Las derrotas olvidadas de la NBA

La NBA considera que sus equipos comenzaron a jugar con rivales extranjeros a partir de 1979 con el viaje que Washington Bullets realizó a China como parte de un intercambio cultural para disputar unos informales partidos con la selección de aquel país y un equipo de la liga local. Ya con un poco más de competitividad, en 1985 Milwaukee Bucks participó en la primera edición del desaparecido Open McDonald’s con Tracer Milan, campeón de Europa, y Unión Soviética.

En medio de esos dos antecedentes existen una serie de amistosos disputados entre fines de los 70 y principios de los 80 que tienen como principal protagonista a Maccabi Tel Aviv. El club más poderoso de Israel y uno de los más importantes de Europa, puso en jaque la imbatibilidad que la liga estadounidense siempre pregonó más allá de sus fronteras. Estos partidos raramente figuran en los registros y quedaron olvidados en el tiempo, especialmente en Estados Unidos.

Washington Bullets en China

Todavía con el anillo de campeón reluciente, el 8 de septiembre de 1978 Washington Bullets arribó a la capital israelita para comenzar la pretemporada con lo que se suponía iba a ser un partido rutinario ante Maccabi Tel Aviv. La visita, además, tuvo fines comerciales y diplomáticos.

Washington Bullets llegó con el plantel diezmado (viajaron 9 jugadores), pero contaba con la base que meses antes venció 4-3 a Seattle Supersonics en las finales de la NBA. Se destacaban Elvin Hayes, Wes Unseld y Bob Danbridge, piezas fundamentales en la obtención del campeonato.

Ante un estadio repleto y expectante los visitantes sacaron una buena diferencia en el marcador. El desarrollo transitaba por los carriles esperables hasta que los locales se despertaron y, para sorpresa de todos, se fueron al primer tiempo 54-45 arriba. Apoyado por el Yad Eliyahu (La Mano de Elías), con fama de ser uno de los estadios más calientes del básquet europeo, Maccabi Tel Aviv llegó a ponerse 13 puntos arriba (74-61).

Herido en el orgullo Washington Bullets volvió a pasar al frente en un partido muy intenso. En el momento más tenso la estrella de la casa Miki Berkowitz hizo honor al apodo de Rey de Israel que le pusieron los hinchas macabeos y lideró una memorable remontada para sellar el inesperado 98-97 final a favor de los israelitas.

Aunque el historial oficial lo omita, la primera experiencia de un equipo NBA en el exterior fue derrota. “Maccabi mereció ganar porque jugó mejor que nosotros. No jugamos contra amateurs, sino contra profesionales como nosotros”, declaró tras la derrota Dick Motta, leyenda entre los entrenadores de la NBA.

Dos años más tarde a Tel Aviv llegó lo que se podría considerar como un antecedente directo al Dream Team de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Para esta segunda visita la NBA armó un combinado con los nombres más importantes del momento. Sobresalían Julius Erving, más conocido como Doctor J, y Moses Malone, MVP de las finales de la pasada temporada.

Maccabi Tel Aviv, que ostenta el récord de 23 temporadas consecutivas campeón de la liga de Israel, afrontó el partido con varias ausencias y con Berkowitz sin estar en la mejor forma física. Para que no hubiera tanta disparidad, y casi en un acto de piedad, la NBA dejó que Doctor J vistiera la camiseta del equipo de la casa en el primer tiempo. Esto no evitó que la sensación de masacre deportiva se mantuviera latente.

En medio de tantas luminarias nuevamente Berkowitz fue la estrella. Sólo estuvo en la cancha de manera discontinúa en el segundo tiempo. Le alcanzó para anotar 20 puntos y ser el mejor jugador de la noche en el triunfo 114-112. Aunque en un partido más informal que el de 1978, lo cierto es que otra vez la NBA, ahora con sus mejores exponentes, se fue del Yad Eliyahu con la cabeza gacha.

Dos por uno, no me gana ninguno

De golpe la NBA veía como la mentada superioridad basquetbolística era azotada por un equipo israelita asociado con una tendencia política de centro. Ante este panorama siguió insistiendo para poder plasmar el predominio que la teoría indicaba. Por eso a fines de agosto de 1984 envió a dos representantes con la misión de poner las cosas en orden. El experimento, sin embargo, falló.

En Tel Aviv se organizó un cuadrangular en el que participaron Haopel Tel Aviv, el otro club de la ciudad, New Jersey Nets, que en los Playoff eliminó al campeón Philandelphia 76ers, Phoenix Suns, con el antecedente de haber perdido la final de la Conferencia Este con Los Angeles Lakers, y, por supuesto, Maccabi Tel Aviv.

La apertura del torneo fue lógica pura. Sin contratiempos Phoenix Suns venció 111-91 a Haopel Tel Aviv. Las emociones quedaron para el segundo turno de la noche con la victoria 104-97 de los macabeos sobre New Jersey Nets. Berkowitz (cuando no) volvió a reinar en sus dominios gracias a los 26 puntos que anotó.

Berkowitz opacó a las estrellas de la NBA.

Al día siguiente en la final Maccabi Tel Aviv le puso la frutilla al postre. Sostenido en una actuación que rondó la perfección, sobre todo en defensa, humilló a Phoenix Suns con un 113-92. El temible monstruo, esta vez de dos cabezas, volvió a caer en la fortaleza de Yad Eliyahu. Según los testigos, aquella noche el estadio vivió una de las fiestas más grandes que se recuerde.

Ese no significó el final de las victorias de Maccabi Tel Aviv ante rivales de la NBA. Como monarca de la Euroliga en 2005 realizó una gira por Norteamérica que comenzó en Canadá con un triunfo 103-105 ante Toronto Raptors. El agónico doble que Antonhy Parker convirtió a 0.8 segundos del final estableció el primer triunfo, y hasta ahora único, de un conjunto extranjero sobre una franquicia de la NBA en suelo norteamericano.  “Todavía están hablando del partido de 1978 y dentro de 20 años todavía estarán hablando de este”, destacó el pívot Yaniv Green.

Dieseis años antes de ese hito, los macabeos quedaron a las puertas de vencer a Philadelphia 76ers en Filadelfia. Tiros libres errados en momentos definitorios y malas decisiones en las últimas ofensivas derivaron en una caída por 108-107.

Hubo más giras por Estados Unidos en 2006, 2007 y 2009, ocasiones en las que retornó a casa derrotado, en general con marcadores abultados. Por otra parte, en 1999 Miami Heat consiguió algo que hasta ese momento era un imposible para la NBA: ganar en el Yad Eliyahu.

Entre las conquistas más importantes de Maccabi Tel Aviv figuran 49 de las 57 ediciones de la liga de Israel, 5 títulos de Europa, 39 Copas de Israel y, casi tan importante como esos logros, haberle propinado una serie de derrotas que, bajo el pretexto de haber sido partidos experimentales, la NBA prefiere olvidar.

Fuentes/Links relacionados

Expedientes X (Capítulo 1/Capítulo 2/Capítulo 3) (acb.com)

Raptors first in NBA to lose to Maccabi in 27 years (AP)

Listado de enfrentamientos de equipos europeos y NBA (acb.com)

NBA International Historic Timeline, 1946-2000

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Resumen 2011

Un repaso por los post publicados en el año.

Con la cabeza en otra parte: la selección de handball de Túnez debuta en el Mundial de Suecia al mismo tiempo que renunciaba el presidente tunecino en medio de un clima social muy tenso.

Perdido en Egipto: el tenista Mlandeli Ndlela vivió una odisea cuando intentó jugar un torneo en Egipto al mismo tiempo que el país ingresaba en ebullición.

Haití bajo cero: Jean Pierre Roy se convirtió en el primer esquiador haitiano que participó en el Mundial de ski.

La leyenda olvidada: la trágica historia de Eduard Streltsov. Pasó de ser el máximo ídolo del fútbol soviético y potencial figura del Mundial Suecia 1958 a ser un detenido en Siberia acusado de un crimen cuya investigación aún deja demasiadas dudas.

El mito del Giants Stadium: uno de los estadios más famosos de Estados Unidos y la leyenda urbana del cadáver del gremialista Jimmy Hoffa.

–  Un pionero llamado Wally Yonamine: primer jugador de beisbol estadounidense que jugó en la liga japonesa tras la Segunda Guerra Mundial y que ayudó a recomponer las relaciones entre ambos países.

Showtime en la URSS: en 1988 Atlanta Hawks realizó una caótica gira por la Unión Soviética que significó la única visita de una franquicia de la NBA a suelo comunista.

Rebel Tour: jugar en el Apartheid: entre 1982 y 1990 se organizaron una serie de partidos de cricket con combinados de fantasía conformados a fuerza de dinero que burlaron la prohibición que pesaba sobre Sudáfrica a causa del Apartheid.

Revolución cultural: gracias a los buenos resultados la selección femenina de fútbol de Corea del Norte se ganó el cariño del recientemente fallecido líder Kim Jonh Il y produjo un cambio en el rol de la mujer en la sociedad norcoreana.

La Generación del 80: la selección argentina de básquet que en el Preolímpico de Puerto Rico 1980 logró una histórica clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú, a los cuales no pudo asistir por cuestiones políticas.

Maravillas del béisbol: en la temporada 1945 Peter Gray y Bert Shepard fueron los únicos jugadores amputados que participaron en la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos.

Rocky de carne y hueso: Chuck Wepner, oscuro boxeador que tiró a la lona a Mohamed Ali y que sirvió de inspiración para la creación de la saga de Rocky.

Campeón incómodo: en medio de tensiones políticas Sudáfrica se transformó en el único país que ganó la Copa Davis por no presentación del rival en la final.

Cricket social: en un barrio marginal de Los Angeles con problemas de violencia, Compton Cricket Club aparece como una peculiar alternativa y como herramienta de reinserción para exconvictos. Además, el caso argentino en una villa de Barracas.

Bonus track: algunos post de años anteriores.

Mo Johnston y la muerte del sectarismo: por cuestiones religiosas la trasferencia del jugador escoses de moda produjo un quiebre en la centenaria historia de Rangers FC.

Superando obstáculos: Dalma Malhas, la primera mujer que representará a Arabia Saudita en los Juegos Olímpicos.

Dick, Kerr’s Ladies FC: Un equipo pionero: durante la Primera Guerra Mundial este equipo femenino surgido de una fábrica produjo una revolución en Inglaterra.

La historia jamás contada de los Blackbirds: un equipo de básquet universitario desechó la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 en oposición al régimen nazi.

Ese caos llamado ABA: desorganizada liga que en la década del 70 marcó una época y sirvió de influencia a la actual NBA.

La Generación del 80

No es errado decir que en Argentina el básquet fue el deporte más afectado por los vaivenes políticos que vivió el país desde mediados de la década del 50. Los inconvenientes comenzaron con la Revolución Libertadora y la denominada Comisión Nacional Investigadora de los Deportes número 49. Este organismo les aplicó a 34 jugadores una dura sanción por considerar que habían incurrido en profesionalismo. Entre los penados se encontraban los integrantes del plantel campeón del mundo en 1950.

Aquella condena, más por fines políticos que deportivos ya que la selección había recibido un fuerte apoyo por parte del gobierno peronista, significó un golpe letal para el básquet argentino. De un día para el otro desapareció una exitosa camada y en poco tiempo Argentina pasó de ser campeón mundial y cuarto en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 a estar casi borrado del mapa.

Hubo un momento en el que pareció que el básquet argentino mostraba signos de recuperación, pero otra vez la coyuntura política se encargó de abortar cualquier ilusión de renacimiento.

En el Preolímpico de 1980 celebrado en San Juan de Puerto Rico Argentina afrontó una aventura cuasi quijotesca que finalizó con un histórico tercer puesto que le permitió volver a clasificar a los Juegos Olímpicos tras 28 años de ausencia. La alegría por haber alcanzado el boleto a Moscú fue demasiada efímera: semanas más tarde el gobierno de facto apoyó el boicot que promovía Estados Unidos por la invasión de la URSS a Afganistán.

Cuando Argentina llegó a la capital boricua sabía que por delante tenía una empresa muy complicada. Entre los oponentes más poderosos aparecían Puerto Rico, que venía de ser medalla de plata en los dos últimos Juegos Panamericanos, Brasil, tercero en el Mundial de 1978, y Cuba, por esos años todavía una potencia continental.

Las cartas de presentación más importantes de Argentina eran el título sudamericano de 1979 y un triunfo sobre la URSS. Pese a esos antecedentes recientes, en torno al equipo había cierta preocupación porque en los amistosos previos celebrados en Resistencia y Buenos Aires evidenció demasiados altibajos ante rivales a los que iba a enfrentar en el Preolímpico. A parte, la falta de altura, un déficit histórico del básquet nacional, se presentaba como un problema insalvable.

Ese panorama adverso no amilanó a los jugadores. “Estábamos todos metidos en clasificarnos. Esto fue en abril pero empezamos a trabajar en febrero y teníamos puestas todas las pilas ahí”, recordó José Luis Pagella, integrante del aquel conjunto dirigido por el fallecido Miguel Ángel Ripullone.

El debut fue ante los locales. Partido parejo que finalmente quedó para los puertorriqueños 99-93. La siguiente presentación fue ante México con una victoria por 104-99. En el tercer encuentro Argentina cayó 86-89 contra Canadá, que hizo valer el mayor poderío físico, y luego venció 97-86 a Uruguay, que culminó último.

Con un récord de 2 victorias y 2 derrotas el margen de error se había acabado y un paso en falso significaba quedarse fuera del podio. Por delante quedaban dos partidos fundamentales ante Brasil y Cuba, dos adversarios que solían ganarle a Argentina. En ese momento límite apareció la mejor versión.

Puede que con el correr de los años se haya agrandado aún más lo ocurrido aquel 24 de abril en el Coliseo Roberto Clemente, pero lo cierto es que Argentina ese día tuvo una actuación sobresaliente. A fuerza de un sólido trabajo en defensa y rápidas salidas de contragolpe, el equipo argentino le propinó una paliza a Brasil. Ganó por 20 puntos de diferencia (118-98), resultado poco común para una época en la que todavía no existía la línea de 3.

Con buena parte del objetivo cumplido, el cierre de la campaña en el Preolímpico se dio ante Cuba. Argentina se impuso 86-75 y cortó una racha de 13 años sin ganarles a los cubanos. Cuando termino el partido los jugadores y el cuerpo técnico festejaban merecidamente uno de los grandes hitos del básquet argentino y el momento más importante de sus vidas deportivas. No sospechaban que paralelamente en despachos gubernamentales oscuros personajes de la historia argentina preparaban la decepción más grande de sus carreras.

Equipo argentino del Preolímpico 1980.

Granos y boicot

El 8 de mayo Cancillería emitió un comunicado en el que “recomendaba” a los deportistas no asistir a Moscú para que su presencia “no sea interpretada como una demostración de apoyo político a la intervención soviética en Afganistán”. El mismo se publicó horas después de una reunión que José Martínez de Hoz, Ministro de Economía, mantuvo con Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad de la Casa Blanca, y Lloyd Cutler, asesor del presidente Jimmy Carter y que estaba muy vinculado con el boicot a los Juegos Olímpicos que impulsaba Estados Unidos.

Paralelamente al boicot olímpico, el gobierno estadounidense también había llamado a un aislamiento comercial para la URSS, al cual la dictadura argentina no había adherido por considerar que no era “un mecanismo apto de presión”. Un dato no menor es que Argentina era uno de los proveedores de granos más importantes con los que contaba la URSS.

Es decir, el gobierno militar jugaba un doble juego: por un lado quedaba bien con Estados Unidos al impedir la participación argentina en Moscú 80; por el otro continuaba teniendo como socio estratégico y comercial a la Unión Soviética.

“Hay circunstancias de interés nacional que obligaron a realizar sacrificios. Esta vez le toca sacrificarse al movimiento olímpico argentino y lo sentimos”, declaró el Coronel (R) Antonio Rodríguez, amigo de Jorge Rafael Videla y presidente del Comité Olímpico Argentino, desde Guatemala en donde se estaba celebrando una reunión de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa).

Más tétrica aún fue el editorial de la edición de El Gráfico del 15 de mayo de 1980 en la cual la revista se adhirió “fervientemente a la medida”. “La decisión evaluada y meditada con profundidad obedece a intereses superiores que nos ponen del lado al que pertenecemos, del lado del mundo libre, Occidental y cristiano”, afirmaba el texto que no llevaba firma. Además, en letras mayúsculas destacaba: “ir sería presentarnos a compartir una fiesta que pretende organizar un país que ha vulnerado los verdaderos principios de paz y confraternidad. Significa darle la espalda a esa falsedad y responder a nuestra autentica forma de vida”.

Por supuesto que nadie tuvo en cuenta ni a la selección de básquet ni al resto de los deportistas, en su mayoría amateurs, que vieron como años de esfuerzo se iban por la borda y, quizás lo más frustrante, era no poder quejarse por la injusticia. “En esa época no se podía protestar, no había nada que hacer. Era acatar órdenes. Recuerdo el caso de un jinete que estuvo 6 años preparando esa competencia. Era para matarse”, declaró Adolfo Perazzo, miembro de la selección de básquet.

“Sin dudas haber estado en Moscú 80 hubiese representado, tal vez, el despegue para una gran camada de jugadores. Habíamos hecho un gran torneo en Puerto Rico y la clasificación fue merecida. La decisión del gobierno militar fue un duro golpe para todos nosotros y nos quedamos con la ilusión de participar en los Juegos Olímpicos”, contó Carlos Raffaelli, capitán del equipo del 80.

Sobre todo para el básquet la ausencia significó un duro mazazo del que costó recuperarse. Ya en democracia, Argentina asistió al Preolímpico de San Pablo en 1984 con la base del plantel de 4 años atrás, pero esta vez en la cancha las cosas fueron diferentes y terminó en la séptima colocación. “Por aquellos años todos pensábamos que podíamos repetir lo mismo para Los Angeles 1984, pero todo se hizo mucho más difícil y quedamos al margen”, comentó Raffaelli.

Argentina reapareció en los Juegos Olímpicos en Atlanta 1996, se ausentó en Sydney 2000, pero volvió en Atenas 2004 con la histórica medalla de oro y en Beijing 2008 con la de bronce. Con esos logros, por fin, el básquet argentino se pudo curar definitivamente de tantos golpes injustos sufridos en el pasado y así volver a sonreír.

Fuentes/Links relacionados

Argentina clasifica a Moscú 80 pero no participa por boicot (Telám)

El NUNCA MÁS del básquet argentino (webasket.com)

Clarín 9 de mayo de 1980

El Gráfico 13 de mayo de 1980

Básquet Plus agosto de 1999

Showtime en la URSS

La necesidad de expandir sus fronteras y de abrir nuevos mercados fuera de Estados Unidos impulsó a la NBA a organizar partidos en el exterior, sobre todo en Europa. Las primeras experiencias fueron a fines de los 70, pero comenzaron a hacerse más asiduas en los últimos años de la década del 80. Durante ese período uno de los casos más curiosos ocurrió en 1988 cuando Atlanta Hawks visitó la Unión Soviética.

Denominada Goodwill Tour (Tour de la Buena Voluntad) la gira que se extendió aproximadamente por 20 días constó de 3 partidos en los que se enfrentaron la poderosa selección local subcampeona europea con la franquicia del Estado de Georgia. Motivos económicos y políticos fueron los motores de la expedición.

La principal interesada era la cadena TBS, perteneciente al empresario oriundo de Atlanta Ted Turner, que buscaba profundizar los lazos comerciales con una URSS que se hallaba en plena apertura económica (Perestroika). Los contactos habían comenzado en 1986 cuando TBS junto con la TV soviética coprodujeron los Goodwill Games, unos minis Juegos Olímpicos que reunía a atletas de Estados Unidos y Europa del Este.

El segundo involucrado era la NBA. La URSS se presentaba como un sitio atractivo no sólo por lo monetario, sino también porque era una constante productora de talentos. Por eso la delegación estuvo liderada por David Stern, comisionado de la liga, que aprovechó la oportunidad para reunirse con los altos mandos del deporte soviético.

Estos factores influyeron para que Atlanta Hawks se lanzara a una aventura que en la sensación de los protagonistas duró una eternidad. “Viví muchas experiencias en mi carrera, pero ninguna tan memorable como el viaje a la Unión Soviética para cubrir la gira de los Hawks. Fue uno de esos viajes tan horrendos que terminas recordándolos con cariño. Mala comida, desplazamientos muy complicados, desordenes intestinales y malos alojamientos”, recordó Jack McCallun, periodista de Sports Illustrated.

Realidades opuestas

En lo deportivo los equipos tenían objetivos diferentes. Atlanta Hawks venía de ser protagonista de la temporada 1987/1988. Su campaña culminó en las semifinales de la Conferencia Este con una derrota en un séptimo partido ante Boston Celtic. Para esta altura del calendario se suponía que los jugadores debían estar de vacaciones. “Realmente el tour significa mucho más para la TBS que para nosotros. Pero bueno, estos son negocios”, reconoció el base John Battle.

Para la URSS, en cambio, estos amistosos eran importantes. No sólo por el hecho de ponerse a prueba ante un rival que venía de ser tercero en la División Central y octavo en el total de la etapa regular de la NBA, sino que además servían como test de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Por esta razón el entrenador Aleksander Gomelski convocó a la mayor parte del plantel que meses más tarde se consagró campeón olímpico.

Luego del extenso viaje la comitiva estadounidense arribó a Moscú. De ahí fue trasladada al Centro Olímpico de Sukhumi, una localidad turística a orillas del Mar Negro. Entre turismo, entrenamientos y una clínica para los jugadores soviéticos, algo que cayó muy mal en la selección de Estados Unidos que se preparaba para los Juegos Olímpicos, pasaron los primeros días de la estadía. Mientras tanto había que adaptarse al brusco choque cultural y a una dieta basada en pepinos y tomates que no convencía a nadie.

En Tiblisi, República de Georgia, se abrió el Goodwill Tour. En un estadio repleto se disputó un partido muy luchado que se definió en el último ataque. A falta de 19 segundos la URSS estaba arriba 84-83 y la pelota en control de Atlanta Hawks. Con un lanzamiento agónico a pocos metros del aro Battle convirtió el doble definitivo que les dio la victoria a los visitantes por 84-85.

Banderín conmemorativo de la gira por la URSS.

Olvidado en Moscú

Para la siguiente presentación el itinerario indicaba que había desplazarse hasta Vilna, lo que implicaba otro extenso y complicado traslado. En la capital lituana se sumó Dominique Wilkins, la gran estrella de Atlanta Hawks. Para arribar hasta allí primero tuvo que pasar una odisea.

Llegar de Estados Unidos a la URSS había sido tortuoso. Una vez en Moscú unos directivos soviéticos se iban a encargar del papeleo para hacer el trasbordo, pero por una descoordinación perdieron el vuelo. En vez de buscar una solución se retiraron del aeropuerto y Wilkins durante casi 1 día quedó abandonado en una especie de limbo. De repente se encontró solo, incomunicado, sin entender el idioma y sin dinero ni comida.

“Fueron 12 horas sin dirigentes o personas que conociera, así que me senté y esperé”, recordó Wilkins. Finalmente lograron rescatarlo y tras cerca de 24 horas de viaje por fin pudo llegar a destino.

Hechos como esos fueron constantes y desnudaban bastante precariedad por parte de la organización. “No importaba sobre qué le preguntáramos, ellos siempre decían que tardarían 20 minutos. Usualmente tomaba más de 2 horas”, contó Scott Cunningham, el fotógrafo oficial de Atlanta Hawks.

“No cruzamos medio mundo para empatar”

Durante el anteúltimo encuentro del Goodwill Tour los estadounidenses sintieron la pasión de los lituanos por el básquet. “Por lejos fue el mejor público que tuvimos. Eran muy ruidosos y apreciaban a ambos equipos”, rememoró Cunningham. En la cancha se vio otro partido de trámite parejo que derivó en un final extraño.

Terminado el tiempo regular el resultado estaba nivelado en 90. Al ser un amistoso Gomelski quiso pactar un empate con su colega Mike Fratello, pero el orgullo pudo más. “No estamos dispuestos a cruzarnos medio mundo a mitad de nuestras vacaciones para empatar un partido. Vamos a jugar la prórroga”, fue la rotunda negativa del entrenador visitante.

En los 5 minutos suplementarios Atlanta Hawks selló el triunfo con un 105-110. Wilkins no sintió el cansancio y demostró porque era uno de los mejores jugadores del momento. Con 29 puntos fue el goleador en la noche de Vilna.

Wilkins y Fratello en la Plaza Roja.

Yankees go home

El estadio olímpico Luzhniki acogió el cierre del tour con un partido que se disputó con un reglamento híbrido entre el utilizado por la NBA y la Federación Internacional. Entre los varios grandes momentos que vivió el básquet soviético, lo ocurrido aquel 30 de julio tiene un lugar destacado en la historia.

La URSS contó con una ofensiva que funcionó a la perfección y que se sostuvo en un trabajo de defensa impecable. Además se topó con un rival desgastado física y mentalmente. Con un Aleksandr Volkov, que en 1986 fue drafteado por Atlanta Hawks, pero que recién se incorporó al equipo en 1990, intratable (29 puntos), los soviéticos lograron un memorable triunfo por 132-123.

Con esta victoria la selección soviética se convirtió en el segundo equipo europeo en vencer a un rival de la NBA. El otro había sido Maccabi Tel Aviv, que ya había superado a Washington Bullets (1978), New Jersey Nets (1984) y Phoenix Suns (1984). La historia de estos enfrentamientos es muy recordada en Israel, pero en Estados Unidos prácticamente no figura en ningún registro.

En este partido se vieron los momentos más calientes de la serie. Curiosamente los protagonistas no fueron los jugadores (entre ellos hubo bastante cordialidad), sino los árbitros (uno estadounidense, el otro soviético). Con las sanciones cada uno intentó favorecer a “su” equipo y hubo discusiones entre ellos. Para el segundo tiempo se cambió a uno de los jueces, algo pautado de antemano, y el clima se tranquilizó.

El mejor resumen de lo ocurrido en esos movidos días del Goodwill Tour en los que el showtime de la NBA visitó por única vez la URSS lo dio Battle: “Nos dio algo para hablar durante la larga temporada, pero si la TBS quiere organizar una gira el próximo verano podría hacerla en Bahamas”.

Resumen de los dos primeros partidos

Links/Fuentes relacionadas

Verano de 1988: Cuando la URSS superó a la NBA (acb.com)

Rare Birds Sighted (Sports Illustrated)

Behind the Curtain (atlantahawks.com)

1987-88 Atlanta Hawks Roster and Statistics (basketball-reference.com)

Deportistas en guerra

El deporte y los conflictos bélicos tienen puntos de contacto. Además de algunas palabras en común en su léxico, en varias ocasiones las milicias han nutrido sus filas con deportistas. En Gran Bretaña, por ejemplo, durante la Primera Guerra Mundial existió el llamado Football Battalion, cuerpo integrado por futbolistas. También se pueden mencionar albaron Von Cramm y Max Schmeling, opositores al régimen nazi que fueron obligados a combatir en la Segunda Guerra para las tropas alemanas, a John Toro, ex entrenador de la selección de básquet de Puerto Rico y veterano de Vietnam, o a Pat Tillman, jugador de fútbol americano muerto en Afganistán.

Estos son sólo algunos casos, pero hay varios más. A continuación 3 historias de deportistas que, ya sea por decisión propia o forzados, cambiaron los campos de juego por campos de batalla.

Rocky Bleier

La conclusión del médico del ejercito fue lapidaria: “no vas a poder jugar nunca más. Es imposible”. Corría agosto de 1969 y durante un patrullaje en la ciudad de Heip Duc, Vietnam, Bleier, reclutado por las fuerzas armadas tras su temporada debut con Pittsburg Steelers en la NFL, recibió un disparo de un fusil que le atravesó el muslo izquierdo y las esquirlas de una granada se le incrustaron en el pie y la pierna derecha.

Los indicios señalaban que muy tempranamente la carrera de Bleier, surgido de la Universidad de Notre Dame, estaba terminada y las esperanzas eran prácticamente nulas. El quiebre se produjo mientras se encontraba internado en Tokio, a donde lo trasladaron para evitar infecciones, cuando le llegó una postal del dueño de Pittsburg Steelers: “Rock, al equipo no le va bien. Te necesitamos. Art Rooney”. Pese al pequeño gesto, en ese momento para Bleier significó una inyección de ánimo para ver con una mejor perspectiva el futuro.

En 1970 se reincorporó al plantel. Recién el 19 de diciembre de 1971 pudo volver a las canchas ante Los Angeles Rams tras pasar una extensa y complicada recuperación. Con la camiseta número 20 disputó ininterrumpidamente 9 temporadas (1971-1980) con Pittsburg Steelers logrando el Super Bowl en 4 ocasiones (1975, 1976, 1979 y 1980) siendo un jugador importante en ataque. Actualmente Bleier, quien participó como invitado en un capítulo de Brigada A, recorre Estados Unidos dando charlas motivacionales.

Tim James

Como jugador de segunda o tercera línea en la NBA James tenía un aceptable pasar económico, por lo que podía brindarle tranquilidad y sustento a su familia. Jugó tres temporadas en las que totalizó 43 partidos en la poderosa liga estadounidense con las camisetas de Miami Heat, Charlotte Hornets, Philadelphia 76ers y, durante la pretemporada 2002, la de New York Knicks. El básquet también lo llevó a lugares disimiles como Turquía, Israel y Japón. Por eso en una entrevista se describió como “un estereotipo del sueño americano”.

Pese a esto quien fue elegido en el puesto 25 en la primera ronda del draft de 1999 por Miami Heat, sentía que necesitaba cambiar el rumbo. Por eso decidió alistarse en el ejercito y como miembro de la Task Force ODIN fue enviado a Iraq. “Cuando escuchaba el sonido de una ametralladora en el medio de la noche intentaba buscar mi arma”, le comentó James, que nunca anotó más de 7 puntos en un partido de NBA, al New York Times sobre sus primeros días en la base militar. Quizás le remitía a Liberty City, un barrio de Miami en donde se crió y en el que era normal escuchar disparos por la noche.

“Recuerdo la primera vez que en un entrenamiento me pusieron en las manos una ametralladora M16. Me puso un poco nervioso. Ahí es cuando me di cuenta que esto es realmente serio. Esto puede tomar la vida de alguien en un instante”, contó James, que durante la estadía en Israel vivió cerca de la frontera de Gaza.

James, que tuvo un tío en las fuerzas armadas, cuenta que la experiencia ganada en las canchas de básquet le es útil: “me ayuda a no entrar en conflicto cuando las cosas no salen como espero”. La unidad en la fue colocado se encarga de realizar trabajos de reconocimiento y vigilancia.

Mientras tanto en casa Betty James, su esposa, intenta explicarle al pequeño Tim Junior que lo que esta haciendo papá no se parece en nada con las largas giras que solía realizar cuando jugaba al básquet.

Juan Gerónimo Colombo

Muchos de los ex combatientes en Malvinas lamentablemente no pudieron encontrar una vía de escape a lo vivido en aquella guerra que marcó a fuego la historia argentina moderna. Otros, en cambio, con muchas piedras en el camino pudieron hallar una salida y reinsertarse a la sociedad. Este es el caso de Colombo, quien gracias al fútbol encontró una manera para rearmar su vida.

Proveniente del Club Pedemales de la liga regional de 25 de mayo, en la provincia de Buenos Aires, llegó a Estudiantes de La Plata de la mano de Carlos Bilardo a fines de marzo de 1982. Casi no pudo entrenar: un par de semanas más tarde estaba en viaje a Malvinas, a donde arribó el 15 de abril. “Siempre hablamos de fútbol. Mi compañero de pozo de zorro, Beto Galán, jugaba en la tercera de Temperley y siempre estaba presente el tema”, le recordó el volante al blog En Una Baldosa.

Colombo estuvo detenido en el Camberra. Con los soldados británicos el fútbol también era cuestión diaria. En el lugar donde los argentinos retiraban la comida habían colocado fotos de Ricardo Villa y Osvaldo Ardines, quienes en ese momento vestían la camiseta del Tottenham Hotspurs de Inglaterra. “Para mi fue un buen gesto de ellos. Un guardia con el que pude hablar me regaló un recorte con una nota a Villa”, rememoró Colombo.

Una vez vuelto de la guerra debió recuperar 9 kilos y curarse de una hepatitis. Por eso recién debutó en la primera en el Nacional de 1983, torneo que finalmente ganó Estudiantes de La Plata. En el Metropolitano tuvo buenas actuaciones en la reserva y el entrenador Eduardo Luján Manera solía tenerlo en cuenta.

Cuando estaba terminado de reponerse de un desgarro y se iba asentando como titular, contra Instituto de Córdoba se rompió los ligamentos cruzados, meniscos y el lateral interno. Fueron 10 meses de baja. Sin lugar en el equipo en la temporada 1986 se fue de Estudiantes de la Plata tras haber disputado 10 partidos.

Se incorporó a Ferro de General Pico, La Pampa, para jugar en el Nacional B. La estadía en el ascenso fue breve: se peleó con los dirigentes y le rescindieron el contrato. Gracias a Luis Islas entrenó en Independiente y en el Logroñés de España, pero no pudo volver a jugar profesionalmente. Aquejado por la rodilla se retiró a los 26 años.

En su Roque Pérez natal Colombo dirige un equipo de fútbol infantil, conduce un programa partidario de San Lorenzo de Almagro en una FM local y fundó la peña “Rubén Cousillas”. Gracias al deporte pudo salir adelante.

Fuentes/Links relacionados

Local Boy Makes Good (Sports Illustrated)

Rocky Bleier, Running Back (Sports Illustrated)

Bleier never gave up on NFL dream (ESPN Page 2)

Former NBA player Tim James finds true calling in U.S. Army (AP)

After a Tour in the N.B.A., a Life of Duty Over There (New York Times)

Colombo, Juan Gerónimo (En una Baldosa)

Fotos: Sports Illustrated/Getty Images/En una Baldosa

Historias Mínimas

Ya sea por falta de tiempo, información, inspiración, o simplemente porque no merecen un desarrollo tan amplio, muchas veces temas que deberían tener espacio en este blog terminan archivados, por no decir olvidados, en lo profundo de la computadora. A continuación breves historias que merecen ser conocidas.

Pionera y Hiena de la Gestapo

Violette Morris.

Violette Morris fue una adelantada a la época que le tocó vivir. “Cualquier cosa que un hombre puede hacer, Violette lo puede hacer”, era el lema de esta parisina nacida en 1893 en el ceno de una familia de la nobleza. Militante feminista y abiertamente declarada lesbiana, lo cual para la pacata sociedad francesa de los años 20 era un escándalo, Morris, o Gouraud, su apellido de casada, fue una de las primeras mujeres en dedicarse al automovilismo. Era tal su fanatismo que se operó los genitales para sentarse cómoda en los asientos de los autos.

Fue multifacética. Se dedicó al atletismo, destacándose en las pruebas de lanzamiento, al fútbol, siendo 3 veces campeona de Francia, a la natación y corrió en moto, entre otras tantas actividades deportivas. Por una sanción Morris, que siempre se hacía ver con un cigarrillo en la boca, no pudo participar en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam 1924, cuando debutó el atletismo entre las mujeres.

En diciembre de 1935 Morris fue reclutada por la Gestapo, la policía secreta nazi. En el rol de agente durante la Segunda Guerra Mundial dio información valiosa sobre las defensas francesas. Varios biógrafos sostienen que participaba en los interrogatorios y se ganó el apodo de Hiena de la Gestapo. Murió baleada el 26 de abril de 1944 cuando cayó en una emboscada que le tendió la resistencia.

Hay historiadores que indican que su cuerpo se encuentra en una fosa común en el cementerio de París, otros que fue quemado.

The Animal

“El hombre que una vez llevaba la camiseta número 31 como jugador estrella de los Rebels de la Universidad de Nevada, Las Vegas, en la actualidad luce el Nº 89T2957 sobre una chaqueta naranja de una prisión remota en lo profundo de Estados Unidos”. Así describía en 1991 New York Times a Richie Adams, una promesa del básquet universitario que terminó recluido en la cárcel por asesinato.

Adams, apodado The Animal por el duro estilo de juego, se convirtió en figura de la UNLV a mediados de los 80, llegando a ser premiado como el mejor jugador de la Big West Conference en 1984 y 1985, temporada en la que también se lo incluyo en el equipo ideal. Todos los pronósticos lo señalaban con un promisorio futuro en la NBA, pero la adicción a las drogas y los problemas con la Justicia echaron todo a perder.

En el Draft de 1985 fue seleccionado por Washington Bullets, actualmente Washington Wizard, en el puesto 11 de la segunda ronda. Ese mismo día fue detenido en Nueva York por robar un auto. Así empezaría a engrosar el prontuario.

Apareció en Argentina para vestir la camiseta de Deportivo San Andrés en la incipiente Liga Nacional. Cuenta la leyenda que los problemas con la droga eran imposibles de esconder. Hay testigos de aquella época que aseguran que Adams en una ocasión se tiró en la cara un plato de harina pensando que era cocaína. Luego de una temporada en el conjunto de Villa Ballester, en donde tuvo un promedio de 19 puntos en 31 partidos, retornó a Estados Unidos.

Era habitué de dos lugares: los playgrounds del Bronx y las comisarias por atracos menores. “La gente lo ama, pero cada vez que vuelve a Nueva York se mete en problemas. Es triste”, dijo Jerry Tarkanian, ex entrenador de los Rebels de la UNLV.

En 1996 llegó demasiado lejos. En el condominio donde vivía asesinó a una vecina de 15 años a la que acosaba. En 1998 lo sentenciaron a 25 años de cárcel por este crimen considerado de segundo grado. Según la investigación forense la victima sufrió golpes en la cabeza, primero contra una pared y después contra el suelo.

“La única persona que me traicionó fui yo mismo”, recoció en una oportunidad este ala pivot que cerca del aro tenía un tiro con escasa ortodoxia pero efectivo. Lo poco que se sabe es que pasa sus días rezando en la oscura celda de una prisión.

Los engaños de El Turco

En 1769 el ingeniero húngaro barón Wolfgang van Kempelen quería hacerle un obsequio original e inesperado a la corte de la emperatriz María Teresa de Austria. Por eso ideó una maquina autómata que constaba de un maniquí que tenía un tablero de ajedrez adelante y que, supuestamente, podía mover las piezas por si misma. La vistió con atuendos musulmanes y por eso se ganó el apodo de El Turco.

Antes de cada partida se mostraba al público presente que debajo del tablero no había nadie, lo cual era una farsa porque tenía un doble fondo con un jugador que se encargaba de mover las piezas a través de un complejo sistema. En una ocasión mientras se exhibía a El Turco, en la sala alguien gritó “fuego, fuego”. De adentro del autómata salió corriendo una persona de mediana estatura. Pese a este hecho, la mentira se mantuvo durante casi 85 años.

A mediados del Siglo XX la revista Chess Rewiew realizó una investigación en la que demostró los artilugios con los que funcionaba El Turco, que entre sus derrotados más famosos aparece Napoleón Bonaparte, y hasta nombró a los jugadores que escondidos la hicieron funcionar.

Tras la muerte de Kempelen el músico germano Johann Maelzel compró el aparato. Luego de realizar una gira por Estados Unidos y Cuba, Maelzel se enfermó de fiebre amarilla y la máquina quedó en poder del Chinese Museum de Filadelfia. En 1854 un incendio intencional terminó con las andanzas de El Turco.

El luchador

Werner Seelenbinder.

Werner Seelenbinder fue 6 veces campeón alemán de lucha libre en la categoría de los pesos pesados y es considerado uno de los héroes de la resistencia nazi. Murió decapitado en 1944 acusado de traición. Surgido de una familia de clase obrera, comenzó a competir en el club Berolina Neukölln. En 1927 y 1928 disputó una serie de competencias en la URSS y no dudó en afiliarse al Partido Comunista.

En 1935 conquistó el título nacional y esto le permitió ser incluido en el equipo alemán que al año siguiente iba a competir en los Juegos Olímpicos de Berlín. Seelenbinder deseaba subirse al podio no sólo por el hecho deportivo en sí, sino también para mostrar en público el desagrado que sentía hacía el régimen nazi. Quedó cerca de lograrlo porque concluyó en la cuarta ubicación.

Tras aquella participación en los Juegos Olímpicos, cada vez que salía a pelear al exterior en las valijas llevaba escondido material ilegal para intercambiar información con los comunistas de los países que visitaba.

La Gestapo lo detuvo el 4 de febrero de 1942. Luego de sufrir violentos interrogatorios, Seelenbinder pasó por diversos centros de detención y terminó en Auschwitz. En septiembre de 1944 fue a juicio con otras 12 personas y lo condenaron a muerte. “Miren esta cabeza, la cara de este criminal. Este es el enemigo público número 1”, gritó el fiscal en la sala mientras lo señalaba.

Lo trasladaron a la cárcel de Brandeburgo para esperar la muerte. “¡Compañeros!- alzó la voz el día que se iba cumplir la sentencia- Aquí habla Seelenbinder. Hoy al mediodía se llevará a cabo. Hemos permanecido fuertes. Hitler se esconde. Saludos a los camaradas del Ejercito Rojo”.

Varios clubes, escuelas, estadios y calles en Alemania todavía recuerdan la figura de Seelenbinder, uno de los casi 20 atletas de los que se tiene registro que murieron durante el nazismo.

Fuentes/Links relacionados

Violette Morris, de heroína feminista a “hiena de la Gestapo” (Historias del Atletismo)

Richie Adams, 20 años después (Doblemblog)

College Basketball; Despite Chance at U.N.L.V., Adams Ran Wrong Way (The New York Times)

25-Year Prison Sentence For Ex-Basketball Star (The New York Times)

Leyendas del Playground (II): The Animal (acb.com)

Jugadas de la memoria (Carlos Ilardo)

El Holocausto: Persecución de los atletas (Museo del Holocausto)

Werner Seelenbinder (Salón de la Fama del deporte alemán)

Kennedy, Watergate y NBA

Los 3 ítems que se mencionan en el título están vinculados a una persona: Lawrence Francis O’Brien Junior, más conocido comoLarry O’Brien. Este hijo de una familia de inmigrantes irlandeses cumplió un papel importante en la historia contemporánea de Estados Unidos y en la liga de básquet más famosa del mundo. Como comisionado produjo un quiebre con consecuencias que llegan hasta la actualidad.

Desde muy pequeño O’Brien, nacido en Springfield, Massachusetts, la misma ciudad donde James Naismith inventó el básquet, tuvo vinculación con la política porque su casa era un recinto permanente de reuniones. “Nuestra cocina solía ser un lugar de encuentro. Se organizaban peticiones que se iban llevando puerta a puerta. Mi padre fue un gran planificador. Todas estas cosas me sirvieron de influencia”, le recordó a Sports Illustrated el nacido el 17 de julio de 1917.

Mientras estudiaba trabaja en el O’Brien’s Cafe and Restaurant, el negocio familiar y que tenía como plato destacado la carne que cocinaba mamá Myra. Comenzó atendiendo la caja y a medida que crecía fue ganando un lugar importante hasta llegar bien alto en el gremio local. A los 22 años ya era presidente de la Hotel and Restaurant Employees Union. Para alcanzar esta posición mucho tuvo que ver el saber explotar el fuerte poder de convencimiento que tenía y que tanto rédito le traería en el futuro para solucionar complejos problemas, tanto en el ámbito político como deportivo.

Como gremialista empezó a tener una fluida relación con los demócratas. En estos encuentros un día conoció a un joven político con el que inmediatamente entabló una cercana relación: John Fitzgerald Kennedy. En 1952 O’Brien, que sirvió en el ejército en la Segunda Guerra Mundial, fue gran responsable para que Kennedy llegara al Senado.

Larry O’Brien

O’Brien revolucionó la manera de hacer campañas porque aportó una serie de innovaciones. Había escrito un libro de 70 páginas llamado O’Brien’s Manual, cuyos métodos más tarde fueron utilizados por varios políticos en todo el mundo como, por ejemplo, el Primer Ministro británico Harold Wilson. La regla número 1 decía que “no hay nada mejor que ir a tocar el timbre”. Con esto se buscaba que el candidato se metiera en la casa de los votantes y no que estos vayan hacía el postulante. La manera de aproximarse era con tarjetas de Navidad, llamadas telefónicas y diversos obsequios en los que se mostraban cuales eran los propósitos que se perseguían.  El plan funcionó a la perfección porque  Kennedy ganó la elección. El primer paso estaba dado. Ahora venía un desafió mayor: la Casa Blanca.

Cuando hubo que empezar a amar la carrera presidencial Kennedy volvió a confiar en O´Brien y lo nombró jefe de campaña. Desde ya que el O’Brien’s Manual otra vez dio resultado. Al ver la alta efectividad de sus métodos se había ganado la total confianza del flamante mandatario de Estados Unidos, que no dudo en colocarlo en un rol clave: nexo entre el Congreso y la Casa Blanca. O’Brien tuvo que lidiar con tiempos especialmente difíciles en Washington. La Guerra Fría, Cuba, la carrera espacial, Vietnam y, como si esto no fuera suficiente, el asesinato de Kennedy.

Lyndon Johnsson, el reemplazante de Kennedy, mantuvo a O’Brien en el cargo hasta 1965, cuando lo eligió para manejar el sistema postal de Estados Unidos, uno de los más viejos del mundo y que hasta 1971 era parte del gabinete. Ostentó este cargo hasta 1968 cuando al poder llegó el republicano Richard Nixon. En 1970 O’Brien se transformó en líder del Partido Demócrata, rol en el que sería protagonista involuntario de uno de los escándalos políticos más recordados de la historia.

El 17 de junio de 1972 el guardia Frank Willis parecía que iba a tener otra noche rutinaria. Su función era custodiar el complejo hotelero Watergate, más precisamente el sector reservado para el Partido Demócrata, que había elegido este sitio ubicado a orillas del río Potomac como bunker para la campaña presidencial. La habitual monotonía diaria se rompió cuando Willis escuchó unos extraños ruidos y observó movimientos que no eran los normales. Llamó a la policía y lo que encontraron fue a 5 personas provistas con todo tipo de material de espionaje. A medida que el hilo del carretel se fue desenrollando todo derivó en la renuncia de Nixon, siendo el único presidente estadounidense en terminar su mandato antes de tiempo.

Larry O’Brien en la tapa de Times Magazine.

Los espías, que en principio se creyó que eran ladrones comunes, pero resultó ser que uno de ellos era agente de la CIA y los otros funcionarios de seguridad del Comité para la Reelección de Nixon, buscaban saber, entre otras cosas, con que tipo de información contaban los demócratas con respecto a un préstamo que el millonario y playboy Howard Hughes le había realizado a Donald Nixon, hermano de Richard. La oficina de O’Brien era el objetivo principal. “Nixon estaba completamente focalizado en Larry O’Brien cuando se convirtió en presidente del Partido Demócrata porque O’Brien también había trabajado para Hughes”, le contó a la cadena CBS Terry Lenzner, senador que encabezó la comisión que llevó adelante la investigación del Watergate.

Luego de ser tocado por este escándalo O’Brien se retiró del mundo de la política. Fue en 1975 cuando volvió a la escena pública al asumir un cargo que tomó por sorpresa a todos, inclusive a él mismo: comisionado de la NBA.

Por aquellos años la liga de básquet estaba bastante alejada de la imagen actual. Las relaciones entre los propietarios de las franquicias y los jugadores eran tensas, la situación económica no era la mejor, la televisión le daba un lugar secundario y los juicios llovían. Para colmo estaba rondando el fantasma de la American Basket Association (ABA) que, a pesar de ser una organización desorganizada, se estaba transformando en una competidora importante para la NBA, sobre todo porque en muchos aspectos era la cara contraría. Mientras la NBA era políticamente correcta, la ABA representaba a la psicodelia, la música funk, los peinados afros y el show time.

Era evidente que había que realizar un cambio brusco en la conducción  y se creyó que el hombre indicado era O’Brien, cuya única vinculación con el básquet, además de ser oriundo del lugar en donde se creó este deporte, era ser espectador. De joven iba a ver a Boston Celtics y cuando se instaló en Nueva York con una consultora solía asistir a las presentaciones de los Knicks.

Había varios candidatos para el puesto y ninguno terminaba de convencer. El que lanzó el nombre de O’Brien fue Mike Burke, dueño de la franquicia neoyorquina y que lo conocía del Madison Square Garden. El comisionado Walter Kennedy, sin parentesco, por lo menos directo, con John Fitzgerald, se contactó con el elegido. “Llamó al número equivocado”, contestó este. “Ofrecerme un trabajo como mandatario de una liga profesional de básquet no tenía mucho sentido para mi. Naturalmente rechace la oferta. En ese momento fue la cosa más loca que había escuchado”, confesó Larry luego de su primera temporada al frente de la NBA. Pasaron 21 meses hasta que lo pudieron convencer.

Le alcanzó 1 año para revolucionar a la NBA. Entre otras cosas solucionó los graves problemas gremiales con los jugadores, los cuales sentaron un precedente en el deporte profesional en Estados Unidos con la aparición de los agentes libres, y le dio nuevos bríos al juego con la incorporación de la línea de 3 puntos, ya utilizada por la ABA y que en su momento había sido menospreciada por la NBA. “No sé cómo lo hizo, no lo sé. Él tiene el especial don de la persuasión”, reconocía Williams Alverson, presidente de Milwaukee Bucks.

A medida que el caos interno se iba tranquilizando se volvía a hablar de lo que sucedía adentro de la cancha, algo que en las últimas temporadas se venía perdiendo. “La prensa y la gente están hablando del equipo y de cuan bueno son los jugadores. Están hablando de básquet. Antes escuchábamos hablar sobre quién demando a quien esta semana. Es increíble”, decía Paul Snyder, propietario de Buffalo Brave, franquicia ahora conocida como Los Angeles Clippers.

Para llegar a este punto el camino no fue sencillo y tuvo que aplicar toda la astucia aprendida en los pasillos de la Casa Blanca. “Dios mío, estuve acá antes. Esta situación es parecida a las que tuve que enfrentar en Washington”, fue el comentario de O’Brien tras una complicada reunión entre la asociación de jugadores y los dueños de los equipos. Por todo lo logrado recibió varios reconocimientos de medios especializados.

Manu Ginóbili con el trofeo Larry O’Brien

La deuda estaba con la televisión, que seguía dándole la espalda a la NBA. Gracias a la hábil muñeca de O’Brien, en 1978 se firmó un contrato por 74 millones de dólares, lo que en su momento fue un récord. Igualmente los canales poseedores de los derechos le daban una importancia relativa. De hecho varias finales que pasaron a la historia en su momento fueron emitidas en diferido. Cuando a principios de la década del 80 apareció la TV por cable la situación empezó a cambiar. A partir de la temporada 82/83 ESPN y USA Network daban cerca de 40 partidos de la liga en vivo. Además O’Brien llegó a un acuerdo con la CBS que ascendía a los 88 millones de dólares, superando largamente el trato anterior.

Tras la desaparición de la ABA, O’Brien incorporó a San Antonio Spurs, Denver Nuggets, New York Nets, que se mudó a New Jersey, e Indiana Pacers. Con el arribo de los equipos del difunto torneo se elevó el nivel del juego. Además estableció un programa antidrogas y se despidió con un nuevo acuerdo salarial entre los jugadores y los propietarios, instancia en la que trabajó con David Stern, en ese momento asesor legal y actualmente comisionado de la NBA.

Se retiró en 1984. Periodistas, árbitros, jugadores y dueños sólo tenían palabras de agradecimiento, admiración y respeto para O’Brien, quien se encargó de dar el empujón definitivo para que la NBA se convierta en lo es en la actualidad. Cuando Stern asumió el cargo una de las primeras medidas que tomó fue la nombrar al trofeo de campeón como Larry O’Brien. El Partido Demócrata también otorga un reconocimiento que lleva su nombre a aquellos que realizaron actividades trascendentes para el partido.  Siguió vinculado al básquet como presidente del Hall of Fame, ubicado en su Springfield natal, galería de la cual forma parte desde 1991. Murió de cáncer en 1990.

Sin dudas O’Brien en cada lugar por donde pasó dejó su marca y por eso su figura no es olvidada fácilmente.

Fuentes/Links relacionados

A Celtic Rookie Puts It Together (Sports Illustrated)

Watergate: ‘Aviator’ Connection? (CBS)

Pro Basketball; This Trophy is Flickle, And Her Name is Larry (New York Times)

El escándalo que acabó con la carrera políticia de Richar Nixon (El Mundo)

Nixon ordenó el asalto a la sede demócrata en el Watergate, según uno de sus colaboradores (El Mundo)

Larry O’Brien (Hoopedia)

Perfíl de Larry O’Brien (Hall of Fame)

Lawrence (Larry) O’Brien (John F. Kennedy Presidential Livrary and Museum)

The Commissioners (NBA)

The Larry O’Brien Championship Trophy (lakers.com)