Chosen FEW: En busca de la igualdad

La imagen que se suele tener de Sudáfrica desde la caída de ese sistema nefasto llamado Apartheid es que las barreras discriminatorias cayeron definitivamente. Si se lo mira desde el punto de vista de la legalidad esto ya es un hecho hace más de 1 década, aunque todavía hay mucho por hacer. Tantos años viviendo bajo un régimen de este tipo no se olvidan mágicamente de un día para otro y la discriminación sigue arraigada en la sociedad.

Por lo general se observa al blanco ostigando al negro, pero también se da la inversa y en ambos casos la actitud es reprobable. Por ejemplo el año pasado durante la Copa de las Confederaciones, torneo que reúne al campeón del mundo, el organizador y a los 6 monarcas continentales, el único jugador blanco de la selección sudafricana de fútbol era silbado cada vez que tocaba la pelota simplemente por el color de piel. También sucede con los homosexuales. Pese a que la Constitución de la nación africana fue la primera en el mundo en reconocerlos, todavía son excluidos.

Es por eso que desde 2004 un grupo de lesbianas, en su mayoría negras, han encontrado en el fútbol la posibilidad de sentirse libres y de combatir con una pelota en los pies todas las trabas con las que conviven a diario. Bajo el nombre de Chosen FEW (Forum of the Empowerment of Women) este equipo se ha convertido en una insignia de la lucha pacifica en busca de la igualdad.

Todas las jugadoras, muchas provenientes de Soweto, una de las localidades más castigadas por el Apertheid, que integran el plantel coinciden en un punto: adentro de la cancha pueden sentirse ellas mismas. “En nuestros pueblos somos discriminadas, violadas, golpeadas. La gente nos maltrata. FEW es mi familia. Es el lugar donde me siento como en casa. Puedo ser yo misma. Venimos de diferentes sitios, pero cuando estamos aquí nos sentimos una familia”, le decía Lerato Marumolwa, una de las figuras, a la agencia Reuters.

Chosen FEW, dividido en dos equipos, durante su paso por Londres. (The New Black Magazine)

Según una investigación realizada por la ONG británica ActionAid se han reportado que más de 30 lesbianas han sido asesinadas en la última década. Durante el último año se calcula que el número de violaciones por parte de hombres con la intención de curar la homosexualidad ha alcanzado números preocupantes y van en aumento. En 2009, por citar un caso que tuvo mucha repercusión, fue asesinada Eudy Simelane, lesbiana y ex integrante de la selección femenina de fútbol de Sudáfrica. Este caso desnudo la problematica. Quien sabe cuantos hechos más como estos hay y, quizás por miedo o ignorancia, no son denunciados.

La sede del Chosen Few se encuentra en Johannesburgo, más precisamente en lo que fue una cárcel para mujeres durante la época del Apartheid y que también es un museo. Además de pelear por sus derechos el equipo consigue buenos resultados, lo que hace que la voz se pueda escuchar más fuerte. En 2006 ganó la medalla de bronce en los Gay Games de Chicago y en 2008 también finalizó en la tercera colocación en los International Gay and Lesbian Football Association Cup disputada en Londres. Su próxima meta son los Gay Games en Alemania a celebrarse dentro de unos meses.

Chosen FEW, que debe entrenar en un terreno ubicado al costado de la Corte Constitucional porque no encuentra otro sitio para hacerlo, con todas las dificultades que conlleva practicar en un lugar público, a nivel local juega ante rivales femeninos. La gran diferencia es que las integrantes no esconden su homosexualidad. “En otros equipos hay lesbianas, pero sus entrenadores no les permiten ser quien quieren ser. Ellas saben que somos lesbianas y somos libres”, dice Marumolwa.

Pese a lo que indican las leyes las jugadoras consideran que no se encuentran amparadas por aquellos que están obligados a hacerlas cumplir. “Siento que realmente no nos apoya el gobierno o los líderes políticos. Nunca oímos una condena a los crímenes de odio”, explica Phindi Malaza, coordinadora y entrenadora de Chosen FEW. “Todavía hay mucho camino por recorrer. Tenemos esta constitución que se supone que todo el mundo debe seguir. Nuestras políticas son grandiosas, pero hay mucho trabajo por hacer y necesitamos lograr que la gente este a la par de lo que dice la Constitución”, explica Malaza.

Chosen FEW es mucho más que un simple equipo de fútbol. Sino que es un lugar para buscar la igualdad y el deporte es el medio.

Fuentes/Links relacionados

Lesbian team fight for rights in S. Africa (Reuters)

Sitio oficial de la Forum for the Empowerment Of Women (FEW)

Stamping on the Chosen Few (The New Black Magazine)

Homophobic violence in South Africa: can the World Cup help?

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Los Juegos Olímpicos del Centenario

El año 1910 fue especial para Argentina: se cumplió 1 siglo de la Revolución de Mayo. Es por eso que se realizó una fiesta muy grande, casi obscena en cuanto a lujos, en Buenos Aires que tuvo como principal invitada a la infanta Isabel de Bordón, enviada especial por la Casa Real Española. Paralelamente la ciudad crecía y se modernizaba a fuerza de la agroexportación, pero las brechas entre las clases altas y obreras eran cada vez más amplias. Es por eso que hubo muchos incidentes que obligaron al Presidente Figueroa Alcorta a establecer el estado de sitio un par de días antes que comenzara la celebración.

Dentro de este contexto como parte de los festejos se llevó adelante lo que se denominó como Juegos Olímpicos del Centenario. La organización recayó sobre la Sociedad Sportiva Argentina, que no sólo reunía a lo más exclusivo de la sociedad porteña, sino que en ese momento era la entidad deportiva más importante del país y es tomada como antecedente directo del Comité Olímpico Argentino (COA). Entre los socios más conocidos aparecen Miguel Martínez de Hoz, Jorge Newbery y el baron Antonio De Marchi, quien era el presidente y que formó parte de diversos grupos facistas y de ultraderecha.

Este italiano, que se casó con una hija de Julio Argentino Roca, el mismo que masacró indios en la Patagonia y al que se premió colocando su rostro en los billetes de 100 pesos, nació en una familia de la nobleza y llegó al país en 1900. No sólo lideró la organización del evento, sino que también integró, junto con otros miembros de la Sociedad Sportiva, la denominada Policía Civil Auxiliar. Este grupo de tareas conducido por José Luis Dellepiane, jefe de la policía, durante la primera noche del estado de sitio atacó, entre otros lugares, una agrupación obrera socialista judía y la Biblioteca Rusa, quemando sus libros en la Plaza Congreso.

La Plaza de Mayo durante la celebración del Centenario.

Los Juegos Olímpicos del Centenario, que contó con muchos participantes llegados del Interior, se extendieron durante 1 semana en 3 sedes: Belgrano Athletic Club, Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y, por supuesto, la Sociedad Sportiva, que tenía su estadio en donde actualmente se encuentra el Campo de Polo y que en varias ocasiones acogió a la selección argentina de fútbol en los primeros partidos internacionales.

Una de las máximas atracciones del evento, inaugurado oficialmente por Alcorta, fue la de Dorando Pietri. Este atleta nacido en Reggio Emilia 2 años antes había entrado a la historia del olimpismo moderno por no ganar. En la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1908, que inauguró la distancia clásica de 42. 195 kilómetros, Pietri llegó liderando la competencia al White City Stadium con las últimas fuerzas y le costaba mantenerse en pie por el cansancio, aunque alguna leyenda indica que estaba borracho. Recibió ayuda del público para cruzar la meta. Esto le valió la descalificación, lo cual generó el enojó de los espectadores. Al día siguiente la Reina en reconocimiento al esfuerzo le entregó una replica de la copa que se daba en ese momento.

Este corredor pastelero de profesión pasó por Buenos Aires logrando un tiempo de 2 horas 38 minutos 49 segundos. Segundo terminó el español Antonio Creuz y tercero el argentino Aníbal Carraro. En la organización de la carrera estuvo involucrado Marcelo Torcuato Alvear, el primer ganador reconocido de una competencia de autos en el país, futuro representante argentino ante el Comité Olímpico Internacional (COI) y presidente de la Nación entre 1922 y 1928. Newbery, principalmente pionero de la aviación, pero también del boxeo, tomó parte en varias de las competencias.

Doranto Pietri, una de las atracciones en los Juegos Olímpicos del Centenario.

El fútbol participó en la celebración, aunque no como parte de los Juegos Olímpicos del Centenario. Días más tarde a la culminación de estos, que según las crónicas de la época fueron un éxito, se disputó en la Sociedad Sportiva un triangular en el que participaron Chile, Uruguay y, por supuesto, Argentina, que fue campeón invicto. Este torneo denominado Copa Centenario Revolución de Mayo 1910 se toma como el antecedente previo más importante para lo que a partir de 1916 sería el Campeonato Sudamericano, que es ni más ni menos que la actual Copa América, el certamen continental de selecciones más viejo del mundo.

Este evento estuvo bastante lejos de ser unos Juegos Olímpicos como se los puede concebir actualmente. Llegaron atletas de diferentes países (Brasil, Uruguay, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, entre otros), que no conformaron delegaciones oficiales. Tampoco las competencias tuvieron reconocimiento de alguna federación por lo que es practicamente imposible conseguir los resultados. Casi en una movida marketinera se utilizó un nombre grandilocuente para llamar la atención. A la larga esto a la Argentina le salió caro y el que pagó los platos rotos fue Manuel Quintana, hijo del que fuera presidente de la Nación entre 1904 y 1906 y que en ese momento era el representante argentino ante el COI. Erróneamente el COA durante mucho tiempo informó que quien ocupó este cargo fue Manuel Quintana padre. Se omitía el pequeño detalle que este había muerto en 1906.

La noticia de los Juegos Olímpicos del Centenario llegó a oídos del baron Pierre de Coubertin, iniciador del Movimiento Olímpico y presidente el COI, y no fue bien recibida. El enojo del pedagogo francés se produjo porque se utilizó el nombre de Juegos Olímpicos sin su autorización. Es por eso que en la 11° sesión del COI celebrada en Luxemburgo se decidió por 16 votos contra 1 echar a Quintana. “En aplicación de su reglamento, el COI decide no contar más con  M. Manuel Quintana, miembro por Argentina, y no reemplazarlo”, explica la publicación oficial del COI. Tampoco hay que perder de vista que a Quintana se le había encomendado el trabajo de lograr que Argentina llevara un equipo a Londres 1908, cosa que finalmente no ocurrió por disputas políticas internas. Esta ausencía generó cierta molestía, sobre todo en Coubertin.

De esta forma Argentina ostenta el dudoso honor de tener a los dos primeros expulsados de la historia del COI. El primero fue José Zubiaur. Por más que nunca haya asistido a ninguna reunión, figura como uno de los miembros fundacionales del ente que regula el olimpismo. Por sus ausencias terminó siendo removido del cargo. Coubertin lo conoció en París y aunque estuvo ausente, según varios historiadores, se optó incluirlo en el acta de fundación, con el apellido mal escrito, para darle universalidad al nuevo movimiento. Zubiaur, que organizó el primer partido de fútbol en Entre Ríos, se defendió diciendo que en casi 10 años solamente le había llegado una invitación para los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.

Con un clima social y político enrarecido, de esta forma el deporte también participó en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo.

Fuentes/Links relacionados

Breve Historia del Deporte Argentino (Ezequiel Fernández Moores)

Historia Política del Deporte Argentino (Víctor Lupo)

Testimonios de 3 Siglos (La Nación)

Copa Centenario Revolución de Mayo 1910 (Resultados) (RSSSF)

Maratón Internacional de Buenos Aires (Sitio oficial)

El manco legendario

“y allá en Teodelina

cuna de grande campeones

nació el campeón de campeones

pelotario Oscar Messina.”

Payada

En su humilde casa no tenía copas. Tampoco le importó ganarlas. Recorrió diferentes localidades de la Argentina, sobre todo de la provincia de Buenos Aires, mostrando un desfachatado talento. Siendo un ignoto le ganó con autoridad a rivales de renombre, el dinero que conseguía por medio de las apuestas lo dilapidaba en la milonga o en lujos excesivos, no le caía bien a los porteños, nunca escondió su favoritismo hacía la UCR, solía andar armado, no había terminado la primaria pero escribía poemas. Así se puede resumir la vida de Ismael Oscar Messina, más conocido como el Manco de Teodelina, uno de los grandes jugadores de pelota a paleta del país y quizás el gran mito olvidado del deporte argentino.

Sobre todo durante las últimas décadas del Siglo XIX y las primeras del Siglo XX, el fútbol todavía estaba recluido en los aristocráticos clubes y colegios británicos. La gran pasión popular era la pelota vasca, actividad traída por los inmigrantes llegados desde el País Vasco, y los frontones para jugar se extendían por todo el país. Roberto Arlt, el mismo que escribió las fenomenales Aguafuertes porteñas, jugaba en la cancha la Granja, ubicada en Rivadavia 9840. Muchas veces entre el público se podía ver a Carlos Gardel o a Bernabé Ferrerira, quien gracias a su traspaso récord de Tigre a River Plate inmortalizó el mote de Millonarios. En citas importantes no faltaron los presidentes de la Nación, caso Domingo Faustino Sarmiento.

En especial en las zonas rurales se jugaba con poco o nada de protección y los jugadores sentían las consecuencias. Terminaban con las manos hinchadas llenas de heridas y moretones. A veces para drenar la sangre se cortaban la palma de la mano con un cuchillo o se la hacían pisar. En 1904 Gabriel Martinen, un tambero de Burzaco apodado Sardina, con la ayuda de Francisco Marticonera, un inmigrante vasco, inventaron una paleta que dio paso a la versión argentina de la pelota vasca: la pelota a paleta, considerado el segundo deporte nacional después del Pato y el que más títulos del mundo le dio a la Argentina (41).

La flamante creación fue ganando adeptos y llegó a Teodelina, una localidad santafecina reconocida últimamente por Diego Buenanotte, el jugador de River Plate. Allí un pequeño Messina motivado por Don Ramón, su padre, empezó a familiarizarse con este deporte en el frontón del pueblo. A la hora de la siesta aprovechaba con sus amigos para ir a jugar, siempre y cuando la policía no los llevará detenidos. “Nos hacían baldear la comisaría, limpiar y después nos largaban. Ha habido tardes que me han llevao (sic) hasta 3 veces”, recordaba en una de sus últimas entrevistas quien fue el mayor de 5 hermanos de una familia muy pobre y que vivía en una casa de un ambiente.

A los 12 se ganó el apodo de Manco que lo marcó para siempre. Trabajando en el campo recibió el golpe de un caballo y se fracturó el brazo izquierdo. Como no había yeso se lo entablillaron con tablitas de dulce de membrillo y le recomendaron que lo tuviera quieto. Messina no hizo caso a la advertencia y se le formó un sobrehueso. En el mejor momento de la carrera se solía decir que “era tan manco como Gardel mudo”.

Un año más tarde comenzó el periplo por distintas localidades bonaerenses. Partió del pago natal con la idea de encontrar alguna cosecha para conseguir un peso extra. Mientras viajaba se paraba en cuanto frontón se le topaba en el camino y desafiaba al crédito local. La primera parada fue Coronel Suárez y gracias a las apuestas ganó 20 pesos. Pigüe, Bahía Blanca, General Pringles o Lamdrid, fueron algunos de los puntos que vieron al Manco, que era derecho pero que para jugar tenía una zurda endemoniada.

El Manco de Teodelina.

No tenía estudios básicos, pero compensaba su ignorancia con mucha viveza y picardía. La idea era presentarse ante la estrella local en lugares alejados de Teodelina, con lo cual los apostadores no lo conocían e iban con todo el dinero al jugador del pueblo. Seguramente más de uno se llevó una ingrata sorpresa cuando este desconocido destrozaba a su jugador predilecto. Así se fueron gestando infinidad de mitos en torno a su figura. Se cuenta que varias veces cansaba a su oponente con la derecha, cuando este no daba más, lo liquidaba con la izquierda.

En una ocasión, por insistencia de su padre, desafió al invicto de Colón Cabeza Papaolo. Ante 800 personas el Manco perdía 11-1 e intempestivamente su progenitor ingresó a la cancha gritando “sinvergüenza, arruinaste a todo un pueblo”. “Papá, vea que el partido va por 11 y es a 30”, contestó con tranquilidad su hijo. Ganó 30-23 y ese día recaudó 3.800 pesos.

El Manco no tenía inconvenientes de desafiar a cualquiera. Mientras él se fuera con plata (“yo por nada no juego”, solía decir) en el bolsillo no ponía trabas. El rival podía ser alguien sacado de una de las pulperías de mala muerte que frecuentaba o un campeón del mundo.

Esto último ocurrió en 1958 cuando enfrentó junto al Negro Cacho Acevedo, su compañero de ruta, a Armando Olite/Juan Andrade, recientes ganadores del mundial en dobles, que hicieron todo lo posible para evitar enfrentarlo. Finalmente cedieron a la presión. Perdieron 30-27 y la leyenda dice que prácticamente fue Messina contra Olite/Andrade.

Otra anécdota ocurrió en el Club Gutemberg de La Plata. Aquella vez El Manco, que oficialmente sólo registra una participación en el Campeonato Argentino de 1971, se impuso en un duelo después de tomarse 8 medidas de whisky con tónica.

Desde ya que todas estas andanzas, seguramente agrandadas con el paso del tiempo, llegaron a oídos de varios dirigentes de clubes que querían sumarlo a sus equipos profesionales. Lo contrató Gimnasia y Esgrima de La Plata, pero los días en la institución platense fueron breves. Lo suspendieron porque no quería sacarse un sombrero entrerriano de color hueso que llevaba puesto. Así se empezaban a ver algunos de sus delirios cercanos a los de una estrella de rock.

Messina era fanático de los perfumes caros y, sobre todo, del oro. “Un día fuimos a Rosario. Pasamos por una joyería y ve en la vidriera un mate muy grande de plata con una bombilla de plata cuya punta era de oro. Entró a la joyería y preguntó cuánto salía. Le dijeron un platal, que sé yo cuánto era. ‘Si ganó esta noche vengo mañana y lo compro’, dijo. Fuimos al Club Gimnasia y Esgrima, ganamos los dos partidos y al otro día fue y lo compró”, recuerda Juan Carlos Salamín Medici, eximio jugador contemporáneo al Manco. “¿Ha ganado mucha plata?”, le preguntaron ya jubilado. “¡Fortunas!”-exclamó- Ahora no tengo nada. La tiré ¡Y si nunca trabaje!”. A sí mismo se calificaba como un “vago”.

Ante semejante talento suelto la Federación Argentina no dudó en llamarlo para la preselección que se estaba preparando para el Mundial. Fue citado al Club Platense en donde enfrentó a los mejores exponentes del país y los superó a todos. Terminada la práctica los entrenadores le dijeron que en pocos días le confirmaban si quedaba entre los convocados definitivos. El Manco, un hombre de pocas pulgas, se enojó. “Le gane a todos, de mí qué tienen que evaluar. Veo que esto esta reservado para acomodados”, espetó el santafecino. Nunca más se lo volvió a citar y los porteños no quisieron saber más nada con tenerlo cerca.

“Yo no fui campeón mundial porque a mi no me mandaron porque yo soy radical y en aquel tiempo estaba Perón. Yo era un paisano mal llevao (sic), no me dejaba manosear por esos cara sucia, y de yapa, era radical; tenía todas las contras. Pero, ¿qué les ganaba? ¡Les robaba! Pero no me mandaban ¿Viste vos, cómo es la vida?”, contó Messina sobre la experiencia fallida dentro de la selección argentina.

El favoritismo hacía UCR jamás fue un secreto, inclusive en épocas en las cuales el peronismo estaba en el apogeo. En una de las tantas noches de borrachera el Manco gritó “viva el partido radical”. “Yo soy peronista y ha mucha honra”, le retrucó un panadero que lo escuchó. Messina no dudó en sacar su escopeta Smith and Wesson, apuntó al techo y disparó. Fin de la discusión.

Tapa del libro “La leyenda del Manco de Teodelina” escrito por Raymundo Goyanes.

Esa no fue la única vez, por lo menos que se tenga constancia, que usó un arma, la que solía llevar escondida debajo de un poncho. Por cuestiones reglamentarias a último momento fue suspendido para participar en un Campeonato Argentino y se le aplicó una sanción de 99 años. Furioso cuando le informaron la pena desenfundó una Colt Caballito calibre 32 y apretó el gatillo. Por suerte otra vez las balas dieron contra el techo. “Me preocupa, más que jugar campeonatos oficiales, el hecho que me hayan confundido con un elefante ¿Qué significativo tiene suspenderme tantos años?”, expresó.

Esa fue la última vez que el Manco, que vivió en Chascomús, en donde entabló una relación amistosa con Raúl Alfonsín, al que tenía como vecino, se vinculó con una competencia oficial. Volvió a su habitad natural: la ruta, el boliche de baja calaña y el frontón de algún pueblo perdido.

Murió el 11 de mayo de 2005 sin nada, en silencio y olvidado, aunque jamás se arrepintió de lo que había vivido. En los lugares por donde pasó dejó su sello y todavía algunos que peinan canas entre mate y mate en la plaza recuerdan los infinitos mitos y leyendas que rodean a la figura de este personaje único e irrepetible.

Fuentes/Links relacionados

Breve Historia del Deporte Argentino (Ezequiel Fernández Moores)

La leyenda del “Manco” Messina (Entrevista con el Manco. Parte 1) (colonbuenosaires.com.ar)

La leyenda del “Manco” de Teodelina (Entrevista con el Manco. Parte 2) (colonbuenosaires.com.ar)

El Manco de Teodelina (Página 12)

Leyenda del Manco de Teodelina (La Nación)

Lo llamaban “El Manco de Teodelina” (La Opinión de Pergamino)