Victor Straffin: El japonés de ojos azules

Nació en una aristocrática familia del imperio ruso con un padre que ocupaba un alto rango en las tropas del Zar Nicolás II y sin vinculación con Japón, y mucho menos, con el béisbol. Sin embargo, diversas situaciones políticas, sociales y una vida plagada de tragedias y con puntos oscuros derivaron en que Victor Straffin se convierta en una exótica leyenda del deporte más popular del país asiático.

En la historia de Straffin las complicaciones aparecen desde el principio porque no queda claro cuando Evdokia, su madre, dio a luz. Según el calendario que se usaba en Rusia en 1916 nació el 21 de abril. Después de la caída de Nicolás II se cambió el almanaque y la nueva fecha pasó a ser el 4 de mayo, aunque, aparentemente, lo anotaron el 1 del mismo mes porque era un día fácil de recordar. De todas maneras, la más aceptada por los biógrafos es la del 4 de mayo.

Los grandes problemas comenzaron con la revolución bolchevique. Los Straffin, que habían sido leales al Zar, huyeron a Siberia. Primero Evdokia escapó con el pequeño Victor, de sólo 1 año, y luego se sumó Konstantine, el padre, que se había alistado en las tropas rebeldes. Para reencontrarse con su familia pasó un calvario. Según algunas fuentes, parte del trayecto lo hizo escondido entre cadáveres de muertos por tuberculosis.

Una vez reunidos salieron de Rusia y se recluyeron en una comunidad de refugiados en China, en donde vivieron 5 años hasta que finalmente se instalaron en Japón. Ya en Asahikawa, los Straffin, que el poco dinero que les quedaba lo gastaron en los trámites migratorios, empezaron de nuevo. Lejos de la vida militar, Konstantine vendía telas importadas desde Europa y Evdokia horneaba pan en un negocio local.

Victor, por su parte, en el colegio conocía al béisbol y llamaba la atención no sólo por su aspecto físico (a diferencia de sus compañeros era alto, rubio y de ojos azules), sino también por el juego potente.

Parecía que los Straffin habían encontrado algo de paz, pero fue sólo por un tiempo. En un viaje a Kobe conocieron a Maria, una joven inmigrante rusa a la que contrataron para la nueva casa de té que administraba la familia. Tiempo después, Konstantine comenzó a tener una relación amorosa con ella y la situación se fue de las manos cuando en febrero de 1933 la asesinó. Primero dijo que la encontró con otro hombre y la mató por celos, más tarde dio otra versión. Sostuvo que descubrió que era una espía soviética. Lo concreto es que lo sentenciaron a 8 años de trabajos forzados en la cárcel.

Paralelamente Victor era una estrella del béisbol colegial y las mejores universidades de Japón lo pretendían para sus equipos.

Firma forzada

Matsutaro Shoriki era el dueño del diario más importante de Tokio y observó en la creciente popularidad del béisbol la posibilidad de hacer negocios. El problema era que no existía una estructura sólida y las competencias eran amateurs, con los torneos universitarios como los más convocantes.

En 1931 y 1932 Shoriki organizó dos giras con los jugadores más importantes de la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos. Tanto en lo deportivo como en lo económico la experiencia fue un fiasco. Los japoneses no estuvieron a la altura de las circunstancias y los combinados visitantes prácticamente no encontraron oposición. Por eso, para 1934 Shoriki decidió armar un equipo profesional y Victor Straffin era una de las prioridades.

La misión de incorporar a Straffin no fue sencilla. Al ruso le quedaba un año de secundaria y quería ganar con sus compañeros el campeonato nacional, el torneo más importante del circuito colegial. Sin embargo, la situación familiar era demasiado compleja. Con el padre preso y la casa de té cerrada, abundaban los problemas monetarios y existía el riesgo de la deportación. Además el empresario le prometió que iba a utilizar sus influencias para que a Konstantine le redujeran la pena. Presionado, no tuvo más opciones que firmar el contrato.

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Victor Straffin.

Aquella visita de la MLB en 1934 es vista como un punto de inflexión en la historia del béisbol japonés porque generó mucha expectativa, sobre todo por la presencia de un futuro mito como Babe Ruth, y significó la explosión definitiva del deporte en Japón. Entremezclado en ese plantel aparecía Moe Berg, que aparte de batear era agente de la CIA. Varios historiadores sostienen que en ese viaje cumplió la primera misión que le encomendaron.

En 1936 se puso marcha el béisbol profesional japonés con varios torneos aislados entre sí y recién a partir de 1939 comenzó a jugarse un campeonato único. El nacimiento del nuevo certamen coincidió con el mejor momento de Starffin, que dejó de ser un personaje particular y con un rol secundario para convertirse en figura. En esa temporada con Yomiuri Giants, creado por Shoriki y que es el equipo más popular de Japón, ganó la liga y el premio al jugador más valioso.

También en lo personal las cosas iban bien. Se casó con su primera esposa, Lena, a la que conoció en una iglesia ortodoxa de Tokio, y Konstantine fue liberado de la cárcel, en donde estuvo 4 años y medio gracias a la intervención de Shoriki. Pero en la vida de Straffin la felicidad nunca pudo ser completa.

El prisionero Hiroshi Suda

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial la liga japonesa continuó, pero con varias ausencias porque muchos jugadores fueron reclutados por el ejercito. No fue el caso de Straffin por ser inmigrante. En 1940 con Yomiuri Giants ganó el segundo de los 6 títulos consecutivos de la franquicia y volvió a ser premiado como el mejor jugador.

Con motivo de la guerra se prohibieron las palabras extranjeras y a Straffin lo obligaron a utilizar un nombre nativo. Muy a disgusto pasó a llamarse Hiroshi Suda. Desde ese momento lo apodaron el japonés de los ojos azules. Pese al forzado cambio, su aspecto occidental generaba desconfianza y se lo veía como un potencial agente extranjero. Por eso, cuando jugaba lejos de Tokio debía pedir permisos especiales para salir de la ciudad.

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La temporada de 1941, que finalizó una semana antes del bombardeo a Pearl Harbor, no fue la mejor para Straffin (Suda). Entre problemas de salud y físicos, sólo jugó 20 partidos. Nuevamente le negaron nacionalidad japonesa aduciendo que provenía de un país enemigo y que su padre estuvo condenado por asesinato.

Con sólo 6 equipos en la liga, el interés decayó y en noviembre de 1944 el campeonato se suspendió. En esos días sin béisbol, Straffin (Suda) y su familia quedaron detenidos en una granja junto con otros extranjeros. Allí su salud se debilitó. Era el inicio del declive.

Mientras estuvo encarcelado entabló relación con un australiano y aprendió inglés. Una vez terminada la guerra, y de vuelta con su nombre verdadero, trabajó como traductor en un batallón de ingenieros estadounidense. A la vez, intentaba retornar al béisbol.

Yomiuri Giants le cerró las puertas y con casi 30 años su carrera parecía acabada. Gracias a Sadayoshi Fujimoto, ex entrenador del conjunto capitalino, se incorporó al recientemente creado Pacific Robins.

En la vida personal se divorció de Lena, que cansada de Japón se fue a Estados Unidos con un amigo que conocía de la iglesia ortodoxa de Tokio y que retornó como intérprete de las fuerzas estadounidenses, y cayó en el alcoholismo. Jamás volvió a ser el mismo.

Con la camiseta de Kinei Stars, la de 1949 fue su última gran temporada. Se retiró en 1955 jugando para Takahashi Unions, el peor equipo de la Liga del Pacífico. Lo más relevante de ese año fue haberse convertido en el primer jugador profesional del béisbol japonés en alcanzar las 300 victorias. Sin embargo, para ese momento, su estilo de juego era obsoleto.

Victor Starffin festejando las 300 victorias.

Ya retirado en la radio condujo un programa musical y consiguió papeles muy menores en películas. El mayor sustento era su segunda esposa peluquera. A la vez la salud empeoraba y, al igual que su padre, comenzó a tener episodios de paranoia. Dormía con un bate y cuando entraba a un edificio necesitaba revisar las vías de escape.

A diferencia de su nacimiento, se sabe que murió el 12 de enero de 1957 y que fue arrollado por un tren. El misterio gira en torno si el incidente ocurrió porque se suicidó o estaba conduciendo borracho y no se percató que la barrera estaba baja. Lo cierto que es prácticamente falleció olvidado.

El reconocimiento a Starffin llegó post mortem. En 1960 se transformó en el primer extranjero en ingresar al Salón de la Fama del béisbol japonés y en 1983 en Asahikawa, ciudad que siempre lo recordó con cariño, se inauguró un estadio para 25.000 personas que lleva su nombre, con la particularidad que es el único en Japón para jugar al béisbol que recibe la denominación de un jugador.

Además, varios historiadores insisten que por los récords que estableció, muchos de los cuales aún se mantienen vigentes, y su trayectoria al menos debería ser considerado para figurar en el Salón de la Fama en Coopertown, Estados Unidos.

Por diversos factores en Rusia Starffin es un personaje desconocido. En el lugar donde nació vivió 1 año y no hay registros que indiquen que haya retornado. A eso se agrega que emigró a un sitio con históricos cortocircuitos diplomáticos con Rusia y que práctico un deporte de nulo arraigo en su país de origen. Por eso para que la historia sea conocida un grupo de documentalistas rusos está produciendo “Starffin, en el otro lado del Sol”, un documental independiente sobre su vida.

Aunque sus mejores años dentro de la cancha coincidieron con un momento crítico por la guerra y tuvo una vida demasiada conflictiva y trágica, a la larga Straffin es evocado como un personaje central en la historia del béisbol japonés.

Victor Straffin en acción (es el jugador con el número 17)

Victor Straffin (Society for American Baseball Research)

Victor Straffin: The greatest pitcher in japanese baseball history?

Writer takes memorable trip to Victor Starffin Stadium in Asahikawa (Japan Times)

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La leyenda inconclusa de Joachim Deckarm

Cuarenta años después del primer título, Alemania volvió a ganar el mundial de handball. Lo consiguió en 1978 en Dinamarca tras vencer 20-19 a la Unión Soviética en una emotiva final y así cortó la racha de 4 campeones seguidos provenientes de Europa del Este, zona que especialmente en la década del 60 y 70 dominó la escena internacional. Uno de los pilares del joven equipo alemán fue Joachim Deckarm, que confirmó ser el mejor jugador del momento.

En ese partido el lateral izquierdo tuvo una actuación de alto vuelo. Fue el máximo goleador con 6 goles y sobre el cierre gracias a un bloqueo defensivo evitó el empate soviético. Tenía 24 años, el futuro era muy prometedor y la sensación era que todavía no había terminado de explotar todo el potencial, sin embargo un grave accidente le cortó la carrera demasiado temprano.

Luego de destacarse en el pentatlón moderno (obtuvo el campeonato nacional juvenil) y en la gimnasia, se inclinó por el handball. En 1973 con 19 años debutó en el VfL Gummersbach y pese a la corta edad se convirtió en un personaje central de la etapa dorada del club. En ese periodo consiguió en 3 ocasiones la poderosa Bundesliga (1974, 1975 y 1976), 1 Recopa europea (1978) y, sin dudas, el momento culmine fue la Copa de Europa de 1974.

Joachim Deckarm durante un partido con la selección alemana. (picture-alliance/dpa)

Lo realizado en la primera temporada como profesional alcanzó para que lo convocaran a la selección de Alemania. En total disputó 104 encuentros, entre los que aparecen actuaciones en los Juegos Olímpicos de Montreal de 1976 y los mundiales de la República Democrática de Alemania 1974 y Dinamarca 1978.

Con Deckarm como líder, el 30 de marzo de 1979 VfL Gummersbach visitó al Tatabánya Bányász húngaro en la semifinal de vuelta de la Recopa después de haber ganado en la ida 18-10. A los 23 minutos del primer tiempo se produjo la jugada fatídica.

La acción sucedió en pocos segundos. El arquero local puso en juego la pelota rápidamente para salir de contragolpe, pero el pase lo interceptó un jugador visitante. Este asistió a Deckarm y en plena carrera chocó con el defensor Lajos Pánovics. Por culpa del golpe se desmayó en el aire e inconsciente impactó violentamente la cabeza contra el suelo de concreto y quedó inmóvil.

Lo trasladaron 60 kilómetros a un hospital en Budapest, en donde permaneció hasta que semanas más tarde lo derivaron al Hospital Universitario de Colonia. Los resultados de los estudios mostraron que tenía un traumatismo craneoencefálico grave que a los 25 años lo dejó postrado en una cama.

Deckarm estuvo 131 días en coma. Lo operaron de un coagulo en la cabeza y tras la intervención los cirujanos consideraron que tenía un 50 por ciento de chances de sobrevivir. Cuando se despertó se encontraba en estado vegetativo. No podía moverse, tenía una importante deficiencia mental, había perdido el habla y la capacidad de razonamiento. En el medio, y para darle aún más dramatismo a la historia, su padre sufrió un infarto.

En el periodo de rehabilitación que duró 1 año y medio, Jo debió aprender nuevamente a hablar, leer y escribir. Su ex entrenador Werner Hurter le diseñó un programa especial de entrenamiento para que recuperara la movilidad. “Quiero, puedo y debo dominar mi destino”, era el lema que Hunter le había pegado en el techo de la habitación a Deckarm. Además de la familia, al lado suyo tuvo a los compañeros del VfL Gummersbach y la selección alemana.

Actualmente puede mantener una conversación, jugar al ajedrez y caminar con dificultad. Desde 2002 vive en Sarrebruck, la ciudad donde nació y que tiene un estadio que le rinde homenaje, y debe estar con asistencia las 24 horas.

A través de un fundación que lleva su nombre recauda fondos con Franz Beckenbauer como uno de los adherentes más conocidos. En 2007 como local Alemania ganó el mundial y los jugadores, entrenados por Heiner Brand, amigo y ex compañero de Deckarm, subastaron replicas del certificado de campeones en su beneficio. Juntaron 150.000 euros.

Pánovics no sufrió daños físicos severos, pero si le quedaron secuelas del accidente. Anímicamente quedó muy afectado y abandonó el handball poco tiempo después. “Me gritaban asesino”, recordó sobre la reacción de los jugadores del VfL Gummersbach tras el tristemente célebre partido. “No pude evitarlo. Sólo quería disputar la pelota. No quería hacerle daño”, agregó. Pese al sentimiento de culpa, suele visitar a Deckarm, con quien entabló una relación de amistad. En 2004 recibieron un reconocimiento por parte del Comité Internacional de Fair Play.

ajedrez

Lajos Pánovics y Joachim Deckarm.

En una biografía llamada Teamgeist (Espíritu de Equipo) Deckarm, aparte de relatar sus experiencias, explica cómo el trabajo de equipo fue importante para lograr buenos resultados deportivos y para adaptarse al nuevo estilo de vida.

Lo hecho en el poco tiempo que jugó a Deckarm le alcanzó para que en 2010 la Federación Internacional lo incluyera entre los candidatos al mejor jugador de la historia. De los 4 postulados, era el único fuera de la era moderna del handball. Además desde 2011 la región de Westfalia entrega el premio Joachim Deckarm.

Desde joven confinado en una silla de ruedas para toda la vida, la leyenda de Deckarm quedó inconclusa.

Fuentes/Links relacionados

Joachim Deckarm: La corta Carrera de uno de los Mejores jugadores de la historia (handballspain2013.com)

Dinamarca 1978: Stenzel guía a una joven Alemania hasta su segundo mundial (handballspain2013.com)

Las dos vidas de Jo Deckarm (El Periódico de Aragón)

Diario Mundo Deportivo miércoles 4 abril de 1979

Diario Mundo Deportivo domingo 1 abril de 1979

Gino Bartali: Un monje en bicicleta

Amado por Benito Mussolini, extremadamente católico, integrante de una red secreta que ayudó a judíos a escapar de la persecución nazi, protagonista involuntario en calmar una crisis interna en Italia y de uno de los duelos más famosos del deporte italiano. Así se resume la vida de Gino Bartali, también reconocido como uno de los grandes ciclistas de la historia.

En una Europa cada vez más convulsionada el nacido en Florencia con 22 años se convirtió en el inesperado ganador del Giro de Italia 1936. Esa fue la primera de sus 3 conquistas en la tradicional competencia creada por el diario la Gazzetta dello Sport. Al año siguiente y después de querer retirarse por la muerte de su hermano Guilio, golpe del que nunca se repuso, volvió a adueñarse de la camiseta rosa que viste el ganador.

Obligado por el gobierno de Mussolini, en 1938 Bartali renunció al Giro y se concentró en el Tour de France. Se quedó con la famosa carrera con una diferencia de casi 15 minutos con respecto al segundo en una victoria que se empezó a consumir en una complicada etapa 14. Con esta actuación, definitivamente se consagró como la gran figura del ciclismo. A la vez, su imagen quedó vinculada al fascismo, sin embargo no hay pruebas que lo vinculen a esa ideología. Más bien todo lo contrario.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial vio la aparición de su gran rival y con el que marcaría una época: Fausto Coppi. Con roles muy disimiles, compartían el poderoso combinado Legnano. La estructura giraba en torno a Bartali, mientras que Coppi cumplía un papel secundario (lo que en la jerga se conoce como gregario) y se encargaba de hacer el trabajo sucio. El quiebre se produjo en el Giro de 1940.

Bien temprano en la carrera Bartali se cayó. Esa contingencia derivó en un importante retraso en la clasificación general que lo dejó sin chances de pelear por la punta. Ante este contexto, el desconocido Coppi, de 20 años, pidió permiso para desprenderse de sus obligaciones y atacar. Le dieron vía libre y ganó. A Bartali le enojó que uno de sus súbditos se revelara y osara ponerse a su altura.

De esta manera nació una rivalidad entre dos personalidades opuestas en todo sentido: Bartali era un ferviente católico (por eso lo apodaban el Monje), partidario de la Democracia Cristiana, carismático, representaba la imagen de la Italia tradicional y montado en la bicicleta era puro sacrificio; Coppi, en cambio, era comunista, de perfil bajo, se lo vinculaba a la nueva Italia y arriba de la 2 ruedas tenía un estilo más elegante.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Días de guerra

Los que deberían haber sido los años de plenitud deportiva de Bartali coincidieron con la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, perdió la oportunidad de agrandar el palmarés. De todos modos, durante esa época hizo algo más valorable que cualquiera de sus victorias.

Entre 1943 y 1944 integró una sociedad clandestina creada por la Unión de las Comunidades Israelíes que con el apoyo de varios arzobispos en remotas abadías o conventos fabricaba pasaportes falsos para que los judíos pudieran escaparse de Italia. La misión del ciclista era transportar a través de la región de Toscana la documentación apócrifa y en otras oportunidades sirvió de guía para mostrarles a los fugitivos caminos seguros por donde transitar. Se estima que salvó la vida de alrededor de 800 personas.

Si en el trayecto lo paraba la policía decía que estaba entrenando. Como nadie se animaba a contradecir a un ídolo que, además, contaba con el beneplácito del Duche, le pedían un autógrafo y lo dejaban continuar sin hacer más preguntas.

Lo hecho por Bartali, similar a lo del boxeador alemán Max Schmelig en la Alemania nazi, se mantuvo en secreto hasta 2003 cuando los hijos de Gregorio Nissim, líder de esta organización, hicieron público un diario de su padre, que murió en 1976, en el cual se detallan cómo funcionaban las operaciones.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Un país dividido

El deporte en la Italia de post guerra tenía 2 protagonistas: Bartali y Coppi. En torno a la creciente disputa se sostenía un Giro con un rol relevante en la recuperación de una nación devastada porque por los pueblos en donde pasaba requerían nuevos caminos y construcciones.

Ya sin ser compañeros, en 1946 Bartali y Coppi llevaron a la ruta la rivalidad trunca por la Gran Guerra y que tenía en vilo a los tiffosi. En Italia las discusiones ya no eran más Norte-Sur o comunistas-fascistas, sino coppistas o bartalistas.

En un Giro que se extendió por 22 días, el ganador fue Bartali, separado por sólo 47 segundos de Coppi, que festejó en 1947 luego de un mal inicio. Esa parecía ser una clara señal que se avecinaba un cambio de mando, pero el veterano Bartali todavía tenía mucho por mostrar.

Tour de France 1948. Bartali rápidamente quedó muy lejos de los primeros puestos en la clasificación y las chances de vestirse de amarillo se redujeron considerablemente. Paralelamente Italia era un polvorín a punto de explotar. El dirigente del Partido Comunista, en ese momento con mucho predicamento, Palmiro Togliatti sufrió un atentado por parte de un grupo paramilitar fascista. Esto derivó en una tensión social en aumento e incluso se percibía un clima pre bélico.

El Primer Ministro Alcide de Gesperi se contactó con Bartali para pedirle que ganara la carrera. El ciclista se comprometió a ganar la etapa del día siguiente, una de las más duras de la prueba.  En una de las actuaciones más recordadas, Bartali cumplió con la palabra y, además, le descontó mucho tiempo al líder Louison Bobet, que terminó física y mentalmente destrozado. Esa remontada fue la plataforma que lo llevó a obtener, después de 10 años, La Grande Boucle por segunda vez.

Exagerado o no, a medida que llegaban las noticias desde Francia la situación en Italia se fue apaciguando. “Decir que evitó una guerra civil me parece algo excesivo, pero es cierto que su victoria contribuyó a calmar los ánimos”, recordó el Primer Ministro Giulio Andreotti en 2000 cuando falleció Bartali.

Mientras tanto la disputa con Coppi iba en aumento y llegó al punto de máxima ebullición en el Tour de 1952. En ese momento los ciclistas se nucleaban según la nacionalidad y por eso los grandes contrincantes estuvieron forzados a compartir equipo. En condición de campeón del Giro y como nueva estrella, Coppi exigió que Bartali sea degradado a gregario.

Herido en el orgullo, Bartali se negó y el clima interno se enrareció al punto que la organización intimó a los italianos a que solucionen las disputas porque de lo contrario serían excluidos. Finalmente, Bartali aceptó a regañadientes un rol indigno para un corredor de su estirpe. De todos modos, terminó en un respetable quinto lugar, aunque lejos de Coppi, que obtuvo un triunfo que lo consagró definitivamente.

Aquel Tour es recordado por dos razones: fue el último Bartali-Coppi y porque entregó la imagen más polémica y famosa de la rivalidad. Sucedió en la etapa 11 cuando se encontraban juntos realizando un exigente tramo de ascenso en medio de un calor abrazador. En un instante se intercambiaron una cantimplora con agua fresca. No queda claro si es Coppi que se la da a Bartali o viceversa. Lo cierto es que ese gesto que parece insignificante, por muchos fue tomado como una evidente muestra de debilidad para con el archirrival.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el momento más polémico de sus carreras.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el instante más polémico de la rivalidad.

Bartali se retiró en 1953 luego de ganar el Giro de Toscana. Coppi siguió compitiendo algunas temporadas más, pero sin su álter ego no fue lo mismo. Pese a las rispideces que hubo entre ambos, fuera de las pistas había respeto muto. Por eso cuando Coppi, que falleció de una malaria que lo afectó durante un safari en Alto Volta (Burkina Faso), se incorporó al nuevo equipo San Pelegrino una de las exigencias fue que Bartali sea el director.

“Todo está equivocado. Habría que empezar de nuevo desde el principio”, opinaba Bartali sobre el ciclismo moderno con el fantasma del dóping dando vueltas. Falleció a los 86 años en Florencia, ciudad que vivió un verdadero duelo popular que se extendió por toda Italia. Con su muerte no sólo se fue un mito sino también el último eslabón de un ciclismo legendario y aventurero.

Informe Robinson: El secreto de Gino Bartali

Fuentes/Links relacionados

Gino Bartali y Fausto Coppi: La leyenda del ciclismo italiano (Jot Down Magazine)

Bartali, salvador de judíos (El País)

Los años heroicos del ciclismo (El País)

Y el monje voló al cielo (El País)

Fallece Gino Bartali, el último superviviente del ciclismo de leyenda (El País)

Tom Morris: victorias y tragedias

En la estación de trenes de Saint Andrews, Escocia, se esperaba con ansiedad el arribo de Young Tom Morris. El héroe local había conseguido algo inédito: ganar 3 veces consecutivas el Abierto Británico de golf. Ninguno de los que llevaron en andas al campeón para celebrar la conquista imaginó que la próxima gran convocatoria en torno suyo iba a ser para su funeral.

Tommy fue un genio precoz que a mediados del Siglo XIX revolucionó un deporte que todavía se encontraba en un proceso de organización y asentamiento. A los 12 años acompañó a su papá Old Tom Morris, destacado golfista de la época, al Perth Open Tournament. No le permitieron jugar, pero gracias a su talento opacó a los profesionales.

Al no tomar parte de la competencia participó en una exhibición con William Greig, jugador de la casa señalado como el proyecto más importante del momento. Las variantes que mostró y el talento del pequeño Morris sorprendieron a los especialistas.

En 1866 el escoses debutó en el Abierto Británico con un noveno puesto sobre 10 participantes. El ganador fue el viejo Morris. El dominio de Young Morris comenzó en 1868 cuando se adjudicó por primera vez el campeonato de golf más añejo del mundo (existe desde 1860). Finalizó con un score de 154 golpes y quebró la marca histórica del certamen. Detrás de él se ubicó su progenitor y es la única ocasión que padre e hijo se repartieron el primer y segundo puesto.

Con un score total de 157 golpes, en Prestwick al año siguiente repitió el título protagonizando otro suceso histórico: hizo el primer hoyo en uno del que se tenga constancia en el Abierto Británico. La habilidad de cuando tomar riesgos y cuando no sumado a un estilo que rompía los esquemas, la madurez y el aumento de la potencia física hacían de Tommy el jugador más completo del momento.

Ya convertido en una celebridad en 1870 Morris se consagró tricampeón del Abierto Británico. Recibió 8 libras de parte de la organización y, como indicaba el reglamento, se adueñó definitivamente del Challenge Belt, cinturón rojo que se le otorgaba al campeón.

Old Tom Morris, con barba, y Young Tom Morris.

En 1871 el torneo no se disputó por la muerte de uno de los principales benefactores y, además, no había premio. Por lo tanto, el Abierto Británico retornó en 1872 con un nuevo trofeo (la Claret Jug, galardón que todavía se entrega). Lo que no cambió fue el ganador: Young Morris, que según crónicas de la época no mostró el mejor nivel. La hazaña de obtener 4 títulos al hilo todavía no pudo ser igualada.

Mientras cosechaba triunfos, Morris se puso en pareja con Margaret Drinnen, nacida en el seno de una familia de mineros inglesa que en 1871 había llegado a Saint Andrews para trabajar como empleada doméstica. Drinnen era 10 años mayor que el golfista y había dado a luz un hijo ilegitimo que murió 8 semanas más tarde. Para poder casarse la pareja escondió el último dato a la iglesia. Al parecer todos estos factores atentaron para que la familia de Morris no aprobara la unión. De hecho no asistió al casamiento.

La vida de Young Morris se empezó a desmoronar el sábado 4 de septiembre de 1875. Aquel día junto con su padre fueron a jugar contra los hermanos Willie y Mungo Park. Cuando finalizaron llegó un telegrama avisando que Margaret estaba muy enferma y que se requería con urgencia de la presencia de su marido. Un lugareño se ofreció llevar a los Morris en yate hasta Saint Andrews, pero ya era demasiado tarde. Cuando acababan de zarpar llegó un segundo mensaje que informaba del fallecimiento de Margaret, que no sobrevivió al parto de un bebé muerto.

Morris no se recuperó de semejante golpe y cayó en un pozo del que nunca pudo salir. Abandonó el golf competitivo y debieron convencerlo para que volviera a jugar de manera informal. Sin embargo, en las esporádicas salidas a las canchas era evidente que había perdido el entusiasmo y que la actitud ya no era la misma.

Un deprimido Morris se volcó a la bebida y la salud empeoraba rápidamente. En la Navidad de 1875 el gran campeón del Abierto Británico murió a los 24 años. Al parecer un inconveniente cardiovascular fue la causa del deceso, aunque no hay que descartar que la profunda tristeza que sentía haya sido la razón de fondo.

En el cementerio de Saint Andrews, ciudad considerada la cuna del golf, una estatua sobre la lápida recuerda al mítico golfista de una gloriosa y trágica vida.

Fuentes/Links relacionados

Life and times of Young Tom Morris, the first superstar of golf (The Guardian)

After all the triumphs, tragedy strikes the young life of Tom Morris (The Guardian)

Tom Morris Jr (Salón de la fama del golf)

Sitio oficial del Abierto Británico de golf

Rocky de carne y hueso

Aquel 24 de marzo de 1975 el flamante estadio Coliseum de Richfield, Ohio, estaba preparado para recibir a un Mohamed Ali que se encontraba en el pináculo de la popularidad tras la memorable victoria en Zaire ante George Foreman en la que reconquistó el título de los pesos pesados que le fue arrebatado por negarse a ir a la Guerra de Vietnam. Todo el espectáculo estaba montado para que se luciera el campeón, pero en el medio apareció un personaje impensado.

El retador que Don King eligió para Ali, que ponía en juego los cetros del Consejo Mundial y de la Asociación Mundial, era un tal Chuck Wepner, un oscuro boxeador de 36 años nacido en Bayonne, New Jersey, que se ganaba el pan en festivales de poca monta celebrados mayormente en los alrededores de su ciudad natal. Wepner, apodado Bayonne Bleeder (El Sangrador de Bayonne), ya había sentido el poder de los puños de Foreman y Sonny Liston, otra de las estrellas del momento. Con ambos perdió antes del límite: con el primero en  el Madison Square Garden cayó en el tercer round, con el segundo aguantó hasta el décimo cuando el doctor decidió detener la pelea por los cortes en la cara.

Todos los comentarios previos coincidían en que Ali, que buscaba ritmo de cara a una futura presentación más relevante, era el claro favorito porque el nivel de los púgiles era muy dispar. “Es una pelea entre el pintor de una casa y un artista”, escribió Larry Merchant en el New York Post.

Arriba del ring nada de lo que se presagiaba sucedió. Wepner, que se enteró que iba a pelear con Ali por un llamado de su madre, aguantó estoico un duro castigo durante casi 15 asaltos. En el noveno round hubo un instante que paralizó al estadio. Fueron 8 segundos de gloria para el Bayonne Bleeder porque pudo tirar a la lona a uno de los grandes campeones de la historia del boxeo, algo que hasta ese momento sólo había logrado Joe Frazer. Ali, herido en su orgullo, siempre dijo que la caída se produjo por un pisotón fortuito y no por el golpe que recibió.

“¡Lo tire!”, le dijo un sorprendido Wepner a su entrenador Bill Prezant, que replicó con un “sí, pero ahora parece que está muy enojado”. Cuando Ali se reincorporó se transformó en un vendaval que hizo gala del amplio repertorio boxístico. A 19 segundos del campanazo final Wepner, que ostentaba un título de campeón estatal, no soportó más y un golpe directo en la cara lo terminó por desmoronar. El árbitro Tony Perez contó hasta 10 y decretó el knock out técnico. Así concluyó una pelea destinada a ser simple rutina y que en los hechos fue dramatismo en estado puro.

Wepner logra lo que parecía imposible: tirar a Mohamed Ali. (AP)

Entre los espectadores que siguieron el combate por televisión se encontraba Sylvester Stallone, que quedó impresionado con Wepner, al que tuvieron que aplicarle 23 puntos de sutura, y cuya figura le sirvió de motivación para crear al mítico Rocky Balboa. Dos semanas después tenía escrito el guión de la primera versión de la saga de Rocky, en la cual Wepner aportó consejos y sus experiencias.

La pelea con Ali y codearse con el séptimo arte significó un quiebre para el boxeador que además era dueño de una licorería. Cuando la película se estrenó Wepner, que se retiró con un récord de 35 victorias (17 knock out), 14 derrotas y 2 empates, fue a verla a un cine de Manhattan. “Después de noquear a Apollo el público comenzó a burlarse de él y a felicitarme a mí. La gente se me acercaba y me abrazaba”, contó Wepner.

Mientras la figura de Rocky crecía en la taquilla, Wepner siguió peleando hasta 1978. Una vez que colgó los guantes se volcó a las drogas, aunque no se arrepiente de esos días. “Eran finales de los 70, principios de los 80. Había fiestas por todas partes. A cualquier lugar a donde ibas encontrabas cocaína. Para ser honesto, fue grandioso, un gran momento de mi vida. Era una fiesta atrás de la otra. Solía salir de martes a domingo. Fue muy divertido”. La alegría se acabó en 1985 cuando Wepner fue arrestado por posesión de cocaína. Pasó 3 años en la cárcel.

Una vez liberado, limpio de drogas y al lado de su segunda esposa, volvió al ostracismo. En 2003 reapareció en la vida pública cuando le inició una demanda a Stallone por 15 millones de dólares porque no había recibido regalías de lo que habían generado las películas de Rocky. La Justicia le dio la razón al ex púgil.

Con 72 años y con un auto con una patente que dice “Champ”, Wepner volverá a vincularse con Hollywood. El año que viene se estrenará un largometraje que se basa en su vida. “Esta no es otra película acerca de Rocky, es una película acerca del verdadero Rocky”, aclara Wepner, que desde hace 7 años está trabajando en este proyecto. Además la historia de El Sangrador de Bayonne también fue rescatada por ESPN en un documental llamado El Rocky Balboa Real.

Wepner no es recordado por sus dotes boxísticas, pero si por haber puesto en aprietos a Mohamed Ali y por ser inspiración para uno de los grandes clásicos del cine moderno.

Wepner y su golpe más famoso

Trailer de El Rocky Balboa Real

Fuentes/Links relacionados

After 36 years, real-life Rocky’s story coming soon (CNN)

Chuck Wepner, the real ‘Rocky,’ to have his story told by Hollywood, ESPN documentary (nj.com)

In Stitches (Time Magazine)

Rocky Balboa se llamaba Chuck Wepner (La Vanguardia)

Chuck Wepner (Salón de la Fama del boxeo de Nueva Jersey)

Maravillas del béisbol

El mundial de atletismo en Daegu, Corea del Sur, fue testigo de un suceso que sorprendió al mundo: Oscar Pistorius, a quien debieron apuntarle las piernas por una malformación congénita, llegó a las semifinales de los 400 metros corriendo con unas prótesis ortopédicas especialmente diseñadas para competir. Lo hecho por el sudafricano causó asombro y polémica, pero su caso no es único. Anteriormente hubo otros deportistas a los que la falta algún miembro no les significó un impedimento para desarrollar respetables carreras.

En este aspecto la temporada 1945 de la Major League Baseball (MLB) registra un antecedente importante porque ese año contó con la presencia de Peter Gray y Bert Shepard, quienes pudieron jugar en la liga pese a que carecían de alguna extremidad.

Gray, quien perdió el brazo derecho a los 6 años en un accidente, debutó como profesional a los 23 años en la Quebec Provincial League de Canadá. Ese fue el inicio de un peregrinar por distintas competencias de segundo orden, teniendo como punto más alto el premio al jugador más valioso de la temporada 1944 en la Southerm Association. Ese reconocimiento le valió la atención de una MLB dañada por la ausencia de muchos jugadores que se habían marchado a la Segunda Guerra Mundial. Gray se incorporó a Saint Louis Rams y su llegada significó un fuerte golpe de efecto en los medios y el público.

Seguramente cuando conocieron la noticia muchos historiadores recordaron a Hugh Daily, inmigrante irlandés que pasó por el béisbol estadounidense entre 1882 y 1887 y al que apodaban “One Armed” (Un Brazo) porque, precisamente, también le faltaba esa extremidad. Este polémico personaje famoso por sus peleas con los dirigentes, había perdido el brazo izquierdo por culpa de un disparo.

Los meses que Gray pasó en la MLB no fueron sencillos. Recibía demasiada atención por el inconveniente físico y no por las actuaciones en la cancha. Esto hacía que tuviera una actitud esquiva. “Peter no socializaba con nadie. Había algunos chicos que trataban de acercársele, pero él solía rechazarlos. Había veces que tenía ataques de furia”, recordó Al LaMacchia, quien compartió vestuario con Gray.

Peter Gray (Corbis)

“Sentía que no perteneciera a las ligas mayores y sabía que estaba siendo explotado. Era un tipo tranquilo con complejo de inferioridad. Trataban que fuera una atracción para el equipo”, contó su manager Luke Sewell. Independientemente de su incomodidad, la mala predisposición y el talante hosco, similar al de Daily, Gray maravilló al público, compañeros y rivales por la fuerza de voluntad que mostraba.

Cuando jugaba evidenciaba problemas para batear, aunque tampoco era un negado porque tenía una muy buena anticipación. Curiosamente el fuerte era a la hora de atrapar la pelota. Había logrado una mecánica perfecta: agarraba la pelota, sin que esta se le cayera se sacaba el aguante y realizaba el lanzamiento.

Finalizado el conflicto bélico varios jugadores retornaron a casa y la MLB lentamente comenzó a recuperar el curso habitual, por lo cual la novedad había dejarlo de serlo y perdió interés. Con 77 partidos en el currículum Gray quedó marginado y retornó a su habitad natural: las ligas menores.

Tiempo después LaMacchia y Gray volvieron a coincidir en una pequeña franquicia de Dallas. Allí LaMacchia se encontró con una versión diferente de Gray. “Para esa época Pete estaba más suavizado y no se enojaba más por la cosas”, evocó quien ya retirado se destacó como cazatalentos.

Cuando fue desafectado del plantel principal y relegado al equipo B el nacido el 6 de marzo de 1915 en Nanticoke, Pensilvania, decidió que era el momento de retirarse. Regresó a la tranquilidad de su ciudad natal para atender un bar. Gray murió el 30 de junio de 2002 a los 87 años.

Paralelamente Shepard, al que tuvieron que cortarle la pierna derecha por una grave herida que sufrió en combate, vivía una historia similar.

Luego de pulular por diversos torneos de segundo orden en 1942 Shepard ingresó a la Fuerza Aérea y en 1944 fue transferido al 55th Fighter Group con base en Wormingford, Inglaterra. Cuando estaba realizando su misión número 34 a bordo de un Lockheed P-38J Lighting fue atacado cerca de Hamburgo. El avión se estrelló y el piloto quedó inconsciente.

Allí fue encontrado por el Teniente Ladislaus Loidl, que a la vez era médico de la Luftwaffe. Con la ayuda de dos soldados controlaron a punta de ametralladora a un grupo de furiosos granjeros de la zona que querían matar a Shepard. “Estaba inconsciente, la pierna derecha estaba destruida y además tenía una profunda herida en la cabeza. Me di cuenta que ese hombre necesitaba una operación urgente”, explicó el galeno cuando se reencontró con Shepard en 1993 para el programa oficial de la MLB “This week in baseball”.

Continúa Loidl: “Mi hospital de emergencia no estaba equipado para eso, así que lleve al herido a un centro médico local en donde se negaron a atender al que llamaron piloto de la muerte. Telefonee al Ministro de Aviación en Berlín para reportar la situación y desde allí instruyeron al director para que se encargara del caso. Días más tarde consulte acerca de su condición y todo había salido bien”.

Shepard quedó en el hospital como detenido y luego fue trasladado a la prisión Stalag IX-C en Meiningen, en el centro de Alemania. Allí con la asistencia de Doug Errey, un doctor canadiense que también era preso de guerra, Shepard se construyó una pierna artificial. Volvió a Estados Unidos en febrero de 1945 gracias a un intercambio de prisioneros.

Durante la estadía en el Walter Reed Hospital de Washington DC Shepard conoció al Secretario de Guerra Robert Patterson. El enviado de la Casa Blanca le consultó sobre cuál iba a ser su futuro. “Seguir jugando al beisbol como profesional”, fue la inesperada respuesta. Patterson lo ayudó y se contactó con el dueño de Washington Senators para pedirle que le diera una oportunidad a Shepard.

Bert Shepard y la pierna ortopédica. (ESPN)

El oriundo del estado de Indiana disputó una serie de partidos amistosos con la franquicia capitalina y conformó al entrenador, “No quiero misericordia, sólo quiero jugar. Durante meses en la prisión soñé con el día que pudiera volver a la cancha”, contó Shepard. A la larga su participación fue casi decorativa porque sólo jugó 1 partido oficial.

Un momento recordado fue cuando Washington Senators visitó a Saint Louis Rams. Aquel día se dio el único encuentro, por lo menos del que se tenga registro, entre Shepard y Gray. Por supuesto que la foto de ambos fue la imagen más buscada.

Shepard, una vez terminada la temporada, siguió el camino de Grey y debió buscarse nuevos rumbos. Mientras jugaba en ligas menores recorría el país dando charlas en centros de veteranos. Continuó jugando algunos años más hasta que una complicación en la pierna tras una operación lo obligó a retirarse. Una vez que dejó el bate trabajó en IBM, en una empresa de aviación y en una aseguradora. Se jubiló en 1982 y murió en julio de 2008 en California.

Con un breve paso por la MLB y utilizados como elementos de descarte, Shepard y Gray, apodados por un informe televisivo de la época como maravillas del béisbol, superaron los límites de su físico y sirvieron de inspiración a muchos que tras la guerra habían quedado a la deriva.

Peter Gray, el hombre milagro

Peter Gray y Bert Shepard, las maravillas de béisbol

Fuentes/Links relacionados

Pete Gray, Major Leaguer With One Arm, Dies at 87 (New York Times)

A teammate recalls Pete Gray (mlb.com)

Sport: One-Armed Outfielder (Time Magazine)

Bert Shepard, 87, an Inspirational Amputee, Dies (New York Times)

Bert Shepard (Baseball in wartime)

Bert Shepard; Amputation Didn’t Stop MLB Pitcher (Washington Post)

Un pionero llamado Wally Yonamine

La carrera de Joe Stanka en el béisbol parecía estancada. No tuvo suerte cuando intentó dar el salto a la Major League Baseball (MLB) y sin demasiado éxito sobrevivía en equipos de ligas menores que jugaban en estadios ruinosos, que solían registrar campañas opacas y pagaban un puñados de dólares. Por eso para mantener a la familia trabajaba en una fábrica de muebles en Oklahoma. Todo indicaba que no había salida, hasta que de golpe su vida deportiva y personal sufrió un vuelco: le propusieron irse a Japón.

Stanka firmó un contrato con Nankai Hawks de Osaka por un dinero que jamás hubiera imaginado. No sólo se convirtió en una estrella a nivel nacional, sino que también fue campeón en 1961, recibió el premio al mejor jugador de la Liga del Pacífico en 1964 y todavía hoy se lo recuerda como uno de los grandes extranjeros que pasó por el béisbol de aquel país.

Pese a que no todos tienen la misma suerte (a veces el choque cultural es una barrera insalvable), la historia de Stanka es aplicable a muchos otros que por distintas razones no se insertaron en la MLB. Aquellos que quedan marginados de la liga estadounidense pueden encontrar en Japón una alternativa para desarrollarse como profesionales. Allí el béisbol es popular, los contratos son buenos y, aunque inferior en comparación con Estados Unidos, la competencia interna es fuerte.

Sobre todo por las tensiones generadas durante la Segunda Guerra Mundial, bomba nuclear en Hiroshima/Nagasaki y ocupación mediante, el béisbol, al igual que otros aspectos de la sociedad, fue un territorio tácitamente cerrado para los estadounidenses. El gran culpable de producir un quiebre en la historia fue Wally Yonamine, que a fuerza de bateos se convirtió en un pionero que rompió los prejuicios hasta convertirse en una leyenda.

Wally Yonamine

Nacido el 25 de julio de 1925 en Hawaii en una familia de inmigrantes japoneses, Yonamine tenía aspiraciones de ser jugador de football americano, deporte que practicó en la secundaria. Las buenas actuaciones, sobre todo a la hora de defender, en un combinado de la armada le permitieron incorporarse a San Francisco 49ers, pero con la franquicia californiana sólo disputó una temporada. Una fractura que sufrió jugando al béisbol en una liga amateur en Hawaii lo obligó a retirarse del football americano.

Una vez recuperado Yonamine optó por sacarse el casco y agarrar el bate. Se destacó en campeonatos de segundo orden y por esta razón Lefty O’Doul, su entrenador en San Francisco Seals y consejero de Yomiuri Giants, el equipo más importante de Japón, le recomendó que fuera a probar suerte al Lejano Oriente. El hawaiano aceptó la propuesta y se incorporó al conjunto de Tokio. De esta manera se convirtió en el primer jugador estadounidense en formar parte de la Nippon Professional Baseball (NPB) tras la Segunda Guerra Mundial.

A raíz de las tensas relaciones entre Japón y Estados Unidos la adaptación de Yonamine fue demasiado complicada. Cuando recién llegó a Yomiuri Giants era visto como un traidor o, incluso, como un intruso. Esto llevó a que fuera blanco de varios intentos de agresiones. En Nagoya, por ejemplo, debió escaparse del banco de suplentes porque unos hinchas furiosos quisieron atacarlo, en Osaka le lanzaron piedras y en Hiroshma fueron más lejos: un grupo de gansters planeó asesinarlo.

Las complicaciones con las que convivía Yonamine no sólo eran por cuestiones extra deportivas, sino que adentro de la cancha también generaba rechazo. Su concepción del juego era opuesta a la que se tenía en Japón. A medida que se fue destacando y los resultados aparecieron, la percepción sobre su figura cambió.

Con Yomiuri Giants ganó el campeonato de 1951, el cual volvió a conquistar en 1953. Además Yonamine fue pieza importante para obtener el título de conferencia en 8 ocasiones en la década del 50. A nivel individual entre otros reconocimientos recibió en 3 veces el premio al mejor bateador, en 1957 fue el Jugador Más Valioso de la Central League y durante 9 años no faltó nunca en el equipo ideal.

En 1957 Yonamine recibió como premio una bicicleta por haber sido el mejor bateador de la temporada.

Cuando dejó de jugar se convirtió en el primer entrenador extranjero en la historia de la NPB. Se retiró definitivamente en 1988. Para esa altura la semilla que puso a principios de los 50 había germinado porque ya no era una extravagancia ver jugadores de Estados Unidos emigrar a Japón. El aporte de Yonamine también sirvió para que japoneses hicieran el camino inverso y se sumaran a la MLB.

En 1994 Yonamine fue el primer foráneo incluido en el Salón de la Fama del béisbol japonés. Murió en 28 de febrero de 2011 dejando un legado muy grande que todavía es recordado. Gracias a su aventura produjo un quiebre en la historia del béisbol en Japón y le abrió nuevas oportunidades a muchos jugadores a los que les cambió la vida. Stanka, y otros tantos, pueden dar fe de ello.

Fuentes/Links relacionados

A Yank in Japan (Sports Illustrated)

You’ve Gotta Have “wa” (Sports Illustrated)

Wally Yonamine Dies at 85; Changed Japanese Baseball (New York Times)

Remembering Wally Yonamine (ESPN)

49ers Pioneer Wally Yonamine Passes (49ers.com)

Sitio oficial de la Nippon Professional Baseball

Sitio oficial de Wally Yonamine