Un Caballero en la ruta

Eusebio Marcilla vivió en una época equivocada. A bordo de las Cupecitas del Turismo Carretera recorrió las polvorientas rutas argentinas a la sombra de Juan Manuel Fangio y los hermanos Juan y Oscar Gálvez, sin dudas los pilotos más dominantes de la Era Dorada del automovilismo local. Por cuestiones políticas se vio obligado a ocupar un lugar secundario en la consideración de los medios, los cuales en muchas ocasiones solían ignorarlo por ser afiliado a la Unión Cívica Radical (UCR) en pleno auge peronista. Murió trágicamente durante una carrera y a partir de ese momento nació el mito.

Debutó en 1940 a bordo de un Chevrolet que en sus puertas llevaba pintado el número 80 durante el Gran Premio Internacional del Norte, carrera que se extendió por 9.445.400 kilómetros y que unió Buenos Aires con Lima. Tuvo que abandonar por un vuelco en Catamarca. Ese mismo año Marcilla, nacido el 16 de mayo de 1913, recibiría el mote que lo acompañaría durante toda su vida: El Caballero del Camino. Este apodo se lo ganó por las actitudes desinteresadas que solía mostrar durante las carreras, las que varias veces le impidieron subirse a lo más alto del podio.

La anécdota más famosa que lo grafica tal como era sucedió durante el Gran Premio América del Sur, más conocido como Buenos Aires-Caracas. Luego que la organización tuviera que cancelar el día de descanso en Lima por culpa de una revolución que se avecinaba, los pilotos se vieron obligados a tener que correr de noche y con pocas horas de descanso encima. El que se llevó la peor parte fue Fangio, que en el paraje Huanchasco sufrió un accidente en el cual perdió la vida su acompañante Daniel Urrutia.

El primero en pasar por el lugar del incidente fue Marcilla, quien venía liderando la carrera con bastante holgura. Se detuvo y trasladó a sus colegas a un hospital cercano. Esto le hizo perder un tiempo valioso (casi media hora), el cual nunca más pudo recuperar en el resto de la competencia y por eso terminó en la segunda colocación. A él no le importó. Estaba tranquilo consigo mismo por haber cumplido con su labor humanitaria. Gracias a sus actitudes se había ganado el cariño del público que solía arrebatar los caminos para ver de cerca, aunque más no sea por unos pocos segundos, a los ídolos del TC.

A causa de su ideología Marcilla sufrió algunos problemas con el gobierno de turno. Quien fue subcampeón del TC en 3 ocasiones (1947, 1948 y 1952), era miembro de la UCR en Junín y terminantemente se negó a mostrar leyendas peronistas en el auto, lo cual generó mucho enojo en varios funcionarios gubernamentales.

El no haber llevado publicidad oficial le pudo haber ahorrado algunos dolores de cabeza, como eludir las infinitas trabas que le ponían para conseguir permisos para traer repuestos importados, y hubiera significado un ingreso de dinero extra, pero prefirió mantenerse firme con sus ideales. En este aspecto, el periodista Alfredo Praga lo describió de la siguiente manera: “Eusebio conocía muy bien el exacto valor de la moneda. La consideraba una pieza útil únicamente para el comercio. Pero sucia y bastarda para manejar el pensamiento. Sus convicciones no tenían precio”.

Los antiperonistas solían decir de Marcilla que “era el símbolo de una irreductible libertad de pensamiento y que era todo un ejemplo de respetable grandeza”. En cambio los peronistas se referían a él como “un contrera cuya participación en el automovilismo se la bancaban los responsables económicos del Partido Comunista Argentino”.

Por su afiliación radical, algo que durante la Argentina peronista es algo muy difícil de sobrellevar, fue ignorado por muchos medios, especialmente por Luis Elias Sojit, cuya voz se reproducía en la mayoría de las radios argentinas durante las presentaciones del TC y que nunca escondió su simpatía hacía el peronismo. En las  transmisiones radiales, única manera de seguir las competencias, Sojit ignoraba a Marcilla. Si tenía que referirse a él lo hacía diciendo “ahora pasa el auto negro” o “el Chevrolet número 3”, pero jamás lo llamó por nombre y apellido. Raramente algunos diarios publicaban una foto de su auto y si lo hacían sólo mostraban la parte de atrás para que no se vieran las publicidades. Por supuesto que esto generaba mucho enojó entre sus coterráneos, que lo tenían como máximo referente de la ciudad.

Aquel 14 de marzo de 1953 a las 10:45 de la mañana fue el día trágico. Mientras disputaba la Vuelta de Santa Fe en la localidad de Recreo, situada a 15 kilómetros de la ciudad de Santa Fe, a casi 180 km/h, el Chevrolet patinó a la salida de una curva y comenzó a dar vuelcos, que se detuvieron al chocar contra un poste de alta tensión. El auto quedo destrozado y la nafta hizo contacto con algún cable suelto que lanzaba chispas, por lo que se desató el incendió. Orlando Benzi, dueño de una estación de servicio cercana, apagó el fuego. Jorge Orduna, otro lugareño, fue el encargado de llevar a las dos victimas del accidente a un nosocomio cercano. A las 13:30 los médicos confirmaron lo que nadie quería escuchar: El caballero del camino había muerto. Todo el TC y Junín lo lloró.

A más de medio siglo de su deceso la imagen de Marcilla sigue viva, en especial en la ciudad bonaerense donde nació. Recientemente se inauguró un autódromo que lleva su nombre, hay una estatua que lo homenajea y una asociación que llevaba su nombre. En Recreo tampoco se olvidan de él. En el sitio del choque hay un monumento que recuerda el hecho y hay una entidad que se encarga de la preservación y mantenimiento del mismo. Todo esto para no olvidar a la figura de quien realmente hizo honor a su apodo de Caballero del Camino, tanto arriba como abajo del auto.

Imagen 1: Dibujo de Alberto Guerrero del Chevrolet negro de Marcilla

Imagen 2: Eusebio Marcilla en la tapa de El Gráfico (elgrafico.com.ar)

Fuentes/Links relacionados

Junín y su tributo a Eusebio Marcilla (La Opinión de Rafaela)

Eusebio Marcilla (Campeones)

Historia Política del Deporte Argentina (1610-2002)-Víctor Lupo (Corregidor)

Chevrolet 1940 TC-Eusebio Marcilla (Museo Fangio)

3 Respuestas a “Un Caballero en la ruta

  1. Tengo 35 años pero muchos de ellos fueron y son con un padre fierrero. De pendejo, ya miraba coche a la vista y escuchaba campeones y carburando. Lo que escribiste es sensacional y el tipo realmente fue un grosso.
    Abrazo y segui escribiendo porque me alegras el dia cuando entro y veo alguna nueva historia
    Gonzalo

  2. Luciano: El comentario que puedo enviar es obvio… muy buena crónica de la campaña deportiva de “el bueno de Eusebio”, como diría don Alfredo Parga. Lo que en realidad quiero es agradecer que, entre otras imágenes, hayas elegido esta pintura de mi autoría para ilustrar la nota. Muchas gracias y felicitaciones!

  3. Felicitaciones por tu nota! Soy juninense y admirador de la trayectoria deportiva y humana de Eusebio, que como bien decis, aún vive en el corazón de mis coterráneos. Fue un grande, en todo sentido, un ejemplo de vida dentro y fuera del deporte. Un cordial saludo para vos.

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