Cricket social

Compton arrastra un historial de mala fama que la llevó a ser considerada por el FBI como una de las 15 ciudades más peligrosas de Estados Unidos. Lejos del glamur de Bevery Hills o Hollywood, a esta localidad del Sur de Los Angeles se la suele vincular con el crimen y la violencia. En medio de este contexto marginal el cricket aparece como una inusual vía para cambiar esa visión negativa.

La aventura del Compton Cricket Club (CCC) nació en el año 1996 de la mano de Katy Haber, productora de cine británico que participó en Blade Runner, entre otras tantas películas, y Ted Hayes, militante por los derechos de los sin techo. Según explica la página oficial del club, el objetivo es buscar “una alternativa a las actividades de las pandillas que dominan el vecindario. La misión es proveer una vía de escape lejos de la violencia y las cárceles y dar una visión positiva y productiva del futuro”.

Los primeros pasos no fueron sencillos para el proyecto que originalmente se denominó LA Krickets. “Comenzamos a entrenar  en el arte del cricket con homeless en callejones y con material muy precario”, recuerda Hayes, quien conoció al deporte nacional inglés cuando Haber lo invitó a jugar al Bevery Hills Cricket Club y quedó maravillado al instante.

Compton Cricket Club.

CCC, que juega en parques públicos porque no posee cancha, ganó fama internacional. Los apodados Homies and the the Popz viajaron a Gran Bretaña en 1997, experiencia que se repitió en 1999 y 2001, teniendo la posibilidad de jugar en estadios importantes y codearse con la realeza. De golpe ex pandilleros de los suburbios de Los Angeles se encontraron rapeando en el Castillo de Windsor.

En febrero de 2011 CCC se convirtió en el primer equipo estadounidense de cricket que realizó una gira por Australia, una de las potencias de este deporte. Dos jugadores no pudieron participar: uno porque estaba bajo libertad condicional; otro porque había recibido un balazo en una pierna.

Estás visitas al extranjero también sirven para promover distintas campañas solidarias y juntar fondos para entidades benéficas. La última vez que visitaron Inglaterra los jugadores dieron una charla en una cárcel para menores contando cuales habían sido sus experiencias y como lograron reinsertarse en la sociedad. En Australia, en tanto, colaboraron en la recolección de dinero para los evacuados por las inundaciones.

“El 80 por ciento de los jóvenes que pasan por el programa asistencial consiguen trabajo o estudian”, explica Paul Smith, embajador global del CCC. Agrega: “Nuestra meta primordial no es un encontrar a la próxima gran estrella. Eso sería maravilloso. El objetivo es que la conducta del cricket pueda estar presente en la vida de la gente en una comunidad dominada por las pandillas”.

En estos casi 15 años de vida CCC, que recibe apoyo del municipio y de la policía local, fue campeón 2 veces de la British Cup y en 1 ocasión del torneo que organiza Los Angeles Social Cricket Alliance, competencia en la que participan equipos conformados por inmigrantes británicos, pakistaníes, australianos, indios y sudafricanos.

La banda de sonido que domina la escena de Compton es el hip hop, por ello para difundir el mensaje Theo e Issac Hayes, jugadores e hijos de uno de los fundadores del club, escribieron y cantan Bullets, el primer rap con una letra plagada de referencias al cricket que da como resultado una extraña mezcla entre la extrema caballerosidad del cricket y las zonas marginales angelinas. Un resumen perfecto de la filosofía del CCC.

La utilización del cricket, que suele ser presentado como el segundo deporte más practicado del mundo detrás del fútbol, como medio de inclusión social se ha expandido. En Nueva York la policía organiza una liga con el fin de vincular a las comunidades provenientes de ex colonias británicas del Caribe, Pakistán o India, sitios en donde el este deporte es muy popular, en Barcelona se está realizando un trabajo de similares características y en Namibia existe el llamado Maasai Cricket Warriors, equipo formado por jugadores surgidos de diversas tribus y que, principalmente, se encarga de concientizar y educar sobre la prevención del Sida, enfermedad que es una epidemia en la región.

Argentina no es ajena a esta situación y pese a que el cricket es practicado por un puñado de clubes y colegios de raigambre inglesa, en la Villa 21-24 de Barracas funciona el Caacupé Cricket Club. “Nuestro proyecto va más allá de fomentar una actividad deportiva; tiene un alto componente preventivo, educativo y con objetivos claros de integración social con otros estratos socioeconómicos”, explicó al diario La Nación Daniel Juárez, líder del proyecto.

“En 2009 se me ocurrió plantearle al padre Pepe Di Paola la posibilidad de ofrecer a los chicos de la villa el cricket como uno de los servicios gratuitos de la parroquia y como una forma de integrarlos a la vida cultural y social, alejándolos de la posibilidad de la violencia o la droga”, manifestó Juárez, contador que lleva los números de la Parroquia Virgen de los Milagros de Caacupé y que además es jugador.

Caacupé Cricket Club (Diario Perfil)

Caacupé Cricket Club, que no cuenta con ningún respaldo estatal y se sostiene a base de donaciones, nació con 6 chicos y gracias al boca a boca hoy ya son más de 50 entre las que se incluyen un grupo de nenas por lo que se piensa armar un equipo femenino. Paralelamente, los chicos cuentan con asistencia psicológica y se les hace un seguimiento del progreso escolar y, en caso de necesitarlo, se les brinda clases particulares.

En lo deportivo el CCC argentino también da sus frutos. Varios de sus jugadores fueron convocados para la selección argentina sub 13 que disputó el sudamericano en Perú en el cual Argentina fue subcampeón en el torneo regular y campeón en la categoría cricket veloz (versión reducida del juego).

Ya sea en Compton, Nueva York, Barcelona, Namibia o Barracas, el deporte de base y a nivel social, en este caso el cricket, sigue siendo una herramienta de integración demasiado importante la cual no siempre se tiene en cuenta.

Cricket en la Villa 21-24

Fuentes/Links relacionados

Cricketers in the hood (The Guardian)

LA cricket: Club helps tame Compton’s mean streets (BBC)

Something Wicket This Way Comes (Los Angeles Times Magazine)

Sitio oficial del Compton Cricket Club

Sitio oficial de la gira de Compton Cricket Club por Australia

With Evert Whack of the Cricket Bat, a Bond (New York Times)

NYPD Cricket (CNN)

Cricket en la villa, una vía de integración (La Nación)

Aprendieron cricket en la villa y son campeones sudamericanos (Perfil)

Cricket and the Maasai Warriors (The Guardian)

La burocracia contra Iroquois Nationals

El deporte no necesariamente se rige por las fronteras geográficas. Es por eso que a veces pueden verse competir atletas o selecciones de territorios que internacionalmente no son reconocidos como países. El de la selección de hockey sobre patines de Cataluña, que en 2004 ganó el Mundial B, es uno de tantos casos. Otro es el de Iroquois Nationals, equipo de lacrosse representante de la Confederación Haudenosaunee, conformada por 6 naciones indígenas norteamericanas, que se vio envuelto en una disputa por los pasaportes cuando intentaba viajar al mundial de Manchester.

Se considera a los inventores del lacrosse a las tribus de Norteamérica que habitaban la zona antes de la llegada de los colonos europeos. Era, y todavía lo es, una parte esencial en la cultura de estos pueblos porque creían que era un regalo del Creador y por eso lo practicaban como divertimento, como entrenamiento para la guerra, para dirimir disputas o para exaltar la masculinidad. Un partido de aquella versión primitiva se caracterizaba por ser extremadamente violento, podía extenderse por varios días y el terreno de juego no estaba delimitado.

Llamado Jeu de la crosse por los misioneros jesuitas franceses, este deporte, muy popular en Canadá y en Estados Unidos, sobre todo a nivel universitario, consta de dos equipos con 10 jugadores cada uno que trasladan una pelota de goma en un palo que posee una red. El objetivo es tratar de convertir goles en un arco más alto que el utilizado en el hockey sobre hielo. Se puede practicar al aire libre, bajo techo y recientemente se empezó a experimentar con una variante playera. Se destaca por tener mucho roce físico y ser muy dinámico. Para las mujeres el contacto se reduce al mínimo.

Como forma de reconocimiento a los orígenes más profundos de esta actividad que supo ser parte de los Juegos Olímpicos de Saint Louis 1904 y Londres 1908, la Federación Internacional (FIL) desde 1990 le permite a la Confederación Haudenosaunee, también conocida como Confederación Iroquois, cuyo territorio se extiende desde el norte del Estado de Nueva York hasta Ontario, Canadá, ser miembro pleno y competir en los torneos que organiza.

Iroquois Nationals. (AP)

La ley estadounidense reconoce a los territorios indígenas como naciones domésticas independientes. Entre los beneficios que tienen sus habitantes aparece el de poseer un pasaporte propio, lo que les da un sentido de pertenencia y de arraigo mucho más fuerte al lugar de donde provienen. A la hora de competir en el exterior, todos los jugadores y el cuerpo técnico utilizan la documentación Haudenosaunee. Hasta el momento no habían sufrido ninguna traba. Los problemas comenzaron días antes de partir a Manchester.

Desde Gran Bretaña informaron que no entregarían las visas porque no aceptaban los pasaportes aduciendo que estaban hechos a mano, por lo que eran sencillos de falsificar, y, además, no se adecuaban a los estándares internacionales de seguridad que rigen tras los atentados del 11 de septiembre. Esto no sólo desató una polémica sobre el rol de los pueblos originarios en Estados Unidos, sino que también derivó en un entredicho diplomático.

Con Hillary Clinton a la cabeza, el Departamento de Estado en medio de la urgencia brindó la solución más lógica y rápida: que por esta vez hicieran una excepción y utilizarán pasaportes estadounidenses, que serían entregados en tiempo récord. Desde Canadá actuaron de la misma manera. Los iroqueses se negaron terminantemente a aceptar esta propuesta. Se opusieron a viajar con papeles de lo que ellos consideran una nación extranjera o invasora, como suelen calificarla los más ancianos de las tribus. “Tenemos nuestros principios y con esta soberanía damos la idea que nuestro país es aceptado. Viajamos de esta manera durante años”, explicó Percy Abrams, directo ejecutivo de Iroquois Nationals Lacrosse.

Pese a la intervención de la Casa Blanca, varios gobernadores, miembros del Congreso y entidades que trabajan con los pueblos originarios, no pudieron (o no quisieron) hacer demasiado para lograr el viaje. Desde Londres un vocero del Foregin Office británico expresó que no había problemas que el equipo vaya a competir, lo único que se exigía era que ingresara con documentación valida y reconocida internacionalmente.

Percy Abrams muestra su pasaporte a los medios. (AP)

Mientras se buscaba una vía para destrabar la situación, los 23 jugadores entrenaban en Nueva York esperando tener noticias para ver en que decantaba esta cuestión. Paralelamente en Inglaterra se los esperaba con ansias ya que debían jugar el partido inaugural ante el combinado local. En un intento casi desesperado hubo una protesta pacifica en la puerta del consulado británico en Times Square, la cual no condujo a nada.

Finalmente la historia tuvo el peor cierre. El tiempo se acabó, no hubo acuerdo e Iroquois Nationals, cuarto en el ránking de la FIL, se quedó sin mundial. La burocracia, que sólo sirve para entorpecer las cosas, terminó siendo un rival mucho más complicado que cualquiera de los que hubiera enfrentado en Manchester. “Sentí que iba a venir, pero no quería creerlo hasta que lo escuche”, comentó el defensor Ron Cogan cuando se confirmó la deserción.

Estos jugadores, que compiten más por el honor que por el resultado deportivo en si, se tuvieron que conformar con un amistoso en Buffalo que sirvió para cubrir los gastos extras que se generaron durante la forzada estadía en Nueva York. Por suerte para los iroqueses dentro de 4 años no habrá problemas: el mundial se disputará en Denver.

Fuentes/Links relacionados

Iroquois Defeated by Passport Dispute (New York Times)

Iroquois Lacrosse Team Trapped in U.S.? (CBS News)

UK refuses to grant visas to Iroquois lacrosse team (BBC)

Politics and pride at the World Lacrosse (BBC)

Iroquois lacrosse team still caught in bureaucratic net (CNN)

2014 World Lacrosse Championship awarded to Denver (Examiner)

Sitio oficial de Iroquois Nationals

US Lacrosse

Canadian Lacrosse Association

Asociación Argentina de Lacrosse

Federación Internacional de Lacrosse

Sitio oficial del Mundial Manchester 2010

Kennedy, Watergate y NBA

Los 3 ítems que se mencionan en el título están vinculados a una persona: Lawrence Francis O’Brien Junior, más conocido como Larry O’Brien. Este hijo de una familia de inmigrantes irlandeses cumplió un papel importante en la historia contemporánea de Estados Unidos y en la liga de básquet más famosa del mundo. Como comisionado produjo un quiebre con consecuencias llegan hasta la actualidad.

Desde muy pequeño O’Brien, nacido en Springfield, Massachusetts, la misma ciudad donde James Naismith inventó el básquet, tuvo vinculación con la política porque su casa era un recinto permanente de reuniones. “Nuestra cocina solía ser un lugar de encuentro. Se organizaban peticiones que se iban llevando puerta a puerta. Mi padre fue un gran planificador. Todas estas cosas me sirvieron de influencia”, le recordaba a Sports Illustrated el nacido el 17 de julio de 1917.

Mientras estudiaba trabaja en el O’Brien’s Cafe and Restaurant, el negocio familiar y en donde se destacaba la carne que cocinaba mamá Myra. Comenzó atendiendo la caja y a medida que crecía fue ganando un lugar importante hasta llegar bien alto en el gremio local. A los 22 años ya era presidente de la Hotel and Restaurant Employees Union. Para alcanzar esta posición mucho tuvo que ver el saber explotar el fuerte poder de convencimiento que tenía y que tanto rédito le traería en el futuro para solucionar complejos problemas, tanto en el ámbito político como deportivo.

Como gremialista empezó a tener una fluida relación con los demócratas. En estos encuentros un día conoció a un joven político con el que inmediatamente entabló una cercana relación: John Fitzgerald Kennedy. En 1952 O’Brien, que sirvió en el ejército en la Segunda Guerra Mundial, fue gran responsable para que Kennedy llegara al Senado.

Larry O’Brien

O’Brien revolucionó la manera de hacer campañas porque aportó una serie de innovaciones. Había escrito un libro de 70 páginas llamado O’Brien’s Manual, cuyos métodos más tarde fueron utilizados por varios políticos en todo el mundo como, por ejemplo, el Primer Ministro británico Harold Wilson. La regla número 1 decía que “no hay nada mejor que ir a tocar el timbre”. Con esto se buscaba que el candidato se metiera en la casa de los votantes y no que estos vayan hacía el postulante. La manera de aproximarse era con tarjetas de Navidad, llamadas telefónicas y diversos obsequios en los que se mostraban cuales eran los propósitos que se perseguían.  El plan funcionó a la perfección porque  Kennedy ganó la elección. El primer paso estaba dado. Ahora venía un desafió mayor: la Casa Blanca.

Cuando hubo que empezar a amar la carrera presidencial Kennedy volvió a confiar en O´Brien y lo nombró jefe de campaña. Desde ya que el O’Brien’s Manual otra vez dio resultado. Al ver la alta efectividad de sus métodos se había ganado la total confianza del flamante mandatario de Estados Unidos, que no dudo en colocarlo en un rol clave: nexo entre el Congreso y la Casa Blanca. O’Brien tuvo que lidiar con tiempos especialmente difíciles en Washington. La Guerra Fría, Cuba, la carrera espacial, Vietnam y, como si esto no fuera suficiente, el asesinato de Kennedy.

Lyndon Johnsson, el reemplazante de Kennedy, mantuvo a O’Brien en el cargo hasta 1965, cuando lo eligió para manejar el sistema postal de Estados Unidos, uno de los más viejos del mundo y que hasta 1971 era parte del gabinete. Ostentó este cargo hasta 1968 cuando al poder llegó el republicano Richard Nixon. En 1970 O’Brien se transformó en líder del Partido Demócrata, rol en el que sería protagonista involuntario de uno de los escándalos políticos más recordados de la historia.

El 17 de junio de 1972 el guardia Frank Willis parecía que iba a tener otra noche rutinaria. Su función era custodiar el complejo hotelero Watergate, más precisamente el sector reservado para el Partido Demócrata, que había elegido este sitio ubicado a orillas del río Potomac como bunker para la campaña presidencial. La habitual monotonía diaria se rompió cuando Willis escuchó unos extraños ruidos y observó movimientos que no eran los normales. Llamó a la policía y lo que encontraron fue a 5 personas provistas con todo tipo de material de espionaje. A medida que el hilo del carretel se fue desenrollando todo derivó en la renuncia de Nixon, siendo el único presidente estadounidense en terminar su mandato antes de tiempo.

Larry O’Brien en la tapa de Times Magazine.

Los espías, que en principio se creyó que eran ladrones comunes, pero resultó ser que uno de ellos era agente de la CIA y los otros funcionarios de seguridad del Comité para la Reelección de Nixon, buscaban saber, entre otras cosas, con que tipo de información contaban los demócratas con respecto a un préstamo que el millonario y playboy Howard Hughes le había realizado a Donald Nixon, hermano de Richard. La oficina de O’Brien era el objetivo principal. “Nixon estaba completamente focalizado en Larry O’Brien cuando se convirtió en presidente del Partido Demócrata porque O’Brien también había trabajado para Hughes”, le contó a la cadena CBS Terry Lenzner, senador que encabezó la comisión que llevó adelante la investigación del Watergate.

Luego de ser tocado por este escándalo O’Brien se retiró del mundo de la política. Fue en 1975 cuando volvió a la escena pública al asumir un cargo que tomó por sorpresa a todos, inclusive a él mismo: comisionado de la NBA.

Por aquellos años la liga de básquet más importante del mundo estaba bastante alejada de la imagen actual. Las relaciones entre los propietarios de las franquicias y los jugadores eran tensas, la situación económica no era la mejor, la televisión le daba un lugar secundario y los juicios llovían. Para colmo estaba rondando el fantasma de la American Basket Association (ABA) que, a pesar de ser una organización desorganizada, se estaba transformando en una competidora importante para la NBA, sobre todo porque en muchos aspectos era la cara contraría. Mientras la NBA era políticamente correcta, la ABA representaba a la psicodelia, la música funk, los peinados afros y el show time.

Era evidente que había que realizar un cambio brusco en la conducción  y se creyó que el hombre indicado era O’Brien, cuya única vinculación con el básquet, además de ser oriundo del lugar en donde se creó este deporte, era ser espectador. De joven iba a ver a Boston Celtics y cuando se instaló en Nueva York con una consultora solía asistir a las presentaciones de los Knicks.

Había varios candidatos para el puesto y ninguno terminaba de convencer. El que lanzó el nombre de O’Brien fue Mike Burke, dueño de la franquicia neoyorquina y que lo conocía del Madison Square Garden. El comisionado Walter Kennedy, sin parentesco, por lo menos directo, con John Fitzgerald, se contactó con el elegido. “Llamó al número equivocado”, contestó este. “Ofrecerme un trabajo como mandatario de una liga profesional de básquet no tenía mucho sentido para mi. Naturalmente rechace la oferta. En ese momento fue la cosa más loca que había escuchado”, confesó Larry luego de su primera temporada al frente de la NBA. Pasaron 21 meses hasta que lo pudieron convencer.

Le alcanzó 1 año para revolucionar a la NBA. Entre otras cosas solucionó los graves problemas gremiales con los jugadores, los cuales sentaron un precedente en el deporte profesional en Estados Unidos con la aparición de los agentes libres, y le dio nuevos bríos al juego con la incorporación de la línea de 3 puntos, ya utilizada por la ABA y que en su momento había sido menospreciada por la NBA. “No sé cómo lo hizo, no lo sé. Él tiene el especial don de la persuasión”, reconocía Williams Alverson, presidente de Milwaukee Bucks.

A medida que el caos interno se iba tranquilizando se volvía a hablar de lo que sucedía adentro de la cancha, algo que en las últimas temporadas se venía perdiendo. “La prensa y la gente están hablando del equipo y de cuan bueno son los jugadores. Están hablando de básquet. Antes escuchábamos hablar sobre quién demando a quien esta semana. Es increíble”, decía Paul Snyder, propietario de Buffalo Brave, franquicia ahora conocida como Los Angeles Clippers.

Para llegar a este punto el camino no fue sencillo y tuvo que aplicar toda la astucia aprendida en los pasillos de la Casa Blanca. “Dios mío, estuve acá antes. Esta situación es parecida a las que tuve que enfrentar en Washington”, fue el comentario de O’Brien tras una complicada reunión entre la asociación de jugadores y los dueños de los equipos. Por todo lo logrado recibió varios reconocimientos de medios especializados.

Manu Ginóbili con el trofeo Larry O’Brien

La deuda estaba con la televisión, que seguía dándole la espalda a la NBA. Gracias a la hábil muñeca de O’Brien, en 1978 se firmó un contrato por 74 millones de dólares, lo que en su momento fue un récord. Igualmente los canales poseedores de los derechos le daban una importancia relativa. De hecho varias finales que pasaron a la historia en su momento fueron emitidas en diferido. Cuando a principios de la década del 80 apareció la TV por cable la situación empezó a cambiar. A partir de la temporada 82/83 ESPN y USA Network daban cerca de 40 partidos de la liga en vivo. Además O’Brien llegó a un acuerdo con la CBS que ascendía a los 88 millones de dólares, superando largamente el trato anterior.

Tras la desaparición de la ABA, O’Brien incorporó a San Antonio Spurs, Denver Nuggets, New York Nets, que se mudó a New Jersey, e Indiana Pacers. Con el arribo de los equipos del difunto torneo se elevó el nivel del juego. Además estableció un programa antidrogas y se despidió con un nuevo acuerdo salarial entre los jugadores y los propietarios, instancia en la que trabajó con David Stern, en ese momento asesor legal y actualmente comisionado de la NBA.

Se retiró en 1984. Periodistas, árbitros, jugadores y dueños sólo tenían palabras de agradecimiento, admiración y respeto para O’Brien, quien se encargó de dar el empujón definitivo para que la NBA se convierta en lo es en la actualidad. Cuando Stern asumió el cargo una de las primeras medidas que tomó fue la nombrar al trofeo de campeón como Larry O’Brien. El Partido Demócrata también otorga un reconocimiento que lleva su nombre a aquellos que realizaron actividades trascendentes para el partido.  Siguió vinculado al básquet como presidente del Hall of Fame, ubicado en su Springfield natal, galería de la cual forma parte desde 1991. Murió de cáncer en 1990.

Sin dudas O’Brien en cada lugar por donde pasó dejó su marca y por eso su figura no es olvidada fácilmente.

Fuentes/Links relacionados

A Celtic Rookie Puts It Together (Sports Illustrated)

Watergate: ‘Aviator’ Connection? (CBS)

Pro Basketball; This Trophy is Flickle, And Her Name is Larry (New York Times)

El escándalo que acabó con la carrera políticia de Richar Nixon (El Mundo)

Nixon ordenó el asalto a la sede demócrata en el Watergate, según uno de sus colaboradores (El Mundo)

Larry O’Brien (Hoopedia)

Perfíl de Larry O’Brien (Hall of Fame)

Lawrence (Larry) O’Brien (John F. Kennedy Presidential Livrary and Museum)

The Commissioners (NBA)

The Larry O’Brien Championship Trophy (lakers.com)

Negro League: la segregación del béisbol

Hubo una época en la cual ser negro en los Estados Unidos era sinónimo de pecado. El hecho de tener un color de piel diferente significaba vivir en la degradación permanente y ser tratado como un ciudadano de una clase inferior privado de derechos básicos o, inclusive, de interactuar con blancos.

Como cualquier otro fenómeno social este se vio reflejado en el deporte, en este caso en el béisbol con las denominadas Negro Leagues, que entre fines del Siglo XIX hasta casi mediados del XX fueron un lugar de contención para muchos jugadores y, a la vez, un negocio que se acabó cuando llegó una integración un tanto forzada.

En 1890 la National Association of Base Ball Player estableció que negros y blancos no podían compartir equipos en las ligas mayores, prohibición a la cual más tarde se sumaron los torneos de segundo orden. Esto no fue más que llevar a la legalidad lo que ya ocurría en la práctica. La segregación obligó a los afroamericanos y latinos, este un grupo más reducido, a conformar sus propias ligas para poder continuar bateando y ocupando bases en el diamante, tal como se conoce en la jerga al terreno de juego.

Luego de varios intentos fallidos de organización con certámenes que muchas veces morían en el medio de su desarrollo, recién a fines de la Primera Guerra Mundial se empezó a asentar el movimiento. Estados Unidos se encontraba en una situación económica favorable y por eso las clases trabajadoras, mayormente integradas por negros, tenían dinero extra para gastar en el tiempo libre. El llamado béisbol negro se convirtió en uno de los atractivos predilectos.

Andre Rube Foster, dueño de Chicago American Gigants y una de las personalidades con más influencia dentro del circuito, observó la posibilidad de crear una Negro League estable a nivel nacional. Esto se concretó en 1920 con el nacimiento de la Negro National League (NNL), que rápidamente se transformó en la más prestigiosa, superando a sus competidoras que habían aparecido en paralelo.

Después de casi una década siendo la máxima competencia del país la NNL sufrió la Gran Depresión y en 1931 desapareció. Misma suerte corrieron otros torneos que existían en el país. La única que quedó en pie, aunque algo golpeada, fue la Negro Southern League.

Ilustración de Kansas City Monarch, uno de los equipos más dominantes de las ligas negras. (Dibujo de Kadir Nelson)

Los días de los protagonistas en este tipo de campeonatos no eran precisamente los más sencillos porque debían convivir con situaciones casi insalubres. El periodista Gilberto Dihigo, hijo de Martín Dihigo, considerado una leyenda de este período, rescata algunos recuerdos de su progenitor en el libro Mi papá el inmortal: “Al pasar los años me percate que el béisbol negro no era más que un matadero de jugadores. La organización de las ligas eran pésimas, no respetaban las clausulas del reglamento. No había árbitros honestos, sino jueces incapaces. Se jugaba cuando a los clubes les convenía hacerlo. El salario era bajo y ridículo. Podían jugar maravillas y si no había asistencia no se recolectaba. Una vez el dinero recaudado no llegó al dólar después de pagarle al árbitro y al anotador”.

Por supuesto que no estaban exentos de la discriminación diaria. Por lo general los planteles cuando tenían que ir a otras ciudades se veían obligados a recorrer largas distancias en micros o en trenes que se encontraban en estados calamitosos. Cuando llegaban a destino se hospedaban en hoteles de mala muerte y, por su color de piel, eran tratados como escorias. Muchos de los que vivieron aquella época suelen contar que ni siquiera les daban agua para bañarse.

Tras la crisis monetaria que dejó un tendal de muertos en Wall Street, Abe Saperstein, conocido por ser el creador de Harlem Globertrotters, le dio una nueva inyección al movimiento con el nacimiento de la Negro Midwest League. No fue hasta la aparición de Gus Greeble, propietario de Pittsburg Crawfords, que se logró el impulso definitivo. Greeble tomó la posta de Foster con la creación de una segunda versión de la NNL en 1933. Paralelamente aparecía una rival: la Negro American League (NAL), que principalmente reunía a lo más granado del Sur y del Medio Oeste. Ambas estuvieron mejor organizadas, aunque tampoco eran una maravilla, y entre 1942 y 1948 sus respectivos campeones disputaban la Negro League World Series.

Mientras Judge Landis ocupó el rol de comisionado de la Mayor League Baseball (MLB) se encargó de coartar cualquier tipo de contacto entre los dos beisbols. A su muerte las cosas cambiaron. El cargo lo asumió Happy Chandler, más abierto que su antecesor. Lideró un proceso de apertura porque, según confesó en su autobiografía, no le cabía en la cabeza la idea que negros y blancos no pudieran jugar mezclados cuando unidos habían peleado en la guerras. Tampoco hay que soslayar el hecho que las ligas negras habían tenido un crecimiento muy grande de público y eran un rival importante dentro del negocio.

Una de las primeras medidas que tomó Chandler fue la de crear la Mayor League Committe on Baseball Integration. Nombre muy rimbombante pero muy poco útil porque este comité jamás se reunió. Además se comenzó una búsqueda por Estados Unidos, México y Puerto Rico con la idea contratar a un negro para alguna de las franquicias. El elegido fue Jackie Robinson, a quien ya retirado se solía ver en los discursos de Martin Luther King, que se incorporó a Brooklyn Dogers. Cuando Robinson estampó la firma en el contrato al mismo tiempo sentenció la muerte de las ligas negras.

Jackie Robinson firmando el contrato que lo ligó a Brooklyn Dodgers. (Negro Leagues Baseball Museum)

La MLB se fue nutriendo de los beisbolistas más importantes y como consecuencia las Negro League fueron perdiendo interés. En una movida marketinera, aunque esa palabra todavía no existía, Cleveland Buckeyes, de la NAL, contrató en 1946 a Eddie Klep, que se convirtió en el único blanco en participar en una liga negra. El plan no funcionó: jugó 1 partido. Por supuesto que las competencias de menos relevancia fueron la primeras en caer. Luego fue el turno de las grandes con la NNL a la cabeza. La NAL se mantuvo con cierto renombre una temporada más, pero a partir de ahí su consideración iría en baja hasta desaparecer silenciosamente en 1958.

Indianapolis Clowns fue lo único que quedó en pie. Existió hasta bien entrada la década del 80 jugando partidos de exhibición o a beneficio. El último registro en la MLB de un jugador surgido de las ligas negras fue Minnie Miñoso, quien disputó 2 encuentros con Chicago White Sox en 1980.

Quizás para lavar las culpas la MLB les rinde permanente homenaje a los ex Negro League. Previo al comienzo de cada temporada las franquicias tienen la posibilidad de elegir a alguien que haya pasado por estas ligas e integrarlo al plantel de forma figurativa. En 2008, por ejemplo, New York Yankees contrató al boricua Emilio Millito Navarro de 102 años. Para mantener viva la memoria el Salón de la Fama realiza aducciones de viejas glorias y en Kansas City hay un museo, que con la reciente recesión económica se vio cerca de la desaparición.

Sin dudas las Negro League son una excelente representación de lo que fue una de las etapas más crudas de la historia de Estados Unidos.

Fuentes/Links relacionados

Ligas Negras de béisbol: Una página olvidada (Terreno de Pelota)

Recession hits Negro Leagues Museum (ESPN)

Acclaimed artist’s book gives kids valuable history (ESPN)

A Sentimental Journey for the Negro Leagues (New York Times)

Negro League Baseball Project-Universtiy of Missouri (Entrevistas a 3 glorias de las Negro League)

Sitio de las Negro Leagues

Negro League Museum

Sitio dedicado a las Negro League

Micrositio de la MLB dedicado a las Negro League

Negro League Players Associations

Un milagro bajo cero

Lo ocurrido entre Estados Unidos y la URSS en el torneo de hockey sobre hielo de los Juegos Olímpicos de Invierno de Lake Placid 1980 podría haber sido un mal guión hollywoodense. Se vieron las caras dos polos opuestos, tanto afuera como adentro de la cancha. Por un lado los poderosos y súper profesionales soviéticos, candidatos por escándalo a ganar el oro. En el otro extremo estaban los estadounidenses, un equipo universitario que llevaba todas las de perder. En lo que se denominó como Milagro en el Hielo, no sólo es considerado el hecho deportivo más importante de nación norteamericana, sino también fue uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría.
Corrían los primeros meses de la década del 80 y Estados Unidos salía de los duros y complicados años 70, que quedaron marcados a fuego por el cimbronazo sufrido en la Guerra de Vietnam, el escándalo del Watergate y los problemas de inflación, desempleo y energía, habían calado hondo en la sociedad. Además se sumaba un recrudecimiento de la Guerra Fría por la invasión de la Unión Soviética a Afganistán. Por esto último, el presidente Jimmy Carter ya barajaba la idea del boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú de ese mismo año, que finalmente se concretó.
Dentro de este contexto y siempre con la bipolaridad imperante en ese momento como fondo, se desarrollaron en febrero de 1980 los Juegos Olímpicos de Invierno, que por segunda vez en la historia llegaban a Lake Placid, un tranquilo centro de ski ubicado en el estado de Nueva York. La anterior vez que había acogido esta sita había sido en 1932.
La versión invernal de los Juegos Olímpicos se disputó por primera vez en Charmorix (Francia) en 1924 y por lo general se realizaban meses antes a los de verano, lo que los dejaba relegados a un plano secundario. A partir de Lillehammer (Noruega) 1994, obtuvieron la independencia y desde ese momento han mostrado un crecimiento sostenido en sus últimas ediciones.
En esta pequeña ciudad, Estados Unidos y la Unión Soviética iban a medir una vez más sus fuerzas en un evento deportivo y cuyo epicentro fue el encuentro clave por la medalla de oro en el certamen de hockey sobre hielo, que tuvo un resultado que absolutamente nadie esperaba.
La gran pregunta que se hacía la prensa y la gente era quienes quedarían por debajo de la invencible URSS. Los números previos así lo demostraban. Desde 1954 no había bajado de ningún podio mundialista. Solo estuvo ausente en 1962, cuando no se presentó. A nivel olímpico ganó su primer oro en Cortina d’ Ampezzo 1956. A partir de ahí hilvanó una racha que comenzó con un bronce en Squaw Valley 1960 y se prolongó hasta Innsbruck 1976 con 4 oros consecutivos.
Hasta los mismos estadounidenses reconocían que era imposible vencer los soviéticos. “A menos que el hielo se derrita, o que Estados Unidos u otro equipo tenga una actuación milagrosa como la escuadra americana en 1960, los rusos esperan ganar fácil el oro por séptima vez como en los últimos 7 torneos”, escribió en The New York Times Dave Anderson. Para colmo, tres días antes del comienzo de los Juegos Olímpicos, la selección local, en su último amistoso de preparación, sufrió en carne propia el poderío de la URSS porque perdieron en el Madison Square Garden por un estrepitoso 10-3.
Como era de esperar, la URSS superó la primera instancia fácilmente goleando en todas sus presentaciones. Estados Unidos, en cambio, finalizó segundo en su grupo por diferencia de gol detrás de Suecia, con el que había empatado. El fixture de la segunda instancia indicaba que en la primera fecha se tendrían que ver las caras los anfitriones con el tetracampeón olímpico, bicampeón del mundo y que llegaba con un invicto de 21 partidos en Juegos Olímpicos sobre sus espaldas.
Ese 22 de febrero fue el día D. Quienes colmaron el Olympic Center estaban imbuidos en un fuerte fervor patriótico. El canto de  “God Bless America” (Dios bendiga a Estados Unidos) retronaba en todo el estadio. El comienzo fue con lógica. Aleksei Kasatonov anotó el primer gol para la visita. La reacción local no se hizo esperar por lo que un rato más tarde Buzz Schneider igualó las acciones. De la mano de Sergei Makarov la URSS se adelantó nuevamente. Antes del final del primer período de los 3 que componen un partido de hockey sobre hielo, Dave Christiansen niveló en 2. Ya a esta altura era una sorpresa que esos mismos jugadores que habían sido vapuleados en la Gran Manzana ahora le jugaban de igual a igual a ese súper equipo.
Con un Power Play a su favor, es decir, Estados Unidos estaba con 1 jugador menos por sanción, los defensores del título volvieron a ponerse arriba ahora con un gol de Aleksander Maltsev. Estaban 3-2 y sin saberlo ese fue el último tanto convertido por la URSS. Mark Jonhson empató nuevamente cuando todavía quedaba mucho por jugar. Pocos creían lo que veían y todavía faltaba lo mejor. Promediando la tercera etapa el capitán Mike Eruzione se convirtió en el héroe. Recibió el disco y desde larga distancia remató. Nadie sabe cómo ni por donde pasó el implemento, pero lo cierto es que la valla roja había sido vulnerada por cuarta ocasión. Por primera y única vez el conjunto de las bandas y las estrellas estaba adelante.
A pesar de las bajas temperaturas que indicaban los termómetros, el estadio era una caldera. Los soviéticos se encontraban en una situación inédita. Estaban perdiendo y no tenían ideas para tratar de empatar, mientras que su rival se defendía como podía. A falta de pocos segundos para el final el relator de la ABC Al Michaels inmortalizó para siempre la frase que quedó grabada a fuego en el imaginario popular del país norteamericano: “Do you belive in miracles?” (Crees en milagros).
Los soviéticos, todos miembros del Ejercito Rojo, se miraban las caras unos a otros sin entender que estaba sucediendo. Entre lágrimas los jugadores ganadores tampoco comprendían lo que ocurría. El entrenador Herb Brooks, padre de la criatura y elevado a categoría de semidiós, se retiraba de la cancha raudamente sin ningún gesto de alegría.
Dos días mas tarde los locales debían ganarle a Finlandia para confirmar el oro. Tuvieron que sufrir porque comenzaron perdiendo. El encuentro fue muy duro ante una nación con mucha tradición en el hockey sobre hielo y que buscaba subir al podio. Estados Unidos ganó 4-2 y se colgó una de las medallas doradas más inesperada de la historia olímpica. La URSS se quedó con la plata y el bronce fue para Suecia.
Tras el clásico las imágenes de los jugadores ganadores abrazándose se multiplicaron por miles en todos los diarios, revistas y canales de televisión. Habían conseguido lo que Sports Illustreited y ESPN años más tarde calificarían como el hecho deportivo más importante del siglo. No son pocos los que afirman que la derrota del Dream Team en el Mundial de básquet de Indianápolis 2002 a manos de Argentina es comparable con este hecho aunque, claro esta, sin el trasfondo político.
La mayoría de los integrantes de ese plantel fueron incorporados a franquicias de la National Hockey League (NHL), en algunos casos logrando hacer historia también en la liga más importante del mundo. Los soviéticos, por su parte, fueron ignorados en su país. Pravda, el matutino oficial del partido Comunista, no publicó ninguna crónica sobre lo sucedido en Lake Placid. Ya cuando el régimen estaba en plena decadencia muchos de aquellos miembros de la selección de la URSS, varios considerados leyendas del hockey sobre hielo, se fueron a jugar a la NHL para finalizar sus carreras y juntar algunos dólares.
En 2002 los Juegos Olímpicos de Invierno tuvieron como sede la ciudad de Salt Lake City, capital del estado de Utah. Todos los que participaron del Milagro en el Hielo fueron los encargados de encender la Llama Olímpica. Al año siguiente Brooks, convertido en una de las personalidades más respetadas de Estados Unidos, falleció a los 66 años en un accidente automovilístico. Todo el país lo lloró. Actualmente el estadio donde se disputó el encuentro lleva su nombre.
Como no podía ser de otra manera este hecho no fue pasado por alto por la industria del cine. En 1981 salió al aire el largometraje para televisión Miracle on Ice. A la pantalla grande llegó en 2004 con Miracle. Kurt Russell interpretó a Brooks y también se incluye el relato original de Michaels. En 2001 HBO produjo el documental Do You Belive in Miracle?
En Sarajevo 1984 y en Calgary 1984 la URSS conquistó nuevamente el oro. También lo retuvo en Albertville 1992, pero lo hizo bajo el nombre de Equipo Unificado. Estados Unidos desaparecieó de los podios olímpicos y recién volvió en Salt Lake City cuando perdió la final con Canadá, por lo que el Miracle on Ice sigue siendo el último campeonato olímpico en el hockey sobre hielo, lo que hace agrandar aún más lo que va camino a convertirse en un mito.
Imágenes
Foto 1: Tapa de Sports Illustreited con la consagración de Estados Unidos (Sports Illustreited)
Foto 2: Gol de Eruzione que concretó el Miracle on Ice (Wikipedia).
Foto 3: El histórico equipo estadounidense completo durante el encendido de la Llama Olímpica en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002 (Wikipedia).

Resumen del partido

Segundos finales en el cual se incluye el clásico Do you belive in miracles?

Encendido de la Llama Olímpica en los Juegos Olímpicos de Invierno de Salt Lake City 2002

Links relacionados/Fuentes
Miracle on Ice (Wikipedia)
Torneo Olímpico de hockey sobre hielo de Lake Placid 1980 (Wikipedia)
The Golden Goal (Sports Illustreited)
College kids perform Olympic miracle (ESPN Classic)
Winter Games Archive
Lake Placid 1980-Official Report