49, el número negro

En la historia del deporte argentino el 49 esta aparejado a un recuerdo desagradable, pero no a causa de un resultado adverso de alguna selección nacional en un mundial, Juegos Olímpicos u otra competencia de relevancia internacional, sino que es la cifra con la se denominó a la Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas. Este engendro pergeñado por la Revolución Libertadora, que derrocó al gobierno democrático de Juan Domingo Perón en 1955, tuvo como mayor merito el de cortar abruptamente la carrera de la mayoría de los grandes deportistas de la época y arruinó a varias generaciones de atletas.
El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora comandada por Eugenio Aramburu y Eduardo Lonardi, tomó por la fuerza el poder y comenzó una incansable persecución a todo aquello que tuviera relación con el peronismo. Como el gobierno de Perón tuvo mucha vinculación con el deporte, los deportistas fueron profundamente investigados. Con argumentos poco creíbles, a la mayoría de ellos se los sancionó con la prohibición de competir con la pena máxima de 99 años. Ya cuando la dictadura cayó, la sanción les fue levantada, pero el daño ya estaba hecho.
La extensa lista estaba conformada, entre otros, por los campeones del mundo del primer mundial de básquet disputado en Argentina en 1950, Eduardo Guerrero, medalla de oro junto con Tranquilo Capozzo en remo en Helsinki 1952, la tenista Mary Terán de Weiss, el maratonista Osvaldo Suárez e, inclusive, el campeón sudamericano de bochas Roque Chillín Juárez.
Según el criterio de la Comisión 49, la selección nacional de básquet había incurrido en profesionalismo, algo muy mal visto por los pseudomoralistas del gobierno dictatorial de turno, por recibir cada uno de sus integrantes un auto como regalo por parte de Perón por la conquista. A raíz de esta suspensión, el básquet argentino sufrió un mazazo del que recién en los últimos años con Emanuel Ginóbili y compañía pudo recuperarse.
Terán de Weiss fue otra de las grandes perjudicadas. Siendo la tenista número 1 del país, estuvo, junto con su marido, Heraldo Weiss, muy vinculada con el peronismo. Inclusive, en su momento, se habló de una relación amorosa con Perón cuando ambos quedaron viudos (casi al mismo tiempo) en la que el líder justicialista le habría pedido matrimonio y ella se negó. A pesar de que pudo volver a competir, nunca más se pudo recuperar del todo y terminó sus días suicidándose a causa del olvido y la soledad.
A Suárez los miembros de la Comisión 49 le reprochaban haber realizado viajes al exterior por acomodo. Lo que no tuvieron en cuenta fue que se consagró campeón a nivel sudamericano, panamericano e iberoamericano en los 5.000 y 10.000 metros, en medio maratón y maratón. En su extensa lista de logros se encuentran tres triunfos consecutivos en la prestigiosa y tradicional San Silvestre que se disputa en San Pablo, con marcas que no tenían nada que envidiarle a los grandes fondistas de la época.
Mil novecientos cincuenta y seis iba ser el año en el cual el representante de Independiente estaba en su pico de rendimiento, por lo que era serio candidato a colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne que se celebraron ese año. La despótica suspensión le impidió estar presente en la cita olímpica y así dejó pasar una oportunidad inigualable de colgarse una medalla olímpica. Pudo volver a competir recién en Roma 1960, pero a pesar de que estuvo adelante en buena parte de la maratón, no pudo seguir el ritmo de Abebe Bikila y se tuvo que conformar con el 9 puesto y sin podio.
Toda esta persecución no solo trajo como consecuencia que las carreras de un montón de deportistas quedaran truncas de una manera violenta, sino también que lo sintió muy fuerte el olímpismo argentino. A los Juegos Olímpicos celebrados en la capital del estado de Victoria asistieron solo 39 atletas de Argentina, lo que es el número más bajo en la historia olímpica vernácula. Teniendo en cuenta que las actuaciones venían siendo destacadas, lo hecho en Australia fue muy pobre porque sólo se consiguieron las medallas de plata en levantamiento de pesas gracias a Humberto Selvetti y de bronce, que llegó de los puños de Víctor Zalazar en la división de los medianos.
No es aventurado decir que las consecuencias de la actuación de la Comisión 49 todavía se sienten en el deporte local. No sólo aniquiló el presente, sino también que sus acciones hicieron mella en el futuro y por eso la Argentina deportiva nunca terminó de recuperarse del todo de lo que el escritor Victor Lupo definió como Genocidio Deportivo.
Foto 1: Mary Terán de Weiss, una de las deportistas más perjudicadas por las suspensiones.
Foto 2: La selección argentina de básquet campeona del Mundo de 1950. Prácticamente todo el plantel fue sancionado (Image CABB).

La revolución que no fue

La Fórmula 1 siempre se destacó por ser una categoría propicia para los adelantos tecnológicos en los automóviles. Muchos de ellos primero se dieron en las pistas de carrera y luego saltaron a los coches de calle. Uno de las invenciones más radicales fue la de crear un auto con 6 ruedas. No tuvo grandes logros en sus 2 años de vida, pero le alcanzó para ganarse un lugar en la divisional más importante de los monopostos a nivel mundial.
A finales de la temporada 1970 apareció en el Gran Premio de Canadá un nuevo equipo. Se trataba del Tyrell Racing, que pertenecía al ex corredor británico Ken Tyrell. El joven Jackie Steward al volante dio que hablar porque logró la pole position que le permitió largar en la primera colocación. El comienzo fue alentador, pero el modelo 001 no pudo terminar la carrera el día domingo en Mont-Tremblant. Al año siguiente participaron en todo el torneo y Steward se alzó con el título del mundo, mientras que el equipo se quedó con la Copa de Constructores, que fue el único título que consiguió en sus 28 años de vida.
Después de las conquistas Tyrell comenzaría a divagar por los distintos grandes premios hasta que en 1998 corrió el GP de Japón en Suzuka su última carrera. El nuevo dueño fue Craig Pollock, quien cambió el nombre a British American Racing (BAR).
Más allá de los campeonatos logrados el mayor recuerdo que Tyrell le dejó a la Fórmula 1 fue el revolucionario P34, que hizo más ruido desde lo estético que desde lo mecánico. El ideólogo de este monstruo fue Dereck Gardner, jefe de diseño de la escudería. La idea era colocar 4 ruedas delanteras pequeñas con el objetivo de optimizar la aerodinámica al eliminar las ruedas grandes y así no perder el agarre frontal.
En la teoría era todo muy bonito, pero en la práctica las cosas no salieron como se esperaban. A causa del tamaño de las ruedas de adelante, estas giraban a una velocidad superior a las traseras, que eran normales. Esto provocaba deformaciones en el neumático y un desgaste prematuro. Además los frenos delanteros mostraban una gran tendencia a bloquearse.
El Tyrell P34 debutó en la temporada 1976 y sus 2 pilotos tuvieron un muy buen desempeño logrando importantes colocaciones en el campeonato de pilotos. Jody Scheckter finalizó tercero y Patrick Depallier quedó cuarto. El equipo, en tanto, terminó en la tercero en el Mundial de Constructores. El extra estuvo en que Scheckter ganó el GP de Suecia, siendo la única competencia en la que este peculiar auto llegó primero.
Todo hacía pensar que el panorama para 1977 iba a ser el mejor. No fue así porque todo terminó siendo un verdadero fiasco. Scheckter abandonó el equipo y arribó Ronnie Peterson. Las mejoras introducidas en el coche estuvieron lejos de cumplir las expectativas, por lo que no se obtuvo ningún triunfo y los abandonos fueron cosas frecuentes. A duras penas Tyrell arañó un sexto puesto en la Copa de Constructores.
Para 1978 los Tyrell retornaron a la 4 ruedas, pero las actuaciones continuaron siendo opacas y nunca más volvió a los primeros planos. A finales de la década del 70, principios de los 80, la escudería March reflotó el proyecto, con la diferencia de que las 4 ruedas estaban en la parte de atrás. El plan no prosperó porque la Federación Internacional del Automóvil (FIA) reglamentó que los autos de F1 no debían tener más de 4 neumáticos.
Para esa altura los Tyrell ya definitivamente formaban parte de las tantas curiosidades que guarda la F1 en sus arcones. Los distintos prototipos quedaron olvidados en algún galpón y otros tuvieron más suerte y fueron a parar a un museo. Pero a mediados de la década del 90 volvieron a salir a las pistas.
La FIA creó en 1994 lo que denominó como Historic Formula One Championship. En este campeonato se reúnen coches que hicieron historia en F1 en las décadas del 60, 70 y 80. El certamen, que esta dividido por categorías, consta de 8 fechas que tienen mucho más de exhibición para rememorar viejas épocas que de deportivo, lo cual no esta mal. A bordo de uno de los modelos Tyrell P34 que se recuperaron, el británico Martin Stretton se alzó con el campeonato del año 2000.
Gracias a esta categoría retro, solo apta para fanáticos, el revolucionario auto de carreras continúa compitiendo con cierto éxito. Pilotado por el italiano Mauro Pane ganó el GP histórico de Monza de 2008, que fue la tercera fecha del certamen y también significó el mejor resultado obtenido hasta el momento este año.
Así fue la historia de un coche que buscó romper los moldes establecidos en la Fórmula 1 y en el automovilismo deportivo en general. Quedó sólo en el intento, pero en su andar por las distintos circuitos de Europa todavía sigue siendo una de las atracciones preferidas del publico que todavía añora aquellas carreras que eran de pilotos y no de autos.
Foto 1: La creación de Dereck Gardner en acción durante un Gran Premio.
Foto 2: El Tyrell P34 en una exhibición este año previo al Gran Premio de Mónaco de F1.
El Tyrell P34 en acción en Mónaco
Gran Premio de Mónaco de 1976
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Project 34

Deporte e historieta: cuando dos pasiones se unen

Casi desde sus comienzos, la historieta argentina se ha dedicado a abordar los diferentes aspectos que rodean a la sociedad argentina. Entre la infinidad de temas que ha tocado se encuentra el deporte. Desde los más populares como el fútbol hasta los menos convocantes como el golf, han sido representados en algún momento. Pero el que más material a brindado a guionistas y dibujantes es el boxeo.
A esta actividad se dedicada El Ternero Mamón de las Pampas, uno de los protagonistas de Jimmy y su pupilo, cómic creado por Néstor René González Fossat que dio el puntapié para que comenzara esta relación. La tira, que apareció por primera vez el 12 de marzo de 1924 en la revista Páginas de Columba, trataba sobre las desventuras de El Ternero Mamón de las Pampas, que llegó al boxeo de casualidad, y Jimmy, su manager y entrenador. Este intentaba que su pupilo se tomara en serio la actividad con la intención de acumular dinero a costa de su boxeador, que lo único que obtenía era una derrota tras otra.
El nacimiento de esta tira se dio dentro de un contexto más que favorable para el pugilismo nacional ya que gracias a la campaña que Luis Angel Firpo había realizado en Estados Unidos, en especial en su pelea con el campeón del mundo Jack Dempsey, el boxeo gozaba de una popularidad muy grande.
Otras dos historietas famosas que se introdujeron en el mundo del pugilismo fueron Tucho, de canillita a campeón y el Indio Suárez. El punto de contacto más importante que existía entre ambas historietas era que sus protagonistas provenían de las clases bajas y llegaban a lo más alto del boxeo gracias a la conquista del título del mundo.
Tucho Miranda, protagonista de Tucho, de canillita a campeón, era el ideal de joven que quería la sociedad argentina en la década del 40. El personaje principal era un muchacho de barrio, noble, sin vicios, apegado a su familia, incapaz de realizar una maniobra antideportiva para favorecerse, y con una sola y respetable palabra. Es tal el grado de dignidad que tiene el personaje principal, que en una ocasión sale a pelear con la mandíbula rota porque “el contrato ya estaba firmado”.
Por supuesto, el contrapunto eran los rivales de Miranda, todos inmiscuidos de alguna manera con la mafia y siempre buscando alguna artimaña para perjudicar al protagonista. Tucho, de canillita a campeón, fue escrita por Mariano de la Torre y dibujada por Athos Cozzi y apareció desde los comienzos en la clásica revista Patoruzito.
El Indio Suárez, por su parte, era una creación del genial Héctor Oesterheld y que Carlos Freixas llevaba al papel. El personaje le rendía tributo a dos grandes del pugilismo nacional. En sus gestos se podían encontrar algunos rasgos cercanos a Eduardo Lausse, uno de los preferidos del exigente público que colmaba el Luna Park en la década del 50, y por su apellido se homenajeaba al primer gran ídolo que dio el boxeo local, Justos Suárez, más conocido como El Torito de Mataderos.
La historia transcurre sin ningún tipo de sorpresa hasta que Suárez sufre una lesión que lo aleja de su pasión para siempre. A partir de ese momento, se dedica a entrenar jóvenes boxeadores. Pero con el devenir del relato, contado en primera persona, el Suárez se va alejando cada vez más de su deporte preferido para involucrase en otras actividades que, inclusive, lo llevan a estar en los Juegos Olímpicos. A pesar de tener suculentas ofertas monetarias, Suárez siempre las rechaza porque prefiere dirigir humildes equipos de pueblo.
Tampoco podemos olvidarnos de Mojado, la historieta que se publicó en El Tony, guionada por Robin Wood y dibujada Carlos Vogt. Mojado es la historia de un inmigrante mexicano ilegal en Estados Unidos (así se los llama por tener que cruzar a nado el Río Grande para llegar al país del norte), quien luego de sufrir las mil y una tras la muerte de sus padres, logra triunfar en el sucio mundo del boxeo norteamericano.
Como deporte predilecto de los argentinos, la historieta no podía dejar de lado al fútbol. Quizás el caso más famoso sea el de Clemente que, especialmente durante la época del Mundial, mantiene informado al público desde una óptica diferente a la de los periodistas deportivos. El auge del personaje creado por Caloi fue durante el tristemente célebre Mundial de 1978, en Argentina, en el cual desde sus tiras (y desde la pantalla gigante de los estadios) generó un enfrentamiento con el relator de fútbol José María Muñoz, en plena dictadura militar, sobre el tema de arrojar papelitos en la cancha. La repercusión volvió también para el certamen disputado en México en 1986, torneo ganado por la Argentina y que catapultó a la fama a Diego Armando Maradona. Por esa época tuvo su debut el recordado personaje del Hincha de Camerún.
Otra tira que también se volcó al fútbol fue Gattin, una sátira creada por Jorge Toro que se editó durante el Mundial 78, en la cual distintos animales representaban a los jugadores que participaban en el campeonato. Dick, el artillero fue una historieta argentina que en sus inicios estaba dirigido para los latinos que vivían en Estados Unidos y que dio la vuelta al Mundo hasta llegar a editarse en el diario La Prensa durante la década del 70. Al igual que los cómics de boxeo, se cuenta la historia del muchacho pobre que llega al éxito, pero en este caso existe la diferencia de que en el medio Dick vive diferentes aventuras fuera del campo de juego.
Más adelante en el tiempo, en 1998 para ser más exactos, editorial Ivrea publicó Área, una historieta unitaria escrita por Alejo García Valdearena (quien luego descollaría en la recordada 4 Segundos) e ilustrada por un Pier Brito aún bastante influenciado por el manga. La historia tiene lugar en el futuro, donde se juega un torneo de fútbol hiper-tecnificado, mientras que el fútbol “tradicional” se practica clandestinamente en potreros y canchas abandonadas. Aquí es donde juegan Xeo y Ariadna, dos hermanos que, en una redada policial durante un partido, son capturados y llevados a prisión. Allí Xeo es separado de su hermana y reclutado por un importante empresario, quien lo obliga a jugar para el equipo de su corporación, en el torneo oficial.
Fuera del fútbol y del boxeo se pueden hallar Fitito, creada por Jorge Toro y que le rendía tributo al Fiat 600 y la Vera Historia del Deporte realizada por Oski. También dentro del automovilismo tenemos a Grand Prix, historieta de Ray Collins que se publicó durante mucho tiempo en las revistas de Columba. Algunos de sus dibujantes fueron Alberto Macagno y Eduardo Risso.
Desde que esta unión nació en el lejano 1924, la historieta y el deporte han tenido una relación muy amistosa que le permitió al cómic nacional continuar engrosando su extensa y prestigiosa historia.
Nota que escribí, con la colaboración de Javier Hildebrandt, para en número de febrero de 2006 de la revista Comiqueando.
Imagen 1: Tapa de la revista las travesias de Fitito.
Imagen 2: Portada de Gatlin, que hizo furor durante el Mundial de 1978.
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Basilo: Gatadona es argentino (La Redó!)

El libro que faltaba

A nivel histórico el fútbol tenía una gran deuda pendiente: contar como fue su devenir dentro de los Juegos Olímpicos, el evento cultural, social, político y deportivo que más expectativa genera en todo el mundo. Por lo general la información relacionada a este tema eran vagas referencias en los medios días antes del encendido de la Llama Olímpica o lo publicado en algunas páginas de Internet, no siempre con el rigor períodistico necesario.
De la mano del periodista Eduardo Cantaro ese espacio vacio se tapó con su libro “100 años de fútbol olímpico”. En el mismo se ahonda desde los comienzos como exhibición en los ya lejanos Juegos Olímpicos de París 1900, hasta la celebración del oro argentino en Atenas 2004. Formaciones, partidos, datos curiosos, jugadores y estadísticas, tanto del certamen femenino como masculino, compilados en 320 páginas separadas en 25 capítulos.
Una obra, que refleja casi 7 años de investigación, obligatoria no sólo para los fanáticos del fútbol, sino también para los amantes del olimpismo. Para más datos o para contactar al autor ingresar a su blog.

El equipo que desapareció

La Organización de Intercambio Deportivo Germano-Asiático (AGSEP, en alemán) es una entidad no gubernamental que desde 1988 se encarga de ayudar a los países pobres del sudoeste asiático por medio del deporte. Para recaudar fondos esta institución organizó en septiembre de 2004 un torneo de handball en Baviera con la participación de algunos equipos germanos de categorías  amateurs y de la selección de Sri Lanka, una pequeña isla ubicada al sur de Asia. Cuando todo estaba armado para ser una fiesta, se transformó en un dolor de cabeza para los organizadores que se llevaron la desagradable sorpresa que los invitados asiáticos se habían fugado del hotel.

A raíz de la nula tradición que tienen en este deporte, era de esperar que los visitantes de Asía no demostran demasiadas virtudes dentro de la cancha, cosa que finalmente se cumplió. Además, evidenciaban un total desconocimiento de puntos básicos del reglamento. Por eso muchos empezaron a sospechar si realmente eran jugadores de handball. Al no perseguirse un fin comercial o deportivo, nadie le prestó demasiada atención a este hecho, es más, hasta resultaba pintoresco. Una vez finalizada la primera fase comenzaron los inconvenientes para la gente de la AGSEP porque los 23 integrantes del plantel más el cuerpo técnico desaparecieron. En el lugar en donde se hospedaban dejaron su equipaje y una nota agradeciendo la hospitalidad germana, pero sin ningún dato sobre cuál iba a ser su destino.

Las autoridades alemanas comenzaron la búsqueda del equipo ceilandés, pero no consiguieron ningún resultado satisfactorio. Algunas pistas indicaban que se habrían fugado a Francia o a Italia, pero nunca hubo nada concreto. Las cosas empeoraron cuando el Comité Olímpico de Sri Lanka confirmó que el país no tenía una selección de handball y que en la isla de 20.743.000 habitantes este es un deporte que no existe.

Supuesta selección de Sri Lanka antes de un partido. (BBC)

La situación le produjo un gran enojo a Dietmer Doering, ministro de deportes de Alemania, que ante la prensa dijo que esta iba a ser la última vez que ayudaba a un equipo de Sri Lanka a competir en suelo teutón. En tanto, la gente de la AGSEP se vio sorprendida y superada por la situación ya que en todo este tiempo que llevan trabajando en colaboración con países asiáticos nunca vivieron una situación similar.

A pesar de que Heidi Jung, embajador alemán en la Lágrima de la India, afirmó que los papeles de todos los integrantes del combinado estaban en orden y que tenían un Visa de turista que les permitía estar como legales en Europa durante un mes, el gobierno de la nación asiática confirmó que nunca autorizó el viaje a Alemania.

Lo cierto es que a 4 años de la desaparición de la supuesta selección de handball de Sri Lanka no hubo ningún tipo de rastro sobre sus integrantes que, con seguridad, continúan dando vuelta por el Viejo Continente como ilegales.

Como otras tantas historias de vida esta aventura del inventado combinado de Sri Lanka será llevada al cine. El largometraje se llamará Machan y se estrenará el 30 de octubre de este año en Alemania. La dirección esta a cargo del italiano Uberto Pasolini, que saltó a la fama mundial cuando produjó The Full Monty, cuya trama trataba de 4 mineros escoceses que se quedaron desocupados y para ganar dinero comenzaron a trabajar como strippers.

La Joya de la Corona (Cricket: El deporte olvidado-Segunda Parte)

Inglaterra tiene la particularidad de ser un país con una cultura que respeta de manera tajante sus tradiciones, por eso no es extraño que el cricket, juego nacional de aquellas tierras, mantenga las costumbres tanto en Argentina como en el resto de los lugares en donde exista este deporte. Dentro del cricket nacional el acontecimiento más legendario es el encuentro que enfrenta a los combinados del Norte y del Sur. Este cotejo anual se disputa, con algunas interrupciones, desde 1891 y se destaca por ser uno de los eventos deportivo más viejo del país.
Cuando se comenzó a jugar al cricket en Argentina, muchos de los partidos que se disputaban enfrentaban a equipos con nombres ficticios colocados para la ocasión. Estos cotejos servían como excusa para entretener al público que se reunía para encontrarse con amigos o familiares durante los fines de semana o feriados.
Algunos de los equipos recibían el nombre de Liberales, Conservadores, Campo, Ciudad o simplemente se colocaban los apellidos de los capitanes, costumbre que todavía se mantiene para cotejos informales. La primera vez que se hizo mención a un partido entre Norte y Sur fue en 1869. Este encuentro puede considerarse como el antecedente inmediato al choque que se estableció de forma definitiva 22 años después.
Así como la mayoría de las reuniones deportivas de aquellos años, la cancha del Buenos Aires Cricket Club (BACC) en Palermo fue la sede de la primera edición oficial de la tradicional disputa. El resultado fue favorable para los norteños, pero con una controversia. Como había muchos jugadores de muy buena calidad, se decidió incluir a los representantes del Rosario Athletic Club en el conjunto sureño, que en la previa se presentaba como el más débil de los dos. Esta decisión molesto a los cricketeros llegados desde Santa Fe, que no pudieron evitar la derrota de su combinado. Para la siguiente edición, integraron la selección norteña.
Como ocurrió con los torneos locales, este tradicional enfrentamiento cayó en un vació en cuanto a su nivel cuando la mayoría de los jugadores ingleses retornó a su tierra para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Por esta razón, durante este período se temió que el partido desapareciera.
Además, clubes habituales como el CASI, Atlético del Rosario o el mismo BACC dejaron de la lado la actividad por la falta de interés de sus socios y concentraron toda su atención en el rugby y en el hockey sobre césped. Esto parecía ser una clara señal de que el Norte versus el Sur tenía los días contados.
Durante la década del 70 se observó un leve repunte en el nivel de juego, en especial en el interior. Esto ayudó para que el ya tradicional partido se mantuviera en pie. A partir de ese momento, la Asociación del Cricket Argentino (ACA) comenzó un intenso trabajo en las divisiones inferiores para que la calidad del juego se incrementara y se aproximara a la que hubo en comienzos del siglo XX.
Con el comienzo de los 90, la ACA estableció el trofeo Donald Forrester al mejor jugador de cada partido conocido como La Joya de la Corona y que todos los años tiene lugar en una cancha distinta. En 2008, se celebró en Belgrano Athletic con una particularidad. Como sucede con los Test Match internacionales, este encuentro se celebrá en 3 días. Pero la lluvia se hizo presente debió reprogramarse y hacer una versión más acotada porque disputó en un sólo días, tras la aprobación de los capitanes. Finalmente el Sur se llevó el triunfo.
En la actualidad, el conjunto del Norte esta integrado por jugadores del Hurlingham Club, Belgrano Athletic Club y del Colegio San Jorge. Mientras que, por su parte, el representativo del Sur esta conformado por jugadores de Lomas Athletic, San Albano y del Colegio San Jorge de Quilmes. A raíz del crecimiento del cricket entre las mujeres, se ha decidió crear la versión femenina del clásico choque entre el Norte y el Sur. También hay una versión sub-19.
Como ocurre desde hace más de 100 años, cerca del final de la temporada se volverán a ver las caras estos tradicionales oponentes para volver a protagonizar este clásico del cricket argentino.

La pelea por el futsal

La organización deportiva a nivel mundial muchas veces se presenta como una maraña difícil de comprender. El ejemplo más conocido es el del boxeo, que cuenta con cuatro entidades de relevancia más otras de segundo orden. A esto hay que sumarle las que se dedican a regular exclusivamente la actividad femenina y la AIBA que se encarga de las competencias amateurs, entre ellas los Juegos Olímpicos. Un caso similar y poco conocido es el del futsal.

La disputa en el futsal se da entre dos partes que poseen un poderío económico y estructural muy dispar. Por un lado aparece la FIFA, quizás la federación deportiva más poderosa del mundo; en el otro la débil y recién nacida Asociación Mundial de Futsal (AMF).

El futsal nació a comienzos de la década del 30 en Uruguay como una creación del argentino Juan Carlos Ceriani. La idea surgió cuando Ceriani observó que los chicos utilizaban canchas de básquet para despuntar el vicio de patear una pelota porque cada vez existían menos terrenos libres en las calles de Montevideo. Para crear la nueva modalidad, este profesor de educación física de la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) tomó elementos del básquet y del fútbol para crear un nuevo deporte.

Al igual que el voley y el básquet, el futsal se empezó a expandir por el resto del continente de la mano de la ACJ y ganó muchos adeptos en Brasil y Argentina. Luego pasó a Europa, en donde fue muy bien recibido en lugares como Holanda o Rusia ya que les permitía a los jugadores continuar jugando durante el crudo invierno. El arribo del futsal al Viejo Continente fue el espaldarazo definitivo para llegar al resto del mundo.

Ante la notoria expansión apareció la necesidad de crear una entidad a nivel internacional que se encargara de fomentar y regular el deporte porque no existía un reglamento fijo. Este agujero lo taparon los brasileños Joao Latufo y Julián Haranczyk cuando en 1971 crearon en San Pablo la Federación Internacional de Futsal (FIFUSA).

Durante su corta historia esta organización adquirió reconocimientos de diversos comités olímpicos nacionales, pero ninguno con peso dentro del Comité Olímpico Internacional (COI). Esta situación llevó a que la FIFUSA tuviera un rol secundario en el contexto de las federaciones deportivas internacionales lo cual, además, dificultó su existencia.

A mediados de la década del 80 la FIFA empezó a fijar la atención en lo que consideraba una variante del fútbol y creó la Comisión de Fútbol 5 para organizar torneos. El nivel de estas competencias eran muy pobres y desde Zurich comenzaron a presionar a la FIFUSA para que se integrara a sus filas. “Todo lo que es fútbol nos pertenece”, decía Joao Havelange, en ese momento presidente de FIFA. “El futsal es un deporte diferente al fútbol”, retrucaban desde San Pablo y ponían el ejemplo del tenis y el tenis de mesa.

Con motivo de la celebración del centenario de la federación holandesa de fútbol, la FIFA organizó en 1989 su primer mundial de futsal que ganó Brasil. La FIFUSA ya tenía una competencia similar desde 1982.

De la mano de un poderoso aparato económico y de marketing, el futsal FIFA adquirió mayor popularidad en todo el mundo, en especial en Brasil, Italia y España, que inmediatamente se destacaron como las grandes potencias.

La FIFA insistió en absorber la estructura de la FIFUSA y en varias oportunidades desde Suiza se dijo que habían llegado a un acuerdo para fusionarse, pero desde San Pablo lo negaban rotundamente.

Algunos miembros de la FIFUSA cedieron a la presión y cambiaron de bando. Dicha organización sobrevivió hasta el 28 de noviembre de 2002 cuando finalmente se disolvió. El 1 de diciembre de ese mismo año viejos directivos más algunos nuevos crearon la AMF, que se encargó de tomar la posta de lo que dejó el desaparecido órgano que regulaba el futsal. A parte de cambiar el nombre, hubo una mudanza de San Pablo a Asunción.

Sin dudas en esta puja la FIFA corre con una ventaja muy amplia a la hora de desarrollar al futsal ya que es una marca registrada en el mundo deportivo, tiene acceso a lugares que la AMF no tiene y, sobre todo, cuenta con un fuerte caudal económico.

Foto 1: Partido entre Brasil y Ucrania en el Mundial de FIFA China Taipei 2004.
(FIFA.com)
Foto 2: Partido de la selección argentina bajo las reglas de la AMF.
(fefusamendoza.com)

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Confederación Argentina de Fútsal
Futsal AFA
Futsal FIFA

Rugby y Juegos Olímpicos

La creación del campeonato del mundo en 1987 le permitió al rugby convertirse en uno de los deportes más populares del planeta. A raíz de esto, a veces se hace difícil comprender por qué no esta incluido en los Juegos Olímpicos y si figuran otras actividades que tienen poca convocatoria, como puede ser el caso de la arquería o del badmington. A pesar de los reiterados esfuerzos de la International Rugby Board (IRB)por lograr su inclusión en el Programa Olímpico, aunque más no sea en la modalidad de seven, todavía no se ha podido lograr el cometido.
Si bien en la actualidad no esta dentro de los deportes considerados olímpicos, el rugby sabe lo significa ser parte del evento más importante del mundo. En cuatro ocasiones, los Juegos Olímpicos acogieron al rugby. Sus apariciones fueron en París 1900, Londres 1908, Amberes 1920 y, por última vez, otra vez en la Ciudad Luz en 1924.
De la mano del baron Pierre de Coubertin, creador del Movimiento Olímpico, el rugby estuvo entre los deportes que formaron parte de la segunda edición de los Juegos Olímpicos. De esta manera, junto con el fútbol, se convirtieron en los dos primeros deportes por equipos en formar parte del acontecimiento, aunque este último lo hizo como exhibición. Coubertin era un ferviente seguidor del rugby e, inclusive, llegó a dirigir la primera final del campeonato francés en 1892 entre el Racing CF y el Stade Français, que quedó en poder de los primeros por 4 a 3.
La competencia del rugby en París estuvo compuesta por sólo tres equipos: Alemania, Gran Bretaña y, por supuesto, Francia. Los conjuntos participantes no eran selecciones propiamente dichas, sino que eran clubes que actuaban bajo el nombre de los distintos países. Los germanos estaban representados por el Eintracht Frankfurt, los británicos por el Moseley Wanderers y los locales por el Stade Français, la institución deportiva más importante de la capital francesa.
El combinado galo era el amplio favorito para quedarse con el título, en especial por el subcampeonato que había logrado en el certamen local el año anterior. En la cancha confirmó su superioridad y ganó sus dos encuentros con cierta facilidad. En primera instancia, los locales superaron a los alemanes, que se quedaron con la plata, por 27 a 17 y en su segundo encuentro los dueños de casa se impusieron en el clásico europeo ante los británicos, que finalizaron terceros, con un inapelable 27 a 8. Con el título de Francia, el rugby se despedía momentáneamente de los Juegos Olímpicos para volver 8 años más tarde.
En 1908 la creación de Coubertin retornó a Europa después de la desafortunada presentación en Saint Louis (Estados Unidos) cuatro años atrás. Esta nueva edición significó la consolidación absoluta de los Juegos Olímpicos gracias al buen nivel organizativo que presentaron los londinenses. Entre los deportes que se incluyeron, varios muy practicados por las clases altas, apareció nuevamente el rugby.
La cantidad de participantes fue muy pobre porque se presentaron tan sólo dos equipos. Además de Gran Bretaña asistió Australia, que en el momento en que se estaban desarrollando los Juegos Olímpicos se encontraba de gira por el Reino Unido. La medalla de oro se dirimió en un solo partido que fue favorable para los Wallabies por 32 a 3.
Debido a la escasez de equipos, el deporte desapareció del programa olímpico después de Londres y recién retornó en Amberes 1920. En la ciudad belga, que todavía vivía un período de reconstrucción luego de la Primera Guerra Mundial, sólo participaron Estados Unidos y Francia, ya que a último momento desertaron Rumania y Checoslovaquia.
Como había ocurrido en la primera versión del torneo olímpico de rugby, los galos se presentaban como los grandes candidatos, en especial porque ocho de sus jugadores habían vestido la camiseta azul en el torneo de las 5 Naciones, que para ese momento era considerado como el certamen más importante del mundo. Los estadounidenses, por su parte, eran un conjunto de voluntariosos universitarios que tenían como antecedente más relevante una exitosa gira por Canadá el año anterior.
En contra de la que se suponía, el resultado fue un 8 a 0 a favor de Estados Unidos, lo que le permitió ganar prestigio entre el exigente público francés. Ante esta situación, se organizó a las apuradas una gira de cuatro partidos en distintos puntos de Francia. El saldo final de esa serie de encuentros para Estados Unidos fue de tres triunfos ante combinados regionales y una derrota ante la selección local, que se tomó revancha de lo que había sucedió en los Juegos Olímpicos.
A pesar de que este fue el primer título olímpico del rugby estadounidense, dos de los jugadores del equipo ya sabían lo que significaba tener una medalla de oro. Uno era Daniel Brendan Carroll, que formó parte del conjunto australiano que se consagró campeón en 1908. Mientras que el otro era Morris Kirksey, que integró la posta de 4×400 metros que ganó la presea dorada en esos Juegos Olímpicos, además de obtener la plata en los 100 metros.
La última vez que se celebró un torneo olímpico de rugby fue en París 1924. En aquella ocasión los conjuntos participantes fueron tres: el campeón reinante Estados Unidos, el subcampeón Francia, que buscaba la revancha como local, y Rumania. Por los antecedentes, estaba claro de que la disputa por la medalla de oro se había polarizado entre los franceses y los estadounidenses.
Para volver a lo más alto del podio, los galos armaron un plantel integrado por jugadores internacionales de los cuales dos ya habían estado en Amberes cuatro años atrás. Los campeones, por su parte, arribaron la capital francesa con la base del equipo que se había dado la sorpresa en 1920.
Como era de esperar, tanto Francia como Estados Unidos superaron con facilidad a los rumanos (61 a 3 y 37 a 0, respectivamente) y llegaron a un encuentro definitorio muy caliente en la previa. Días antes del partido, el diario París City Counselo publicó una dura nota en la cual se ponía en duda la calidad de amateurs de los rugbiers visitantes. A esto, además, hay que sumarle el robo que sufrieron los jugadores y la incomodidad de salir a la calle porque eran agredidos por algunos transeúntes cuando los reconocían.
En una calurosa tarde del 18 de mayo, el estadio Colombres estaba colmado. Se calcula que en el recinto había un aforo de entre 35.000 y 40.000 personas que, sin saberlo, iban a ser testigos del último encuentro de la historia del campeonato olímpico de rugby.
Como no podía ser de otra manera, el público esperaba un triunfo de Francia, pero Estados Unidos se encargo de aguar la fiesta. Fue un inapelable 17 a 3 a favor de los visitantes que, nuevamente, se alzaron con la medalla de oro. Los ganadores anotaron 5 tries y anularon todos los sistemas de ataques de los dueños de casa que tuvieron que conformarse otra vez con la plata.
Lejos de los ideales olímpicos que tanto pregonaba Coubertin, el encuentro terminó en escándalo. Una vez finalizado el partido, Gideon Nelson, suplente del conjunto ganador, fue agredido por un hincha francés y comenzó una batalla que dejó como saldo dos personas desmayadas y a varios heridos leves. Además, en el momento de la premiación, el público se burló del himno estadounidense.
El crecimiento de los Juegos Olímpicos con la inclusión de las mujeres, la falta de equipos y la mala imagen que tenía el rugby en el ceno del Comité Olímpico Internacional (COI) por los violentos hechos que ocurrieron en París, fueron factores determinantes para que sea borrado del Programa Olímpico a partir de Ámsterdam 1928.
La IRB hizo gestiones para que el rugby retornara a los Juegos Olímpicos en Moscú 1980, en Seúl 1988 y en Sydney 2000, pero las negociaciones fracasaron. Se estuvo cerca para estar en Londres 2012, pero finalmente el COI decidió bajarle el pulgar. De esta forma, el rugby continúa siendo, según una encuesta del Washington Post, el deporte más popular del mundo que no esta incluido en los Juegos Olímpicos. Quién sabe hasta cuándo el rugby tendrá este extraño privilegio.
El equipo que no fue
Uno de los datos poco conocidos en la centenaria historia del rugby argentino es que la Unión Argentina (UAR) estuvo muy cerca de enviar una representación a los Juegos Olímpicos de París 1924, edición en la cual hubo por primera vez una delegación nacional oficial.
Cuando el plantel ya había sido conformado y sólo restaban algunos días para emprender el viaje en barco hacia el Viejo Continente, surgieron algunos inconvenientes económicos de última hora que obligó a los dirigentes a cancelar la travesía.
El equipo estaba compuesto por 21 jugadores, de los cuales la mayoría vestían la camiseta negra y blanca del Club Atlético de San Isidro, que por aquellos años era el amplio dominador del campeonato de Buenos Aires. Los otros clubes que también habían aportado jugadores fueron el Club Universitario de Buenos Aires, Belgrano Athletic y el Buenos Aires Cricket and Rugby Club. El plantel elegido había sido: Adolfo Travaglini, Rodríguez Jurado, J. Fisher, Claudio Bincaz, Luis Hughes, Chevaller Boutell, Bilbao La Vieja, Gilderdale, C. Rojí, L. Galíndez, C. Vázquez, O’Farrell, J. de la Barrera, R. Semprún, D. Rawson, R. Acevedo, J. Knox, Rotschild, David Millar, F. Luconi y A. Tessi Seitún.

Foto 1: Partido entre Francia y USA en Amberes 1920.
Foto sacada de www.rugby-pioneers.blogs.com

Mito y leyenda

«Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos…» Julio Cortázar.
“Torito” (Final del Juego, 1956) primeras líneas

Justo Suárez fue el primer gran ídolo que dio el deporte argentino. A fuerza de golpes, no sólo en el ring, sino también en la vida, se ganó en poco tiempo la admiración de las masas que se sintieron identificadas con su historia. Desde la miseria más absoluta llegó al estrellato y casi a la misma velocidad que ascendió se hundió en un ocaso muy oscuro. Adelantándose a lo que diría Jim Morrison, fallecido cantante de The Doors, varias décadas más tarde, el Torito de Mataderos vivió rápido y murió joven, porque una tuberculosis terminó con su vida cuando sólo tenía 29 años.
Allá por la década del 30 Argentina tenía una muy marcada diferencia económica y que alguien de clase baja llegara a codearse con las altas esferas era una utopía. Por eso cuando alguno lo conseguía era idolatrado y esto le sucedió a Suárez. Fue el decimoquinto hijo de una familia que tuvo 24 hijos y ya desde su más temprana infancia se vio obligado a rebuscársela para llevar el pan a su casa. Desde los 9 años trabajó de lustrador, canillita o mucanguero, encargado de bajar de las canaletas la grasa liviana, llamaba mucanga, de los mataderos. Mientras tanto empezaba a tirar sus primeros golpes, sin demasiada ortodoxia, en un improvisado ring en el fondo su casa.
A los 19 años ya era profesional, lo que le permitía ganarse algunos pesos extras peleando en festivales en cualquier punto de Buenos Aires. En una de estas reuniones celebrada en la calle Florida, algo que para la época ya era todo un logro, Suárez recibió el mote que lo marcaría para toda la eternidad: Torito de Mataderos. Con un estilo arrollador y por momentos desordenado, fue demoliendo rivales, por lo que sus actuaciones comenzaron a convocar cada vez más público. Fue así como llegó a José Lecture. “Vos peleás a la criolla, tenés que aprender”, le dijo el creador del mítico Luna Park, que se encargó de aleccionarlo.
Dos años después estaba peleando por el título argentino liviano y una multitud ya lo acompañaba. La vieja cancha de River Plate fue el escenario en donde se midió con Julio Mocoroa, al cual venció por puntos. La revancha no se pudo hacer porque el campeón saliente murió tiempo después. Para esa altura, el Torito de Mataderos ya vestía trajes de primera, su figura estaba más cerca de los niños bien que los trabajadores con los que se codeaba en su infancia, aunque nunca los olvidaba. Por primera vez, las ignoradas clases bajas veían como uno de los suyos salía de la pobreza para vivir con todas las comodidades. Además se había casado con Pilar Bravo, una joven telefonista que lo acompañó durante algunos años hasta que se divorciaron cuando el declive ya parecía al indefectible. (Foto: Justo Suárez durante un descanso después de un entrenamiento).
“De Mataderos al Centro/y del Centro a Nueva York”, rezaba la letra de uno de los tantos tangos que en esa época se escribieron para homenajearlo. Gracias a la popularidad que había conseguido en Argentina, pudo tomarse un barco para irse a probar suerte a Estados Unidos, la gran meca del boxeo. Otra vez hizo todo a gran velocidad. En 4 meses hizo 5 peleas y arrasó a sus rivales para rápidamente hacerse un nombre. Volvió al país con toda la gloria. A su vuelta peleó en un Luna Park repletó ante el chileno Tani Loayza, al cual le ganó por puntos en una de las mejores pelas de su carrera, en la cual registró 24 triunfos, 2 caídas, 1 empate y 1 sin decisión. Entre los presentes se encontraba el presidente Uriburu y los príncipes de Inglaterra Eduardo de Windsor y Jorge de Kent, que lo aplaudieron de pie desde la primera fila cuando el árbitro le levantó la mano para declararlo triunfador.
Su vida era color de rosa. Pero duro un suspiró, como todo en su vida. Retornó a Nueva York para ir por el título del mundo, pero las risas se empezaron a borrar y de a poco todo se fue tiñendo de negro. En su camino hacía el cetro mundialista, tuvo que enfrentarse con un duro como Billy Petrole, que no era alguien de renombre pero se ganaba el pan probando figuras antes de una gran cita. El local fue demasiado y el Torito de Mataderos cayó en 9 asaltos, lo que fue su primera derrota en el campo profesional. Al mismo tiempo, también perdía en lo sentimental porque su esposa lo dejaba. El divorcio ya era cosa juzgada.
La chance de pelear por convertirse en rey de los livianos se había esfumado. Ese fue el comienzo del fin, en especial porque la tuberculosis ya se estaba cumpliendo un papel importante. En 1932 Victor Peralta le sacaba el cinturón al gran ídolo popular y esto trajo aparejada la separación con Lecture, quien fue su representante y mentor. La última vez que se lo vio arriba de un ring fue ante su amigo Juan Pathenay, que subió con la consigna de no pegarle. Así y todo le ganó y no sólo el triunfador lloró, sino también que todo el Palacio de los Deportes, que vivió una de sus noches más negras.
La enfermedad estaba ganando por knock out. Se traslado a Córdoba con la poca plata que le quedaba. Tres años después moría en la miseria absoluta con una de sus hermanas al lado y lejos de toda la gloria que lo había acompañado. Sus restos fueron traídos a Buenos Aires desde Cosquín. Cuando el cortejo fúnebre que lo conducía al cementerio de la Chacarita, la multitud que lo despedía levantó el cajón y lo llevó hasta el Luna Park para darle el último adiós en el lugar en el cual el Torito de Mataderos había escrito varias de las páginas más gloriosas de su efímera historia. (Imagen: Justo Suárez junto con jugadores de San Lorenzo previo a un partido).
Justo Suárez fue más que un ídolo deportivo. Le permitió, quizás por primera vez en la historia argentina, a las clases trabajadoras, muy denostadas por la oligarquía nacional, tener a alguien de su mismo origen codeándose con presidentes y príncipes. Años más tarde, José María Gatica, tendría una historia de vida similar. Gracias a este lugar privilegiado en el cual lo había puesto el pueblo, el Torito de Mataderos se convirtió en leyenda, algo muy difícil y que pocos pueden lograr.

Links relacionados

Texto completo de Torito
Muñeco al suelo, tango dedicado a Justo Suárez
Suárez-Miller en Estados Unidos

Muerte en la cancha

El 21 de noviembre de 1920 Dublín se preparaba para una fiesta. Ese domingo el representante de la capital irlandesa iba ser uno de los protagonistas de la final del torneo nacional de Fútbol Gaélico, deporte muy arraigado a la cultura celta, que mueve multitudes en Irlanda y que podría definirse como el eslabón perdido entre el fútbol y el rugby. Nada presagiaba que todo iba a terminar en tragedia y no precisamente por el resultado del partido, sino porque en Croke Park, sede de la definición, se vivió una de las matanzas más terribles que recuerde la nación europea por parte de la llamada División Auxiliar, un grupo paramilitar británico.
Lo que se denominó como Bloody Sunday (Domingo Sangriento) fue uno de los hechos más significativos de la Guerra de la Independencia de Irlanda (1919-1921). Las fuerzas armadas del Ejército Republicano Irlandés (IRA) iniciaron una guerra de guerrillas contra la policía y la Armada británica. Para contrarrestarlos, el gobierno de Gran Bretaña creó los Black and Tans y la Auxiliary Division (División Auxiliar). Su actuación fue polémica porque se los acusaba, entre otras cosas, de constantes hostigamientos no sólo contra sospechosos de pertenecer al IRA, sino también a cualquier otro prisionero común.
Al margen de los hechos bélicos que estaban sucediendo, los dublineses trataban de seguir su vida lo más normal posible. Es por eso que en las calles de la capital de Irlanda se hacían elucubraciones acerca de lo que podía suceder en el juego por el campeonato más importante de la temporada entre Dublín y Tipperary. Al mismo tiempo que en las tabernas se discutía de Fútbol Gaélico, en las sombras Michael Collins, alto miembro de la Hermandad de la República de Irlanda y jefe de inteligencia de la IRA, elaboraba un plan para asesinar a 20 integrantes del llamado Cairo Gang, apodo que recibía este brazo de la inteligencia británica por haber servido en Egipto y Palestina, enviados a Irlanda para infiltrarse en los grupos revolucionarios y desarticularlos.
El llamado Collins’ Plan se concretó dentro de lo esperado por su ideólogo el domingo a la mañana temprano previo al esperado cotejo. Este significó un duro revés para las fuerzas británicas porque su estructura quedó muy desvencijada. Es por eso que la respuesta no se hizo esperar. Según explicó años más tarde uno de los Auxiliares involucrados en el Domingo Sangriento, se echó a la suerte como sería la venganza: realizar una masacre en Croke Park o saquear Sackville Street (hoy llamada O’Conell St.), la arteria más importante de la ciudad, eran las elecciones. La moneda indicó la primera opción.
Con su capacidad de 5.000 personas completo, Croke Park, el estadio más importante del país, se disponía a ser testigo de uno de los hechos deportivos más esperados de todos los años en Irlanda. Minutos antes de que comenzara el cotejo, la División Auxiliar estaba parapetada en las salidas y un avión sobrevolaba el estadio. Mientras se disputaban los primeros minutos las tropas ingresaron al terreno de juego y ese fue el principio del caos.
Desde el aire comenzó a llover una interminable llamarada de tiros contra el público y los jugadores, lógicamente todos ellos desarmados. Los soldados apostados en el campo también abrieron fuego. La gente y quienes protagonizaban el partido intentaban huir de cualquier forma. Algunos pudieron, otros no. Uno de ellos fue Michael Hogan, capitán de Tipperary, y que en su honor hay una tribuna con su nombre en Croke Park. Otro jugador que fue alcanzado por las balas fue Jim Egan, un joven que intentó socorrer a Hogan. La balacera duró aproximadamente 19 segundos que fueron una eternidad y oficialmente el saldo que dejó fue de 14 muertos, algunos por las balas, otros aplastados mientras intentaban huir, y alrededor de 65 heridos de diversa gravedad. Hay historiadores que indican que antes de la balacera se escuchó un disparo al aire que desató el horror, pero esto nunca se pudo confirmar fehacientemente. (Imagen: Entrada correspondiente a la trágica definición).
Desde el Castillo de Dublín, sede de las autoridades británicas, dieron un argumento muy poco creíble a través de un comunicado. “La intención original era que un oficial fuera al centro del terreno y hablando desde un megáfono invitase a los asesinos a dar un paso al frente. Pero en su acercamiento, una avanzada dio la alarma. Fueron disparadas balas para avisar a los hombres requeridos, lo que causó una estampida y escaparon en la confusión”. Absolutamente nadie en su sano juico creyó semejante argumento. Inclusive el diario The Times, publicación de corte unionista y que apoyaba al gobierno del Reino Unido, ridiculizó esa explicación inverosímil. Lo mismo sucedió con la delegación del Partido Laborista inglés que visitaba Irlanda en ese momento.
Este comunicado y la matanza termino por dañar la imagen de Gran Bretaña entre los irlandeses. En 1921 finalizó la guerra con la firma del Tratado Anglo-Irlandés que sellaba la creación del Estado Libre Irlandés a partir de 1922. Ese no fue el inicio de la paz, sino que fue el comienzo de la Guerra Civil Irlandesa, iniciada por pequeños grupos que se rehusaron a aceptar el acuerdo.
Croke Park le cierra las puertas al fútbol y al rugby
El cuarto estadio más grande de Europa en la actualidad era conocido a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX como Jones’ Road. Era un importante lugar en donde se practicaban diversos deportes. Entre otras cosas hacía de local el Bohemian FC, uno de los clubes de fútbol más importantes de Irlanda. Además la Asociación Atlética Gaélica (AAG) organizaba la mayoría de sus competencias. En 1913 la institución deportiva irlandesa más importante adquirió el terreno y cambió su nombre al actual en honor a Thomas Croke, un famoso cura muy vinculado a esta entidad.
Luego del Domingo Sangriento, la AAG, una organización nacionalista y anti británica, cosa que se profundizó después de la masacre, en su reglamento interno estableció en el artículo 42 que se prohibía la disputada de cualquier deporte que chocara con sus intereses en todas las canchas de su propiedad. Esto fue una manera elegante de decir que se prohibían partidos de cricket, rugby y fútbol, las tres actividades más importantes nacidas en Gran Bretaña. De cierta manera se puso en el papel algo que ya venía ocurriendo en la práctica.
Lansdowne Road, el segundo estadio en importancia de Irlanda, se convirtió en la casa de las selecciones de fútbol y, principalmente, de rugby, porque la Unión Irlandesa es la dueña. Esto fue así durante años y nadie concebía ver estos dos deportes en Croke Park. Pero un día esto cambió.
A raíz de que Lansdowne Road entró en una etapa de remodelación, la AAG llegó a un acuerdo con las dos federaciones para que sus selecciones pudieran hacer de local en su recinto más grande con una capacidad para 80.000 personas. Tras una votación que finalizó 227 a 97, el Consejo Superior de la AAG aceptó el cambió de regla hasta la reapertura de la otra cancha, prevista para 2009. Finalmente en enero de 2006 se selló el histórico acuerdo entre los tres organismos.
El primero en hacer uso de Croke Park fue el combinado de rugby. El 11 de febrero de 2007 recibió a Francia en el debut en el Seis Naciones y cayó 17-20. Más especial fue el segundo encuentro porque el rival era Inglaterra. Aquellos que fueron testigos de ese partido, que ganaron los locales 43-13, guardaran en su memoria un momento único como fue que sonaran las estrofas de God Save the Queen, el himno británico, algo que nadie nunca imaginó que podría llegar a suceder en ese reciento. Al margen del resultado, el duelo tuvo una carga emocional, en especial durante la previa, como nunca antes se había visto entre estos dos tradicionales rivales.
El 24 de marzo de 2007 fue el turno del fútbol con un triunfo por 1-0 en el debut en las Eliminatorias para la Eurocopa de Suiza/Austria. Los caprichos del destino quisieron que ocurriera ante Gales, una de las 4 naciones británicas. Desde 1901 no se pateaba una pelota en ese césped. La última vez fue cuando el Cliftonville le ganó 1-0 al Freebooters y levantó la Copa de Irlanda. Allí la selección tiene confirmados 6 encuentros más, de los cuales hay 1 amistoso ante Serbia, en el cual se producirá el debut de Giovanni Trapatoni como entrenador, y 5 que corresponden a las Eliminatorias europeas para el Mundial Sudáfrica 2010, entre ellos uno frente a Italia, el campeón del Mundo.
Igualmente esa regla no impidió que Croke Park fuera utilizado para acoger deportes no gaélicos. El caso más llamativo es del boxeo, creado en la Antigua Grecia, pero propagado y reglamentado en su versión moderna por los ingleses. El 19 de julio de 1972 el mito viviente Mohamed Alí enfrentó a Al Blue Lewis. Más comprensible puede considerarse la disputa de football americano, nacido en Estados Unidos, país que en algún punto tiene una raíz irlandesa. En 1946 hubo una exhibición entre ex combatientes estadounidenses de la Segunda Guerra. En noviembre de 1996 se disputó lo que se denominó Shamrock Classic entre las universidades norteamericanas de Notre Dame y Navy, choque que se reeditará en 2012 en este mismo campo. En 1997 los equipos de la NFL Pittsburgh Steelers y Chicago Bears se enfrentaron en el American Bowl.
Desde ese trágico Domingo Sangriento, que no es al que hace referencia U2 en su canción, sino que habla del segundo, que ocurrió en Derry, Irlanda del Norte, en 1972, Croke Park se erigió como en el bastión anti británico por excelencia. El tiempo paso y las heridas se fueron cerrando lentamente, aunque todavía el recuerdo de uno de los sucesos más terribles que ocurrieron en un campo deportivo sigue flotando cada vez que se abren sus puertas.
Links relacionados
Soccer comes full circle at Croke Park (Radio y Televisión Irlandesa)
GAA Congress Rule 42 decision welcomed (Radio y Televisión Irlandesa)