general la mayoría solían provenir de Europa.
El 23 de agosto se realizó el acto de apertura, al cual no falto nadie. Asistieron desde autoridades diplomáticas hasta funcionarios del gobierno nacional, encabezados por el Presidente de la Nación Roberto Ortiz, quien donó la Copa República Argentina, reservada para aquellos equipos que no superaran la primera fase. El trofeo quedó en poder de Islandia.
Mientras las piezas blancas y negras se movían ante una buena concurrencia de público que pagó entre 1 y 2 pesos por las entradas, las noticias que provenían desde Europa no eran las mejores porque el clima político estaba cada vez más enrarecido. Desde la Federación Argentina de Ajedrez (FADA) trataban que no se mezclaran los temas, pero se llegó a un punto en el cual la situación se hizo insostenible. El 1 de septiembre de 1939 comenzaba la ronda final con los mejores 16 equipos que irían en busca de la Copa Hamilton Russell. Nadie pensaba en eso. Ese mismo día las tropas nazis ingresaban a Polonia. La Segunda Guerra Mundial había estallado.
En Buenos Aires la primera consecuencia fue el retiro de los ingleses, a los cuales no se los pudo convencer para que
revirtieran su posición. Muchos otros países querían seguir el mismo camino, pero en una reunión de urgencia entre los capitanes se detuvo el entendible deseo de desertar. Para colmo el fixture indicaba que en próximos días debían enfrentarse polacos y alemanes, situación que no se dio porque la organización, en una decisión que causo polémica, optó por cancelar el match y declararlo empate (tablas). Misma suerte corrieron los choques entre Alemania-Francia y Alemania-Palestina. A la larga los teutones, que hacían su debut porque estuvieron alejados de la FIDE, se vieron favorecidos por esos resultados y salieron campeones, relegando a la segunda colocación a Polonia y a la tercera a Estonia.
Los 15 días finales no fueron los mejores. La atmósfera era tensa y, según los especialistas, el nivel de juego decayó considerablemente. Alcanzar la concentración era complicado y las cabezas no estaban en condiciones óptimas para ejecutar movimientos precisos.
Terminado el Torneo de las Naciones, en el cual Argentina finalizó quinta, confirmando que el tercer puesto en Estocolmo 1937 no había sido una casualidad, muchos de los jugadores se encontraron con un destino incierto. Ayudados por el Estado un nutrido grupo, en su mayoría judíos, decidió quedarse, tal el caso del equipo alemán. Otros, en cambio, partieron a sus hogares (si es que todavía existían). Una de las que retornó fue Vera Menchik, jugadora soviética nacionalizada británica que se quedó por novena vez con el mundial femenino. Murió en 1944 durante el bombardeo nazi sobre Londres.
Sin dudas uno de los casos más famosos de aquellos que se establecieron en Argentina es el de Miguel Najdorf. Llegó como miembro del quinteto de Polonia y perdió todo tipo de contacto con su esposa y su hija, a quienes vio por última vez antes de partir a Buenos Aires. Durante mucho tiempo no tuvo información de ellas, hasta que un día pudo retornar a su tierra natal. Allí se enteró de la peor noticia: habían muerto durante el Holocausto de Varsovia.
Prácticamente sin dinero comenzó a reconstruir su vida casi desde cero y con mucho esfuerzo se hizo un nombre en los circuitos ajedrecísticos, en donde rápidamente despuntó con su talento. Se convirtió en figura y ganó en 8 oportunidades el campeonato argentino, marca que todavía no pudo ser superada. “En todas partes la gente decía que había que trabajar para ganarse el pan, pero aquí en la Argentina se decía que había que ganarse el puchero. Yo me dije ‘puchero es más grande que pan. Entonces me quedo’”, solía decir cuando se le consultaba porque se estableció en el país. Se nacionalizó y sería el principal responsable de la Era Dorada del ajedrez local, en donde se destacan 3 segundos puestos en la Olimpiada, 3 mundiales juveniles y 1 de cadetes más una innumerable cantidad de Grandes Maestros. Una realidad opuesta a la actual en la que Argentina prácticamente esta desaparecida del plano internacional.
Don Miguel, como se lo solía llamar, se transformó en una de las caras más famosas del ajedrez mundial. Fue tal la marca que dejó que hay una jugada que lleva su nombre. Se trata de la defensa Siciliana variante Najdorf, sobre la cual existe una basta bibliografía. Para tener una idea de la magnitud que significa esto ni siquiera Bobby Fischer, considerado por muchos como el más grande de todos los tiempos, ha logrado semejante honor.
A lo largo de su vida se encontró con una infinidad de personalidades de la historia universal. Entre otros en la lista se pueden encontrar al Che Guevara, fanático del juego-ciencia, Wiston Churchill, Juan Domingo Perón o el Sha de Irán.
Aunque estuvo en condiciones de hacerlo nunca pudo pelear por el título del mundo. La leyenda dice que los soviéticos, amplios dominadores del ajedrez tanto en el plano político como deportivo, se encargaron de coartarle esta posibilidad luego que humillara en un tablero a una de sus grandes figuras. Najdorf murió por un edema pulmonar en 1997 mientras se encontraba en Málaga.
Hubo varios Grandes Maestros que vivieron situaciones parecidas por culpa de la guerra y encontraron refugio en Argentina. Casi sin proponérselo con sus conocimientos pudieron sobreponerse a tan triste realidad y terminaron por marcar un antes y un después en la historia argentina de este añejo juego.
Foto 1: Algunas de las delegaciones llegando a Buenos Aires desde Europa. (La Nación)
Foto 2: El equipo alemán que se consagró campeón. Todos sus integrantes se quedaron en el país. (La Nación)
Fuente/Links relacionados
La otra guerra del ajedrez (Canchallena)
Estadísticas equipo argentino (olympicbase.com)
Olimpiada de ajedrez Buenos Aires 1939 (olympicbase.com)
Jugadas de la memoria (Carlos Ilardo-Ediciones Al Arco)
La Nación 21 de agosto de 1939
La Nación 22 de agosto de 1939
La tragedia de una campeona
Muchas veces en la vida hay situaciones que duran un puñado de segundos o quizás milésimas, pero que traen como consecuencia un cambio rotundo en las personas y que significa una quiebre muy brusco porque nada volverá a ser como antes. Este es el caso de Elena Mukhina, quien estaba signada a ser una de las figuras del equipo soviético de gimnasia durante los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y días antes de comenzar a competir sufrió una grave lesión que la confinó hasta el fin de sus días a una silla de ruedas.
El acto de vivir casi nunca fue una tarea sencilla para Mukhina, nacida el 6 de junio de 1960 en tierra moscovita. A los 5 años sufrió un duro golpe como fue la perdida de su madre cuando se incendió su casa. Su abuela, Anna Ivanova, se encargó de su crianza. Al mismo tiempo comenzaba a tejer sus primeros sueños de destacarse en la gimnasia, una de las piedras fundamentales en el entramado del deporte en la Unión Soviética.
Un día mientras estaba en la escuela llegó al aula un entrenador preguntando si había alguna interesada en sumarse a su equipo. Por supuesto que Mukhina no dudó en levantar la mano. Comenzó a trabajar con Mikhail Klimenko y rápidamente se destacó como una promesa al ganar el campeonato nacional juvenil de 1976. Esa misma temporada terminó en el 12° puesto en la exigente Copa URSS, un torneo con un nivel parecido o hasta superior al que se podía encontrar en un Mundial o en los Juegos Olímpicos. No le alcanzó para estar meses más tarde en la cita olímpica de Montreal.
Ese mismo año en el Europeo de Praga finalizó en la segunda colocación en el all around, prueba que combina todas las especialidades de la gimnasia, detrás de Nadia Comaneci, probablemente la mejor de todos los tiempos porque fue la única en la historia que logró una rutina perfecta. Además consiguió otras 3 medallas de oro.
Sin embargo la gran explosión de Mukhina llegó 2 años más tarde durante los mundiales de Estrasburgo (Francia). Allí se colgó 5 preseas doradas, incluido el título en el all around batiendo a Comaneci. Sorprendió a todos por la complejidad de sus movimientos en los diferentes aparatos. Definitivamente se había consagrado como una de las grandes estrellas de la gimnasia mundial y era la cara más importante del poderoso combinado de la URSS. Por eso desde el estado comunista habían puesto muchas esperanzas en ella de cara a los Juegos Olímpicos que se avecinaban.
A fines de 1979 empezaron los problemas. Durante una competencia Mukhina sufrió una fractura en una de sus piernas y casi sin tiempo para llegar en condiciones optimas al gran objetivo su entrenador Klimenko y el jefe de equipo, Aman Shaniyazov, quizás sufriendo presiones por parte de altos mandos, apuraron la recuperación de la gimnasta con una operación. Lo planificado no salió como se esperaba y la pierna de Mukhina no quedó bien, por lo que nunca se terminó de reponer del todo. Igualmente los entrenadores aceleraron los plazos porque su recuperación era una cuestión de estado. Si o si debía participar en los Juegos Olímpicos.
Pocas semanas antes que se prendiera la Llama Olímpica en la capital soviética la selección de la URSS estaba concentrada en Minsk ajustando detalles de cara a la competencia. Durante uno de los últimos entrenamientos Mukhina practicaba ejercicios de suelo y cuando realizaba uno de los movimientos que más dominaba cayó mal y dio con la pera contra el piso. Se rompió varias vertebras y quedó tetrapléjica. A los 20 años su vida quedó reducida a una silla de ruedas y solo moviendo algunas partes de su cuerpo.
Sin dar demasiadas especificaciones desde la Federación Soviética informaron que Mukina no iba a participar en los Juegos Olímpicos por lesión. Esa fue la última noticia que se tuvo de ella porque quedó olvidada.
Su primera aparición pública tras el accidente y confirmando las sospechas que había alrededor de ella, en especial del otro lado de la Cortina de Hierro, fue cuando la URSS le entregó como reconocimiento la Orden de Lenin. En 1983 el Comité Olímpico Internacional la condecoró con la Orden Olímpica, el galardón más importante dentro del olimpismo.
En 1988 Mukhina, que volvió a vivir con su abuela, realizó una las pocas entrevistas mientras estuvo en la silla de ruedas. “Ni culpo ni condeno a nadie por lo que sucedió. Fui estúpida. Lo único que quería era justificar la confianza que habían puesto sobre mi y ser una heroína”, explicó. También criticó al modelo soviético: “Había conceptos como el honor del club, el honor del equipo, el honor al equipo nacional, el honor de la bandera. Eran palabras detrás de las cuales a las personas no se les prestaba atención”. Vivió en el ostracismo y lo que se sabe es que colaboró como columnista en un diario de Rusia, no mucho más.
Volvió a escucharse su nombre cuando murió a los 46 años. No se confirmó cual fue la causa de su muerte, pero al parecer estaría relacionada con alguna disfunción causada por la tetraplejia.
Mukhina todavía hoy es recordada. Muchos de sus movimientos fueron novedosos durante una época en la que la gimnasia era dominada por los países de Europa del Este y solo Estados Unidos podía inmiscuirse un poco. Quizás sin saberlo muchas de las estrellas actuales están rindiéndole homenaje a uno de los grandes nombres de la historia de este deporte.
Foto 1: Mukina en acción. (El País)
Foto 2: Elena Mukina y su foto más famosa. (Wikipedia)
Videos
Elena Mukhina en los mundiales de Estrasburgo 1978
Elena Mikhina en las barras paralelas
Fuentes/Links relacionados
Elena Mukhina, orgullo de la gimnasia de la URSS (El Mundo)
La tragedia de una gimnasta (El País)
Elena Mukhina dies (intlgymnast.com)
Alemania vs Alemania
De los muchos partidos que se han disputado en la historia de la Copa del Mundo probablemente aquel que se celebró el 22 de junio de 1974 en Hamburgo haya sido el más morboso de todos. Por única vez se vieron adentro de una cancha la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática de Alemania (RDA) en la definición del Grupo 1 en la primera ronda. Además de la carga emotiva que ya de por sí tuvo este encuentro, se vio rodeado por el escándalo desatado unos meses antes cuando fue detenido un espía de la RDA que se había insertado en las altas esferas del gobierno de la RFA.
Obligado a tachar su pasado como afiliado del Partido Nazi, al cual había ingresado a los 17 años con el número 9709880, Günter Guillaume comenzó su trabajo como agente en Frankfurt junto con su esposa Christel, que había logrado un puesto como secretaria de un diputado del Partido Socialdemócrata (SPD). Guillaume, que entró al país camuflado como refugiado, comenzó su carrera política en este partido como concejal en Frankfurt. Más tarde manejó con éxito la campaña para diputado de Georg Leber, lo que le hizo ganar una excelente consideración en el SPD.
Es por eso que llegó a la Cancillería Federal, en donde gracias a su servicialidad y buena disposición logró un rápido ascenso hasta convertirse en la mano derecha del canciller Willy Brandt, uno de los principales impulsores de la unión de Alemania (Ostpolitik) y ganador del Premio Nobel de la Paz en 1971. Por las manos de Guillaume pasaba todo tipo de documentación, mucha de ella clasificada. Entre otras cosas se incluye una carta de Richard Nixon sobre la situación de la Alianza Atlántica (OTAN) que estaba enmarcada dentro del grado de secreto más importante de la entidad (cosmic).
Paralelamente los servicios de la RFA empezaron a detectar mensajes radiales en forma de clave que provenían de Berlín Este, más precisamente del Ministerio de Seguridad de Estado. El contraespionaje descubrió que un matrimonio estaba espiando al SPD y por eso realizaron investigaciones a funcionarios del mencionado partido, pero no lograron resultados positivos. Años más tarde, por una pista brindada por el M16 británico, se descubrió que en la RDA estaban muy bien informados de lo que sucedía en la Cancillería de la RFA y en los niveles más altos del SPD. Además, descubrieron que del otro lado del Muro había una cuenta bancaria en la que se depositaba el sueldo a un agente.
Con esta información clave pudieron descifrar los mensajes que llegaban desde la Alemania Oriental y en 1973 el contraespionaje descubrió que sus presas eran Guillaume, principalmente, y su esposa, que trabaja en un bar en el cual se reunían miembros del SPD a conversar hasta altas horas de la noche.
Guenther Nollau, el jefe del contraespionaje, informó de lo sucedido al ministro del Interior Hans Genscher, quien fue el encargado de avisarse a Brandt de las dudas que rondaban sobre su colaborador, con el cual había establecido una relación más allá de lo laboral, y le pidió que siguiera trabajando con él para lograr pruebas definitivas que acusaran a Guillaume. El canciller alemán quedó en el medio de esta situación y fue usado como señuelo de un presunto espía.
Casi 1 año después alrededor de 100 agentes del servicio de espionaje de la RFA persiguieron a Guillaume hasta la Costa Azul francesa, en donde se encontró con un contacto, con la idea de agarrarlo con las manos en la masa. Genscher definió esta operación como “una segunda invasión a Francia”. La misión fracasó.
La captura se produjo el miércoles 24 de abril de 1974, 50 días antes del comienzo del Mundial. “Soy capitán del Ejército Nacional Popular de la República Democrática de Alemania. Les ruego, señores, que respeten mi honor de oficial”, les dijo Guillaume, con aspecto inofensivo y más propio de un oscuro oficinista, al Grupo de Seguridad de Bonn, los encargados de su captura. “Tengo la escena muy presente. Estábamos de vacaciones y yo dormía. Mi puerta estaba cerrada, escuché ruidos y vi como el pasillo se llenaba de hombres vestidos de paisano, pero con impecables trajes. Yo grite que qué ocurría, pero me instaron a que me quedara en mi habituación y me vistiera. Mis padres fueron arrestados”, recordó Peter Boom, el único hijo que tuvo la pareja y que en ese momento tenía 17 años.
Como consecuencia renunció el canciller porque, entre otras cosas, saltaron a la luz algunos hechos de su vida privada como, por ejemplo, que Guillaume solía brindarle contactos de prostitutas. “No fueron capaces de descubrir un espía, pero si de espiar mi vida”, dijo un enojado Brandt, que murió de cáncer en 1992, cuando abandonó su cargo. Guillaume y su esposa, de la que años más tarde se divorciaría, fueron declarados culpables por espionaje y condenados a 13 y 8 años de prisión, respectivamente. En 1981 volvieron a la RDA como parte de un intercambió de agentes. Guillaume, que nunca se arrepintió de su accionar, falleció en 1995 por un paro cardiaco.
Todavía con esta situación, casi sacada de una película, en carne viva, la RFA se disponía a darle comienzo a una nueva edición del Mundial de fútbol, que quedaría en poder de los organizadores al vencer a la recordada Holanda de Johan Cruyff en la final. Por esos caprichos del fixture se dio el hecho que los locales debieron enfrentarse a sus vecinos de la RDA en el cierre de la primera ronda. La Alemania del Este llegaba con la clasificación a la siguiente instancia confirmada al haber superado a Australia (3-0) y a Chile (1-0). En cambio la del Oeste se jugaba su continuidad luego de empatar 1-1 con los chilenos y por imponerse por 2-0 a los australianos.
Muy a disgusto de ambas partes durante 90 minutos tuvieron que dejar de ignorarse para enfrentarse. Como nunca antes en la historia quedó graficada como era la situación del mundo durante la Guerra Fría: de un lado 11 alemanes del este y enfrente 11 alemanes del oeste separados únicamente por una línea de cal. Mientras que en las tribunas del Volksparkstadion los colores negro, rojo y amarillo eran los que exclusivamente dominaban la escena. Por supuesto que para los gobiernos fue una lucha para ver que sistema prevalecía sobre el otro y la situación por los espías capturados estuvo rondando todo el tiempo en la previa.
“Si en mi lápida pusieran ‘Hamburgo, 1974’, todos sabrían quien yace debajo”, afirmó en una oportunidad Jürgen Sparwasser, que sin quererlo cambiaría para siempre su vida después de este encuentro. Ocurrió en el minuto 77. Sparwasser aprovecho la desatención de Franz Beckenbauer, Berti Vogts y Horst Höttges y en el área sacó un fuerte remate que vulneró al arquero Sepp Maier. La pelota terminó en la red. Para sorpresa de todos la RDA se ponía al frente 1-0, resultado que se mantendría hasta que el árbitro uruguayo Ramón Ruiz marcó el final. “Era golpear al enemigo. Golpear al enemigo donde más le duele. Mucha gente entonces lo veía así”, comentó en una entrevista el autor del histórico gol.
Sparwasser fue utilizado como medio de propaganda por el Estado, pero no fue visto como un héroe nacional por buena parte de la gente. Así lo explicó el jugador que se afilió, junto al resto del plantel, al Partido Comunista para poder participar en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972: “Una parte de los habitantes de la RDA no estaba de acuerdo con el sistema político del país. Esas personas reaccionaron negativamente. Todos esperaban y creían que perderíamos el partido, que nos meterían 5 ó 6 goles. Por eso surgieron envidias y antipatías. No sólo contra mi, sino también contra mis compañeros”.
Irónicamente en lo deportivo a la larga esta caída terminó por beneficiar a la RFA. Al quedar en la segunda colocación del Grupo 1 en la nueva instancia los teutones del este quedaron emparejados en una zona con Polonia, Suecia y Yugoslavia, a priori más sencilla que la le tocó a la RDA, que enfrentó a Holanda, Brasil y Argentina, que fue el único partido que no perdió en esta etapa del torneo (1-1). Es por eso que el mito dice que la RFA fue a menos en ese partido. Lo cierto es que cuando ganaron el campeonato hubo un agradecimiento para Sparwasser. Cinco minutos más tarde de culminada la final al delantero del Magdeburgo, único equipo de la RDA que logró un título a nivel europeo, le llegó un telegrama sin firma a su casa que decía: “Spari (su mote), te damos las gracias. Toda Alemania te da las gracias”.
Después del Mundial Sparwasser tuvo la posibilidad de pasar al poderoso Bayern Munich, pero este se negó por serle fiel al gobierno, el mismo que años después cuando se retiró le puso todas las trabas posibles para que no lograra su doctorado por negarse en 3 ocasiones a ser entrenador del Magdeburgo. “Les dije que no era lo que quería hacer. Mi meta era otra. Destruyeron mi carrera profesional. Yo tenía 40 años y faltaban 25 años para recibir la jubilación. Me quede sin posibilidad de completar mis planes profesionales. Así que decidí irme a la RFA con mi mujer, que ya estaba del otro lado de la frontera”.
Tras la caída del Muro se convirtió en el presidente de la Asociación de Jugadores y actualmente maneja una red de escuelas de fútbol, ubicadas mayormente en lo que fue la desaparecida RDA. “Ese tanto me supuso más daño que beneficios”, suele recordar Sparwasser cada vez que hace mención al gol más famoso de la Guerra Fría.
La RDA, cuyo único título oficial fue el oro en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, y la RFA se tendrían que haber enfrentado otra vez. En 1990 la Alemania del Oeste iba a disputar un amistoso ante sus compatriotas del Este como despedida de la competencia oficial y que serviría para darle paso a la selección alemana unificada. Pero por disturbios entre los espectadores el encuentro se tuvo que suspender.
Aunque a veces pasa desapercibido este duelo fue único en la historia de los mundiales y por suerte nunca más se volverá a repetir.
Foto 1: Guillaume y su esposa Christel durante la juicio.
Foto 2: Los capitanes de ambas selecciones antes del partido.
Video: Resumen del partido
Fuentes/Links relacionados
Günter Guillaume, el espía que volvió al frío (El País)
Muere Gunter Guillaume, el espía culpable de la dimisión de Willy Brandt (El Mundo)
Willy Brandt (Fundación Premio Nobel)
Willy Brandt ‘resucita’ a los 30 años de su dimisión (El Mundo)
Gunter Guillaume, 68, Is Dead; Spy Caused Willy Brandt’s Fall (The New York Times)
Günter Guillaume, el traidor sentimental (El País)
Christel Boom (The Times)
A short history of East German national teams (rsssf.com)
Síntesis del partido (fifa.com)
Resultados del Mundial RF Alemania 1974 (fifa.com)
Más que un campeón
De las varias leyendas que existen en la historia del tenis no todos han logrado sobresalir por sus acciones fuera de los courts. Una de las que si pudo fue Arthur Ashe. Este afroamericano nacido en los barrios bajos de Richmond se convirtió en mucho más que un ganador del US Open, de Wimbledon y del Abierto de Australia, sino que con la misma fuerza con la que sacaba o le pegaba de drive luchó, entre otras cosas, para derribar las barreras raciales hasta el fin de sus días, cuando una neumonía complicada por el virus del HIV terminó con su vida demasiado temprano.
Ya sea en el circuito femenino o masculino en la actualidad no es una rareza ver tenistas de raza negra, tal el caso de las hermanas Serena y Venus Williams o Gael Monfils, pero cuando Ashe comenzó con sus primeros raquetazos en 1953 en el Richmond Brookfield Park esto no era algo habitual. Rápidamente llamó la atención de los profesores del lugar no sólo por su color de piel, sino también por su talento. Es por eso que durante el verano cayó en manos de Walter Johnson, quien se convertía en su mentor.
Durante su primera prueba de fuego a nivel competitivo ya dio muestras que estaba para algo grande al alcanzar las semifinales del campeonato nacional junior de 1958 en su debut absoluto. En 1960 y 1961 ganó la versión indoor. Todos estos logros le valieron una beca por parte de la UCLA, en donde se recibió con un grado en la Licenciatura en Administración de Empresas. Mientras estuvo en la universidad dividía su tiempo entre los libros y el deporte. Allí llamó la atención de Pancho González, a quien consideraba su ídolo y era una de las grandes estrellas del tenis en ese momento, que terminó de pulirle algunos defectos al juego de Ashe.
Paralelamente iba ganando interés en lo que sucedía más allá de las canchas de tenis con la situación de la discriminación que sufrían los negros en Estados Unidos y, sobre todo, en Sudáfrica, que para ese momento se encontraba hundida en el Apartheid. Ya transformado en un personaje conocido, en especial por su convocatoria al equipo de Copa Davis en 1966, comenzaría con más ahínco su búsqueda de la igualdad.
El año 1968 fue especial para Ashe, que a los 7 años perdió a su madre a causa de una complicación durante una operación. Junto con la United State Tennis Association (USTA) colaboró en la fundación de la National Junior Tennis League, un programa enfocado en difundir el tenis entre los chicos de los barrios más pobres. Durante el verano en Forest Hill, todavía como amateur, logró el título del US Open. Así empezaba confirmar todo lo que se venía diciendo sobre él. Entre las voces que lo destacaron estuvo la de Harry Hopman, arquitecto de la Era Dorada del tenis australiano, que había calificado a Ashe como “el jugador más prometedor del mundo”.
Una celebración en un Grand Slam se repitió en 1970, cuando se alzó con el Abierto de Australia. Para ese momento había embolsado 1.584.909 dólares, lo que en ese momento era un muy buen dinero para un deportista profesional.
Definitivamente se había transformado en una celebridad. Esto le permitió acceder a otros lugares públicos y que su voz sea escuchada con más fuerza. Consustanciado con la causa sudafricana pidió una visa para visitar el país, la que le fue denegada. Lo intentó 2 veces más y recién en la tercera oportunidad, con intervención del estado estadounidense, logró su cometido, aunque no le aseguraban hospedaje. Ashe participó en el campeonato nacional y se transformó en el primer atleta negro profesional en competir en ese país. Anteriormente le había exigido a la Federación Internacional de Tenis la desafiliación de la Federación de Sudáfrica.
Al ser alguien famoso y tener actitudes extrañas, el FBI se fijó en él. Se sospechaba que quien llegó a ser número 2 del ránking mundial era uno de los financiadores de los Black Panthers, un grupo radical influenciado por las ideas de Malcom X. El resultado del informe de 20 páginas dio negativo.
Luego de ser uno de los miembros fundadores de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), entidad que presidió hasta 1979, y de sufrir el primero de sus varios paros cardiacos, retornó a Sudáfrica, pero esta vez para fundar un centro comunitario de tenis en Soweto, barrio muy castigado por el Apartheid y en donde se mantenía vivo el recuerdo de la matanza que sufrieron estudiantes que protestaban contra las políticas discriminatorias.
En 1975 completó su trilogía en los Grand Slam. El mítico césped del Court Central de Wimbledon fue testigo de como Ashe venció a Jimmy Connors en la final por 6-1, 6-1, 5-7 y 6-4 para convertirse en el único jugador de raza negra que se alzó con el cetro más importante del tenis. Este sería su último gran logro porque de aquí en más sus problemas con el corazón se complicarían, hecho que derivó en su retiro. Atrás dejó una carrera con 818 triunfos, 260 derrotas y 51 títulos.
La gota que rebalso el vaso cayó el 16 de abril de 1980 cuando comenzó a sentir fuertes dolores en el pecho durante un entrenamiento. Años antes se había sometido a varias cirugías, entre ellas un cuádruple byepass. Ya recuperado asumió la capitanía del equipo de Copa Davis de Estados Unidos, logrando el título en 1981 y 1982, el primero de ellos en la recordada serie contra Argentina en Cincinnati.
Todavía aquejado por sus problemas con el corazón en 1983, mismo año que fue incluido en el Salón de la Fama, debe pasar una vez más por el quirófano. Finalizada la operación Ashe no se siente bien y por eso los médicos deciden realizarle una transfusión de sangre. Ese sería el principio del fin.
A mediados de la década del 80 cada vez se escucha más fuerte el nombre de un nuevo virus: el HIV. Ante este contexto, el Ministerio de Salud de los Estados Unidos recomendó hacer testeos de sangre a todas las personas que se habían sometido a una transfusión entre 1979 y 1985. En el listado se hallaba Ashe, que se encontró con la peor respuesta. El resultado de los análisis dio positivo.
Ashe prefirió mantenerlo en secreto y sólo su esposa Jeanne Moutoussamy, una fotógrafa que había conocido durante un torneo y con la tuvo una hija, Camera, y sus familiares más directos sabían la noticia. Todo saltó a la luz en 1992 por una investigación del USA Today y que el ex tenísta confirmó con algo de mala gana en una conferencia de prensa, tal como haría tiempo después Magic Johnsson. “Tengo buenos días y malos días. La proporción de buenos y malos días es de 6 a 1. No creo que nadie en mi situación no pueda pasar malos días. Pero no quería hacerlo público ahora porque no estoy enfermo”, dijo ante los medios.
Y era verdad porque Ashe no se sentía convaleciente. Era un activo participante en diferentes protestas, como aquella
en la que fue detenido en la puerta de la Casa Blanca quejándose del maltrato que recibían los refugiados haitianos por parte del gobierno de George Busch padre; se había convertido en la cara visible de la prevención del Sida. En esta posición llegó a hablar en las Naciones Unidas un 1 de diciembre, día mundial de lucha contra esta enfermedad, exigiendo que se utilizaran más fondos para encontrar una cura; estuvo en Sudáfrica como parte de una delegación de estadounidenses observando cuáles habían sido los progresos tras la abolición del Apartheid.
Entre todo esto además tenía tiempo para ser columnista del Washington Post, comentarista en HBO y ABC, escritor de 3 volúmenes sobre la historia de los atletas negros en Estados Unidos, ayudó a crear centros de tenis en barrios carenciados de, entre otros lugares, Newark, Detroit, Atlanta, Kansas e Indianápolis, trabajó con la USTA, con Le Coq Sportif, que fue sponsor, y en diferentes asociaciones que ayudaban en la investigación de diversas enfermedades.
Por todo esto Sports Illustreited en 1992 lo nombró como el deportista del año, en lo que es una de las tapas más recordadas de la revista deportiva más famosa del mundo. Prácticamente esa fue su última aparición pública. En febrero de 1993 a los 49 años en Nueva York fue declarado muerto a causa de una neumonía relacionada con el virus del HIV. A su funeral en su Richmond natal asistieron más de 5.000 personas y a su entierro días más tarde otras 6.000.
A 16 años de su fallecimiento la figura de Ashe sigue omnipresente, en especial en cada celebración del US Open. El sábado previo al inicio del torneo se realiza el Arthur Ashe Kid’s Day, en el cual hay una serie de entretenimientos y aquellos chicos que están dando sus primeros pasos en el mundo de la raqueta tienen la posibilidad de conocer y jugar con sus ídolos. A todo esto se le suma una estatua en el USTA National Tennis Center, predio en el cual se disputa el campeonato, y el estadio principal, que es el de mayor capacidad en el mundo para ver tenis, lleva su nombre desde 1997.
La ATP también lo homenajea. Desde 1990 entrega el Arthur Ashe Humanitarian Award, siendo algunos de los ganadores Roger Federer, Andre Agassi, Nelson Mandela, el mismo Ashe, y la pareja de dobles compuesta por el israelita Amir Hadad y el paquistaní Aisam Ul Haq Qureshi.
En Sudáfrica también es recordado. Aquel centro de tenis inaugurado en Soweto durante la década del 70 fue reabierto en 2007. Los inconvenientes sociales de la zona llevaron a que este lugar cayera en desuso y se convirtiera en un terreno abandonado. Es por eso que en 2000 allí se intentó construir un shopping. Los principales encargados de impedir esto fueron, casi como un guiño del destino, Ian Smith y Bongani Zondi, dos personas que durante la época del Apartheid recorrieron caminos muy distintos y que en esta oportunidad trabajaron en conjunto para lograr la meta.
Este establecimiento tiene como objetivo utilizar el tenis como medio de inserción a la sociedad y, por que no, que en un futuro puedan salir jugadores de elite. El funcionamiento no sólo se limita a lo tenístico, sino que paralelamente se busca darles educación formal a los chicos. Por ello cuenta con una biblioteca con más de 3.000 libros que pertenecieron a Ashe y que fueron donados por la viuda, presente en la reinauguración.
Con un look más cercano al de un estudiante universitario que al de un jugador de tenis profesional Ashe fue desde el deporte una de las caras más visibles en la lucha contra la discriminación. Con estilo opuesto al de Muhammad Ali soñó con un mundo sin diferencias. Aportó para la caída del Apartheid y, de algún modo, a la distancia puso su granito de arena para que hoy Estados Unidos tenga un presidente negro.
Foto 1: Ashe junto con su padre después de ganar el US Open. (New York Times)
Foto 2: Ashe en la inauguración del centro de tenis de Soweto. (The New York Times)
Fuentes/Links relacionados
A Dream Restored (The New York Times)
Artur Robert Ashe Junior (Sports Illustreited)
Arthur Ashe, Tennis Star, Is Dead at 49 (The New York Times)
Contributing to the Struggle With Grace and Dignity (The New York Times)
BackTalk; A Gentleman, A Revolutionary (The New York Times)
Ashe’s Name On Stadium Is an Ace (The New York Times)
Informe del FBI sobre Arthur Ashe
John Brisker: La bestia negra
El mundo del deporte ha presentado muchos personajes que se ganaron el odio del público, de sus colegas y de los medios por sus actitudes. Algunos en esta lista podrían ser John McEnroe en el tenis, aunque en este caso sus actos se limitaban a maltratar periodistas o árbitros y con el tiempo dio vuelta la situación, logrando que todo sea parte del show, Vinnie Jones, futbolista inglés que carga con el extraño récord de haber visto la tarjeta roja a los 3 segundos por una alevosa patada a un rival, o Ron Artest, jugador de la NBA que una noche en Detroit se peleó con varios espectadores y en el Madison Square Garden destruyó algunos monitores de la trasmisión televisiva para descargar la furia luego de una expulsión.
Sin dudas uno que se lleva todos los honores en este aspecto es John Brisker, un basquetbolista que vivió la época dorada de la American Basketball Association (ABA) y tuvo un breve andar por la NBA para luego desaparecer de manera misteriosa. Al día de hoy no se sabe absolutamente nada de él y alrededor de su nombre se tejen mitos bastantes macabros.
A lo largo de su estadía en la liga que intentó competir con la poderosa NBA durante la década del 70, Brisker sólo acumuló enemigos y la mayoría de ellos blancos porque era un racista declarado. El primer equipo que lo contrató fue Pittsburgh Pippers y rápidamente mostró su mal carácter. Durante un partido de pretemporada se encargó de pegarle a todo lo que se moviera y anduviera cerca sin importar que camiseta tuviera. A partir de ese momento comenzó a hacerse un nombre.
Su tiranía alcanzaba tal grado de violencia que todos le temían. Desde sus compañeros o el cuerpo técnico hasta los dirigentes. Era una bestia incontenible de furia sin límites y dispuesta a todo. Medía 1.95 metros, pesaba 110 kilos de sólida masa muscular y era casi imposible de controlar. Una de las tantas anécdotas que rodean al nacido en los complicados barrios bajos de Detroit ocurrió en un entretiempo. Luego del descanso los Pittsburg Condors, la nueva denominación de los Pippers, salieron a jugar la segunda mitad. Había algo que estaba mal. Él junto a uno de sus compañeros no aparecían, lo que producía mucho revuelo en el banco de suplentes ¿La razón? Brisker estaba moliendo a palos a un jugador de su equipo en el vestuario y nadie lo podía detener sin poner en riesgo su físico.
A la hora de los golpes el alero no se hacía esperar. En 1971 durante un encuentro contra Denver Rockets a los dos minutos le propinó un brutal codazo a un tal Arte Becker sin razón alguna. Uno de los árbitros inmediatamente expulso a Brisker, pero a este no le importó. Estaba decidido a continuar castigando al pobre Becker. Ambos planteles no protegieron al castigado, sino que trataron de detener al castigador. A duras penas lo hicieron. Meses antes de este hecho había agredido a un taxista. Fue detenido por tres policías y dos de ellos tuvieron que ser hospitalizados.
Una de sus victimas preferidas para maltratar fue Walter Szczerbiak, un novato con el que compartía posición y que nunca le cayó bien. “Tuve que defender a Brisker en todos y cada uno de los entrenamientos. Era difícil. Yo quería jugar pero tenía miedo. Brisker era rápido, agresivo, fuerte como un toro, pero sobre todo tenía mala actitud. Cada vez que le hacías una falta parecía un boxeador que venía por vos. No soportaba que nadie lo tocara, que simplemente compitieras con él”, comentaba el padre de Wally, actual jugador de la NBA.
A su grado de violencia natural había que sumarle la cocaína que ingería, lo que ayudaba a que todo fuera mucho peor. Era normal que llegará a los entrenamientos con los ojos rojos y con un arma, la que estaba dispuesta a usar de ser necesario. Alguna vez amenazó al entrenador y en otra ocasión casi se tirotea con un guardaespaldas ex jugador de football americano que le habían puesto para intentar controlarlo. Por suerte lo detuvieron antes que accionara el gatillo.
La intimidación no sólo se limitaba a sus colegas, sino que hizo sufrir a Jack Dolph, comisionado de la ABA. Un año participó en una edición del Juego de las Estrellas. Llegó al estadio listo para jugar. No habló con nadie, hizo lo suyo adentro de la cancha sin demasiado entusiasmo y cuando terminó salió furibundo hacía las tribunas.
“¿A quién estas buscando?”, preguntó como pudo Van Vance, locutor del estadio. “A Dolph, maldita sea. Quiero mi dinero aquí y ahora”. Todo esto mientras en el centro de la cancha se premiaba al mejor jugador. “Quiero mis 300 dólares”, gritó Brisker cuando encontró al máximo directivo, que balbuceó algunas palabras como respuesta. “Jugué el partido. Quiero mis 300 dólares por haberlo jugado ¡Quiero mi dinero ahora!”, insistió cada vez más enojado el basquetbolista. A Dolph le corría un sudor frío por la espalda. Metió la mano en el bolsillo y sacó un puñado de billetes. Brisker los metió en su bolso y sin cambiarse se retiró del estadio. La seguridad ni siquiera atinó a detenerlo.
En cada aparición sembraba miedo. Hasta que un día recibió una dosis de su propia medicina. Dallas Chaparrals llegaba a su visita contra Pittsburg con 7 derrotas seguidas, por lo que estaba urgido por ganar. “Sentí que tenía que hacer algo drástico para cambiar la situación. Brisker se había estado metiendo con nosotros todo el año y recordarlo me enfado mucho”, comentó el entrenador de los texanos Tom Nissalke.
“El primero de todo este vestuario que consiga tumbar a Brisker se llevará 500 dólares limpios”, dijo el director técnico ante sus dirigidos. “¿Puedo jugar de titular?”. Con esta pregunta un tal Lenny Chapell, un oscuro suplente, rompió el silencio imperante. Nissalke vio a su jugador motivado y le contestó de manera afirmativa.
Chapell quedó cara a cara con su victima en el saltó inicial. Mientras la pelota estaba en el aire el alero le espetó sin ningún tipo de sutileza un furibundo puñetazo en la cara a un indefenso Brisker, que cayó al piso doblado de dolor. Mientras tanto Chapell casi en tono de burla lo invitaba a pelear. El agresor no fue expulsado porque los jueces estaban siguiendo lo que sucedía con el balón.
La droga iba ganando la batalla y el básquet ya no era una prioridad para el protagonista de esta historia. A pesar de esto dejó la ABA de manera ilegal y, tras amenazar de muerte a su representante, ingresó a la fuerza a los Seattle Supersonics de la NBA. Irónicamente allí su entrenador fue Nissalke.
Luego de dos temporadas (1973-1975) con más pena que gloria en los Supersonics fue echado. A los 29 años su carrera deportiva estaba acabada y nadie quería saber más nada de él. Dijo que se iba a dedicar al negocio de la exportación e importación. No hay registros de ningún tipo de transacción que lo haya involucrado.
Le confió a Khalilah Rashad, su pareja, por lo menos en Seattle, y madre de su única hija, que se iba a Uganda. Muy probablemente desde
Kampala, capitán ugandesa, le dejó un mensaje en su contestador a Fred Crabwell, ex relacionista público de los Pittsburg Condors. Por los ruidos de fondo daba la sensación que estaba en el medio de algún lugar caótico, como si hubiera una revolución o una guerra.
A partir de ese momento todo lo relacionado a Brisker es leyenda y prácticamente no hay ningún dato concreto. Una de las primeras cosas que se dijo fue que en realidad se había ido a Guyana y que se involucró en la secta Templo de Dios, liderada por el reverendo Jim Jones. Esto hacía suponer que fue uno de los 918 que murió en lo que fue el mayor suicidio colectivo de la historia. Cuando el FBI dio a conocer el listado definitivo de victimas, su nombre no figuraba, con lo cual esta hipótesis se descartó.
Otra teoría afirma que en Uganda se convirtió en mercenario y trabajó con Idi Amin Dada, un sanguinario, racista, caníbal y analfabeto dictador que se hacía llamar Su Excelencia el Presidente Vitalicio, Mariscal de Campo AlHadji Doctor Idi Amin, Señor de todas las bestias de la Tierra y de los peces del Mar y Conquistador del Imperio Británico en África y Uganda y Rey de Escocia. Aquí la historia se bifurca para llegar a un mismo final: la muerte.
Una vertiente sostiene que Brisker fue asesinado a hachazos por un grupo opositor que derrocó a Dada, ex campeón de los pesos pesados en su país, y que su cuerpo fue desmembrado y lanzado en alguna selva inhóspita. Esta es la más aceptada por los investigadores. La segunda variante es más o igual de truculenta. Habría tenido una fuerte discusión con el dictador, apodado el Hitler africano, por lo que este decidió matarlo y comerse su corazón, ritual habitual del tirano con quien consideraba su enemigo.
La última posibilidad es que siga con vida y haya cambiado su identidad. Es poco probable, pero no se descarta. Cualquiera haya sido su suerte, tanto el FBI como el Departamento de Estado de los Estados Unidos quedaron completamente desconcertados con respecto a su paradero. Es por eso que en 1985 el Tribunal Forense del Estado de Washington lo declaró fallecido a los 38 años, edad que tendría en ese momento.
En 2004 el periodista Robert Jamieson del diario Seattle Post-Intelligencer se internó en lo profundo de la selva ugandesa tratando de conseguir alguna información concreta. No halló nada. Si alguien abría la boca al respecto era para contestarle que “probablemente este muerto”.
Todavía hoy cuando alguien que vivió la psicodélica época de la ABA escucha mencionar a Brisker vuelve a sentir miedo. Es como si su figurar siguiera sembrando el terror a pesar de no estar, por lo menos legalmente, en el mundo de los vivos.
Foto 1: John Brisker en acción en un partido de la ABA (remembertheaba.com)
Foto 2: Idi Amin Dada. Una de las leyendas dice que se comió el corazón de John Brisker.
Fuentes/Links relacionados
John Brisker (Remember The ABA)
Holocausto caníbal (ACB Blogs)
La ABA (XI): Estado salvaje (IV) (acb.com)
Former Sonic forever shrouded in mystery (Seattle Post-Intelligencer)
Remembering John Brisker, the Sonic who vanished in Africa (The Crosscut)
Un país en llamas
Cada vez que se cruzan Nueva Zelanda y Sudáfrica en una cancha de rugby en el ambiente siempre hay algo especial porque es uno de los grandes clásicos. Son dos de las nacionales más tradiciones en el deporte de la ovalada y sus duelos siempre tienen un condimento especial gracias a una larga rivalidad que data de 1921 cuando se enfrentaron oficialmente por primera vez. Pero de todos los enfrentamientos, los ocurridos en 1981 son los más recordados. No precisamente por los resultados, sino porque significó un impacto muy profundo en la sociedad neozelandesa.
Debido a la política de Apartheid existente en Sudáfrica, que dejaba a los negros casi sin derechos, la New Zealand Rugby Football Union (NZRFU) decidió no enviar allí equipos conformados por jugadores de raza maorí. Por supuesto que esto generó infinidad de críticas que desembocaron en el movimiento No Maories-No Tour, que persiguió el objetivo de cancelar el tour de 1960, cosa que no se consiguió pese a que se recolectaron más de 150.000 firmas.
En 1967 se organizó una nueva gira a Sudáfrica, pero esta fue pospuesta por el Primer Ministro Keith Holyoake. Al año siguiente, las Naciones Unidas instaron a sus integrantes a desalentaran todo tipo encuentro deportivo con Sudáfrica. A pesar de esto, la NZRFU envió por primera vez un plantel multirracial. Los jugadores de origen maorí pudieron ingresar al país bajo el patético calificativo de Blancos Honorarios.
Una de las visitas más polémicas de los All Blacks fue la de 1976, que se produjo poco tiempo después de los violentos disturbios en Soweto que involucraron a la policía y a jóvenes que exigían la abolición del Apartheid. Esta serie de partidos trajo como consecuencia directa que varias naciones del África negra decidieran boicotear los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 como protesta.
En 1977 los líderes del Commonwealth firmaron el tratado de Gleneagles en el que, entre otras cosas, se comprometían a no aprobar contactos deportivos con Sudáfrica. Cuando en 1980 este pacto tuvo su prueba de fuego, fracaso rotundamente. El responsable fue el Primer Ministro de Nueva Zelanda Robert Muldoon al declarar que desde el Estado no se iba a interferir en el deporte. Esto fue tomado como una luz verde por la NZRFU que envió una invitación a los sudafricanos para llevar a cabo un tour la temporada siguiente. De alguna manera, esa fue la gota que rebalso el vaso.
Más que nunca en Nueva Zelanda quedaron conformados dos bandos bien claros. Aquellos que se oponían y tenían a John Minto como cabeza visible, líder de una de las 3 principales organizaciones anti tour, y los que apoyaban la medida gubernamental con Cez Blazey y Ron Das, presidentes de la NZRFU y de la Auckland Rugby Union, respectivamente, como caras más importantes. Estos con bastante inocencia sostenían que el deporte no debía mezclarse con la política y que el rugby podía servir como vía para cambiar la situación en Sudáfrica.
Varios ex jugadores de los All Blacks se enrolaron detrás de las voces que aprobaban la gira. Entre ellos figuraba Ben Couch, que además era miembro del gobierno como Ministro de Policía y Ministro de Asuntos Maoríes. Couch, que vistió la camiseta negra entre 1947 y 1949, en una entrevista había declarado que veía bien al Apartheid por las condiciones que había observado cuando fue a Sudáfrica en 1970 y 1973. Esto no hizo más que echar más leña al fuego a un contexto cada vez más tenso. Por supuesto que llovieron infinidad de críticas y pedidos de renuncia. Muldoon dijo desde Roma que el funcionario había sido un “perfecto estúpido”.
Couch, que era diabético, se defendió afirmando que estaba consumiendo un nuevo tipo de insulina y esto fue la causa de su pobre desempeño en la nota. Días más tarde terminó de embarrar el ya complicado panorama cuando en Otago expresó sobre la segregación en Sudáfrica que “es la mejor cosa en estás circunstancias”.
A todo esto había que sumarle que a fin de año iba a ver elecciones. Aprobando la gira, Muldoon podía ganarse al lectorado de las zonas rurales, con mucho peso en las urnas y que mayoritariamente veían con buenos ojos el tour.
Después de infinidad de discusiones que abrieron fuertes debates, que derivaron en la situación de los maoríes en Nueva Zelanda, los Springboks por fin pudieron debutar. Lo hicieron en Gisbone ante el combinado provincial de Poverty Bay. El 24-6 para los visitantes quedó como una anécdota porque por primera vez que se vieron frente a frente los dos grupos. En las calles se dieron encontronazos entre los manifestantes y la policía, lo que fue una imagen común durante los 56 días del tour.
La segunda aparición de Sudáfrica debía ser ante Waikato en Hamilton, pero esta se canceló. Más de un centenar de personas tomaron por asalto la cancha al grito de “el mundo entero esta mirando”. Esta no fue la única postergación, sino que semanas más tarde el duelo ante South Canterbury corrió la misma suerte. “Es como si el Sol estuviera saliendo”, dijo desde la cárcel Nelson Mandela cuando se enteró de lo sucedía en Oceanía.
Cada presentación del conjunto de casaca verde era seguida por una estela de violencia. Uno de los puntos más altos fue la llamada Batalla de Molesworth Street en las puertas del Parlamento en Wellington. Ese 29 de julio, día en el que se casaron el Príncipe Carlos y Lady Diana, hubo una marcha anti tour y una contra marcha pro tour. La policía, que necesitó de voluntarios extras porque estaba superada, reprimió como nunca antes se había visto en la historia de Nueva Zelanda.
La situación era cada vez más caótica y la habitual tranquilidad que rodea a los neozelandeses ya era cosa del pasado. A pesar de esta situación, en ningún momento se pensó en la suspensión total de la gira, que, a excepción de los partidos mencionados anteriormente, se disputó tal como estaba programada. En medio de un clima casi bélico, Muldoon amenazó con llamar a las Fuerzas Armadas para intentar reencausar una situación que se había desmadrado por completo.
Christchurch, una de las plazas más tradicionales para el rugby, fue testigo del primer test match entre All Blacks y Springboks. En las inmediaciones al estadio hubo disturbios, que se repitieron a lo largo de todo el país. Sólo por suerte no se registraron muertos. La revancha fue en Wellington, que se vio colapsada. Se calcula que alrededor 7000 personas cortaron los accesos a la ciudad y al estadio. La policía, que una vez culminados los hechos fue duramente criticada por su accionar, tuvo que armar escudos humanos para permitir el paso de aquellos que querían ver el encuentro.
Este tour que no tuvo nada de mágico y misterioso pero si mucho de violento y tensionante, culminó en Auckland con victoria para los visitantes por 22-25 sobre los dueños de casa. Casi en un acto de despedida, desde un avión se lanzaron al terreno de juego bombas de humo en forma de protesta. Afuera la represión continuaba.
En noviembre Muldoon, que apoyo la invasión británica a las Islas Malvinas, ganó las elecciones y fue reelecto como Primer Ministro, aunque el Partido Nacional perdió algunas bancas en el Parlamento.
Se intentó organizar una nueva gira para 1985, que fue cancelada en la Justicia. Desde ese momento se cortarían los lazos entre ambas uniones y recién se restablecieron con la caída del Apartheid. En 1986 un grupo de jugadores camuflados bajo el nombre New Zealand Cavaliers, algo que solían hacer varias selecciones, entre ellas Argentina como Sudamérica XV, para eludir el veto que había sobre Sudáfrica, disputaron algunos partidos. Cuando volvieron fueron suspendidos por la NZRFU. A raíz de estos hechos, quedó una imagen negativa de los All Blacks en el plano internacional y se llegó a considerar que por única vez en la historia el rugby de Nueva Zelanda fue una vergüenza y no un motivo de orgullo. Con la conquista del Mundial en 1987 esta concepción cambió.
Para muchos historiadores hubo un antes y un después con el tour de 1981 porque Nueva Zelanda entró en la adultez como nación. La situación en que vivían los pueblos originarios y la discriminación que estos sufrían jamás había sido tratada con seriedad. A partir de ese momento, la sociedad neozelandesa sufriría un cambio radical.
Foto 1: La policía custodiando uno de los partidos de los Springboks en la gira de 1981 (NZ History)
Foto 2: El avión que lanzó las bombas de humo a la cancha durante el último test match (pukeariki.com)
Fuentes/Links relacionados
The 1981 Springbok rugby tour (Ministerio de Cultura de N. Zelanda)
1981 South Africa rugby union tour of New Zealand (Wikipedia)
Dark days of thunder – when a free nation confronted apartheid in sport (Wairarapa Times-Age)
Poster Collection: 1981 Springbok Tour (christchurchcitylibraries.com)
Ese caos llamado ABA
Denis Murphy era un oscuro empresario de Los Ángeles que vivía tratando de hacer negocios en el mundillo del deporte. Inexorablemente todos sus proyectos terminaban en un estrepitoso fracaso. Esto fue lo que ocurrió con algunas de sus invenciones como, por ejemplo, la World Football League, que intentó darle pelea a la National Football League (NFL), o la liga de básquet para enanos. Pero Murphy no bajaba los brazos y seguía intentándolo una y otra vez. Aquel verano del 66 levantó el teléfono y llamó a Bill Sharman, gloria de los Boston Celtic y con quien tenía una buena relación, con la idea de crear una nueva asociación que compitiera con la ya poderosa NBA.
Sharman se negó, pero le recomendó que se contactara con George Mikan, un amigo suyo que tenía una agencia de turismo en Minneapolis y que había jugado al básquet profesionalmente. “¿Una nueva liga?-dijo Mikan- Perfecto. Cuando tengas el dinero suficiente decidiré si hablar con ustedes. Es lo mismo que le acabó de decir a un tal Connie Seredin de Nueva York. Hace unos minutos me ha llamado y son ambos de la misma ralea”.
Por supuesto que Murphy se puso en contacto con Serendin, otro inescrupuloso empresario. Durante varias reuniones hubo tires y aflojes por el tema del dinero. Ninguno se decidía y la desconfianza entre ambos iba en aumento. Finalmente después de muchas negociaciones Arthur Brown, un pez gordo de la cadena ABC, decide entregar un crédito de 50 mil dólares para que el proyecto de una vez por todas se ponga en marcha.
Ese 17 de enero de 1967 con representantes de 9 franquicias se conformaba en la Gran Manzana la American Basketball Association (ABA) o lo que también se podría denominar con la organización más desorganizada de la historia del deporte porque desde su nacimiento hasta su muerte fue un caos permanente, en especial por la falta de recursos monetarios. Como si fuera poco, entregó varias situaciones bizarras y fue habitada por un variopinto de personajes. A pesar de todo esto, en varios aspectos fue algo revolucionario y mucho de lo que hoy es la NBA se lo debe a la ABA.
Ya desde principio hubo una muestra de como iba a ser su existencia. Mikan había sido elegido como comisionado de esta nueva empresa ya que era un nombre muy pesado en Estados Unidos. Esto le daría credibilidad al plan. Mikan dijo que aceptaría si se cumplían dos condiciones: quedarse en Minnesota y 150 mil dólares por tres años. Como no había muchas opciones, todos dieron el visto bueno.
Para hacer la presentación se organizó una conferencia prensa en el Summit Hotel de Nueva York. Nadie se percató, pero cuando se dieron cuenta ya se habían gastado 35.000 dólares tan sólo en este evento. Los primeros dolores de cabeza con el dinero aparecieron bien temprano. Esto no fue lo peor, sino que cuando todavía restaban 10 minutos para afrontar a los periodistas, Mikan no terminaba de decidirse. Los teléfonos no paraban de sonar y presionado por la situación finalmente el empresario dio el agónico si.
Para hacer ruido la ABA instauró 3 novedades muy fuertes en lo reglamentario. Sin dudas la que más llamó la atención fue la pelota azul, blanca y roja por la bandera estadounidense, rompiendo los esquemas habituales del balón naranja. También se incluyó la posesión de 30 segundos y la línea de 3 puntos, creación de la American Basketball League (ABL), un engendro que duró 20 meses. Desde la NBA, de corte tradicionalista, miraron con desdén estos cambios, los que años más tarde incorporaría. Ya en el epílogo, la ABA creó el torneo de volcadas, en la actualidad una atracción ineludible en cualquier Juego de las Estrellas.
Todos estos movimientos de marketing, palabra que por esa época era ajena al deporte, no terminaron de ser del todo efectivos porque el público no acompañó. En infinidad de ocasiones los encuentros se jugaban en gigantescos estadios con un puñado de asistentes. “Bien amigos, hoy somos 89”, dijo la voz del estadio antes de un partido entre Houston Mavericks y New York Nets, que se disputó en el Astrodome, con un aforo para 45 mil personas, y a media luz para ahorrar gastos.
Ante la falta de plata había que apelar al ingenio. Cualquier cosa era valida. Y cuando se dice cualquier cosa no se exagera. Un excelente ejemplo que demuestra esto fue lo que hizo la directiva de los Kentucky Colonels para llamar la atención.
A fines de los sesenta el turf de Lousville se escandalizó porque una mujer había logrado por primera vez una licencia para correr carreras. Se trataba de Penny Ann Early, una agraciada rubia de 23 años, 1.41 metros de altura y 51 kilos. Sufrió el rechazo de sus colegas jockeys que boicotearon en forma de protesta 3 carreras en las cuales ella iba a correr.
Esta historia generó mucho revuelo en los medios y ante esta situación desde los Kentucky Colonels se movieron rápido y contrataron a Early ¿Para hacer alguna exhibición en los entretiempos? Nada de eso. Se la llevó para sumarla al plantel. Desde ya que esta idea no le cayó nada bien al entrenador Gene Rhodes, que, claro esta, terminó cediendo a la presión de los dirigentes, quienes le exigieron que la incorporación jugara en un partido oficial. Y así fue.
Aquel 28 de noviembre de 1968, Penny Ann, que jamás había visto o jugado un partido de básquet, salió a la cancha como un jugador más, vestida con un suéter que llevaba bordado el nombre del equipo (otra invención de la ABA), una pollera y el número 3 en la espalda por las competencias boicoteadas. Por supuesto que entre tanto hombre que rozaba los 2 metros su figura no pasó desapercibida. Al igual que el resto de sus compañeros se sentó en el banco de suplentes a observar las incidencias del partido mientras sus piernas colgaban porque no llegaban a tocar el piso.
Cuando se estaban disputando los primeros compases del encuentro llegó el momento por todos esperado: el ingreso de Penny Ann. La pobre estaba desorientada porque no tenía idea en donde ubicarse. En una ofensiva quedó en soledad y le pasaron la pelota con mucha suavidad, pero el pase se le escapó y el tricolor salió de la cancha. Penny Ann intentó seguir jugando como si nada hubiera pasado. Casi en un acto de piedad el técnico rival pidió tiempo muerto. Con una planilla de 1 minuto y 1 perdida, Penny Ann se retiró al banco de suplentes ovacionada por los espectadores y más tarde firmó una infinidad de autógrafos. Después de este hecho no se volvió a saber nada más de ella, por lo menos dentro de la ABA.
Indiana Pacers también hizo ruido con sus atracciones. Aprovechando estar en una ciudad rodeada granjas, en los descansos varias veces se llevaban vacas para ordeñar en el campo de juego como parte del show. Pero un día fueron más allá. Algún dirigente pensó que un animal salvaje sería una buena idea. Es por eso que apareció Víctor, un gigantesco oso pardo amaestrado. “Víctor luchará con un grupo de aficionados”, indicaba el programa oficial.
Observado atentamente por un domador de circo, el pobre Víctor se enfrentaba con variados oponentes, que llevaban protección, entre los que también se encontraban algunos jugadores de los Pacers. Lo que nadie previó fue que la bestia no podía sostenerse porque se resbalaba con el parqué de la cancha. Para colmo, el suelo quedó rallado por las garras y cuando se reanudó el choque se hacía imposible picar la pelota.
Otro destacado dentro de la ABA fue Monsieur Champion Gaystock o simplemente Ziggy, un perro de raza Griffon que había ganado infinidad de concursos internacionales. Sus dueños, el matrimonio Joseph y Marie Gregory, eran dos ricachones que se hacían ver siempre con su mascota, al que trataban como un semidiós, y que tenían a los Kentucky Colonels como un pasatiempo. Siempre se pensó que ellos eran los propietarios del equipo. Grave error. Durante un partido en Nueva York un acomodador se acercó a la pareja y les indicó que el perro no podía estar allí porque no había asientos para animales. Sin inmutarse la señora Gregory le dijo al joven: “Perdone, pero se trata del propietario de la franquicia”. Así era. En el contrato de propiedad de los Kentucky Colonels figuraba a modo de firma el sello de la patita del can que lo abalaba como propietario legal del equipo.
La ABA se destacó por tener un juego muy abierto que llevaba a que los resultados superaran largamente los 100 puntos, a veces rozando los 150. Pero también eran guerras constantes. “Todos aquellos que protagonizaban la ABA tenían la misma sensación que los confederados en la Guerra Civil: subían a las colinas a matarse con el enemigo y morían en el intento”, describió alguna vez el periodista Larry Donald. “Si tenías 78 partidos en la temporada, sabías que tenías 78 peleas por noche”, remarcó el ex pivot Mel Daniels.
Dos que representaron de buena manera este hecho fueron Warren Jabali y John Brisker. Ambos eran negros declaradamente racistas y tenían un alto estado de agresividad, en especial el segundo, que será protagonista de un futuro post porque es imposible resumir su historia en pocas líneas. Brevemente se puede decir que toda la ABA le tenía miedo. Tras un fugaz paso por la NBA, desapareció y ni siquiera el FBI pudo averiguar su paradero. La leyenda indica que murió a hachazos en Uganda cuando participaba en una revolución apoyando a un sanguinario dictador.
Jabali, por su parte, era un duro adentro de la cancha y estaba dispuesto a todo. Divagó por varios conjuntos porque por lo general duraba 1 temporada y era expulsado. Un día jugando para los Oakland Oaks se trenzó con un tal Jim Jarvis. Quedaron enganchados en una jugada y Jabali sin mediar palabra le dio una furibunda piña. Jarvis, de raza blanca, quedó tirado en el piso. Jabali no terminó con la faena y mientras insultaba a su rival le piso la cabeza.
Situaciones como esta se repitieron en infinidad de ocasiones. Hasta que una vez recibió su merecido. El responsable fue Neil Johnson, que cuando pudo dejó inconsciente a Jabali mientras le gritaba “levántate hijo de puta racista, levántate para que pueda patearte el culo”. Ninguno de sus compañeros lo defendió. Después de esto se relajó un poco y se retiró para dar clases en un colegio.
Con sólo 7 equipos en la competencia, la ABA murió en 1976 y fue absorbida por la NBA. Se calcula que dejó una deuda de entre 50 y 75 millones de dólares. Todo terminó en un mágico All Star celebrado en Denver en el que las entradas se vendieron a un precio único de 2 dólares y que vio por primera vez un torneo de volcadas. Irónicamente hubo televisión nacional, algo que nunca antes había sucedido. Esa fue su última imagen. San Antonio Spurs, Denver Nuggets, Indiana Pacers y New Jersey Nets, que originalmente eran de New York y con el ingresó a la nueva liga se mudaron de ciudad, son las únicas franquicias sobrevivientes de aquella aventura.
En 2000 se fundó una nueva ABA, más organizada, pero con menos mística que la original. Rápidamente se convirtió en uno de los torneos menores más importantes de Estados Unidos. Más allá de todo lo que la rodeó, la ABA sin dudas marcó una época. Con música funk de fondo, peinados afros y mucha psicodelia, dejó un legado que todavía se mantiene.
Foto 1: Penny Ann Early ingresa a la cancha como una jugadora más. (remembertheaba.com)
Foto 2: El programa oficial de los Indiana Pacers en donde se presenta al oso Víctor. (remembertheaba.com)
Videos
All Star 1976-Torneo de volcadas (Parte 1-Parte 2)
Fuentes/Links relacionados
Historia de la ABA en 20 capítulos (acb.com)
Early years of the Indiana Pacers (Indy Star)
The counterculture World of the ABA (New York Times)
A League of their own (Sports Illustreited)
La princesa del hielo
De miembro de una organización juvenil socialista a la tapa de Playboy. De los podios olímpicos, mundiales y europeos a codearse con Hollywood. De ser espiada por los grupos de inteligencia a conductora de televisión. Así se pude resumir en pocas líneas la vida de Katarina Witt, que a fuerza de encanto, saltos y giros en las pistas de hielo encandiló a todos y se convirtió en una de las caras más bonitas e importantes de la Alemania unificada.
Ya de pequeña Katy mostró dotes para el patinaje artístico. Esto se confirmó en 1976, cuando fue campeona en la Espartaquiada Juvenil e Infantil. A partir de ese momento desde el estado de la República Democrática de Alemania (RDA) comenzaron a prestarle una especial atención porque observaron que podía servir como elemento para propagar sus ideales. A esto se le sumaba que cumplía con varios requisitos que eran bien vistos por las altas esferas. Witt, que en ese momento tenía 11 años, militaba en la agrupación Jóvenes Alemanes Libres, era aplicada en los estudios y en los entrenamientos y venía de una familia trabajadora.
“Considerando su edad, su ideología política y su madurez, es buena para el desarrollo”, decía uno de los primeros párrafos que la Stasi, el órgano de inteligencia de la RDA, redactó sobre Witt en el informe de 181 páginas conocido como Operación Flop, que vuelca todas las investigaciones que se hicieron sobre ella durante el período de la Alemania comunista. Cuando este documento fue desclasificado en 2002 se volvió un dolor de cabeza para la nacida el 3 de diciembre de 1965 en las afueras de Berlín.
La gran consagración de Witt llegó en los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 en Sarajevo (Yugoslavia). Allí se subió a lo más alto del podio y el mundo conoció su nombre, su belleza y sus virtudes con los patines. Pero su título más recordado fue el oro olímpico en Calgary (Canadá) en 1988, que la convirtió en la segunda patinadora en la historia en lograr dos medallas doradas consecutivas. Como sucedió varias veces durante la Guerra Fría se dio una lucha de sistemas.
Por un lado estaba Debie Thomas, el crédito de Estados Unidos, por el otro la cara más bonita del socialismo, tal como fue apodada la alemana por la revista Time. Las dos candidatas le sacaron chispas al hielo canadiense y la medalla dorada viajó al otro lado de la Cortina de Hierro. “Fue una lucha de clases total: lo era para los estadounidenses y lo era también para nosotros”, explicó alguna vez Witt. “Fue una pesadilla”, expresó al respecto Thomas, que había comenzado liderando la competencia gracias a su buena puntuación en el programa corto pero falló en el largo.
Este triunfo se sumó a los 4 obtenidos en los campeonatos del mundo. Para esa altura ya se había convertido en la preferida de los funcionarios, que no perdieron la oportunidad de explotar su figura como una nueva fuente de ingreso de dinero. El 80 por ciento de lo que generaba Witt iba a las arcas del estado que, como contrapartida, le permitía acceder a beneficios que sus compatriotas no podían como, por ejemplo, tener vía libre para viajar al exterior o no esperar alrededor de 10 años para conseguir un auto.
A causa de esta situación fue muy criticada por varios medios cuando cayó el Muro de Berlín. “Creo que trabaje duro para esto. Hice algo que otros atletas no pudieron hacer y por esto esta bien poder tener algo especial”, le dijo al New York Times cuando la polaridad tenía los días contados.
Lentamente fue dejando el deporte y se volcó al mundo del espectáculo. Se convirtió en la cara principal de Holiday on Ice, que tuvo mucho éxito en Europa entre fines de 1988 y principios de 1989. En esta nueva posición, tiempo antes de la caída del Muro de Berlín, comenzó a codearse con celebridades de la República Federal de Alemania, lo que le permitió conocer otra realidad, opuesta la que vivía en su país.
También saltó al cine. Actuó en la versión sobre hielo de la opera Carmen, en la cual compartió cartel con Brian Boitano y Brian Orsen, campeón y subcampeón de patinaje artístico en Calgary, respectivamente. “Ahora soy artista”, dijo luego del rodaje. Esa no fue su única aparición en la pantalla grande. Su papel más importante fue el de Natacha Kirilova en Ronin. Además hizo un cameo en Jerry Maguire, protagonizada por Tom Cruise. La publicidad también se fijo en ella. Para 1992 Coca Cola la había elegido para participar en uno de sus comerciales.
Sin dudas, dentro del show busniess Witt es recordada por haber sido tapa de la edición estadounidense de Playboy. Ocurrió en 1998 y se convirtió en la primera deportista en aparecer en la portada de la renombrada revista. “Se armó mucho revuelo alrededor mío. Pero de cualquier manera, fue un proyecto, un proyecto especial. No lo hice para volverme más famosa. Buscaba ser un poco más provocativa en mi carrera”, recordó a Sports Illustreited la 6 veces campeona de Europa. Volvió a aparecer en esta publicación en 2001, pero exclusivamente para la versión alemana, que rápidamente agotó todos los números.
En 1994 regresó a la competencia y finalizó en el séptimo puesto en los Juegos Olímpicos de Invierno de Lillehammer (Noruega) con una rutina en la cual envió un mensaje de paz a Sarajevo, la ciudad en donde se había colgado su primera medalla olímpica y que en ese momento se encontraba hundida en la guerra. Ese mismo año editó Mis años entre la obligación y el deporte, su autobiografía.
Cuando parecía que Witt ya definitivamente se había alejado de las discusiones sobre su participación durante la división de Alemania, los fantasmas retornaron. El gobierno teutón decidió dar a conocer los documentos clasificados de la RDA. Witt presentó un pedido para que su archivo no saliera a la luz, pero finalmente lo terminó retirando. En el informe, que según la espiada muchas cosas que dicen allí son mentiras, se considera a Witt, que en varias ocasiones defendió la manera en la que el régimen trabajaba con los deportistas, como una “compañera” y como una “beneficiaria”. Además de atribuirle supuestos agradecimientos por el apoyo brindado cuando la disolución de la RDA era un hecho.
No sólo toca temas políticos, sino que se mete de lleno en su vida privada. Se cuenta desde como era su relación con su histórica entrenadora, Jutta Müller, hasta cuales eran sus romances. “Tuvo relaciones sexuales entre las 20:00 y las 20:07”, afirma un extracto de la investigación. Sobre el tema, la protagonista dijo que “hubiera preferido no enterarme de algunas cosas. Yo no trabajé para la Stasi, pero tampoco fui miembro de la resistencia. No fui una victima. En todo caso fui un objeto”.
Hoy ya distante de cualquier polémica, Witt es una mujer muy ocupada y querida en Alemania. Escribió la novela Sólo por pasión, que relata la historia de una joven promesa del patinaje artístico con puntos comunes con su vida, se la suele ver en diversos eventos sociales y durante los últimos años condujo el programa Estrellas en el Hielo, en el que famosos debían demostrar sus habilidades en una pista de hielo, y un Reallty Show para ayudar a los participantes a bajar de peso. En 2007 fue la presentadora de la sede de Hamburgo en el Live Earth, el megaconcierto que se hizo a nivel mundial y que intentó concientizar sobre la situación ecológica del planeta.
Todo esto no le impide seguir vinculada con el deporte. Integra el staff de comentaristas de la NBC de los Estados Unidos durante los Juegos Olímpicos de Invierno y trabajó para ESPN y ABC. Actualmente esta abocada a ser la cara principal de la candidatura de Múnich como sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018.
Foto 1: Witt durante su presentación como líder de la candidatura de Munich como sede los Juegos Olímpicos de Invierno de 2018. (bild.de)
Foto 2: La famosa tapa de Playboy de 1998.
Videos
Calgary 1988 (Primera Parte)
Calgary 1988 (Segunda Parte)
Fuentes/Links relacionados
Katarina Witt: La cara bonita del socialismo (Deutsche Welle)
¡Oh, es ella! (El Mundo Deportivo)
‘88 Winter Olympics; Witt Is Gold Medalist for a Second Time (New York Times)
Witt Fears Change May Hurt East Germany’s Sports Elite (New York Time)
Stasi files reveal Katarina Witt was willing accomplice (The Telegraph)
Ice-skater tries to block Stasi files (The Telegraph)
Q&A: Katarina Witt (Sports Illustreited)
Ficha de Katarine Witt en Internet Movie Database
Diversas ediciones de Playboy con Katerine Witt en la tapa
Sitio oficial de Katarine Witt (Inglés/Alemán)

