Campeón incómodo

De los 13 países que conquistaron la Copa Davis desde que esta competencia se instauró en 1900 Sudáfrica aparece como el único que ganó la famosa Ensaladera de Plata sin la necesidad de tener que jugar la final. La definición de la edición 1974 fue la más controversial de la historia del torneo porque India, el otro finalista, se negó a jugar en el Ellis Park de Johannesburgo como protesta y forma de presión contra el Apartheid.

Por aquellos años las críticas y las demandas de boicot contra Sudáfrica en diversos ámbitos eran constantes. La primera medida fuerte desde el deporte se produjo en 1970 cuando el Comité Olímpico Internacional (COI) expulsó al Comité Olímpico Sudafricano. Varias federaciones internacionales siguieron el mismo camino; otras, en cambio, no lo hicieron bajo el pretexto de no mezclar deporte y política.

La Federación Internacional de Tenis (ITF), que no formaba parte del Movimiento Olímpico, había suspendido a la Asociación Sudafricana de Tenis (AST) en 1970. Al año siguiente levantó la sanción, pese a las quejas que tenían como vocero más importante a Arthur Ashe, y amenazó con penalizar a las asociaciones que boicotearan a Sudáfrica.

Mientras tanto los jugadores de aquel país en cada torneo en el que participaban por el circuito eran vistos como parias. Esto derivó en que Cliff Drysdale, el mejor jugador sudafricano, decidiera renunciar a la Copa Davis y a la ciudadanía. “Me siento como un invitado que no es bienvenido. Ya tuve suficiente de esto”, expresó Drysdale, cuyo logró más destacado fue el título de dobles en el US Open 1972.

Cliff Drysdale en Wimbledon 1974 (Getty Images)

El andar de Sudáfrica por la Copa Davis era cada vez más tumultuoso y 1974 se vivieron los momentos más álgidos y tensos. A raíz de la estructura del torneo los sudafricanos fueron ubicados en la Zona Sudamericana. El sorteo indicó que el rival del debut era Argentina, que por segunda y última vez en la historia perdió por no presentación.

En la siguiente instancia Sudáfrica tenía que visitar a Chile, que decidió ceder la localía y mudarse a Bogotá. “El presidente (Salvador) Allende me dijo que el tema era sensible. Pensé que el país podía tener un conflicto diplomático serio y, luego de hablarlo con los jugadores, resolvimos jugar afuera. Preferimos proteger los intereses del país por sobre los del tenis”, contó Hernán Basagotia, quien era el máximo mandatario de la Federación Chilena de Tenis.

Sudáfrica se impuso 3-2 en la capital colombiana en lo que fue la última presentación de Drysdale y accedió a la final regional, instancia en la que esperaba Colombia, a la que también venció 3-2. Ya por las semifinales del Interzonal los sudafricanos eliminaron con un 4-1 a Italia en Johannesburgo. De golpe el enemigo público número 1 quedó a un paso de alzar la Copa Davis.

Paralelamente India, con los hermanos Vijay y Anand Amritraj como únicos componentes del equipo, registró una actuación histórica. En la definición regional eliminó a Australia, campeón el año anterior, con un épico 3-2 y en las semifinales del Interzonal se impuso sobre la dura Unión Soviética por 3-1.

Que sudafricanos e indios llegaran a la final de la Copa Davis parecía ser una absurda y macabra burla del destino. Desde que el Apartheid se instaló en Sudáfrica en 1948, India fue uno de los países que más fuerte apoyó todo tipo movimiento contrario a esa política racista aludiendo que la minoría india que vivía allí estaba siendo segregada y duramente castigada. Por eso desde primer momento el gobierno de la Primer Ministro Indra Gandhi presionó para que el combinado de su país no se presente, ni siquiera en terreno neutral, tibia opción que también se barajó. No hubo solución y por única vez en la existencia de la Copa Davis un campeón se consagró por walkover (no presentación).

“Estábamos orgullos de ver nuestros nombres en la Copa Davis, pero teníamos un gusto amargo en la boca”, recordó Bob Hewitt, doblista del equipo que cortó el duopolio que mantenían Estados Unidos y Australia desde 1937 y que hace poco volvió a ser noticia por denuncias de abuso sexual.

Placa recordatoria en el trofeo de la Copa Davis de las temporadas 73 y 74. (Captura tomada del sitio oficial de la Copa Davis)

“Moralmente fue una decisión fácil de tomar, pero como deportista había dos pensamientos en mi cabeza: uno era que quizás nunca más iba a jugar otra final de Copa Davis; la segunda es que nunca íbamos a tener una chance tan buena de ganar la Copa Davis”, expresó Vijay Amritraj en un discurso que dio en 1988 ante el Comité Especial de las Naciones Unidas contra el Apartheid.

“El gobierno indio tenía razón. Si más países hubieran boicoteado a Sudáfrica quizás el Apartheid hubiera caído más pronto”, expresó Raymond Moore, otro miembro del combinado africano y que actualmente es el director del Masters 1000 de Indian Wells.

A Sudáfrica el andar por la Copa Davis se le volvió cada vez más tortuoso y a sus rivales tener que enfrentarla les generaba un problema extra que escapaba largamente a lo deportivo. Las deserciones y las protestas se habían vuelto moneda corriente y la situación llegó un punto límite en 1977 cuando 15 naciones renunciaron a seguir participando por la presencia sudafricana.

Para 1979 la ITF realizó una reestructuración en el formato del torneo y además decidió marginar a Sudáfrica, en lo que también se puede leer como gesto hacía el COI en busca de la reinserción del tenis a los Juegos Olímpicos, algo que ocurrió en Seúl 1988. La AST fue readmitida en 1992.

India, que retornó a una final en 1987, la cual perdió 5-0 con Suecia, y Sudáfrica volvieron a cruzar sus caminos en la Copa Davis en dos oportunidades: la primera fue en 1994 con los indios como locales; la segunda en 2009 en el Ellis Park de Johannesburgo.

A Sudáfrica haber ganado la única Copa Davis de esta manera no es algo que lo enorgullezca, de hecho en el sitio oficial de la AST no hay ninguna mención al respecto. Quedar como el único país que conquistó el tradicional torneo sin la necesidad de la disputa deportiva, sumado al contexto social y político, coloca a Sudáfrica en el rol de campeón incómodo.

Fuentes/Links relacionados

The Year the Davis Cup Felt Empty (New York Times)

United Nations, India and Boycott of Apartheid Sport (Congreso Nacional Africano)

Deep Tennis: Disrupting the Cup (Concrete Elbow)

Ban From Olympics Turns Into Net Loss: Tennis: South African players hadn’t been hurt by most world sanctions until IOC ruling (Los Angeles Times)

Un regreso con vida (El Gráfico)

Sitio oficial de la Copa Davis

Sitio oficial de la Federación Internacional de Tenis

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 3)

Parte 1 y 2 (resumen)

A raíz de la política del Apartheid Sudáfrica tenía prohibido competir internacionalmente. Para burlar la veda el cricket creó los Rebel Tour, giras en las que tomaban parte equipos de fantasía que se formaban gracias al dinero que, mayormente, aportaba el estado. Un grupo de ingleses inauguró estas visitas en 1982. Lo siguieron combinados de Sri Lanka y West Indies, cuyos jugadores en sus países de origen recibieron severos castigos deportivos y, sobre todo, sociales.

Rebel Tours: jugar en el Apartheid-Parte 1

Rebel Tours: jugar en el Apartheid-Parte 2

Capitulo 6: Crisis australiana

Entre fines de 1985 y principios de 1986 un conjunto australiano rodeado de mucha controversia visitó Sudáfrica. A parte del factor económico, hubo otras motivaciones para encarar una aventura en territorio prohibido.

En principio muchos de los integrantes del plantel ya estaban sobre el final de sus carreras y vieron una oportunidad para sumar algo más de dinero y, de paso, hacer una última prueba en el primer nivel. Por otro lado, los jugadores se encontraban en medio de una disputa contractual con la federación local, por lo que el viaje también significó un desafío hacía la dirigencia.

Tal como sucedió con los anteriores Rebel Tour, las negociaciones se manejaron en absoluto secreto. Los primeros contactos se dieron durante el Mundial de Inglaterra 1983. Al año siguiente, en una emotiva conferencia de prensa, Kim Hughes, entre lágrimas, renunció a la capitanía de la selección de Australia. Doce meses más tarde se descubrió la verdadera razón: era el capitán del equipo rebelde que disputó 7 partidos en Sudáfrica. Hughes, que perdió credibilidad, recibió 10.000 dólares estadounidenses por liderar el tour.

Equipo de Australia antes de partir a Sudáfrica. (The Age)

Periodistas, historiadores, jugadores y directivos, reconocen aquel momento como el más traumático en la centenaria vida del cricket australiano. Esto llevó a una división interna en la que quedaron resquemores que todavía siguen flotando en el aire y por eso la mayoría de los protagonistas optan por no hablar de esta cuestión con la prensa. De hacerlo, no dan sus nombres.

Al igual que los participantes de los Rebel Tour previos, los jugadores recibieron una sanción de entre 2 y 3 años, una pena mucha más leve a los 10 años que se preveían. También sufrieron el rechazo social, aunque no fue tan duro como en otros casos. Deportivamente al cricket australiano le costó mucho tiempo reponerse de la crisis interna que se había generado.

De los 16 miembros, a los que el Primer Ministro australiano Bob Hawke tildó de “traidores”, sólo 4 volvieron a ser convocados para vestir la camiseta de Australia. Otros, en cambio, continuaron sus carreras como entrenadores o dirigentes.

Capítulo 5: Gatting go home

Los Rebel Tours murieron con el Apartheid. En 1990 un nuevo equipo de Inglaterra visitó Sudáfrica en paralelo a la liberación de Nelson Mandela. En este tramo final aparece la figura de Mike Gatting, primer nombre que surge cuando se hace referencia a estos sucesos. A fuerza de declaraciones poco felices se había ganado el desprecio de una comunidad negra que se estaba revelando a tantos años de sufrimiento.

“Estaban bailando y celebrando”, fue una de las varias expresiones desafortunadas que dio Gatting cuando se refirió a una manifestación que terminó con una violenta represión policial. “Esto no tiene nada que ver con nosotros. No podemos ser responsables de algo que pasa fuera de los estadios”, le dijo a John Sogoneco, que encabezaba una protesta contra la gira. Los carteles y los canticos de “Gatting go home” se habían convertido en algo habitual en un país que vivía un proceso de cambio.

En Pietermaritzburg casi 5.000 personas, mayormente negros, recibieron con piedras a los jugadores cuando salían a la cancha. El público estaba demasiado irascible y Gatting intentó tranquilizar las aguas. Logró el efecto contrario y la concurrencia se enfureció todavía más. “En ese momento pensé que lo iban a asesinar”, evocó Alí Bacher, ex capitán de Sudáfrica e ideólogo de estas giras.

No sólo en los estadios a los ingleses le hacían sentir el rechazo, sino también en los hoteles en donde se hospedaban. Los cocineros se negaban a servirles la comida, por lo cual la delegación estaba obligada a cocinarse.

El 12 de febrero de 1990, un día después de la liberación de Mandela, en Newlands se vivió el punto de mayor tensión: horas antes de comenzar a jugar una bomba explotó en el estadio produciendo sólo daños materiales. Se canceló el amistoso, pero la gira continuó, aunque con menos partidos de los que estaban programados originalmente.

De vuelta a Londres la federación penalizó a los participantes con 3 años sin poder jugar internacionalmente. “Por suerte salió todo bien para Sudáfrica y Nelson Mandela es un gran hombre”, son las únicas declaraciones que se atribuyen a Gatting, que actualmente trabaja como directivo, al respecto ya que prefiere evitar este tema en las entrevistas.

Dos diarios de tendencias diferentes coincidieron en criticar el tour. “No más ignominia, ni descredito para un equipo o jugadores que visten el distintivo de Inglaterra”, escribió Fran Keating en The Guardian. “Desacreditaron a su país y a su deporte”, señaló el tabloide The Mirror.

Como conclusión los Rebel Tour dejaron un saldo negativo. Las mayorías negras lo veían como una provocación, para gran parte de los jugadores involucrados significó el final abrupto de sus carreras y todavía siguen sufriendo las consecuencias. Así lo resumió Bacher: “Vivíamos en un isla, incluido yo. Pensaba que el país, la gente, no tenía problemas. Debo confesar que si hubiera sabido de la furia y el dolor que causaron los Rebel Tour, lo pensaría dos veces. Fue demasiado perjudicial para mí”.

FIN

Links/Fuentes relacionadas

Rebels-The ’85 South Africa tour (The Age)

It was 20 years ago today… (The Age)

The crying game (cricketinfo.com)

1985-6 Australian XI (The Rebel Tour Blog)

Playing With Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

English rebels who ignored apartheid cause still show a lack of shame (The Guardian)

Rebels without a cause (cricketinfo.com)

Mike Gatting and his rebel team walked into eye of a storm in post-apartheid South Africa (The Telegraph)

1990 English XI (The Rebel Tour Blog)

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 2)

Parte 1 (resumen)

En una Sudáfrica en donde el racismo era moneda corriente a raíz de Apartheid, lo que trajo, entre otras consecuencias, el no poder competir internacionalmente en ningún deporte, el cricket encontró la manera de burlar la prohibición con los llamados Rebel Tour. Estos consistían en armar a fuerza de mucho dinero, aportado mayormente por el Estado, equipos ficticios para jugar contra la selección local. En 1982 un conjunto inglés protagonizó la primera gira rebelde.

Capítulo 2: Heridas que no cierran

En Sri Lanka Bandula Warnapura era visto como un héroe nacional. Había sido el capitán de la selección en una histórica serie ante Inglaterra, pero esa veneración la terminó dilapidando cuando lideró a 14 jugadores que formaron un equipo denominado Arosa Sri Lanka que marcó a sus participantes y que dejó secuelas que aún perduran.

La gira en todo sentido fue un desastre. El combinado ceilandés, que jugó en paralelo mientras en Zimbabwe se presentaba la selección oficial, perdió en las 6 presentaciones y nunca estuvo a la altura de las circunstancias. Esto perjudicó a la organización y el bajo nivel de los partidos le hizo perder mucho dinero.

Una vez terminada la aventura, que se tuvo lugar a fines de 1982, sus participantes recibieron una pena de 9 años en la que se les impedía tener cualquier tipo de vinculación con el cricket. De esta manera, quedaron totalmente marginados.

Equipo de Sri Lanka que realizó el Rebel Tour de 1982.

Era un hecho que sus carreras estaban acabadas, pero la vida debía seguir y no fue tan fácil en una sociedad que los rechazaba y los acusaba de traición a la raza. Con el dinero ganado en Sudáfrica los jugadores se compraron casas nuevas, aunque también quedaron desocupados y la falta de trabajo trajo consecuencias. Anura Ranasinghe, integrante de aquel equipo, sufrió depresión y cayó en el alcoholismo.

Ya cumplida la sanción, Warnapura, al que se acusa de haber organizado el viaje, todavía siente que es perseguido injustamente: “En una sociedad normal, cuando uno cumple la pena, es perdonado, incluso un criminal que estuvo en la cárcel. Pero los jugadores que fuimos a Sudáfrica seguimos sufriendo aunque el período de prohibición se ha terminado. Eso es triste”.

Warnapura sostiene que hubo exigencias de la dirigencia para realizar el tour y que los reales promotores “salieron sin un rasguño” y hoy ocupan cargos importantes en la federación. También prometió publicar un libro contando toda su verdad y mostrando documentos que abalan sus dichos.

Con o sin presiones externas, lo cierto es que aquella experiencia en Sudáfrica dejó heridas abiertas que ni siquiera el paso del tiempo ha podido cerrar.

Capitulo 3: Bastardos sin gloria

Entre las muchas historias que se desprenden de los Rebel Tours quizás la más dramática la entregue West Indies, representativo que nuclea a varias ex colonias británicas del Caribe. En el verano de 1983 se conformó un combinado que produjo un fuerte impacto entre los sudafricanos ya que todos sus integrantes eran negros. Paralelamente, en casa los esperaba el oprobio y una dura condena social.

El 6 de enero de 1983 Allan Rae, presidente de la West Indies Cricket Council, elogió públicamente a los jugadores por negarse a ir a Sudáfrica. No sabía que mientras decía esto a sus espaldas Lawrence Rowe, capitán de la selección, en secreto ultimaba detalles para 5 días más tarde emprender con el resto de sus compañeros rebeldes una gira de 8 amistosos en suelo sudafricano.

“Tal vez, como hacen un largo viaje a Johannesburgo, los jugadores puedan reflexionar sobre el hecho que de haber nacido en Soweto y no en Saint Peter, en Ciudad del Cabo y no en Spanish Town, su talento deportivo jamás habría visto la luz del día”, editorializó el Barbados Daily Town que, pese a la crítica, fue el único diario que no boicoteó la gira.

Una vez llegados al aeropuerto de Johannesburgo alrededor de 100 personas recibieron a la delegación. En un costado, casi escondidos, tres negros sostenían un cartel con un mensaje que resumía lo que estaba pasando en el país: “Primero libertad, cricket después”.

Ciudad del Cabo acogió el partido que abrió la serie. En el ambiente del estadio había mucha tensión porque se avecinaba un duelo entre un equipo compuesto por negros y otro por blancos, lo cual resultaba extraño para el público. “La mayoría de los hinchas eran blancos, los negros limpiaban las tribunas. Temíamos por los objetos que nos pudieran lanzar o alguna golpiza. Yo estaba muy tenso”, reconoció Franklyn Stephenson, quien disputó aquel encuentro.

Continúa Stephenson: “En un momento un chico me convido una Coca Cola. Me negué. Regresó más tarde y acepté. Tomé de la botella y al rato había unos 15 chicos ofreciéndome bebida. Fue conmovedor”. Ese simple acto de aceptar una Coca Cola significó un quiebre. Una barrera había caído.

De repente los jugadores de West Indies consiguieron ser aceptados en ámbitos en donde los negros sudafricanos no tenían acceso. “En Port Elizabeth un tipo alto, blanco, me llevó a un supermercado para blancos. Se volvieron un montón de cabezas. Llegue al mostrador y la señora me pidió que firmara algo. En ese momento todo el mundo detuvo su trabajo y corrió hacía mi para pedirme un autógrafo”, rememoró Stephenson.

Stephenson protagonista de una imagen rara en la Sudáfrica del Apartheid: un negro firmando autógrafos. (cricketinfo.com)

El tour tuvo dos momentos significativos: uno fue cuando los jugadores visitaron Soweto y dieron una clínica para chicos del lugar; el otro fue la presentación en Barea Park de Pretoria, el corazón del Apartheid.

Mientras tanto las críticas seguían: “Yo sé que algunos de ellos están sin trabajo, pero el dinero no es todo en la vida”, expresó el ex capitán de West Indies Clive Lloyd. También estaban los defensores: “Algo está muy mal cuando hombres que viven en casas de cristal, que manejan un Mercedes con aire acondicionado, comen en hoteles todos los días, van de vacaciones a París y mantienen 2 esposas, pueden decirle a un hombre pobre que tiene que alejarse del dinero en una sociedad que tiene al dinero como Dios”, escribió Lawson Bayley en Herald Sun.

Tras las 5 victorias ante Sudáfrica la delegación regresó a casa. Los 18 jugadores no sabían que la pesadilla estaba por comenzar y, en casos puntuales, todavía no terminó. Se los sancionó de por vida para realizar cualquier actividad vinculada con el cricket. La pena fue levantada en 1989 y sólo uno de ellos volvió a vestir oficialmente la camiseta de West Indies.

El castigo social fue más severo que la sanción deportiva. De los integrantes de ese plantel la mitad se fue al exterior, algunos para seguir jugando, sobre todo en Inglaterra, y otros para dedicarse a negocios ajenos al deporte, como, por ejemplo, Rowe, que paso de ser una celebridad en Jamaica a tener que ver los partidos escondido y disfrazado por miedo a represarías. Actualmente vive en Florida.

Otros, en cambio, no pudieron encausar su vida y terminaron en la ruina. La situación más extrema es la de Richard Austin, un talentoso jugador estrella en la década del 70, pero que luego de la visita a Sudáfrica se convirtió en un vagabundo drogadicto en las calles de Kingston y que sostiene que por culpa de aquel tour le asesinaron a su hijo.

También se puede mencionar a Stephenson, que supo tener actuaciones destacadas en Inglaterra y actualmente nadie lo quiere contratar como entrenador, consejero o cualquier otra función, a David Murray, que vive como un paria en una playa y da entrevistas por 20 dólares, o a Herbert Chang, del que se cree que aún vive en Jamaica, que perdió todo el dinero a manos de una mujer de confianza, que estaría mentalmente inestable y moribundo, sino no es que ya murió.

Los jugadores, que jamás negaron que la motivación del viaje fue el dinero, en un ambiente a priori hostil se ganaron la admiración, pero en sus países siguen siendo vistos como unos simples bastardos sin gloria.

Continuará

En el último capítulo de la saga Australia queda divida por culpa del Rebel Tour y un equipo inglés liderado por un polémico capitán juega en Sudáfrica al mismo tiempo que Nelson Mandela es liberado de la cárcel.

Links/Fuentes relacionadas

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

The rebel with a grouse (Indian Express)

Playing With Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

The unforgiven (cricketinfo.com)

1982 Arosa Sri Lanka (The Rebel Tours Blog)

1983 West Indian XI (The Rebel Tours Blog)

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

Introducción

El deporte tuvo un rol protagónico en la presión que la comunidad internacional ejerció sobre Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid. Con el apoyo de las Naciones Unidas, el Comité Olímpico Internacional y las distintas federaciones marginaron del mapa a aquel país impidiéndole participar en mundiales, Juegos Olímpicos o cualquier otra competencia. Sumado a sanciones comerciales y políticas, los sudafricanos quedaron aislados.

Cumpliendo a rajatabla el clásico hecha la ley, hecha la trampa, se encontró la manera de burlar la prohibición. La mejor ejemplificación de esta situación la entregó el cricket con los llamados Rebel Tours.

Gracias al buen aporte de dinero que provenía de sponsors privados y, especialmente, de fondos públicos, se contrataban jugadores para formar equipos con nombres de fantasía que servían de rivales para la selección local.

Aunque previamente hubo experiencias con clubes o combinados regionales, los Rebel Tour tuvieron mayor relevancia entre 1982 y 1990. Durante esa época conjuntos no oficiales de Inglaterra, Sri Lanka, Australia y West Indies, que nuclea a naciones del Caribe ex colonias británicas, jugaron ilegalmente en Sudáfrica.

En medio de esas giras se mezclaron la política, el Apartheid y el dinero. La mayoría de sus protagonista vieron como sus carreras se truncaron demasiado temprano y socialmente quedaron marcados de por vida.

Capitulo 1: Los doce del patíbulo

“Otra gente puede ir a Sudáfrica como abogados, plomeros o contadores. Somos un blanco fácil para criticar”, era el justificativo usado por Graham Gooch, capitán del equipo inglés que en 1982 participó en el Rebel Tour inaugural, a la hora de defenderse de las criticas que llovían por la visita a un país que tenía al racismo como política de estado.

La primera intención de la organización, encabezada por Ali Bacher, último capitán sudafricano antes de la suspensión, era invitar a West Indies, en ese momento el mejor equipo del mundo, pero la posibilidad se diluyó. Se intentó con Inglaterra y las negociaciones tuvieron más éxito. Con Geoffrey Boycott, quien capitaneaba a la selección inglesa, como líder las tratativas se manejaron en absoluto secreto.

Finalmente se arregló una gira de 4 partidos que se extendió durante 1 mes. El hecho recién tomó estado público cuando el 1 de marzo 7 de los 12 rebeldes, que habían recibido entre 40 y 60 libras, aterrizaron en Johannesburgo. De los integrantes de aquel plantel sólo había una ausencia de los habituales convocados para la poderosa selección inglesa.

Geoff Boycott, izquierda, y Graham Gooch, las caras principales del polémico tour. (cricketinfo.com)

En Londres la noticia estalló como una bomba. Hubo protestas de grupos anti Apartheid y el tema no pasó desapercibido para el Parlamento. “Se vendieron a si mismos por unas monedas de oro cubiertas de sangre”, atacó el laborista Gerald Kaufmann. En ese recinto también se los tildó como The Dirty Dozen, tomando el nombre de la película de 1967 en la que un grupo de soldados debía cumplir una misión suicida y que en español se tradujo como Los Doce del Patíbulo. El apodo también fue adoptado por la prensa.

Mientras tanto en Sudáfrica la visita era promocionada como el retorno del cricket de primer nivel y la convocatoria de público, mayormente blanco, fue altamente positiva. Había que remontarse a 1970 para que Sudáfrica, nación con mucha tradición en este deporte, enfrentara a un rival importante.

No todos estaban felices con esta serie de amistosos y no lo tomaban como un hecho a celebrar. “No es un capitulo glorioso de su historia. Ellos no deberían decirle a sus hijos que vinieron”, escribió Desmond Tutu, por ese entonces Arzobispo de Johannesburgo y que en 1984 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Tras esta aventura, en la que los visitantes estuvieron apartados de cualquier conflicto social, sobre todo por la feroz represión policial contra cualquier protesta, la delegación inglesa retornó a casa sin victorias pero con las billeteras más abultadas. Los miembros del equipo tuvieron que cumplir una pena de 3 años, que para la mayoría significó el fin de sus días como cricketeros profesionales y tardaron varios años en reinsertarse a la actividad.

Una historia que se desprende es la de Bob Woolmer, uno de los 3 jugadores que se integró en el tramo final del tour como refuerzo. En 2007 fue entrenador de Pakistán, otra potencia, y luego de la sorpresiva eliminación pakistaní en la primera ronda del mundial de ese año, Woolmer apareció estrangulado en la habitación de la concentración. Se cree que la muerte estuvo relacionada con el mercado negro de apuestas, pero al día de hoy el caso sigue siendo un misterio.

Con esta polémica vista del conjunto inglés, comenzaba lo que el periodista Peter May, autor de un libro al respecto, calificó como la crisis de conciencia del cricket.

Continuará

En la próxima entrega las visitas de Sri Lanka, West Indies y las dramáticas historias de vida post Rebel Tour.

Links/Fuentes relacionadas

SAB’s fat cheques broughy disgrace upon world cricket in 1982 (The Guardian)

The Dirty Dozen (cricketinfo.com)

Playing with Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

Caught in Time: English rebel cricket tour of South Africa, 1982 (The Times)

1982 England XI  (The Rebel Tours Blog)

El día que el rugby se mudó a Soweto

Uno de los lugares en donde más se padeció el Apartheid fue en el South West Town, más conocido como Soweto. En este suburbio situado a 15 kilómetros de Johannesburgo poblado íntegramente por negros, los habitantes vivían en condiciones infra humanas. A parte de no tener derechos y de encontrarse marginados de la sociedad, una ley promulgada en 1976 por el Partido Nacional obligaba a que en las escuelas se enseñara el afrikáner, idioma con mezcla del holandés e inglés que toma modismos locales y que era utilizado por los colonos.

En los colegios de Soweto los profesores se negaban a enseñar y los alumnos a aprender lo que consideraban la lengua del opresor. La situación llegó al punto límite el 16 de junio de 1976 cuando los estudiantes tomaron las calles para protestar. La policía reprimió salvajemente y disparó sin piedad contra manifestantes armados solamente con piedras y palos.

La primera victima fue Hector Pierterson. La foto del cuerpo del chico de 13 años ensangrentado llevado por Mpuyisa Makubi con su hermana Antoinette al costado llorando desconsoladamente dio la vuelta al mundo y quedó como una imagen testigo de lo que sucedía en Sudáfrica. Se calcula que ese día murieron alrededor de 500 personas.

Esto marcó el inicio de una escalada de violencia que se extendió por todo el país. Para colmo desde el Gobierno se dictaban normas cada vez más severas que lo único que hacían era empeorar la situación. “Deberíamos haber matado a 1.600 o 10.000, si eso hubiera conseguido detener la violencia en el mismo comienzo”, decía ya retirado Theuns Swanepoel, quien dirigió la represión en Soweto y que, se supone, dio la orden de tirar a matar. Estos sucesos  desembocaron en la caída del Apartheid, por lo menos desde la legalidad. Por eso el 16 de junio es considerado el Día de la Juventud y es fiesta nacional.

Tantos años de subyugo y represión llevaron a que la comunidad negra sintiera despreció y rechazo por todo aquello que estuviera relacionado con los afrikáners, incluido el deporte, con el rugby a la cabeza.

A 34 años de aquellos hechos en Soweto sus habitantes todavía lidian con dificultades como las drogas, el Sida o la delincuencia juvenil, pero en otros aspectos hay situaciones que están cambiado, a tal punto que se han podido disputar dos partidos de rugby de primer nivel en esta localidad, algo que no mucho tiempo atrás era inimaginable.

Vodacom Blue Bulls es un equipo con base en Pretoria y uno de los más fuertes del poderoso Super 14, torneo que reúne a combinados provinciales de Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, las 3 potencias del Hemisferio Sur. Originalmente llamado Northern Transvaal (la región que representa), a mediados de los 90 cambió su denominación por una más marketinera anteponiéndole el nombre del sponsor de turno. Históricamente se lo vinculó con la policía y las fuerzas armadas, aunque con el advenimiento del profesionalismo esta unión se ha ido diluyendo, y con los afrikáners, por lo que hinchas y jugadores eran exclusivamente blancos.

Como Loftus Versfeld, fortaleza en donde es casi invencible, será utilizado durante el mundial de fútbol y esta fuera de servicio para preservar el campo, Blue Bulls buscó un lugar alternativo para afrontar las semifinales ante Crusaders de Nueva Zelanda. Pese a que tenían varias opciones, los directivos se inclinaron por el Orlando Stadium de Soweto, que no acogerá ningún partido de la Copa del Mundo, pero si será utilizado como lugar de entrenamiento por algunas selecciones.

Así el gran equipo blanco y afrikáner iba a presentarse en el seno del gran barrio negro y no muy lejos de donde se iniciaron los disturbios del 76. Esta decisión causó mucho revuelo y sorpresa entre los líderes políticos sudafricanos. La noticia, con más relevancia social que deportiva, captó casi tanta o más atención que la previa del Mundial.

“La última vez que muchos blancos, particularmente los que hablan afrikáns, vinieron a Soweto fue en 1976 cuando la policía del Apartheid intentó detener el levantamiento de jóvenes armados con piedras”, decía el diario The Star. El matutino Citizen calificó esa jornada como “un gran día”.

La llegada de Blue Bulls contó con la bendición de Desmond Tutu, quien peleó con Nelson Mandela en la lucha para terminar con la discriminación legalizada y habitante de Soweto. “Es la mejor noticia que ha recibido el país desde el Mundial de rugby de 1995”, expresó el premio Nobel de la Paz. “Es uno de esos momentos especiales para Sudáfrica que demuestra que  unos y otros hacemos lo mejor a pesar de los problemas que afrontamos.  Nuestra sociedad va en el camino correcto”, opinó Tutu, quien reconoció ser hincha de Stomers Rugby, que jugaba la otra semifinal, pero que en esta oportunidad iba alentar a Blue Bulls.

“Este partido es grandioso para nuestro país y es grandioso que el rugby llegue a Soweto”, decía el capitán de Blue Bulls Victor Matfield, quien vistió la camiseta de los Springbooks, equipo aborrecido por los negros en su momento, y con más de 100 partidos para el conjunto de Pretoria.

Aunque apoyaban la iniciativa, desde el Soweto Rugby Club no creían que la visita les pudiera ser ventajosa. “Dudo que le pueda traer un beneficio al club”, expresó a la agencia Reuters Zola Ntlokona, secretario de la entidad. “Esta semifinal se podría haber jugado en Japón, no simboliza nada para nosotros. No somos hinchas de Blue Bull”, completó el directivo.

Aquel sábado 22 de mayo una legión de afrikáners arribó a Soweto. Esta vez no venían ni con armas ni escudos protectores. Ahora traían banderas, camisetas azules y todo tipo de cotillón para alentar a su equipo. Llegaron con cierto temor lógico a un lugar al que no sabían como iban a ser recibidos y en donde muy probablemente sus padres o abuelos habían reprimido salvajemente. Desde la organización dejaron en claro que no se tomó ninguna medida especial de seguridad y que todo se desarrolló con normalidad.

Gracias a la gran actuación del medio scrum Fourie du Preez Blue Bulls ganó 39-24 y por segunda temporada consecutiva se metió en la final del Super 14. Al haber terminado primero en la fase clasificatoria pudo ser local en el encuentro decisivo, acogido nuevamente por el Orlando Stadium. Esta vez el rival era Stomers Rugby de Ciudad del Cabo. Las incidencias del encuentro fueron seguidas en la tribuna por Jacob Zuma, el presidente sudafricano, y Tutu. La celebración fue completa porque Blue Bulls se impuso 25-17 y retuvo el campeonato.

Blue Bulls festeja el título del Super 14.

Varios de los residentes de la zona aprovecharon la oportunidad para vender cerveza o comida en las puertas de sus casas y conseguir algo de dinero extra que nunca viene mal, sobre todo en esta zona. “Todo el mundo fue muy amistoso con nosotros, el juego fue grandioso… Ver a los blancos caminar por las calles de Soweto con una cerveza en la mano fue increíble. Definitivamente volveremos”, le contaba tras la semifinal a Reuters Jeanne Hesquar, un seguidor de Blue Bulls.

Más allá de la conquista deportiva en si, lo realmente importante es que la barrera racial en Sudáfrica de a poco va cayendo y, aunque todavía la discriminación sigue estando latente dentro de la sociedad, es evidente que algo esta cambiando.

Fotos: Getty Images

Fuentes/Links relacionados

Symbolic moment as rugby comes to black township of Soweto (Reuters)

Rugby-Afrikaner’s chosen sport enters black township of Soweto (Reuters)

South Africans unite in township rugby final (Reuters)

Soweto Super 14 games is historiy in the making (stuff.co.nz)

Bulls to put Super 14 title on the line in Soweto (super14.com)

Times change as Super 14 moves to Soweto (super14.com)

Tutu praises Bulls for playing in Soweto (super14.com)

Bulls repel Crusaders to reach Super 14 final (Reuters)

Soweto, una década de disturbios raciales (El País)

Soweto, 30 años después (BBC Mundo)

Soweto, el principio del fin (BBC Mundo)

“Soweto cambió todo” (BBC Mundo)

Los rebeldes de Soweto, 25 años después (El País)

Sitio oficial del Super 14

Sitio oficial de Vodacom Blue Bulls

Un país en llamas

De los varias giras que la selección sudafricana de rugby realizó por Nueva Zelanda sin dudas la más famosa es la de 1981. No es recordada por lo resultados, sino por el contexto social que la rodeó y que a la larga fue mucho más que un hecho deportivo, sino que significó un impacto muy profundo en el seno de la sociedad neozelandesa.

A causa de la la política de Apartheid que imperaba en Sudáfrica, la New Zealand Rugby Football Union (NZRFU) tomó la polémica decisión de no enviar a aquel país equipos conformados por jugadores de raza maorí. Por supuesto que la resolución generó infinidad de críticas que desembocaron en el nacimiento del movimiento No Maories-No Tour que persiguió el objetivo de cancelar el tour de 1960, lo cual finalmente no se consiguió pese a las más de 150.000 firmas que adhirieron a la causa.

toursudafrica1981(2)En 1967 se organizó una nueva gira a Sudáfrica, pero esta fue pospuesta por el Primer Ministro Keith Holyoake. Al año siguiente las Naciones Unidas instaron a que sus integrantes desalentaran las relaciones deportivas con Sudáfrica. A pesar de esto, la NZRFU envió por primera vez un plantel multirracial. Los jugadores de origen maorí pudieron ingresar al país bajo el patético calificativo de Blancos Honorarios.

Una de las visitas más polémicas de los All Blacks fue la de 1976, que se produjo poco tiempo después de los violentos disturbios en Soweto que involucraron a la policía y a jóvenes que exigían la abolición del Apartheid. A causa de estos partidos varias naciones africanas protestaron con un boicot a los Juegos Olímpicos de Montreal.

En 1977 los líderes del Commonwealth firmaron el tratado de Gleneagles en el que, entre otras cosas, se comprometían a no aprobar contactos deportivos con Sudáfrica. Cuando en 1980 este pacto tuvo la prueba de fuego fracaso rotundamente. Robert Muldoon, Primer Ministro de Nueva Zelanda, declaró que desde el Estado no se iba a interferir en el deporte. Esto fue tomado como una luz verde por la NZRFU y le envió una invitación a los sudafricanos para llevar a cabo un tour la temporada siguiente. Esa fue la gota que rebalso el vaso.

Nueva Zelanda quedó dividida en dos bandos. Por un lado estaban los que se oponían al tour y tenían a John Minto como referente; por el otro se encontraban los que adherían a la visita de los Springbooks con Cez Blazey y Ron Das, presidentes e la NZRFU y la Auckland Rugby Union, respectivamente, como caras visibles.

Varios ex jugadores de los All Blacks se enrolaron detrás de las voces que aprobaban la gira. Entre ellos figuraba Ben Couch, que además era Ministro de Policía y Ministro de Asuntos Maoríes. Couch, que vistió la famosa camiseta negra entre 1947 y 1949, en una entrevista declaró que veía bien al Apartheid por las condiciones que había observado cuando fue a Sudáfrica en 1970 y 1973. Sus dichos sólo sirvieron para echar más leña al fuego en un contexto cada vez más tenso. Al funcionario le llovieron infinidad de criticas y pedidos de renuncia. Desde Roma Muldoon dijo que Couch había sido un “perfecto estúpido”.

Couch, que era diabético, como defensa acusó al nuevo tipo de insulina que estaba consumiendo y que eso le había jugado en contra durante la entrevista. Excusa poco creíble, pero al menos original. Días más tarde durante un discurso en Otago terminó de hundirse: expresó que la segregación en Sudáfrica “es la mejor cosa en estás circunstancias”.

La crisis, que todavía no había llegado al punto más álgido, era un problema extra para Muldoon en medio de un año electoral. Dando el visto bueno a la gira sudafricana sumaba adhesiones en los votantes de las zonas rurales, con mucho peso en las urnas y que mayoritariamente veían con buenos ojos el tour.

Con un fuerte debate de fondo, que derivó en el rol de los maoríes en Nueva Zelanda, los Springboks salieron a la cancha. El debut tuvo lugar en Gisbone ante el combinado provincial de Poverty Bay. El 24-6 para los visitantes quedó como una anécdota porque por primera vez que se vieron frente a frente manifestantes de los dos grupos. En las calles hubo encontronazos con la policía, imagen común durante los 56 días del tour.

La segunda aparición de Sudáfrica debía ser en Hamilton ante Waikato, pero esta se canceló. Más de un centenar de personas invadieron la cancha al grito de “el mundo entero esta mirando”. Esa no fue la única postergación. Semanas más tarde el duelo ante South Canterbury corrió la misma suerte. “Es como si el Sol estuviera saliendo”, dijo Nelson Mandela en Roben Island cuando se enteró de lo sucedía en Nueva Zelanda.

Cada presentación del conjunto de camiseta verde era seguida por una estela de violencia. El punto más alto tuvo lugar en Wellington con la llamada Batalla de Molesworth Street. En las puertas del Parlamento se cruzaron manifestantes antí y pro tour, lo que derivó en una brutal represión policial como nunca antes se había visto en la historia neozelandesa.

Aunque la violencia iba en aumento y, en medio de un clima casi bélico, Muldoon amenazó con llamar a las Fuerzas Armadas para intentar reencausar una situación que se había desmadrado por completo, en ningún momento se pensó en suspender la gira, que, a excepción de las cancelaciones mencionadas anteriormente, se disputó tal como estaba prevista.

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Christchurch, una de las plazas más tradicionales para el rugby, fue testigo del primer test match entre All Blacks y Springboks. Mientras tanto en calle había otra sangrienta represión en que sólo por suerte no se registraron muertos. La revancha fue en una Wellington colapsada. Se calcula que alrededor 7000 personas cortaron los accesos a la ciudad y al estadio. La policía, que una vez culminados los hechos fue duramente criticada por su accionar, armó escudos humanos para permitir el paso del público que quería ir a ver rugby.

Este tour, que no tuvo nada de mágico y misterioso pero si mucho de violento y tensionante, culminó en Auckland con una victoria por 22-25 de los Springbooks sobre los All Blacks. Durante el partido se dio la imagen icónica de esos complicados días: desde el aire un avión lanzó sobre la cancha bombas de humo en forma de protesta. Afuera la represión continuaba.

Muldoon, que apoyo la invasión británica a las Islas Malvinas, ganó las elecciones y fue reelecto como Primer Ministro, aunque el Partido Nacional perdió algunas bancas en el Parlamento.

Se intentó organizar una nueva gira para 1985, que fue cancelada en la Justicia. Desde ese momento se cortaron los lazos entre ambas uniones y recién se restablecieron con la caída del Apartheid.

En 1986 un grupo de jugadores camuflados bajo el nombre New Zealand Cavaliers, algo que solían hacer varias selecciones, entre ellas Argentina, para eludir el veto que había sobre Sudáfrica, disputaron varios amistosos. Cuando volvieron a casa fueron suspendidos por la NZRFU. A raíz de estos hechos quedó una imagen negativa de los All Blacks en el plano internacional y se llegó a considerar que por única vez en la historia que el rugby de Nueva Zelanda era una vergüenza y no un motivo de orgullo. La conquista del Mundial en 1987 cambió esa percepción.

Muchos historiadores coinciden en que hubo un antes y un después con el tour de 1981 porque Nueva Zelanda entró en la adultez como nación. La situación en que vivían los pueblos originarios y la discriminación que estos sufrían nunca había sido tratada con seriedad. A partir de ese momento la sociedad neozelandesa sufrió un radical cambio cultural.

Foto 1: La policía custodiando uno de los partidos de los Springboks en la gira de 1981 (NZ History)

Foto 2: El avión que lanzó las bombas de humo a la cancha durante el último test match (pukeariki.com)

Fuentes/Links relacionados

The 1981 Springbok rugby tour (Ministerio de Cultura de N. Zelanda)

1981 South Africa rugby union tour of New Zealand (Wikipedia)

Dark days of thunder – when a free nation confronted apartheid in sport (Wairarapa Times-Age)

Poster Collection: 1981 Springbok Tour (christchurchcitylibraries.com)