Más que un campeón

De las varias leyendas que existen en la historia del tenis no todos han logrado sobresalir por sus acciones fuera de los courts. Una de las que si pudo fue Arthur Ashe. Este afroamericano nacido en los barrios bajos de Richmond se convirtió en mucho más que un ganador del US Open, de Wimbledon y del Abierto de Australia, sino que con la misma fuerza con la que sacaba o le pegaba de drive luchó, entre otras cosas, para derribar las barreras raciales hasta el fin de sus días, cuando una neumonía complicada por el virus del HIV terminó con su vida demasiado temprano.

Ya sea en el circuito femenino o masculino en la actualidad no es una rareza ver tenistas de raza negra, tal el caso de las hermanas Serena y Venus Williams o Gael Monfils, pero cuando Ashe comenzó con sus primeros raquetazos en 1953 en el Richmond Brookfield Park esto no era algo habitual. Rápidamente llamó la atención de los profesores del lugar no sólo por su color de piel, sino también por su talento. Es por eso que durante el verano cayó en manos de Walter Johnson, quien se convertía en su mentor.

Durante su primera prueba de fuego a nivel competitivo ya dio muestras que estaba para algo grande al alcanzar las semifinales del campeonato nacional junior de 1958 en su debut absoluto. En 1960 y 1961 ganó la versión indoor. Todos estos logros le valieron una beca por parte de la UCLA, en donde se recibió con un grado en la Licenciatura en Administración de Empresas. Mientras estuvo en la universidad dividía su tiempo entre los libros y el deporte. Allí llamó la atención de Pancho González, a quien consideraba su ídolo y era una de las grandes estrellas del tenis en ese momento, que terminó de pulirle algunos defectos al juego de Ashe.

Paralelamente iba ganando interés en lo que sucedía más allá de las canchas de tenis con la situación de la discriminación que sufrían los negros en Estados Unidos y, sobre todo, en Sudáfrica, que para ese momento se encontraba hundida en el Apartheid. Ya transformado en un personaje conocido, en especial por su convocatoria al equipo de Copa Davis en 1966, comenzaría con más ahínco su búsqueda de la igualdad.

El año 1968 fue especial para Ashe, que a los 7 años perdió a su madre a causa de una complicación durante una operación. Junto con la United State Tennis Association (USTA) colaboró en la fundación de la National Junior Tennis League, un programa enfocado en difundir el tenis entre los chicos de los barrios más pobres. Durante el verano en Forest Hill, todavía como amateur, logró el título del US Open. Así empezaba confirmar todo lo que se venía diciendo sobre él. Entre las voces que lo destacaron estuvo la de Harry Hopman, arquitecto de la Era Dorada del tenis australiano, que había calificado a Ashe como “el jugador más prometedor del mundo”.

Una celebración en un Grand Slam se repitió en 1970, cuando se alzó con el Abierto de Australia. Para ese momento había embolsado 1.584.909 dólares, lo que en ese momento era un muy buen dinero para un deportista profesional.

Definitivamente se había transformado en una celebridad. Esto le permitió acceder a otros lugares públicos y que su voz sea escuchada con más fuerza. Consustanciado con la causa sudafricana pidió una visa para visitar el país, la que le fue denegada. Lo intentó 2 veces más y recién en la tercera oportunidad, con intervención del estado estadounidense, logró su cometido, aunque no le aseguraban hospedaje. Ashe participó en el campeonato nacional y se transformó en el primer atleta negro profesional en competir en ese país. Anteriormente le había exigido a la Federación Internacional de Tenis la desafiliación de la Federación de Sudáfrica.

Al ser alguien famoso y tener actitudes extrañas, el FBI se fijó en él. Se sospechaba que quien llegó a ser número 2 del ránking mundial era uno de los financiadores de los Black Panthers, un grupo radical influenciado por las ideas de Malcom X. El resultado del informe de 20 páginas dio negativo.

Luego de ser uno de los miembros fundadores de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), entidad que presidió hasta 1979, y de sufrir el primero de sus varios paros cardiacos, retornó a Sudáfrica, pero esta vez para fundar un centro comunitario de tenis en Soweto, barrio muy castigado por el Apartheid y en donde se mantenía vivo el recuerdo de la matanza que sufrieron estudiantes que protestaban contra las políticas discriminatorias.

En 1975 completó su trilogía en los Grand Slam. El mítico césped del Court Central de Wimbledon fue testigo de como Ashe venció a Jimmy Connors en la final por 6-1, 6-1, 5-7 y 6-4 para convertirse en el único jugador de raza negra que se alzó con el cetro más importante del tenis. Este sería su último gran logro porque de aquí en más sus problemas con el corazón se complicarían, hecho que derivó en su retiro. Atrás dejó una carrera con 818 triunfos, 260 derrotas y 51 títulos.

La gota que rebalso el vaso cayó el 16 de abril de 1980 cuando comenzó a sentir fuertes dolores en el pecho durante un entrenamiento. Años antes se había sometido a varias cirugías, entre ellas un cuádruple byepass. Ya recuperado asumió la capitanía del equipo de Copa Davis de Estados Unidos, logrando el título en 1981 y 1982, el primero de ellos en la recordada serie contra Argentina en Cincinnati.

Todavía aquejado por sus problemas con el corazón en 1983, mismo año que fue incluido en el Salón de la Fama, debe pasar una vez más por el quirófano. Finalizada la operación Ashe no se siente bien y por eso los médicos deciden realizarle una transfusión de sangre. Ese sería el principio del fin.

A mediados de la década del 80 cada vez se escucha más fuerte el nombre de un nuevo virus: el HIV. Ante este contexto, el Ministerio de Salud de los Estados Unidos recomendó hacer testeos de sangre a todas las personas que se habían sometido a una transfusión entre 1979 y 1985. En el listado se hallaba Ashe, que se encontró con la peor respuesta. El resultado de los análisis dio positivo.

Ashe prefirió mantenerlo en secreto y sólo su esposa Jeanne Moutoussamy, una fotógrafa que había conocido durante un torneo y con la tuvo una hija, Camera, y sus familiares más directos sabían la noticia. Todo saltó a la luz en 1992 por una investigación del USA Today y que el ex tenísta confirmó con algo de mala gana en una conferencia de prensa, tal como haría tiempo después Magic Johnsson. “Tengo buenos días y malos días. La proporción de buenos y malos días es de 6 a 1. No creo que nadie en mi situación no pueda pasar malos días. Pero no quería hacerlo público ahora porque no estoy enfermo”, dijo ante los medios.

Y era verdad porque Ashe no se sentía convaleciente. Era un activo participante en diferentes protestas, como aquella en la que fue detenido en la puerta de la Casa Blanca quejándose del maltrato que recibían los refugiados haitianos por parte del gobierno de George Busch padre.

Paralelamente se había convertido en la cara visible de la prevención del Sida. En esta posición llegó a hablar en las Naciones Unidas un 1 de diciembre, día mundial de lucha contra esta enfermedad, exigiendo que se utilizaran más fondos para encontrar una cura; estuvo en Sudáfrica como parte de una delegación de estadounidenses observando cuáles habían sido los progresos tras la abolición del Apartheid.

Entre todo esto además tenía tiempo para ser columnista del Washington Post, comentarista en HBO y ABC, escritor de 3 volúmenes sobre la historia de los atletas negros en Estados Unidos, ayudó a crear centros de tenis en barrios carenciados de, entre otros lugares, Newark, Detroit, Atlanta, Kansas e Indianápolis, trabajó con la USTA, con Le Coq Sportif, que fue sponsor, y en diferentes asociaciones que ayudaban en la investigación de diversas enfermedades.

Por todo esto Sports Illustreited en 1992 lo nombró como el deportista del año, en lo que es una de las tapas más recordadas de la revista deportiva más famosa  del mundo. Prácticamente esa fue su última aparición pública. En febrero de 1993 a los 49 años en Nueva York fue declarado muerto a causa de una neumonía relacionada con el virus del HIV. A su funeral en su Richmond natal asistieron más de 5.000 personas y a su entierro días más tarde otras 6.000.

A 16 años de su fallecimiento la figura de Ashe sigue omnipresente, en especial en cada celebración del US Open. El sábado previo al inicio del torneo se realiza el Arthur Ashe Kid’s Day, en el cual hay una serie de entretenimientos y aquellos chicos que están dando sus primeros pasos en el mundo de la raqueta tienen la posibilidad de conocer y jugar con sus ídolos. A todo esto se le suma una estatua en el USTA National Tennis Center, predio en el cual se disputa el campeonato, y el estadio principal, que es el de mayor capacidad en el mundo para ver tenis, lleva su nombre desde 1997.

La ATP también lo homenajea. Desde 1990 entrega el Arthur Ashe Humanitarian Award, siendo algunos de los ganadores Roger Federer, Andre Agassi, Nelson Mandela, el mismo Ashe, y la pareja de dobles compuesta por el israelita Amir Hadad y el paquistaní Aisam Ul Haq Qureshi.

En Sudáfrica también es recordado. Aquel centro de tenis inaugurado en Soweto durante la década del 70 fue reabierto en 2007. Los inconvenientes sociales de la zona llevaron a que este lugar cayera en desuso y se convirtiera en un terreno abandonado. Es por eso que en 2000 allí se intentó construir un shopping. Los principales encargados de impedir esto fueron, casi como un guiño del destino, Ian Smith y Bongani Zondi, dos personas que durante la época del Apartheid recorrieron caminos muy distintos y que en esta oportunidad trabajaron en conjunto para lograr la meta.

Este establecimiento tiene como objetivo utilizar el tenis como medio de inserción a la sociedad y, por que no, que en un futuro puedan salir jugadores de elite. El funcionamiento no sólo se limita a lo tenístico, sino que paralelamente se busca darles educación formal a los chicos. Por ello cuenta con una biblioteca con más de 3.000 libros que pertenecieron a Ashe y que fueron donados por la viuda, presente en la reinauguración.

Con un look más cercano al de un estudiante universitario que al de un jugador de tenis profesional Ashe fue desde el deporte una de las caras más visibles en la lucha contra la discriminación. Con estilo opuesto al de Muhammad Ali soñó con un mundo sin diferencias. Aportó para la caída del Apartheid y, de algún modo, a la distancia puso su granito de arena para que hoy Estados Unidos tenga un presidente negro.

Foto 1: Ashe junto con su padre después de ganar el US Open. (New York Times)

Foto 2: Ashe en la inauguración del centro de tenis de Soweto. (The New York Times)

Fuentes/Links relacionados

A Dream Restored (The New York Times)

Artur Robert Ashe Junior (Sports Illustreited)

Arthur Ashe, Tennis Star, Is Dead at 49 (The New York Times)

Contributing to the Struggle With Grace and Dignity (The New York Times)

BackTalk; A Gentleman, A Revolutionary (The New York Times)

Ashe’s Name On Stadium Is an Ace (The New York Times)

Informe del FBI sobre Arthur Ashe

Perfil ATP de Arthur Ashe

Sitio oficial de Arthur Ashe

Sitio Oficial del US Open

Sitio Oficial de la United State Tennis Association

Notas varias sobre Arthur Ashe en The New York Times

2 Respuestas a “Más que un campeón

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