Rugby y Juegos Olímpicos

La creación del campeonato del mundo en 1987 le permitió al rugby convertirse en uno de los deportes más populares del planeta. A raíz de esto, a veces se hace difícil comprender por qué no esta incluido en los Juegos Olímpicos y si figuran otras actividades que tienen poca convocatoria, como puede ser el caso de la arquería o del badmington. A pesar de los reiterados esfuerzos de la International Rugby Board (IRB)por lograr su inclusión en el Programa Olímpico, aunque más no sea en la modalidad de seven, todavía no se ha podido lograr el cometido.
Si bien en la actualidad no esta dentro de los deportes considerados olímpicos, el rugby sabe lo significa ser parte del evento más importante del mundo. En cuatro ocasiones, los Juegos Olímpicos acogieron al rugby. Sus apariciones fueron en París 1900, Londres 1908, Amberes 1920 y, por última vez, otra vez en la Ciudad Luz en 1924.
De la mano del baron Pierre de Coubertin, creador del Movimiento Olímpico, el rugby estuvo entre los deportes que formaron parte de la segunda edición de los Juegos Olímpicos. De esta manera, junto con el fútbol, se convirtieron en los dos primeros deportes por equipos en formar parte del acontecimiento, aunque este último lo hizo como exhibición. Coubertin era un ferviente seguidor del rugby e, inclusive, llegó a dirigir la primera final del campeonato francés en 1892 entre el Racing CF y el Stade Français, que quedó en poder de los primeros por 4 a 3.
La competencia del rugby en París estuvo compuesta por sólo tres equipos: Alemania, Gran Bretaña y, por supuesto, Francia. Los conjuntos participantes no eran selecciones propiamente dichas, sino que eran clubes que actuaban bajo el nombre de los distintos países. Los germanos estaban representados por el Eintracht Frankfurt, los británicos por el Moseley Wanderers y los locales por el Stade Français, la institución deportiva más importante de la capital francesa.
El combinado galo era el amplio favorito para quedarse con el título, en especial por el subcampeonato que había logrado en el certamen local el año anterior. En la cancha confirmó su superioridad y ganó sus dos encuentros con cierta facilidad. En primera instancia, los locales superaron a los alemanes, que se quedaron con la plata, por 27 a 17 y en su segundo encuentro los dueños de casa se impusieron en el clásico europeo ante los británicos, que finalizaron terceros, con un inapelable 27 a 8. Con el título de Francia, el rugby se despedía momentáneamente de los Juegos Olímpicos para volver 8 años más tarde.
En 1908 la creación de Coubertin retornó a Europa después de la desafortunada presentación en Saint Louis (Estados Unidos) cuatro años atrás. Esta nueva edición significó la consolidación absoluta de los Juegos Olímpicos gracias al buen nivel organizativo que presentaron los londinenses. Entre los deportes que se incluyeron, varios muy practicados por las clases altas, apareció nuevamente el rugby.
La cantidad de participantes fue muy pobre porque se presentaron tan sólo dos equipos. Además de Gran Bretaña asistió Australia, que en el momento en que se estaban desarrollando los Juegos Olímpicos se encontraba de gira por el Reino Unido. La medalla de oro se dirimió en un solo partido que fue favorable para los Wallabies por 32 a 3.
Debido a la escasez de equipos, el deporte desapareció del programa olímpico después de Londres y recién retornó en Amberes 1920. En la ciudad belga, que todavía vivía un período de reconstrucción luego de la Primera Guerra Mundial, sólo participaron Estados Unidos y Francia, ya que a último momento desertaron Rumania y Checoslovaquia.
Como había ocurrido en la primera versión del torneo olímpico de rugby, los galos se presentaban como los grandes candidatos, en especial porque ocho de sus jugadores habían vestido la camiseta azul en el torneo de las 5 Naciones, que para ese momento era considerado como el certamen más importante del mundo. Los estadounidenses, por su parte, eran un conjunto de voluntariosos universitarios que tenían como antecedente más relevante una exitosa gira por Canadá el año anterior.
En contra de la que se suponía, el resultado fue un 8 a 0 a favor de Estados Unidos, lo que le permitió ganar prestigio entre el exigente público francés. Ante esta situación, se organizó a las apuradas una gira de cuatro partidos en distintos puntos de Francia. El saldo final de esa serie de encuentros para Estados Unidos fue de tres triunfos ante combinados regionales y una derrota ante la selección local, que se tomó revancha de lo que había sucedió en los Juegos Olímpicos.
A pesar de que este fue el primer título olímpico del rugby estadounidense, dos de los jugadores del equipo ya sabían lo que significaba tener una medalla de oro. Uno era Daniel Brendan Carroll, que formó parte del conjunto australiano que se consagró campeón en 1908. Mientras que el otro era Morris Kirksey, que integró la posta de 4×400 metros que ganó la presea dorada en esos Juegos Olímpicos, además de obtener la plata en los 100 metros.
La última vez que se celebró un torneo olímpico de rugby fue en París 1924. En aquella ocasión los conjuntos participantes fueron tres: el campeón reinante Estados Unidos, el subcampeón Francia, que buscaba la revancha como local, y Rumania. Por los antecedentes, estaba claro de que la disputa por la medalla de oro se había polarizado entre los franceses y los estadounidenses.
Para volver a lo más alto del podio, los galos armaron un plantel integrado por jugadores internacionales de los cuales dos ya habían estado en Amberes cuatro años atrás. Los campeones, por su parte, arribaron la capital francesa con la base del equipo que se había dado la sorpresa en 1920.
Como era de esperar, tanto Francia como Estados Unidos superaron con facilidad a los rumanos (61 a 3 y 37 a 0, respectivamente) y llegaron a un encuentro definitorio muy caliente en la previa. Días antes del partido, el diario París City Counselo publicó una dura nota en la cual se ponía en duda la calidad de amateurs de los rugbiers visitantes. A esto, además, hay que sumarle el robo que sufrieron los jugadores y la incomodidad de salir a la calle porque eran agredidos por algunos transeúntes cuando los reconocían.
En una calurosa tarde del 18 de mayo, el estadio Colombres estaba colmado. Se calcula que en el recinto había un aforo de entre 35.000 y 40.000 personas que, sin saberlo, iban a ser testigos del último encuentro de la historia del campeonato olímpico de rugby.
Como no podía ser de otra manera, el público esperaba un triunfo de Francia, pero Estados Unidos se encargo de aguar la fiesta. Fue un inapelable 17 a 3 a favor de los visitantes que, nuevamente, se alzaron con la medalla de oro. Los ganadores anotaron 5 tries y anularon todos los sistemas de ataques de los dueños de casa que tuvieron que conformarse otra vez con la plata.
Lejos de los ideales olímpicos que tanto pregonaba Coubertin, el encuentro terminó en escándalo. Una vez finalizado el partido, Gideon Nelson, suplente del conjunto ganador, fue agredido por un hincha francés y comenzó una batalla que dejó como saldo dos personas desmayadas y a varios heridos leves. Además, en el momento de la premiación, el público se burló del himno estadounidense.
El crecimiento de los Juegos Olímpicos con la inclusión de las mujeres, la falta de equipos y la mala imagen que tenía el rugby en el ceno del Comité Olímpico Internacional (COI) por los violentos hechos que ocurrieron en París, fueron factores determinantes para que sea borrado del Programa Olímpico a partir de Ámsterdam 1928.
La IRB hizo gestiones para que el rugby retornara a los Juegos Olímpicos en Moscú 1980, en Seúl 1988 y en Sydney 2000, pero las negociaciones fracasaron. Se estuvo cerca para estar en Londres 2012, pero finalmente el COI decidió bajarle el pulgar. De esta forma, el rugby continúa siendo, según una encuesta del Washington Post, el deporte más popular del mundo que no esta incluido en los Juegos Olímpicos. Quién sabe hasta cuándo el rugby tendrá este extraño privilegio.
El equipo que no fue
Uno de los datos poco conocidos en la centenaria historia del rugby argentino es que la Unión Argentina (UAR) estuvo muy cerca de enviar una representación a los Juegos Olímpicos de París 1924, edición en la cual hubo por primera vez una delegación nacional oficial.
Cuando el plantel ya había sido conformado y sólo restaban algunos días para emprender el viaje en barco hacia el Viejo Continente, surgieron algunos inconvenientes económicos de última hora que obligó a los dirigentes a cancelar la travesía.
El equipo estaba compuesto por 21 jugadores, de los cuales la mayoría vestían la camiseta negra y blanca del Club Atlético de San Isidro, que por aquellos años era el amplio dominador del campeonato de Buenos Aires. Los otros clubes que también habían aportado jugadores fueron el Club Universitario de Buenos Aires, Belgrano Athletic y el Buenos Aires Cricket and Rugby Club. El plantel elegido había sido: Adolfo Travaglini, Rodríguez Jurado, J. Fisher, Claudio Bincaz, Luis Hughes, Chevaller Boutell, Bilbao La Vieja, Gilderdale, C. Rojí, L. Galíndez, C. Vázquez, O’Farrell, J. de la Barrera, R. Semprún, D. Rawson, R. Acevedo, J. Knox, Rotschild, David Millar, F. Luconi y A. Tessi Seitún.

Foto 1: Partido entre Francia y USA en Amberes 1920.
Foto sacada de www.rugby-pioneers.blogs.com

Mito y leyenda

«Qué le vas a hacer, ñato, cuando estás abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el más maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. Andá, andá, qué venís con consuelos vos…» Julio Cortázar.
“Torito” (Final del Juego, 1956) primeras líneas

Justo Suárez fue el primer gran ídolo que dio el deporte argentino. A fuerza de golpes, no sólo en el ring, sino también en la vida, se ganó en poco tiempo la admiración de las masas que se sintieron identificadas con su historia. Desde la miseria más absoluta llegó al estrellato y casi a la misma velocidad que ascendió se hundió en un ocaso muy oscuro. Adelantándose a lo que diría Jim Morrison, fallecido cantante de The Doors, varias décadas más tarde, el Torito de Mataderos vivió rápido y murió joven, porque una tuberculosis terminó con su vida cuando sólo tenía 29 años.
Allá por la década del 30 Argentina tenía una muy marcada diferencia económica y que alguien de clase baja llegara a codearse con las altas esferas era una utopía. Por eso cuando alguno lo conseguía era idolatrado y esto le sucedió a Suárez. Fue el decimoquinto hijo de una familia que tuvo 24 hijos y ya desde su más temprana infancia se vio obligado a rebuscársela para llevar el pan a su casa. Desde los 9 años trabajó de lustrador, canillita o mucanguero, encargado de bajar de las canaletas la grasa liviana, llamaba mucanga, de los mataderos. Mientras tanto empezaba a tirar sus primeros golpes, sin demasiada ortodoxia, en un improvisado ring en el fondo su casa.
A los 19 años ya era profesional, lo que le permitía ganarse algunos pesos extras peleando en festivales en cualquier punto de Buenos Aires. En una de estas reuniones celebrada en la calle Florida, algo que para la época ya era todo un logro, Suárez recibió el mote que lo marcaría para toda la eternidad: Torito de Mataderos. Con un estilo arrollador y por momentos desordenado, fue demoliendo rivales, por lo que sus actuaciones comenzaron a convocar cada vez más público. Fue así como llegó a José Lecture. “Vos peleás a la criolla, tenés que aprender”, le dijo el creador del mítico Luna Park, que se encargó de aleccionarlo.
Dos años después estaba peleando por el título argentino liviano y una multitud ya lo acompañaba. La vieja cancha de River Plate fue el escenario en donde se midió con Julio Mocoroa, al cual venció por puntos. La revancha no se pudo hacer porque el campeón saliente murió tiempo después. Para esa altura, el Torito de Mataderos ya vestía trajes de primera, su figura estaba más cerca de los niños bien que los trabajadores con los que se codeaba en su infancia, aunque nunca los olvidaba. Por primera vez, las ignoradas clases bajas veían como uno de los suyos salía de la pobreza para vivir con todas las comodidades. Además se había casado con Pilar Bravo, una joven telefonista que lo acompañó durante algunos años hasta que se divorciaron cuando el declive ya parecía al indefectible. (Foto: Justo Suárez durante un descanso después de un entrenamiento).
“De Mataderos al Centro/y del Centro a Nueva York”, rezaba la letra de uno de los tantos tangos que en esa época se escribieron para homenajearlo. Gracias a la popularidad que había conseguido en Argentina, pudo tomarse un barco para irse a probar suerte a Estados Unidos, la gran meca del boxeo. Otra vez hizo todo a gran velocidad. En 4 meses hizo 5 peleas y arrasó a sus rivales para rápidamente hacerse un nombre. Volvió al país con toda la gloria. A su vuelta peleó en un Luna Park repletó ante el chileno Tani Loayza, al cual le ganó por puntos en una de las mejores pelas de su carrera, en la cual registró 24 triunfos, 2 caídas, 1 empate y 1 sin decisión. Entre los presentes se encontraba el presidente Uriburu y los príncipes de Inglaterra Eduardo de Windsor y Jorge de Kent, que lo aplaudieron de pie desde la primera fila cuando el árbitro le levantó la mano para declararlo triunfador.
Su vida era color de rosa. Pero duro un suspiró, como todo en su vida. Retornó a Nueva York para ir por el título del mundo, pero las risas se empezaron a borrar y de a poco todo se fue tiñendo de negro. En su camino hacía el cetro mundialista, tuvo que enfrentarse con un duro como Billy Petrole, que no era alguien de renombre pero se ganaba el pan probando figuras antes de una gran cita. El local fue demasiado y el Torito de Mataderos cayó en 9 asaltos, lo que fue su primera derrota en el campo profesional. Al mismo tiempo, también perdía en lo sentimental porque su esposa lo dejaba. El divorcio ya era cosa juzgada.
La chance de pelear por convertirse en rey de los livianos se había esfumado. Ese fue el comienzo del fin, en especial porque la tuberculosis ya se estaba cumpliendo un papel importante. En 1932 Victor Peralta le sacaba el cinturón al gran ídolo popular y esto trajo aparejada la separación con Lecture, quien fue su representante y mentor. La última vez que se lo vio arriba de un ring fue ante su amigo Juan Pathenay, que subió con la consigna de no pegarle. Así y todo le ganó y no sólo el triunfador lloró, sino también que todo el Palacio de los Deportes, que vivió una de sus noches más negras.
La enfermedad estaba ganando por knock out. Se traslado a Córdoba con la poca plata que le quedaba. Tres años después moría en la miseria absoluta con una de sus hermanas al lado y lejos de toda la gloria que lo había acompañado. Sus restos fueron traídos a Buenos Aires desde Cosquín. Cuando el cortejo fúnebre que lo conducía al cementerio de la Chacarita, la multitud que lo despedía levantó el cajón y lo llevó hasta el Luna Park para darle el último adiós en el lugar en el cual el Torito de Mataderos había escrito varias de las páginas más gloriosas de su efímera historia. (Imagen: Justo Suárez junto con jugadores de San Lorenzo previo a un partido).
Justo Suárez fue más que un ídolo deportivo. Le permitió, quizás por primera vez en la historia argentina, a las clases trabajadoras, muy denostadas por la oligarquía nacional, tener a alguien de su mismo origen codeándose con presidentes y príncipes. Años más tarde, José María Gatica, tendría una historia de vida similar. Gracias a este lugar privilegiado en el cual lo había puesto el pueblo, el Torito de Mataderos se convirtió en leyenda, algo muy difícil y que pocos pueden lograr.

Links relacionados

Texto completo de Torito
Muñeco al suelo, tango dedicado a Justo Suárez
Suárez-Miller en Estados Unidos

Muerte en la cancha

El 21 de noviembre de 1920 Dublín se preparaba para una fiesta. Ese domingo el representante de la capital irlandesa iba ser uno de los protagonistas de la final del torneo nacional de Fútbol Gaélico, deporte muy arraigado a la cultura celta, que mueve multitudes en Irlanda y que podría definirse como el eslabón perdido entre el fútbol y el rugby. Nada presagiaba que todo iba a terminar en tragedia y no precisamente por el resultado del partido, sino porque en Croke Park, sede de la definición, se vivió una de las matanzas más terribles que recuerde la nación europea por parte de la llamada División Auxiliar, un grupo paramilitar británico.
Lo que se denominó como Bloody Sunday (Domingo Sangriento) fue uno de los hechos más significativos de la Guerra de la Independencia de Irlanda (1919-1921). Las fuerzas armadas del Ejército Republicano Irlandés (IRA) iniciaron una guerra de guerrillas contra la policía y la Armada británica. Para contrarrestarlos, el gobierno de Gran Bretaña creó los Black and Tans y la Auxiliary Division (División Auxiliar). Su actuación fue polémica porque se los acusaba, entre otras cosas, de constantes hostigamientos no sólo contra sospechosos de pertenecer al IRA, sino también a cualquier otro prisionero común.
Al margen de los hechos bélicos que estaban sucediendo, los dublineses trataban de seguir su vida lo más normal posible. Es por eso que en las calles de la capital de Irlanda se hacían elucubraciones acerca de lo que podía suceder en el juego por el campeonato más importante de la temporada entre Dublín y Tipperary. Al mismo tiempo que en las tabernas se discutía de Fútbol Gaélico, en las sombras Michael Collins, alto miembro de la Hermandad de la República de Irlanda y jefe de inteligencia de la IRA, elaboraba un plan para asesinar a 20 integrantes del llamado Cairo Gang, apodo que recibía este brazo de la inteligencia británica por haber servido en Egipto y Palestina, enviados a Irlanda para infiltrarse en los grupos revolucionarios y desarticularlos.
El llamado Collins’ Plan se concretó dentro de lo esperado por su ideólogo el domingo a la mañana temprano previo al esperado cotejo. Este significó un duro revés para las fuerzas británicas porque su estructura quedó muy desvencijada. Es por eso que la respuesta no se hizo esperar. Según explicó años más tarde uno de los Auxiliares involucrados en el Domingo Sangriento, se echó a la suerte como sería la venganza: realizar una masacre en Croke Park o saquear Sackville Street (hoy llamada O’Conell St.), la arteria más importante de la ciudad, eran las elecciones. La moneda indicó la primera opción.
Con su capacidad de 5.000 personas completo, Croke Park, el estadio más importante del país, se disponía a ser testigo de uno de los hechos deportivos más esperados de todos los años en Irlanda. Minutos antes de que comenzara el cotejo, la División Auxiliar estaba parapetada en las salidas y un avión sobrevolaba el estadio. Mientras se disputaban los primeros minutos las tropas ingresaron al terreno de juego y ese fue el principio del caos.
Desde el aire comenzó a llover una interminable llamarada de tiros contra el público y los jugadores, lógicamente todos ellos desarmados. Los soldados apostados en el campo también abrieron fuego. La gente y quienes protagonizaban el partido intentaban huir de cualquier forma. Algunos pudieron, otros no. Uno de ellos fue Michael Hogan, capitán de Tipperary, y que en su honor hay una tribuna con su nombre en Croke Park. Otro jugador que fue alcanzado por las balas fue Jim Egan, un joven que intentó socorrer a Hogan. La balacera duró aproximadamente 19 segundos que fueron una eternidad y oficialmente el saldo que dejó fue de 14 muertos, algunos por las balas, otros aplastados mientras intentaban huir, y alrededor de 65 heridos de diversa gravedad. Hay historiadores que indican que antes de la balacera se escuchó un disparo al aire que desató el horror, pero esto nunca se pudo confirmar fehacientemente. (Imagen: Entrada correspondiente a la trágica definición).
Desde el Castillo de Dublín, sede de las autoridades británicas, dieron un argumento muy poco creíble a través de un comunicado. “La intención original era que un oficial fuera al centro del terreno y hablando desde un megáfono invitase a los asesinos a dar un paso al frente. Pero en su acercamiento, una avanzada dio la alarma. Fueron disparadas balas para avisar a los hombres requeridos, lo que causó una estampida y escaparon en la confusión”. Absolutamente nadie en su sano juico creyó semejante argumento. Inclusive el diario The Times, publicación de corte unionista y que apoyaba al gobierno del Reino Unido, ridiculizó esa explicación inverosímil. Lo mismo sucedió con la delegación del Partido Laborista inglés que visitaba Irlanda en ese momento.
Este comunicado y la matanza termino por dañar la imagen de Gran Bretaña entre los irlandeses. En 1921 finalizó la guerra con la firma del Tratado Anglo-Irlandés que sellaba la creación del Estado Libre Irlandés a partir de 1922. Ese no fue el inicio de la paz, sino que fue el comienzo de la Guerra Civil Irlandesa, iniciada por pequeños grupos que se rehusaron a aceptar el acuerdo.
Croke Park le cierra las puertas al fútbol y al rugby
El cuarto estadio más grande de Europa en la actualidad era conocido a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX como Jones’ Road. Era un importante lugar en donde se practicaban diversos deportes. Entre otras cosas hacía de local el Bohemian FC, uno de los clubes de fútbol más importantes de Irlanda. Además la Asociación Atlética Gaélica (AAG) organizaba la mayoría de sus competencias. En 1913 la institución deportiva irlandesa más importante adquirió el terreno y cambió su nombre al actual en honor a Thomas Croke, un famoso cura muy vinculado a esta entidad.
Luego del Domingo Sangriento, la AAG, una organización nacionalista y anti británica, cosa que se profundizó después de la masacre, en su reglamento interno estableció en el artículo 42 que se prohibía la disputada de cualquier deporte que chocara con sus intereses en todas las canchas de su propiedad. Esto fue una manera elegante de decir que se prohibían partidos de cricket, rugby y fútbol, las tres actividades más importantes nacidas en Gran Bretaña. De cierta manera se puso en el papel algo que ya venía ocurriendo en la práctica.
Lansdowne Road, el segundo estadio en importancia de Irlanda, se convirtió en la casa de las selecciones de fútbol y, principalmente, de rugby, porque la Unión Irlandesa es la dueña. Esto fue así durante años y nadie concebía ver estos dos deportes en Croke Park. Pero un día esto cambió.
A raíz de que Lansdowne Road entró en una etapa de remodelación, la AAG llegó a un acuerdo con las dos federaciones para que sus selecciones pudieran hacer de local en su recinto más grande con una capacidad para 80.000 personas. Tras una votación que finalizó 227 a 97, el Consejo Superior de la AAG aceptó el cambió de regla hasta la reapertura de la otra cancha, prevista para 2009. Finalmente en enero de 2006 se selló el histórico acuerdo entre los tres organismos.
El primero en hacer uso de Croke Park fue el combinado de rugby. El 11 de febrero de 2007 recibió a Francia en el debut en el Seis Naciones y cayó 17-20. Más especial fue el segundo encuentro porque el rival era Inglaterra. Aquellos que fueron testigos de ese partido, que ganaron los locales 43-13, guardaran en su memoria un momento único como fue que sonaran las estrofas de God Save the Queen, el himno británico, algo que nadie nunca imaginó que podría llegar a suceder en ese reciento. Al margen del resultado, el duelo tuvo una carga emocional, en especial durante la previa, como nunca antes se había visto entre estos dos tradicionales rivales.
El 24 de marzo de 2007 fue el turno del fútbol con un triunfo por 1-0 en el debut en las Eliminatorias para la Eurocopa de Suiza/Austria. Los caprichos del destino quisieron que ocurriera ante Gales, una de las 4 naciones británicas. Desde 1901 no se pateaba una pelota en ese césped. La última vez fue cuando el Cliftonville le ganó 1-0 al Freebooters y levantó la Copa de Irlanda. Allí la selección tiene confirmados 6 encuentros más, de los cuales hay 1 amistoso ante Serbia, en el cual se producirá el debut de Giovanni Trapatoni como entrenador, y 5 que corresponden a las Eliminatorias europeas para el Mundial Sudáfrica 2010, entre ellos uno frente a Italia, el campeón del Mundo.
Igualmente esa regla no impidió que Croke Park fuera utilizado para acoger deportes no gaélicos. El caso más llamativo es del boxeo, creado en la Antigua Grecia, pero propagado y reglamentado en su versión moderna por los ingleses. El 19 de julio de 1972 el mito viviente Mohamed Alí enfrentó a Al Blue Lewis. Más comprensible puede considerarse la disputa de football americano, nacido en Estados Unidos, país que en algún punto tiene una raíz irlandesa. En 1946 hubo una exhibición entre ex combatientes estadounidenses de la Segunda Guerra. En noviembre de 1996 se disputó lo que se denominó Shamrock Classic entre las universidades norteamericanas de Notre Dame y Navy, choque que se reeditará en 2012 en este mismo campo. En 1997 los equipos de la NFL Pittsburgh Steelers y Chicago Bears se enfrentaron en el American Bowl.
Desde ese trágico Domingo Sangriento, que no es al que hace referencia U2 en su canción, sino que habla del segundo, que ocurrió en Derry, Irlanda del Norte, en 1972, Croke Park se erigió como en el bastión anti británico por excelencia. El tiempo paso y las heridas se fueron cerrando lentamente, aunque todavía el recuerdo de uno de los sucesos más terribles que ocurrieron en un campo deportivo sigue flotando cada vez que se abren sus puertas.
Links relacionados
Soccer comes full circle at Croke Park (Radio y Televisión Irlandesa)
GAA Congress Rule 42 decision welcomed (Radio y Televisión Irlandesa)