Historias Mínimas

Ya sea por falta de tiempo, información, inspiración, o simplemente porque no merecen un desarrollo tan amplio, muchas veces temas que deberían tener espacio en este blog terminan archivados, por no decir olvidados, en lo profundo de la computadora. A continuación breves historias que merecen ser conocidas.

Pionera y Hiena de la Gestapo

Violette Morris.

Violette Morris fue una adelantada a la época que le tocó vivir. “Cualquier cosa que un hombre puede hacer, Violette lo puede hacer”, era el lema de esta parisina nacida en 1893 en el ceno de una familia de la nobleza. Militante feminista y abiertamente declarada lesbiana, lo cual para la pacata sociedad francesa de los años 20 era un escándalo, Morris, o Gouraud, su apellido de casada, fue una de las primeras mujeres en dedicarse al automovilismo. Era tal su fanatismo que se operó los genitales para sentarse cómoda en los asientos de los autos.

Fue multifacética. Se dedicó al atletismo, destacándose en las pruebas de lanzamiento, al fútbol, siendo 3 veces campeona de Francia, a la natación y corrió en moto, entre otras tantas actividades deportivas. Por una sanción Morris, que siempre se hacía ver con un cigarrillo en la boca, no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1924, cuando debutó el atletismo entre las mujeres.

En diciembre de 1935 Morris fue reclutada por la Gestapo, la policía secreta nazi. En el rol de agente durante la Segunda Guerra Mundial dio información valiosa sobre las defensas francesas. Varios biógrafos sostienen que participaba en los interrogatorios y se ganó el apodo de Hiena de la Gestapo. Murió baleada el 26 de abril de 1944 cuando cayó en una emboscada que le tendió la resistencia.

Hay historiadores que indican que su cuerpo se encuentra en una fosa común en el cementerio de París, otros que fue quemado.

The Animal

“El hombre que una vez llevaba la camiseta número 31 como jugador estrella de los Rebels de la Universidad de Nevada, Las Vegas, en la actualidad luce el Nº 89T2957 sobre una chaqueta naranja de una prisión remota en lo profundo de Estados Unidos”. Así describía en 1991 New York Times a Richie Adams, una promesa del básquet universitario que terminó recluido en la cárcel por asesinato.

Adams, apodado The Animal por el duro estilo de juego, se convirtió en figura de la UNLV a mediados de los 80, llegando a ser premiado como el mejor jugador de la Big West Conference en 1984 y 1985, temporada en la que también se lo incluyo en el equipo ideal. Todos los pronósticos lo señalaban con un promisorio futuro en la NBA, pero la adicción a las drogas y los problemas con la Justicia echaron todo a perder.

En el Draft de 1985 fue seleccionado por Washington Bullets, actualmente Washington Wizard, en el puesto 11 de la segunda ronda. Ese mismo día fue detenido en Nueva York por robar un auto. Así empezaría a engrosar el prontuario.

Apareció en Argentina para vestir la camiseta de Deportivo San Andrés en la incipiente Liga Nacional. Cuenta la leyenda que los problemas con la droga eran imposibles de esconder. Hay testigos de aquella época que aseguran que Adams en una ocasión se tiró en la cara un plato de harina pensando que era cocaína. Luego de una temporada en el conjunto de Villa Ballester, en donde tuvo un promedio de 19 puntos en 31 partidos, retornó a Estados Unidos.

Era habitué de dos lugares: los playgrounds del Bronx y las comisarias por atracos menores. “La gente lo ama, pero cada vez que vuelve a Nueva York se mete en problemas. Es triste”, dijo Jerry Tarkanian, ex entrenador de los Rebels de la UNLV.

En 1996 llegó demasiado lejos. En el condominio donde vivía asesinó a una vecina de 15 años a la que acosaba. En 1998 lo sentenciaron a 25 años de cárcel por este crimen considerado de segundo grado. Según la investigación forense la victima sufrió golpes en la cabeza, primero contra una pared y después contra el suelo.

“La única persona que me traicionó fui yo mismo”, recoció en una oportunidad este ala pivot que cerca del aro tenía un tiro con escasa ortodoxia pero efectivo. Lo poco que se sabe es que pasa sus días rezando en la oscura celda de una prisión.

Los engaños de El Turco

En 1769 el ingeniero húngaro barón Wolfgang van Kempelen quería hacerle un obsequio original e inesperado a la corte de la emperatriz María Teresa de Austria. Por eso ideó una maquina autómata que constaba de un maniquí que tenía un tablero de ajedrez adelante y que, supuestamente, podía mover las piezas por si misma. La vistió con atuendos musulmanes y por eso se ganó el apodo de El Turco.

Antes de cada partida se mostraba al público presente que debajo del tablero no había nadie, lo cual era una farsa porque tenía un doble fondo con un jugador que se encargaba de mover las piezas a través de un complejo sistema. En una ocasión mientras se exhibía a El Turco, en la sala alguien gritó “fuego, fuego”. De adentro del autómata salió corriendo una persona de mediana estatura. Pese a este hecho, la mentira se mantuvo durante casi 85 años.

A mediados del Siglo XX la revista Chess Rewiew realizó una investigación en la que demostró los artilugios con los que funcionaba El Turco, que entre sus derrotados más famosos aparece Napoleón Bonaparte, y hasta nombró a los jugadores que escondidos la hicieron funcionar.

Tras la muerte de Kempelen el músico germano Johann Maelzel compró el aparato. Luego de realizar una gira por Estados Unidos y Cuba, Maelzel se enfermó de fiebre amarilla y la máquina quedó en poder del Chinese Museum de Filadelfia. En 1854 un incendio intencional terminó con las andanzas de El Turco.

El luchador

Werner Seelenbinder.

Werner Seelenbinder fue 6 veces campeón alemán de lucha libre en la categoría de los pesos pesados y es considerado uno de los héroes de la resistencia nazi. Murió decapitado en 1944 acusado de traición. Surgido de una familia de clase obrera, comenzó a competir en el club Berolina Neukölln. En 1927 y 1928 disputó una serie de competencias en la URSS y no dudó en afiliarse al Partido Comunista.

En 1935 conquistó el título nacional y esto le permitió ser incluido en el equipo alemán que al año siguiente iba a competir en los Juegos Olímpicos de Berlín. Seelenbinder deseaba subirse al podio no sólo por el hecho deportivo en sí, sino también para mostrar en público el desagrado que sentía hacía el régimen nazi. Quedó cerca de lograrlo porque concluyó en la cuarta ubicación.

Tras aquella participación en los Juegos Olímpicos, cada vez que salía a pelear al exterior en las valijas llevaba escondido material ilegal para intercambiar información con los comunistas de los países que visitaba.

La Gestapo lo detuvo el 4 de febrero de 1942. Luego de sufrir violentos interrogatorios, Seelenbinder pasó por diversos centros de detención y terminó en Auschwitz. En septiembre de 1944 fue a juicio con otras 12 personas y lo condenaron a muerte. “Miren esta cabeza, la cara de este criminal. Este es el enemigo público número 1”, gritó el fiscal en la sala mientras lo señalaba.

Lo trasladaron a la cárcel de Brandeburgo para esperar la muerte. “¡Compañeros!- alzó la voz el día que se iba cumplir la sentencia- Aquí habla Seelenbinder. Hoy al mediodía se llevará a cabo. Hemos permanecido fuertes. Hitler se esconde. Saludos a los camaradas del Ejercito Rojo”.

Varios clubes, escuelas, estadios y calles en Alemania todavía recuerdan la figura de Seelenbinder, uno de los casi 20 atletas de los que se tiene registro que murieron durante el nazismo.

Fuentes/Links relacionados

Violette Morris, de heroína feminista a “hiena de la Gestapo” (Historias del Atletismo)

Richie Adams, 20 años después (Doblemblog)

College Basketball; Despite Chance at U.N.L.V., Adams Ran Wrong Way (The New York Times)

25-Year Prison Sentence For Ex-Basketball Star (The New York Times)

Leyendas del Playground (II): The Animal (acb.com)

Jugadas de la memoria (Carlos Ilardo)

El Holocausto: Persecución de los atletas (Museo del Holocausto)

Werner Seelenbinder (Salón de la Fama del deporte alemán)

Ajedrez en tiempos de guerra

Casi al mismo tiempo que las fuerzas nazis ingresaban a Polonia, en lo que se considera el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en Buenos Aires se disputaba la octava edición de la Olimpiada, a la que rápidamente se puede definir como la Copa Davis del juego-ciencia. A pesar de no ser tiempos de globalización, lo que estaba sucediendo en Europa repercutió inmediatamente en esta competencia, que no se postergó, pero sufrió un fuerte cimbronazo en muchas aspectos. Irónicamente a la larga esta situación terminó por ser beneficioso para esta actividad en el país.

La Olimpiada, por aquel momento llamada Torneo de las Naciones, comenzó a disputarse de manera oficial en Londres 1927, aunque hubo dos ediciones previas que no son reconocidas por la Federación Internacional (FIDE) en París 1924, en concordancia con los Juegos Olímpicos, y Budapest 1926. La llegada de este campeonato a Argentina, una de las grandes potencias ajedrecísticas del momento, significó la primera excursión fuera del Viejo Continente. Paralelamente se disputó el Mundial femenino.

En el teatro Politeama de la avenida Corrientes se reunieron 27 países, todo un récord, en busca de destronar a Estados Unidos, vigente campeón y que no se presentó por diferencias económicas con la organización. De todos los participantes uno de los casos más llamativos fue el de Palestina, conformado íntegramente por europeos de origen judío. “Nos hemos reunido por pertenecer a la raza judía y somos por ello representantes de los 500.000 judíos que hay en Palestina. Aunque juegan por su parte los árabes y los británicos, nosotros solamente representamos a jugadores de nuestra raza. Lo señalamos puesto que somos una selección de una población relativamente pequeña y nuestro equipo ha logrado estar a la altura de rivales importantes”, indicó al diario La Nación Moshe Czermiak, capitán palestino, oriundo de Austria, en su llegada al puerto de Buenos Aires.

Algunas de las delegaciones llegando a Buenos Aires desde Europa. (La Nación)

Dos nombres importantes que participaron fueron el cubano José Raúl Capablanca, uno de los campeones mundiales más famosos que tuvo el ajedrez en su al historia, y el francés de origen ruso Alexander Alekhine, dueño del cetro mundial tras desbancar a Capablanca en Buenos Aires en 1927.

Días previos al comienzo de la Copa de las Naciones a bordo del barco de bandera belga Piriápolis arribaron buena parte de las delegaciones que provenían del otro lado del Atlántico. Sin saberlo muchos de los tripulantes pisaban la tierra que los acogería por el resto de sus vidas. Venían desde lugares tan disimiles como Estonia, Holanda, Inglaterra, Islandia, o Checoslovaquia, que compitió bajo el nombre de Protectorado de Bohemia-Moravia para poder participar al margen de Alemania, que en ese momento había tomado posesión de ese territorio. También llegaron, entre otros, representantes de Uruguay, Bolivia, Brasil, Paraguay, Perú y Canadá. La inscripción de tantos equipos de América fue una novedad ya que por lo general la mayoría solían provenir de Europa.

El 23 de agosto se realizó el acto de apertura. Asistieron desde autoridades diplomáticas hasta funcionarios del gobierno nacional, encabezados por el Presidente de la Nación Roberto Ortiz, quien donó la Copa República Argentina, reservada para aquellos equipos que no superaran la primera fase. El trofeo se lo quedó Islandia.

Mientras las piezas blancas y negras se movían ante una buena concurrencia de público que pagó entre 1 y 2 pesos por las entradas, las noticias que provenían desde Europa no eran las mejores porque el clima político estaba cada vez más enrarecido. Desde la Federación Argentina de Ajedrez (FADA) trataban que no se mezclaran los temas, pero se llegó a un punto en el cual la situación se hizo insostenible. El 1 de septiembre de 1939 comenzó la ronda final 16 equipos que iban en busca de la Copa Hamilton Russell. Nadie pensaba en eso. Ese mismo día las tropas nazis ingresaban a Polonia. La Segunda Guerra Mundial había estallado.

En Buenos Aires la primera consecuencia fue el retiro de los ingleses, a los cuales no se los pudo convencer para que revirtieran su posición. Muchos otros países querían seguir el mismo camino, pero en una reunión de urgencia entre los capitanes se detuvo el entendible deseo de desertar. Para colmo el fixture indicaba que en próximos días debían enfrentarse polacos y alemanes, situación que no se dio porque la organización, en una decisión que causo polémica, optó por cancelar el match y declararlo empate (tablas). Misma suerte corrieron los choques entre Alemania-Francia y Alemania-Palestina. A la larga los teutones, que hacían su debut porque estuvieron alejados de la FIDE, se vieron favorecidos por esos resultados y salieron campeones, relegando a la segunda colocación a Polonia y a la tercera a Estonia.

Los 15 días finales no fueron los mejores. La atmósfera era tensa y, según los especialistas, el nivel de juego decayó considerablemente. Alcanzar la concentración era complicado y las cabezas no estaban en condiciones óptimas para ejecutar movimientos precisos.

Terminado el Torneo de las Naciones, en el cual Argentina finalizó quinta, confirmando que el tercer puesto en Estocolmo 1937 no había sido una casualidad, muchos de los jugadores se encontraron con un destino incierto. Ayudados por el Estado un nutrido grupo, en su mayoría judíos, decidió quedarse, tal el caso del equipo alemán. Otros, en cambio, partieron a sus hogares (si es que todavía existían). Una de las que retornó fue Vera Menchik, jugadora soviética nacionalizada británica que se quedó por novena vez con el mundial femenino. Murió en 1944 durante el bombardeo nazi sobre Londres.

El equipo alemán campeón. Todos sus integrantes se quedaron en el país. (La Nación)

Sin dudas uno de los casos más famosos de aquellos que se establecieron en Argentina es el de Miguel Najdorf. Llegó como miembro del quinteto de Polonia y perdió todo tipo de contacto con su hija y su esposa, a quienes vio por última vez antes de partir a Buenos Aires. Durante mucho tiempo no tuvo información de ellas, hasta que un día pudo retornar a Polonia. Allí se enteró de la peor noticia: habían muerto durante el Holocausto de Varsovia.

Prácticamente sin dinero comenzó a reconstruir su vida casi desde cero y con mucho esfuerzo se hizo un nombre en los circuitos ajedrecísticos, en donde rápidamente despuntó con su talento. Se convirtió en figura y ganó en 8 oportunidades el campeonato argentino, marca que todavía no pudo ser superada.

“En todas partes la gente decía que había que trabajar para ganarse el pan, pero aquí en la Argentina se decía que había que ganarse el puchero. Yo me dije ‘puchero es más grande que pan. Entonces me quede’”, recordó Najdorf. Se nacionalizó y fue el principal responsable de la Era Dorada del ajedrez local, en donde se destacan 3 segundos puestos en la Olimpiada, 3 mundiales juveniles y 1 de cadetes más una innumerable cantidad de Grandes Maestros. Una realidad opuesta a la actual en la que Argentina prácticamente esta desaparecida del plano internacional.

Don Miguel, como se lo solía llamar, se transformó en una de las caras más famosas del ajedrez mundial. Fue tal la marca que dejó que hay una jugada que lleva su nombre. Se trata de la defensa Siciliana variante Najdorf, sobre la cual existe una basta bibliografía.

A lo largo de su vida se encontró con una infinidad de personalidades de la historia universal. Entre otros en la lista se pueden encontrar al Che Guevara, fanático del juego-ciencia, Wiston Churchill, Juan Domingo Perón o el Sha de Irán.

Aunque estuvo en condiciones de hacerlo nunca pudo pelear por el título del mundo. La leyenda dice que los soviéticos, amplios dominadores del ajedrez tanto en el plano político como deportivo, se encargaron de coartarle esta posibilidad luego que humillara en una partida a una de sus grandes figuras. Najdorf murió por un edema pulmonar en 1997 mientras se encontraba en Málaga.

Hubo varios Grandes Maestros que vivieron situaciones parecidas por culpa de la guerra y encontraron refugio en Argentina. Casi sin proponérselo con sus conocimientos pudieron sobreponerse a tan triste realidad y terminaron por marcar un antes y un después en la historia argentina de este añejo juego.

Fuente/Links relacionados

La otra guerra del ajedrez (Canchallena)

Estadísticas equipo argentino (olympicbase.com)

Olimpiada de ajedrez Buenos Aires 1939 (olympicbase.com)

Jugadas de la memoria (Carlos Ilardo-Ediciones Al Arco)

La Nación 21 de agosto de 1939

La Nación 22 de agosto de 1939

La Nación 24 de agosto de 1939

La Nación 20 de septiembre de 1939

Los pecados del cura

A lo largo de la historia antigua del ajedrez hubo infinidad de disputas para ver quien era el que ostentaba el reconocimiento de campeón del mundo, situación que recién se zanjó en 1886 cuando se reconoció oficialmente como monarca a Wilhelm Steinitz tras ganarle al polaco nacionalizado británico Johannes Zukertort, en el duelo entre quienes eran considerados los dos mejores ajedrecistas de la época. Previamente existieron los llamados campeones oficiosos. Ruy López de Segura es considerado el primero en esa lista, logrando este reconocimiento entre 1570 y 1575.

Este fray español nacido en Badajoz en 1530 se destacó, entre otras cosas, por ser uno de los primeros estudiosos que tuvo el juego-ciencia. Esto lo plasmó en el llamado Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez (sic). El mismo se convirtió rápidamente en un éxito dentro de los círculos ajedrecísticos de Europa y fue traducido a varios idiomas. Hasta ese momento los escasos conocimientos se basaban en algunas aperturas que los experimentados ajedrecistas les pasaban a sus mecenas o protectores, quienes a cambio les entregaban valiosas recompensas en dinero o especias.

En esta publicación, editada en 1561, se establecieron varias jugadas que sirvieron de base para el ajedrez moderno. Pero también se brindaban algunos consejos que poco tenían que ver con la religiosidad que predicaba López de Segura ante sus fieles. Algunas recomendaciones que se daban eran las siguientes:

ruylopezlibro–  «Sea que cuando se ponga a jugar, si fuera de día claro y al sol, procure que el enemigo tenga el sol de cara, porque lo ciegue: y si fuera oscuro, y se jugase con farol, hacer que lo tenga en la mano derecha para que le turbe la vista y la mano derecha que trae para el tablero le haga sombra, de modo que no vea bien donde juega las piezas».

–  «Tratad de jugar enseguida que vuestro rival haya comido y bebido en abundancia y aprovechar de su estado de somnolencia para vencerlo».

–  «Procura traer a tu enemigo lo más fatigado posible y afligido que sea posible, porque trayéndolo así apretado, le cansará la fuerza de la imaginación y le hará cometer errores».

El clérigo, que falleció alrededor de 1580, no sólo aportó lecciones alejadas del fair play, del cual había una nula conciencia al respecto en esa época, y que según los especialistas hoy forman parte del folclore del juego de los 64 escaques, sino que dejó un legado más importante: la Apertura española, también conocida como Ruy López en homenaje a su creador. Actualmente sigue siendo un arma muy utilizada a la hora de iniciar una partida por varios de los ajedrecistas más importantes.

Para lograr su reconocimiento como campeón oficioso tuvo, en algún punto, cierta ayuda divina. El Papa Gregorio XIII lo invitó a un disputar un triangular en Roma ante los dos mejores jugadores italianos de ese momento: Leonardo Il Putino da Curtí y Pablo El Siracusano Boi. Siguiendo sus trucos o no, lo cierto es que el español se impuso en la competencia, lo que le valió un alto reconocimiento en su país y le abrió las puertas para llegar a las más altas esferas de la monarquía de España liderada por Felipe II, del que se hizo intimo amigo.

Una de las historias más frecuentes que se cuentan entre el Rey y el ajedrecista ocurrió en medio de una partida entre ambos una tarde en el palacio El Escorial. En un momento se acercó un subidito a entregarle un mensaje urgente a Su Majestad porque un condenado a muerte, haciendo uso de su condición de noble, exigía la presencia de un obispo para que le diera la bendición antes de su muerte.

«¿Y cuál es el problema?», preguntó, seguramente, algo molesto el Rey. «Su Majestad, es que anoche falleció el obispo de Zamora y hoy partió el de Palencia. No tenemos ningún obispo en la corte», contestó el mensajero. Sin dudarlo Felipe II, cuyo reinado se caracterizó por las dificultades económicas y los problemas fiscales, miró a su amigo López de Segura, le puso la mano en la cabeza y le dijo: «a partir de ese momento te nombro obispo de Zamora y te ordeno que socorras al reo».

El flamante ministro católico se dirigió raudamente hacía las catacumbas en las cuales encontraban las celdas para cumplir con su misión.  Con mucho pesar descubrió que el detenido era un viejo amigo: el Duque de Medina Sidonia, en prisión por haber sido acusado de conspiración. En medio de la charla entre ambos surgió la posibilidad de ponerse a jugar al ajedrez mientras esperaban la hora para que se cumpliera con la condena.

En el tablero se dio una encarnizada lucha entre los dos contendientes. Los rumores sobre lo que estaba sucediendo en la celda se extendieron por palacio, lo que trajo muchos curiosos que querían confirmar con sus ojos que era verdad la dura disputa que se estaba desarrollando. Todo trascurrió con normalidad, hasta que las campanas indicaron que eran las 3 de la tarde, la hora señalada para darle muerte el duque de Medina Sidonia. Cuando el verdugo se presentó, el condenado le expresó con enojo: «de ninguna manera interrumpirán esta partida; nadie entrará a esta celda hasta que uno de los dos consiga dar jaque mate».

Los movimientos de las piezas en el tablero continuaron hasta la noche. Nadie daba el brazo a torcer, hasta que finalmente el desdichado, casi en un último gesto de vida, había puesto en aprietos a su rival, quien al ver que  sus piezas no tenían escapatoria, reconoció la derrota.
Mientras esto sucedía, el rey Felipe II se disponía a firmar un decreto sobre crimines y castigos. Según cuenta la historia, encontró de casualidad en un listado adulterado el nombre del Duque de Medina Sidonia e inmediatamente se dirigió a ver que había sucedido con el noble. Para su sorpresa, lo encontró vivo porque el nuevo obispo de Zamora se había encargado de desobedecer la orden real, logrando estirarle la vida a un inocente. Finalmente el duque quedó en libertad y gracias a un tablero de 64 cuadrados y a 32 piezas salvó su pellejo.

López de Segura no sólo predicaba la palabra del Señor, sino que mientras la Biblia estaba cerrada se encargaba de aconsejar diabluras a los ajedrecistas. Pero esto no le impidió ser uno de los encargados de lograr que haya un estudio serio y fundamentado de las jugadas, algo indispensable para cualquier jugador en estos tiempos.

Imagen: Tapa del Libro de la invención liberal y arte del juego del axedrez (Festival Internacional de Ajedrez Ruy López)

Fuentes/Links relacionados
Jugadas de la memoria (breves historias del ajedrez mundial) de Carlos Ilardo
Festival Internacional de Ajedrez Ruy López
Biblioteca Virtual Cervantes

Bobby Fischer, el genio díscolo

El extenso mundo del deporte esta plagado de personajes con historias de vida fascinantes. Las hay alegres, tristes, épicas, emotivas y caóticas. En esta última categoría se podría encuadrar la de Robert James Fischer, más conocido en todo el planeta como Bobby Fischer. La existencia de este ajedrecista que es considerado por muchos como el mejor de todos los tiempos, esta plagada de polémicas, gloria, misteriosas desapariciones y partidas de ajedrez que ocupan un lugar destacado en el mundo de los trebejos. El 17 de enero de 2008, murió en Islandia luego de causas que nunca se dieron a conocer.
Fisher comenzó a mover sus primeras piezas en el tablero a temprana edad de 6 años en diferentes clubes de Nueva York, ciudad a la que había llegado junto con su madre y su hermana provenientes desde Chicago. Cuando empezó a tomarse esta actividad más en serio, el nacido en una tradicional familia judía y con padres separados no mostraba grandes destrezas, pero su explosión llegaría en la adolescencia, cuando con sólo 16 primaveras y con un coeficiente superior al de Albert Einstein logró las normas necesarias para ser Gran Maestro.
A partir de ese momento Fischer se convirtió en imbatible y comenzó una carrera directa hacía el estrellato. Los medios más importantes de Estados Unidos comenzaron a darle un espacio mayor al ajedrez como consecuencia de la aparición de este precoz genio. Cada vez que se presentaba en alguna competencia era la máxima atracción, inclusive por encima de jugadores de mayor edad, títulos y experiencia. Gracias a sus magistrales partidas, fue conocido como el Mozart del ajedrez.
La imagen más normal en aquel momento después de cada torneo era ver a Fischer campeón y logrando triunfos aplastantes. Uno de los encuentros más recordados de la carrera del nacido el 9 de marzo de 1943 fue en el campeonato de Estados Unidos de 1956, cuando con negras superó en 41 movidas a Donald Byrne. Este match pasó a los anales del ajedrez y recibió el nombre de La Inmortal del Siglo XX.
Así como en estos días el suizo Roger Federer domina el circuito de tenis, Fischer hacía lo mismo con el juego-ciencia. El desenlace de los torneos era siempre el mismo: Fischer en lo más alto de las posiciones y con el trofeo en la mano. El peor resultado fue un segundo puesto en Santa Mónica en 1966. Pero a pesar de ser la máxima atracción y el hombre a vencer, el título del mundo se le negaba. Reiteradas peleas con los dirigentes y las innumerables condiciones que colocaba para jugar lo alejaban del logro más importante que puede obtener alguien que se sienta delante del tablero de 64 casillas. Por esos años, el campeón del mundo se dirimía entre los soviéticos, ya que la URSS era por escándalo la potencia por excelencia. Después de décadas de dominio que llegaba detrás de la Cortina de Hierro, Fischer se encargo de terminarlo.
Para llegar a disputar el match por la corona mundial hay que pasar una dura competencia que se denomina Torneo de Candidatos. En este certamen participan los mejores 8 del ranking de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) y ganador de este duro certamen que duraba 3 años tienen derecho a enfrentar al campeón del mundo para destronarlo. A pesar del amplio dominio que tenía Fischer, recién pudo llegar a la pelea por la corona mundial en 1972, que en ese momento estaba en poder del soviético Boris Spassky, uno de los rivales más importantes que tenía el estadounidense. Sin saberlo, los dos contendientes se iban a convertir en los protagonistas de uno de los hechos deportivos más trascendentes de la historia.
Todo comenzó cuando Fischer ganó el Torneo de Candidatos casi sin despeinarse. En primera ronda venció a Mark Taimanov por 6-0, en la siguiente instancia, que tuvo como sede a Buenos Aires, superó al danés Bent Larssen por el mismo resultado y, por último, despachó a Tigran Petrosian, uno de los grandes maestros de todos los tiempos, por 6,5-2,5.
La elección de la sede le generó a la FIDE el primero de los varios dolores de cabeza que iba a tener con este match. Como siempre se enfrentaban dos soviéticos, se elegía una ciudad en la URSS y asunto terminado. Ahora la situación era distinta. Después de muchas ideas y vueltas, el lugar elegido fue Reykiavik, capital de Islandia.
Los pormenores que tuvo este match no entrarían en esta nota ya sería que sería necesario un libro (muy recomendable Bobby Fischer fue a la guerra). Para resumir, Fischer no llegó a tiempo porque a último momento no aceptó el dinero que le ofrecían, pero por presiones de su entorno, de la prensa, de la Casa Blanca y de un empresario inglés presidente de la federación británica que aportó el dinero restante, obligaron al retador hacerse presente en tierras islandesas. Después de casi dos meses de una cruel guerra psicológica, Fischer se alzó con el título del mundo al imponerse a Spassky por 12,5-8,5. Así rompía la hegemonía y todo parecía indicar que empezaba una nueva era en el juego-ciencia, cosa que finalmente no ocurrió.
Como rey de los trebejos, Fischer desapareció. No participaba en ningún campeonato y poco era lo que se sabía sobre su paradero. En 1975 debía defender su título ante un joven Anatoly Karpov, pero por sus desavenencias con la FIDE no se presentó a disputar ningún partido y así perdió el título que volvió a suelo comunista. El negarse a presentarse a defender su corona fue el último dato concreto que se tuvo de Fischer, ya que fue como si la tierra lo hubiera tragado.
El ex campeón volvió a dar señales de vida en 1992, cuando en Belgrado, capital de Yugoslavia, se enfrentó en un match revancha no oficial ante Spassky, ahora nacionalizado francés. A Fischer le importó muy poco las sanciones de la ONU que pesaban sobre el país del este de Europa e igualmente se presentó a jugar. Este acto de rebeldía, por llamarlo de alguna manera, le valió un orden de captura internacional por parte del FBI.
Nuevamente Fischer se esfumó después de vencer a Spasski 10-5. Todo lo que rodeaba a uno de los grandes genios del ajedrez era un misterio para todos, no había ni siquiera una mínima pista de dónde estaba. Fiel a su estilo siempre polémico, Fischer comenzó a dar una serie de entrevistas radiales en medios del sudoeste asiático con la única exigencia de que fueran en vivo. Por lo general, sus respuestas apuntaban a criticar de manera muy dura a George Bush.
El pináculo de sus dichos llegó el 11 de septiembre de 2001. Mientras en Nueva York las Torres Gemelas pasaban a la historia y se cobraban miles de victimas, Fischer estaba dando una nota para una radio tailandesa. Lo que estaba ocurriendo en la ciudad en donde él empezó con el ajedrez fue una gran noticia para el ex campeón, ya que se alegró de las informaciones que llegaban desde su país natal. Como era lógico, sus declaraciones causaron un alto grado de indignación en Estados Unidos.
En 2004, volvió a aparecer. Fue en el aeropuerto de Tokio, en donde fue detenido por poseer un pasaporte vencido. Inmediatamente el Estado estadounidense pidió que lo deportaran, cosa que se cumplió después de muchos tires y aflojes. Fischer pasó uno días detenidos en su país, pero tuvieron que liberarlo porque desde Islandia el gobierno de aquella nación le había otorgado la ciudadanía islandesa. Una vez libre, el ex monarca del ajedrez se fue para las tierras gélidas del norte, en donde pasó sus últimos días.
Durante años se desconocieron noticias concretas del gran maestro del ajedrez y todo eran suposiciones. El 17 de enero de 2008 se volvió a saber de Fischer. La Radio Nacional Islandesa confirmó su muerte por acusas nunca confirmadas. Se cree que fue una falla renal que lo afectó. El destino quiso que falleciera a los 64 años, la misma cantidad escaques que tiene el tablero de ajedrez. Tan sólo 5 personas asistieron a su funeral que fue algo prácticamente un secreto de estado. Días más tarde se supo que fue enterrado en una capilla católica en Laugardaela, una pequeña población a 50 kilómetros de Reikiavik. El genio se fue pero dejó para siempre sus partidas que continúan sorprendiendo a los analistas de este añejo juego.
Foto 1: Un momento de la histórica partida ante Boris Spassky.
Foto 2: Capilla en la cual fue enterrado Bobby Fischer.
Links Relacionados
Fischer se enroca en Islandia (El País de España)
Video sobre Booby Fischer en la cual se incluyen sus polémicas declaraciones sobre lo sucedido el 11 de séptiembre de 2001 en Nueva York.