La extraña vida de Dora

Dora Ratjen partió de Viena con destino a Colonia. Abandonaba la capital austriaca con la alegría de haber logrado el triunfo más importante de su carrera. Con una marca de 1.70 metros no sólo había ganado el oro en el campeonato Europeo femenino de atletismo de 1938, sino que también estableció un nuevo récord mundial de salto en alto. Jamás imaginó que ese viaje en tren terminaría en una comisaría y disipando las dudas sexuales que arrastraba desde hacía varios años.

En la dramática vida de quien protagoniza esta historia se combinaron una serie de factores desgraciados e impensados en la actualidad. Todo comenzó cuando nació el 21 de noviembre de 1918 en una humilde casa en Erichshof, una localidad en las afueras de Bremen. “No me quede al lado de mi esposa durante el parto. Cuando el bebé nació la partera me llamó y me dijo ‘es un varón’, pero a los 5 minutos me dijo ‘es una nena’”, recordó Heinrich Ratjen, padre de Dora, en una declaración a la policía. Más tarde la partera informó al registro civil local que los Ratjen habían tenido una cuarta hija.

Nueve meses más tarde la pequeña Dora se enfermó de pulmonía. Heinrich le pidió al médico que la atendió que le mirara los genitales porque algo lo hacía sentir intranquilo. El doctor no le dio demasiada importancia al pedido. Teniendo en cuenta que era una familia de campo, pobre y sin estudios básicos, la palabra de lo que, se suponía, era un profesional no tenía contra. Es por eso que sin saberlo la familia crió un varón como si fuera una nena.

Ya en la adolescencia Dora empezó a notar que algo no andaba bien. El cuerpo no se desarrollaba de igual forma que el de sus hermanas o amigas, además debía afeitarse y depilarse prácticamente todos los días. Esto trajo como consecuencia que las dudas sobre la condición sexual estuvieran presentes todo el tiempo.

A los 15 años descubrió el atletismo, quizás la única vía de escape a la crisis permanente con la que convivía. Ingresó al Komet Bremen Athletics para practicar salto en alto. Se destacó rápidamente y en 1934 ganó el campeonato regional de Baja Sajonia. Así empezó a construir el camino para llegar a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936.

“Nunca vino a las duchas con nosotras. Pensamos que era un poco tímida, pero no teníamos idea que era un hombre”, recordó Gretel Bergmann, compañera de habitación de Ratjen durante la preparación para la cita olímpica y que se enteró de la historia varios años más tarde mientras leía una revista en la sala de espera de un consultorio. “Teníamos una buena relación en las concentraciones, en los viajes o durante las competencias. Pero nunca nadie se dio cuenta que tenía una sexualidad diferente”, expresó Elfried Kaun, la tercera saltadora del equipo.

Dora Ratjen durante los Juegos Olímpicos de 1936. (Spiegel)

En el mismo Olympiastadion en donde Jesse Owens humilló a Adolf Hitler, Ratjen saltó 1.58 metros y terminó cuarta a 2 centímetros de Kaun, quien se quedó con el bronce. La campeona del salto en alto fue la húngara de origen judío Ibolya Csák y la plata fue para la británica Dorothy Odam Tyler.

El 21 de septiembre de 1938 la vida de Ratjen cambió abruptamente. Durante una escala en Magdeburgo un inspector del tren notó algo extraño en una pasajera: vestía como mujer, aunque tenía rasgos masculinos. El agente Sergeant Sömmering le pidió una identificación a Dora, quien le mostró una credencial del campeonato Europeo, la cual no fue suficiente para el policía. El oficial no dudó en arrestarla.

Al día siguiente en la seccional los médicos confirmaron la sospecha: biológicamente no era una mujer, sino un hombre. Descubrieron una malformación en la zona de los genitales que, se supone, habría confundido a la partera cuando constató el sexo del bebé. En principio a Ratjen se lo acusó de fraude contra el Tercer Reich entre 1934 y 1938. También se le quitó el título europeo y la marca mundial.

Que se haya descubierto la verdad hizo que se liberara de los fantasmas que lo persiguieron desde temprana edad. “Esperó por este momento durante mucho tiempo porque era consiente que no podría competir como una mujer para siempre”, explica el reporte policiaco. “Mis padres me criaron como una mujer. Cuando me empecé a dar cuenta que era varón nunca pregunte por qué me vestían con ropa de mujer y no de hombre”, consta en el archivo que rescata la declaración del atleta.

Fotos de Dora Ratjen tomadas por la policía. (Spiegel)

Teniendo en cuenta lo sanguinario del régimen nazi y que no aceptaba a los diferentes, tuvo mucha suerte. El 11 de enero de 1939 la corte del distrito de Verden sentenció que Dora debía vivir como varón y que tenía que cambiarse el nombre. Su padre a través de una carta que cerraba con un “Heil Hitler!” pidió que se llamara Heinrich. La propuesta fue aceptada.

La última constancia que se tuvo sobre el paradero de la ex Dora, quien nunca más volvió a competir, data del 22 de agosto de 1939. Según un informe distribuido a diversos organismos, entre ellos el Ministerio de Deportes, trabajaba en un sindicato en Hannover. A partir de ahí el rastro se hace difuso. Se cree que estuvo en el ejército en la Segunda Guerra, aunque no combatiendo en el campo de batalla. Terminado el conflicto bélico habría vivido en Hamburgo y en Bremen trabajando como mozo. Algunas fuentes indican que murió en abril de 2008 y el cuerpo estaría en el cementerio de Bremen.

A raíz de un artículo publicado por Time Magazine en 1966, se suele afirmar que Ratjen había sido forzado por los nazis a travestirse para ser un arma secreta en los Juegos Olímpicos. Esto es lo que se cuenta en la película Berlín 36, estrenada el año pasado, que se centra en Bergamman, expulsada del equipo por judía, y que tiene una segunda línea argumental que aborda la situación de Ratjen. Historiadores y periodistas se han encargado de desmentir esta versión que se suele dar como real. Aducen que en la documentación existente (hay mucho material destruido) en ningún momento se hace referencia a que los nazis elaboraron un plan de estas características.

Se han registrado varios casos de dualidad sexual en el deporte. Entre los ejemplos se pueden mencionar el de Richard Rasking, tenista quien, operación mediante, con el nombre de Renée llegó a ubicarse en el puesto 20 del ránking mundial, o el de la judoca Edinanci Silva, que nació con órganos sexuales masculinos y femeninos, pero optó convertirse en mujer. Ratjen se diferencia del resto porque lo suyo no fue una decisión personal y por arrastrar una historia de vida demasiado dramática.

Fuentes/Link Relacionados

How Dora the Man Competed in the Woman’s High Jump (Spiegel)

The Jewish jumper and the male impostor (BBC)

Berlin 36 tells how Nazis replaced Jewish woman athlete for man in drag (The Times)

Segundo Saque (La Raqueta)

Historia del campeonato europeo de atletismo (Europe Athletics)

Fotos e imágenes de Dora Ratjen y Berlín 36 (Spiegel)

El olímpico Conan Doyle

Una historia que rodea a los Juegos Olímpicos de Londres 1908 afirma que el creador de Sherlock Holmes había tenido participación en uno de los instantes cumbres de la cita londinense. En esta ocasión la maratón estrenó la distancia clásica (42, 195 kilómetros) y aquel caluroso 24 de julio el primero en cruzar la meta fue el italiano Dorando Pietri. Este pastelero de profesión recorrió exhausto los últimos metros. El público y los oficiales le brindaron ayuda. Al recibir colaboración externa lo jueces no tuvieron opción y se vieron obligados a descalificarlo. Esto no impidió que su nombre sea más recordado que John Joseph Hayes, oficialmente reconocido como el vencedor.

Siempre se dijo que entre los que ayudaron a Pietri se encontraba Doyle. Como en todo mito siempre se mezclan hechos reales con ficticios. Este es un buen ejemplo. El escritor se encontraba en el palco de prensa del White City Stadium. Así lo confirmó en sus memorias: “No hago muy seguido el trabajo de periodista, pero en ocasión de los Juegos Olímpicos de 1908 fui tentado con un excelente asiento para hacer un informe sobre la maratón para el Daily Mail”.

Historiadores del Comité Olímpico Internacional han rescatado la nota en la cual vuelve a quedar claro que Doyle jamás tuvo contacto con Pietri, al que si pudo ver de cerca. Así lo describió con su prodigiosa pluma: “…entonces volvió a colapsar y algunas manos impidieron que la caída fuera peor. Eso fue a un par de metros de mi asiento. Alcanzo a ver el rosto amarillo, demacrado, sus ojos vidriosos y el pelo lacio cruzándole la frente”. Un juez de la carrera dio a entender que en realidad estos eran síntomas de la estricnina, una droga que produce estimulación en el sistema nervioso.

Al margen de la sospecha, la cual nunca se podrá confirmar, lo cierto es que la Reina Alexsandra, presente en el White City Stadium durante la competencia, le entregó a Pietri una replica de la copa que en ese momento se le daba al ganador. Según la leyenda uno de los principales promotores de este reconocimiento fue Doyle. Es otra verdad a medias. En realidad lo que hizo fue alentar la creación de un fondo para colaborar con Pietri.

Pietri llegando a la meta. (Getty Images)

En la página siguiente a la crónica de la carrera Doyle firmó una carta que decía: “estoy seguro que es una pequeña recompensa que puede ser por lo menos un consuelo para Dorando por las perdidas que le generó la descalificación. A muchos de los que vieron su espléndido esfuerzo en el estadio corriendo a pulgadas de su vida, les gustaría que se lleve un recuerdo de sus admiradores en Inglaterra. Me gustaría contribuir con 5 libras para un fondo si las autoridades desean organizar uno”. Pietri juntó alrededor de 3.000 libras con las que se construyó una panadería en Correggio, su pueblo natal.

Este no fue el primer contacto de Doyle con el deporte. Había representado al Maylebone Cricket Club de Londres, también jugó al fútbol en Porthmouth. Algunas fuentes afirman que fue uno de los fundadores y arquero del actual club de la segunda división inglesa, otras, en cambio, que atajó en un par de partidos para un equipo que es un antecedente  al actual. Tuvo un hándicap de 10 en el golf, durante la estadía en Davos, en donde se mudó por la tuberculosis de su esposa, se convirtió en uno de los pioneros del ski en Suiza y llegó a la tercera ronda del campeonato británico amateur de billar.

Al igual que Sherlock Holmes era un fanático del boxeo. En diciembre de 1909 fue invitado a ser referí en la pelea por el título del mundo de los pesos pesados entre Jim Jeffries y Jack El Gigante de Galveston Johnson, el primer gran púgil negro. Luego de pensarlo una semana decidió rechazar el ofrecimiento. Entre otras actividades fue presidente del club de bowls, un deporte inglés similar a las bochas, en Southsea y de la English Amateur Field Events Association, entidad creada en 1910 para contrarrestar el ascendente poderío que mostraban Estados Unidos y las naciones nórdicas en las pruebas de salto y lanzamiento en el atletismo.

Siendo mandatario de esta entidad cumplió un papel importante en una crisis interna que vivió el olimpismo británico tras el fracaso en los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912. Con el sistema de puntos que se entregaba en el momento (3 por el oro, 2 por la plata y 1 por el bronce), en el atletismo Gran Bretaña culminó en la cuarta colocación con 15 unidades, demasiado lejos de los 80 que había sumado Estados Unidos, que terminó como líder. Esto causó conmoción en un país que era la gran potencia del deporte más importante de los Juegos Olímpicos.

Conan Doyle. (Getty Images)

Muchos directivos vieron en Doyle la persona indicaba para que el atletismo, y el deporte británico en general, volviera a los primeros planos en los Juegos Olímpicos. Motivado por el ferviente patriotismo, que le valió el reconocimiento de Sir por las obras que escribió al respecto, se puso a trabajar para formar un equipo competitivo de cara a lo que iba a ser Berlín 1916. Tuvo que defenderse de muchas críticas de aquellos que pedía que Gran Bretaña no se presente en la cita alemana.

Entre otras cosas Doyle propuso la creación de una especie de Juegos Olímpicos locales que se organizarían anual o bianualmente en los cuales las competencias atléticas debían adaptarse a los estándares internacionales y que dicho evento tendría que ser prioritario por sobre otros campeonatos domésticos, tal el caso de Wimbledon.

En 1913 se creó la New Olympic Finnancial Comitte de la que Doyle fue un miembro importante. Lo acompañaban dirigentes, entre ellos integrantes de la Asociación Olímpica Británica, y representantes de los deportistas. Varios no veían con buenos ojos el financiamiento al deporte amateur, más teniendo en cuenta que por esos años había que ahorrar dinero por la Guerra de los Balcanes.

Luego de discutir la cuestión a través de infinidad de cartas personales o enviadas a los diarios, finalmente al comité le dieron los fondos, aunque en una suma menor a la que pedía. Le entregaron 10.000 libras, cuando buscaban 100.000 libras. El acuerdo llegó en una reunión clave a la que Doyle no asistió por estar de vacaciones. Cuando se enteró de la noticia no pudo hacer nada para revertir lo pactado. En noviembre de 1913 esta comisión se disolvió.

Todo el esfuerzo de Doyle, quien en sus memorias confesó que esta disputa le sacó más de 1 año de vida, terminó en la nada porque aquellos Juegos Olímpicos de Berlín 1916 jamás se realizaron por la Primera Guerra Mundial. Finalizado el conflicto bélico y cuando hubo que empezar a planificar lo que sería la participación de Gran Bretaña en Amberes 1920, Doyle ya retirado no tenía intenciones de inmiscuirse mas en estos asuntos.

Aunque siempre se lo relacionará con Sherlock Holmes y la literatura, Sir Arthur Conan Doyle también es un personaje con un activa participación en el mundo del deporte.

Fuentes/Links relacionados

Conan Doyle and te Olympics (LA 84 Fundation)

What inspired Conan Doyle cricket yarn? (Cricket Info)

Elemental, mi querido Watson

How the 1908 London Olympics took gold in prudence (The Times)

Estadísticas de Conan Doyle como jugador de cricket (Cricket Info)

Documentos olímpicos (Parlamento británico)

Los Juegos Olímpicos del Centenario

El año 1910 fue especial para Argentina: se cumplió 1 siglo de la Revolución de Mayo. Es por eso que se realizó una fiesta muy grande, casi obscena en cuanto a lujos, en Buenos Aires que tuvo como principal invitada a la infanta Isabel de Bordón, enviada especial por la Casa Real Española. Paralelamente la ciudad crecía y se modernizaba a fuerza de la agroexportación, pero las brechas entre las clases altas y obreras eran cada vez más amplias. Es por eso que hubo muchos incidentes que obligaron al Presidente Figueroa Alcorta a establecer el estado de sitio un par de días antes que comenzara la celebración.

Dentro de este contexto como parte de los festejos se llevó adelante lo que se denominó como Juegos Olímpicos del Centenario. La organización recayó sobre la Sociedad Sportiva Argentina, que no sólo reunía a lo más exclusivo de la sociedad porteña, sino que en ese momento era la entidad deportiva más importante del país y es tomada como antecedente directo del Comité Olímpico Argentino (COA). Entre los socios más conocidos aparecen Miguel Martínez de Hoz, Jorge Newbery y el baron Antonio De Marchi, quien era el presidente y que formó parte de diversos grupos facistas y de ultraderecha.

Este italiano, que se casó con una hija de Julio Argentino Roca, el mismo que masacró indios en la Patagonia y al que se premió colocando su rostro en los billetes de 100 pesos, nació en una familia de la nobleza y llegó al país en 1900. No sólo lideró la organización del evento, sino que también integró, junto con otros miembros de la Sociedad Sportiva, la denominada Policía Civil Auxiliar. Este grupo de tareas conducido por José Luis Dellepiane, jefe de la policía, durante la primera noche del estado de sitio atacó, entre otros lugares, una agrupación obrera socialista judía y la Biblioteca Rusa, quemando sus libros en la Plaza Congreso.

La Plaza de Mayo durante la celebración del Centenario.

Los Juegos Olímpicos del Centenario, que contó con muchos participantes llegados del Interior, se extendieron durante 1 semana en 3 sedes: Belgrano Athletic Club, Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires y, por supuesto, la Sociedad Sportiva, que tenía su estadio en donde actualmente se encuentra el Campo de Polo y que en varias ocasiones acogió a la selección argentina de fútbol en los primeros partidos internacionales.

Una de las máximas atracciones del evento, inaugurado oficialmente por Alcorta, fue la de Dorando Pietri. Este atleta nacido en Reggio Emilia 2 años antes había entrado a la historia del olimpismo moderno por no ganar. En la maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1908, que inauguró la distancia clásica de 42. 195 kilómetros, Pietri llegó liderando la competencia al White City Stadium con las últimas fuerzas y le costaba mantenerse en pie por el cansancio, aunque alguna leyenda indica que estaba borracho. Recibió ayuda del público para cruzar la meta. Esto le valió la descalificación, lo cual generó el enojó de los espectadores. Al día siguiente la Reina en reconocimiento al esfuerzo le entregó una replica de la copa que se daba en ese momento.

Este corredor pastelero de profesión pasó por Buenos Aires logrando un tiempo de 2 horas 38 minutos 49 segundos. Segundo terminó el español Antonio Creuz y tercero el argentino Aníbal Carraro. En la organización de la carrera estuvo involucrado Marcelo Torcuato Alvear, el primer ganador reconocido de una competencia de autos en el país, futuro representante argentino ante el Comité Olímpico Internacional (COI) y presidente de la Nación entre 1922 y 1928. Newbery, principalmente pionero de la aviación, pero también del boxeo, tomó parte en varias de las competencias.

Doranto Pietri, una de las atracciones en los Juegos Olímpicos del Centenario.

El fútbol participó en la celebración, aunque no como parte de los Juegos Olímpicos del Centenario. Días más tarde a la culminación de estos, que según las crónicas de la época fueron un éxito, se disputó en la Sociedad Sportiva un triangular en el que participaron Chile, Uruguay y, por supuesto, Argentina, que fue campeón invicto. Este torneo denominado Copa Centenario Revolución de Mayo 1910 se toma como el antecedente previo más importante para lo que a partir de 1916 sería el Campeonato Sudamericano, que es ni más ni menos que la actual Copa América, el certamen continental de selecciones más viejo del mundo.

Este evento estuvo bastante lejos de ser unos Juegos Olímpicos como se los puede concebir actualmente. Llegaron atletas de diferentes países (Brasil, Uruguay, Bélgica, España, Francia, Inglaterra, entre otros), que no conformaron delegaciones oficiales. Tampoco las competencias tuvieron reconocimiento de alguna federación por lo que es practicamente imposible conseguir los resultados. Casi en una movida marketinera se utilizó un nombre grandilocuente para llamar la atención. A la larga esto a la Argentina le salió caro y el que pagó los platos rotos fue Manuel Quintana, hijo del que fuera presidente de la Nación entre 1904 y 1906 y que en ese momento era el representante argentino ante el COI. Erróneamente el COA durante mucho tiempo informó que quien ocupó este cargo fue Manuel Quintana padre. Se omitía el pequeño detalle que este había muerto en 1906.

La noticia de los Juegos Olímpicos del Centenario llegó a oídos del baron Pierre de Coubertin, iniciador del Movimiento Olímpico y presidente el COI, y no fue bien recibida. El enojo del pedagogo francés se produjo porque se utilizó el nombre de Juegos Olímpicos sin su autorización. Es por eso que en la 11° sesión del COI celebrada en Luxemburgo se decidió por 16 votos contra 1 echar a Quintana. “En aplicación de su reglamento, el COI decide no contar más con  M. Manuel Quintana, miembro por Argentina, y no reemplazarlo”, explica la publicación oficial del COI. Tampoco hay que perder de vista que a Quintana se le había encomendado el trabajo de lograr que Argentina llevara un equipo a Londres 1908, cosa que finalmente no ocurrió por disputas políticas internas. Esta ausencía generó cierta molestía, sobre todo en Coubertin.

De esta forma Argentina ostenta el dudoso honor de tener a los dos primeros expulsados de la historia del COI. El primero fue José Zubiaur. Por más que nunca haya asistido a ninguna reunión, figura como uno de los miembros fundacionales del ente que regula el olimpismo. Por sus ausencias terminó siendo removido del cargo. Coubertin lo conoció en París y aunque estuvo ausente, según varios historiadores, se optó incluirlo en el acta de fundación, con el apellido mal escrito, para darle universalidad al nuevo movimiento. Zubiaur, que organizó el primer partido de fútbol en Entre Ríos, se defendió diciendo que en casi 10 años solamente le había llegado una invitación para los Juegos Olímpicos de Atenas 1896.

Con un clima social y político enrarecido, de esta forma el deporte también participó en los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo.

Fuentes/Links relacionados

Breve Historia del Deporte Argentino (Ezequiel Fernández Moores)

Historia Política del Deporte Argentino (Víctor Lupo)

Testimonios de 3 Siglos (La Nación)

Copa Centenario Revolución de Mayo 1910 (Resultados) (RSSSF)

Maratón Internacional de Buenos Aires (Sitio oficial)

Famosos a la inversa (Parte 2)

Hace unas semanas atrás se había publicado un post con varios casos de equipos que se habían ganado un lugar destacado a fuerza de derrotas. Allí se podían encontrar, entro otros, a la selección de rugby de Mónaco, a Los Angeles Clippers de la NBA o el team Minardi de Fórmula 1. Esta segunda y última parte se centrará en deportistas que llegaron a la gloria por ser los últimos y que tiraron por la borda aquella frase hecha y sin sentido que afirma que lo único que importa es ganar.

Eddie ‘The Eagle’ Edwards (Salto en ski)

Una leyenda olímpica sin medallas. (BBC)

Matti Nykänen había llegado a la cima de su carrera en el saltó en ski durante los Juegos Olímpicos de Invierno de Calgary 1988. El finés consiguió el oro en la especialidades de 90 y 70 metros y en la prueba por equipos. Lo que en una situación normal lo hubiera convertido en una celebridad esta vez no fue así. Quedó opacado por el ignoto Eddie Edwards, un británico al que apodaban irónicamente “The Eagle” (El Águila), que terminó último con marcas irrisorias para este nivel de competencia. Para tener una idea Nykänen tuvo como mejor registro 118 metros, mientras que lo más lejos que llegó Edwards fue 59 metros.

Edwards trabajaba como albañil y paralelamente practicaba ski. Falló en la clasificación a Sarajevo 1984 y para tener más chances se cambió al salto con ski, un deporte de mucho arraigo en las naciones nórdicas, en especial en Finlandia, pero inexistente en Gran Bretaña, por lo que se convirtió en el único saltador del país. Aprovechándose de un agujero reglamentario pudo ir los Juegos Olímpicos casi sin competencias oficiales en su haber.

Al conocer su historia, por su particular estilo de saltar (cuando estaba en el aire movía las manos como si aleteara) y por su inocultable miopía, que le valió el apodo de Mister Magoo, el público y los medios se encariñaron con Edwards, quien rápidamente se transformó en una estrella de talla internacional. Fue tal la repercusión que durante el discurso de la Ceremonia de Clausura en Calgary fue mencionado por Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional, siendo el único atleta en la historia del olimpismo al que se hizo referencia en un cierre de unos Juegos Olímpicos. El estadio completo coreó su nombre.

Especialmente en Finlandia causó furor. Sin saber hablar finlandés Edwards grabó dos canciones en este idioma que rápidamente se convirtieron en hits. Entre otras cosas apareció (y aparece) en infinidades de programas de televisión, editó un libro con su biografía y condujo un programa de radio. Además se estableció una nueva regla para la clasificación a los Juegos Olímpicos que se conoce como La Regla del Águila, que le impidió a Edwards llegar a Albertville 92, Lillehammer 94 y Nagano 98.

Su figura todavía sigue siendo recordada. En 2008 con motivo de la celebración de los 20 años de aquellos Juegos Olímpicos en Calgary Edwards fue uno de los homenajeados por la organización y este año portó la antorcha olímpica que iba destino a Vancouver. Para cerrar el círculo la historia será llevada al cine. Edwards será interpretado por Rupert Grint, quien saltó a la fama por su papel de Ron Weasley en la saga de Harry Potter.

¿Qué pasó con Mykänen? Si no fuera por los escándalos relacionados con drogas y alcohol probablemente nadie se acordaría de él.

Eric Moussambani (Natación)

Moussambani fue una estrella en Sydney.

Serio candidato a arrebatarle la corona de contra leyenda olímpica a Edwards. La imagen de Moussambani nadando los 100 metros en absoluta soledad tiene un lugar importante en la galería de momentos memorables de los Juegos Olímpicos. Gracias a una invitación hecha por el Comité Olímpico Internacional, que buscaba darle más oportunidades a naciones pequeñas, Moussambani llegó desde Guinea Ecuatorial hasta Sydney con 8 meses de entrenamiento sobre sus espaldas y sin registros de competencia oficial.

Al no tener marca fue emparejado en la primera manga clasificatoria con un nadador de Nigeria y otro de Tayikistán, descalificados por partir en falso. Moussambani quedó como único competidor frente a la inmensidad de un estadio olímpico. Luego confesó que le parecía tan grande la pileta que pensó que no tenía que hacer el recorrido ida y vuelta. Se tiró al agua y como pudo empezó a bracear. Entre aplausos del público, que en un principio lo ignoró, y algunas burlas completó el recorrido en 1:52.72, el doble de tiempo que tardaron los nadadores más rápidos y más del tiempo normal en los 200 metros. “Los últimos 15 metros fueron muy difíciles”, reconoció ante los medios cuando ya era una estrella.

Luego de su actuación Moussambani dejó de ser un perfecto desconocido para pasar a ser una de las personalidades más nombradas durante los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, inclusive opacando a varios ganadores de medallas. Firmó un contrató con la marca de mallas Speedo, que, entre otros, viste a Michael Pelphs, que le prometía un lugar de entrenamiento en Florida. Todavía esta esperando que cumplan con lo pactado. En 2001 en Inglaterra lo invitaron a la premiación de la personalidad deportiva del año y fue uno de los más solicitados por los fotógrafos.

Lo que sucedió con Moussambani después de su actuación en Australia es un misterio. Lo único que se supo es que había logrado la clasificación para Atenas 2004, pero por un error con el pasaporte por parte de la Federación de Guinea Ecuatorial no pudo participar. Según parece se estuvo preparando para Beijing 2008, aunque no hubo ningún tipo de rastros sobre su paradero en la capital china.

Philip Boit (Cross Country)

Un keniata en la nieve. (Getty Images)

Otro que llegó desde un sitio exótico para los deportes de invierno. Nacido en Kenia Boit, como muchos de sus compatriotas, comenzó en el deporte siendo un medio fondista, aunque con marcas muy discretas para un medio tan competitivo como lo es el keniata. Su ingresó al mundo del cross country se dio sin quererlo. Nike, en una clara una movida publicitaria, en 1996 se asoció con el Comité Olímpico de Kenia para desarrollar las actividades invernales en  el país en donde la temperatura media alcanza los 28 grados. Boit y Henry Bitok, otro corredor de registros pobres, fueron los seleccionados para empezar con la aventura.

Ambos partieron a Finlandia para comenzar los entrenamientos y para familiarizarse con algo que les era ajeno como la nieve y el frío. La empresa estadounidense se hizo cargo de todos los gastos, entre los que se incluía el equipamiento, los lugares de práctica y el sueldo de los entrenadores y de los deportistas. Se estima que en total el proyecto ascendía a 250.000 dólares. Dos años más tarde, y para sorpresa de todos, Boit consiguió la clasificación para los Juegos Olímpicos de Invierno de Nagano 98, cosa que Bitok no logró.

Mezclado entre tanto nórdico Boit se hizo notar. No así en la pista, en donde mostró muchas limitaciones lógicas y culminó en la última colocación de esta prueba en la que hay que recorrer un circuito de 10 kilómetros. Terminó a 20 minutos del ganador Bjork Daehlie. El noruego, con un impresionante palmarés en el que se destacan 8 medallas olímpicas, en un gesto que lo enaltece esperó al keniata en la meta para saludarlo y felicitarlo por el esfuerzo realizado.

Quizás porque el proyecto no funcionó como se esperaba Nike dejó de apoyar a Boit. Este no bajó los brazos y siguió practicando el cross country, sosteniéndose la carrera. Se convirtió en un habitué de las etapas de la Copa del Mundo y en los Mundiales. También tuvo presencia perfecta en los Juegos Olímpicos invernales. Como único representante de Kenia estuvo en Salt Lake City 2002 y Turín 2006. Eso si, siempre culminando en las últimas posiciones.

Boit ya con 38 años ve que de cerca el retiro y todo parece indicar que Vancouver 2010 será su despedida olímpica. “Quiero terminar mi carrera en una posición respetable antes de considerar el retiro. Mis resultados pasados no han sido muy buenos, pero estoy decidido a cambiar esta situación en Vancouver”, dijo el keniata.

Sin jamás haberse subido a un podio Boit ya se ganó un lugar en la historia olímpica, un sitio reservado para muy pocos deportistas.

Fuentes/Links relacionados

Every Olympics needs an Eddie (BBC)

Best & Worst: Michael ‘Eddie The Eagle’ Edwards (The Times)

Apariciones televisivas de Eddie “The Eagle” Edwards (IMDB)

The ten worst Olympians: loveable losers from the Games (The Independent)

Qué fue de… Moussambani (Web de los deportistas olvidados)

La obligación de un aprendiz (La Nación)

Sport stars turn out for Awards (BBC)

Eric Moussambani (Dame Pelota)

Efecto Moussambani en los Juegos de Vancouver (La Vanguardia)

Just Do It? Just Let Them Be (The Washington Post)

Perfíl de Philip Boit (Federación Internacional de Ski)

Perfíl de Philip Boit (Federación Internacional de Atletismo)

Una larga lista de olvidadados (El Mundo)

De doctor a campeón

Delano Meriwether se encontraba descansando en su casa junto a su esposa Myrtle y su hijita de 15 meses. Este hematólogo de 27 años tenía una afición por el atletismo, deporte que nunca practicó pero que solía seguir. Aquel apacible domingo de verano viendo una competencia por la televisión lanzó una frase que le cambiaría la vida: “puedo vencer a esos chicos”, le dijo a su pareja. “Por supuesto cariño”, contestó ella lacónicamente como para salir del paso. Tiempo después cumplió su predicción y se codeó con los mejores velocistas de Estado Unidos y del Mundo.

Gracias a la influencia de su padre, que era profesor de ciencia en la Burke High School, Meriwether desde pequeño se sintió atraído por el mundo científico. Sus primeros pasos los dio en la biología y se inclinó hacía la veterinaria. Con un trabajo sobre los parásitos internos de los perros participó en la Ferina Nacional de Ciencia, logrando un reconocimiento por parte de la American Veterinary Association.

Tras egresar del secundario entró con una media beca a la Michigan State Universtiy, en donde realizó el curso de ingreso a la carrera de veterinaria, la que abandonó 2 años más tarde. “Cambie mi cabeza y pensé que quizás podía contribuir con algo en el campo de la medicina. Sentí que podía tener más desafíos”, recordó en una entrevista a Sports Illustreited.

Meriwether en la tapa de Sports Illustreited. (Sports Illustreited)

La Duke University le abrió las puertas. Allí se cruzó con el Doctor Charles Mengel, que lo encausó hacia el lado de la hematología. “No sólo estimulo mi interés por la investigación sino que también fue una influencia muy fuerte”, comentó Meriwether. Realizaron diversos trabajos que fueron editados en varias publicaciones médicas prestigiosas. En 1967 consiguió el título y pasó a la historia por ser el primer negro en recibirse en este centro de estudios del estado de North Caroline. Dos años después ingresó en el Baltimore Cancer Reserch Center para atender a pacientes con leucemia.

En Baltimore fue cuando empezó correr como simple diversión y para liberarse del stress diario. Un año más tarde, y luego de que aquel pronóstico que le había dado a su esposa, comenzó a aparecer en diversas competencias menores. Su saltó a la fama se produjo en junio de 1971 cuando ganó los 100 metros de la Amateur Athletic Union  (AAU), carrera en la cual compitieron varios atletas destacados, entre ellos Charlie Greene, subcampeón olímpico, que ni siquiera pudo subirse al podio. Como si esto no fuera suficiente igualó el récord del mundo del hectómetro, pero su marca no fue homologada porque el viento que tenía a favor no era reglamentario.

Antes de la carrera fue objeto de burlas por su atuendo. Llevaba puesto una bata de médico y tenía una llamativa malla dorada con tirantes. Lo único que hacía pensar que era un corredor eran sus zapatillas Adidas con clavos. No sólo era llamativo su uniforme, sino también su manera de entrenar. Lo hacía de noche, al aire libre y en un gimnasio sin luz artificial. Tampoco contaba con un entrenador. “Decirle a un entrenador que me venga a ver en la oscuridad de la noche es ridículo”, solía contestar, con toda razón, cuando lo consultaban sobre el tema.

Al no tener una base física sólo corría los 100 metros al aire libre y su equivalente a nivel indoor, los 60 metros, que era la especialidad en la que mejor se desenvolvía. En ambas pruebas tuvo resultados satisfactorios, lo cual le valió convertirse en una de la figuras del exigente circuito interno que existe en Estados Unidos. A pesar de encontrarse en esta posición, el atletismo no era su prioridad y la medicina seguía siendo lo más importante en su vida.

Delano Meriwether. (Historia del Atletismo)

El mayor logró de Meriwether fue haberse colgado la medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Cali 1971. Como campeón nacional tenía chances de llegar a los Juegos Olímpicos de Munich 1972, pero una lesión en la rodilla le impidió participar en el trial clasificatorio.

En el último tramo de su carrera deportiva dividía el tiempo entre las pistas y las oficinas de la Casa Blanca, en donde trabajaba en el Departamento de Salud Publica. Una de sus funciones fue liderar un programa de vacunación contra la gripe que contó con una fuerte oposición de empresas farmacéuticas y de varios colegas.

Se retiró definitivamente en 1974 luego de ser sexto en el Campeonato de Estados Unidos. Tenía 30 años y las lesiones lo estaban aquejando, en especial porque no tenía una preparación física óptima. El nombre de Meriwether siguió figurando a nivel de veteranos y en 1979 estableció el récord nacional para mayores de 35 años en los 200 metros, marca que todavía perdura.

En 1983 abandonó Washington y se instaló en Sudáfrica, en donde oficio de médico en lugares duramente castigados por el Apartheid como, por ejemplo, Soweto. Cumplió esta función hasta 1990 cuando retornó a Estados Unidos. Actualmente continúa realizando investigaciones científicas y es un prestigioso doctor. Esporádicamente aparece en competencias de veteranos.

Meriwether tuvo una carrera fugaz, pero le alcanzó para ganarse un lugar en la historia del atletismo.

Fuentes/Links relacionados

Champion Of The Armchair Athletes (Sports Illustreited)

A Champion Runner, Dr. Meriwether Finds the Swine Flu Program He Heads More Like An Obstacle Race (People)

Sprinter Delano Meriwether (Sports Illustreited)

‘Hey, I Can Beat Those Guys’ (Sports Illustreited)

Sport: The Dr. Meriwether Saga (Time Magazine)

El increíble Dr. Meriwether (Historia del Atletismo)

49, el número negro

En la historia del deporte argentino el 49 esta aparejado a un recuerdo desagradable, pero no a causa de un resultado adverso de alguna selección nacional en un mundial, Juegos Olímpicos u otra competencia de relevancia internacional, sino que es la cifra con la se denominó a la Comisión Investigadora de Irregularidades Deportivas. Este engendro pergeñado por la Revolución Libertadora, que derrocó al gobierno democrático de Juan Domingo Perón en 1955, tuvo como mayor merito el de cortar abruptamente la carrera de la mayoría de los grandes deportistas de la época y arruinó a varias generaciones de atletas.
El 16 de septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora comandada por Eugenio Aramburu y Eduardo Lonardi, tomó por la fuerza el poder y comenzó una incansable persecución a todo aquello que tuviera relación con el peronismo. Como el gobierno de Perón tuvo mucha vinculación con el deporte, los deportistas fueron profundamente investigados. Con argumentos poco creíbles, a la mayoría de ellos se los sancionó con la prohibición de competir con la pena máxima de 99 años. Ya cuando la dictadura cayó, la sanción les fue levantada, pero el daño ya estaba hecho.
La extensa lista estaba conformada, entre otros, por los campeones del mundo del primer mundial de básquet disputado en Argentina en 1950, Eduardo Guerrero, medalla de oro junto con Tranquilo Capozzo en remo en Helsinki 1952, la tenista Mary Terán de Weiss, el maratonista Osvaldo Suárez e, inclusive, el campeón sudamericano de bochas Roque Chillín Juárez.
Según el criterio de la Comisión 49, la selección nacional de básquet había incurrido en profesionalismo, algo muy mal visto por los pseudomoralistas del gobierno dictatorial de turno, por recibir cada uno de sus integrantes un auto como regalo por parte de Perón por la conquista. A raíz de esta suspensión, el básquet argentino sufrió un mazazo del que recién en los últimos años con Emanuel Ginóbili y compañía pudo recuperarse.
Terán de Weiss fue otra de las grandes perjudicadas. Siendo la tenista número 1 del país, estuvo, junto con su marido, Heraldo Weiss, muy vinculada con el peronismo. Inclusive, en su momento, se habló de una relación amorosa con Perón cuando ambos quedaron viudos (casi al mismo tiempo) en la que el líder justicialista le habría pedido matrimonio y ella se negó. A pesar de que pudo volver a competir, nunca más se pudo recuperar del todo y terminó sus días suicidándose a causa del olvido y la soledad.
A Suárez los miembros de la Comisión 49 le reprochaban haber realizado viajes al exterior por acomodo. Lo que no tuvieron en cuenta fue que se consagró campeón a nivel sudamericano, panamericano e iberoamericano en los 5.000 y 10.000 metros, en medio maratón y maratón. En su extensa lista de logros se encuentran tres triunfos consecutivos en la prestigiosa y tradicional San Silvestre que se disputa en San Pablo, con marcas que no tenían nada que envidiarle a los grandes fondistas de la época.
Mil novecientos cincuenta y seis iba ser el año en el cual el representante de Independiente estaba en su pico de rendimiento, por lo que era serio candidato a colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne que se celebraron ese año. La despótica suspensión le impidió estar presente en la cita olímpica y así dejó pasar una oportunidad inigualable de colgarse una medalla olímpica. Pudo volver a competir recién en Roma 1960, pero a pesar de que estuvo adelante en buena parte de la maratón, no pudo seguir el ritmo de Abebe Bikila y se tuvo que conformar con el 9 puesto y sin podio.
Toda esta persecución no solo trajo como consecuencia que las carreras de un montón de deportistas quedaran truncas de una manera violenta, sino también que lo sintió muy fuerte el olímpismo argentino. A los Juegos Olímpicos celebrados en la capital del estado de Victoria asistieron solo 39 atletas de Argentina, lo que es el número más bajo en la historia olímpica vernácula. Teniendo en cuenta que las actuaciones venían siendo destacadas, lo hecho en Australia fue muy pobre porque sólo se consiguieron las medallas de plata en levantamiento de pesas gracias a Humberto Selvetti y de bronce, que llegó de los puños de Víctor Zalazar en la división de los medianos.
No es aventurado decir que las consecuencias de la actuación de la Comisión 49 todavía se sienten en el deporte local. No sólo aniquiló el presente, sino también que sus acciones hicieron mella en el futuro y por eso la Argentina deportiva nunca terminó de recuperarse del todo de lo que el escritor Victor Lupo definió como Genocidio Deportivo.
Foto 1: Mary Terán de Weiss, una de las deportistas más perjudicadas por las suspensiones.
Foto 2: La selección argentina de básquet campeona del Mundo de 1950. Prácticamente todo el plantel fue sancionado (Image CABB).