Gino Bartali: Un monje en bicicleta

Amado por Benito Mussolini, extremadamente católico, integrante de una red secreta que ayudó a judíos a escapar de la persecución nazi, protagonista involuntario en calmar una crisis interna en Italia y de uno de los duelos más famosos del deporte italiano. Así se resume la vida de Gino Bartali, también reconocido como uno de los grandes ciclistas de la historia.

En una Europa cada vez más convulsionada el nacido en Florencia con 22 años se convirtió en el inesperado ganador del Giro de Italia 1936. Esa fue la primera de sus 3 conquistas en la tradicional competencia creada por el diario la Gazzetta dello Sport. Al año siguiente y después de querer retirarse por la muerte de su hermano Guilio, golpe del que nunca se repuso, volvió a adueñarse de la camiseta rosa que viste el ganador.

Obligado por el gobierno de Mussolini, en 1938 Bartali renunció al Giro y se concentró en el Tour de France. Se quedó con la famosa carrera con una diferencia de casi 15 minutos con respecto al segundo en una victoria que se empezó a consumir en una complicada etapa 14. Con esta actuación, definitivamente se consagró como la gran figura del ciclismo. A la vez, su imagen quedó vinculada al fascismo, sin embargo no hay pruebas que lo vinculen a esa ideología. Más bien todo lo contrario.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial vio la aparición de su gran rival y con el que marcaría una época: Fausto Coppi. Con roles muy disimiles, compartían el poderoso combinado Legnano. La estructura giraba en torno a Bartali, mientras que Coppi cumplía un papel secundario (lo que en la jerga se conoce como gregario) y se encargaba de hacer el trabajo sucio. El quiebre se produjo en el Giro de 1940.

Bien temprano en la carrera Bartali se cayó. Esa contingencia derivó en un importante retraso en la clasificación general que lo dejó sin chances de pelear por la punta. Ante este contexto, el desconocido Coppi, de 20 años, pidió permiso para desprenderse de sus obligaciones y atacar. Le dieron vía libre y ganó. A Bartali le enojó que uno de sus súbditos se revelara y osara ponerse a su altura.

De esta manera nació una rivalidad entre dos personalidades opuestas en todo sentido: Bartali era un ferviente católico (por eso lo apodaban el Monje), partidario de la Democracia Cristiana, carismático, representaba la imagen de la Italia tradicional y montado en la bicicleta era puro sacrificio; Coppi, en cambio, era comunista, de perfil bajo, se lo vinculaba a la nueva Italia y arriba de la 2 ruedas tenía un estilo más elegante.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Días de guerra

Los que deberían haber sido los años de plenitud deportiva de Bartali coincidieron con la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, perdió la oportunidad de agrandar el palmarés. De todos modos, durante esa época hizo algo más valorable que cualquiera de sus victorias.

Entre 1943 y 1944 integró una sociedad clandestina creada por la Unión de las Comunidades Israelíes que con el apoyo de varios arzobispos en remotas abadías o conventos fabricaba pasaportes falsos para que los judíos pudieran escaparse de Italia. La misión del ciclista era transportar a través de la región de Toscana la documentación apócrifa y en otras oportunidades sirvió de guía para mostrarles a los fugitivos caminos seguros por donde transitar. Se estima que salvó la vida de alrededor de 800 personas.

Si en el trayecto lo paraba la policía decía que estaba entrenando. Como nadie se animaba a contradecir a un ídolo que, además, contaba con el beneplácito del Duche, le pedían un autógrafo y lo dejaban continuar sin hacer más preguntas.

Lo hecho por Bartali, similar a lo del boxeador alemán Max Schmelig en la Alemania nazi, se mantuvo en secreto hasta 2003 cuando los hijos de Gregorio Nissim, líder de esta organización, hicieron público un diario de su padre, que murió en 1976, en el cual se detallan cómo funcionaban las operaciones.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Un país dividido

El deporte en la Italia de post guerra tenía 2 protagonistas: Bartali y Coppi. En torno a la creciente disputa se sostenía un Giro con un rol relevante en la recuperación de una nación devastada porque por los pueblos en donde pasaba requerían nuevos caminos y construcciones.

Ya sin ser compañeros, en 1946 Bartali y Coppi llevaron a la ruta la rivalidad trunca por la Gran Guerra y que tenía en vilo a los tiffosi. En Italia las discusiones ya no eran más Norte-Sur o comunistas-fascistas, sino coppistas o bartalistas.

En un Giro que se extendió por 22 días, el ganador fue Bartali, separado por sólo 47 segundos de Coppi, que festejó en 1947 luego de un mal inicio. Esa parecía ser una clara señal que se avecinaba un cambio de mando, pero el veterano Bartali todavía tenía mucho por mostrar.

Tour de France 1948. Bartali rápidamente quedó muy lejos de los primeros puestos en la clasificación y las chances de vestirse de amarillo se redujeron considerablemente. Paralelamente Italia era un polvorín a punto de explotar. El dirigente del Partido Comunista, en ese momento con mucho predicamento, Palmiro Togliatti sufrió un atentado por parte de un grupo paramilitar fascista. Esto derivó en una tensión social en aumento e incluso se percibía un clima pre bélico.

El Primer Ministro Alcide de Gesperi se contactó con Bartali para pedirle que ganara la carrera. El ciclista se comprometió a ganar la etapa del día siguiente, una de las más duras de la prueba.  En una de las actuaciones más recordadas, Bartali cumplió con la palabra y, además, le descontó mucho tiempo al líder Louison Bobet, que terminó física y mentalmente destrozado. Esa remontada fue la plataforma que lo llevó a obtener, después de 10 años, La Grande Boucle por segunda vez.

Exagerado o no, a medida que llegaban las noticias desde Francia la situación en Italia se fue apaciguando. “Decir que evitó una guerra civil me parece algo excesivo, pero es cierto que su victoria contribuyó a calmar los ánimos”, recordó el Primer Ministro Giulio Andreotti en 2000 cuando falleció Bartali.

Mientras tanto la disputa con Coppi iba en aumento y llegó al punto de máxima ebullición en el Tour de 1952. En ese momento los ciclistas se nucleaban según la nacionalidad y por eso los grandes contrincantes estuvieron forzados a compartir equipo. En condición de campeón del Giro y como nueva estrella, Coppi exigió que Bartali sea degradado a gregario.

Herido en el orgullo, Bartali se negó y el clima interno se enrareció al punto que la organización intimó a los italianos a que solucionen las disputas porque de lo contrario serían excluidos. Finalmente, Bartali aceptó a regañadientes un rol indigno para un corredor de su estirpe. De todos modos, terminó en un respetable quinto lugar, aunque lejos de Coppi, que obtuvo un triunfo que lo consagró definitivamente.

Aquel Tour es recordado por dos razones: fue el último Bartali-Coppi y porque entregó la imagen más polémica y famosa de la rivalidad. Sucedió en la etapa 11 cuando se encontraban juntos realizando un exigente tramo de ascenso en medio de un calor abrazador. En un instante se intercambiaron una cantimplora con agua fresca. No queda claro si es Coppi que se la da a Bartali o viceversa. Lo cierto es que ese gesto que parece insignificante, por muchos fue tomado como una evidente muestra de debilidad para con el archirrival.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el momento más polémico de sus carreras.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el instante más polémico de la rivalidad.

Bartali se retiró en 1953 luego de ganar el Giro de Toscana. Coppi siguió compitiendo algunas temporadas más, pero sin su álter ego no fue lo mismo. Pese a las rispideces que hubo entre ambos, fuera de las pistas había respeto muto. Por eso cuando Coppi, que falleció de una malaria que lo afectó durante un safari en Alto Volta (Burkina Faso), se incorporó al nuevo equipo San Pelegrino una de las exigencias fue que Bartali sea el director.

“Todo está equivocado. Habría que empezar de nuevo desde el principio”, opinaba Bartali sobre el ciclismo moderno con el fantasma del dóping dando vueltas. Falleció a los 86 años en Florencia, ciudad que vivió un verdadero duelo popular que se extendió por toda Italia. Con su muerte no sólo se fue un mito sino también el último eslabón de un ciclismo legendario y aventurero.

Informe Robinson: El secreto de Gino Bartali

Fuentes/Links relacionados

Gino Bartali y Fausto Coppi: La leyenda del ciclismo italiano (Jot Down Magazine)

Bartali, salvador de judíos (El País)

Los años heroicos del ciclismo (El País)

Y el monje voló al cielo (El País)

Fallece Gino Bartali, el último superviviente del ciclismo de leyenda (El País)

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El escocés volador

Especialmente durante la primera parte de la década del 90 el ciclismo en pista tuvo un personaje como Graeme Obree que rompió los moldes. Puso a prueba las reglas de la Unión Ciclista Internacional (UCI) con una bicicleta construida por él mismo y creó nuevas posiciones para correr que causaron controversia. Fue así que como amateur batió en 2 ocasiones el récord mundial de la exigente prueba de la hora y fue campeón del mundo en 2 oportunidades. Todo esto con el peso de vivir con depresión, enfermedad que lo llevó a intentar suicidarse en 3 ocasiones.

Obree mantenía una rivalidad con otro británico: el inglés Chris Boardman, convertido en toda una celebridad luego de haber ganado el oro olímpico en Barcelona 1992. Impulsado por este logro Boardman en 1993  se puso a trabajar para batir la marca de la hora, especialidad que lleva al límite al ciclista. Para tener una idea de lo dura que es Eddy Merckx, 5 veces campeón del Tour de France y considerado uno de los mejores de la historia, rompió la marca en 1972 y dijo que nunca más iba a intentarlo porque no quería someterse otra vez al sufrimiento al que se expuso.

En Glasgow, Obree, que había nacido en Inglaterra, pero él siempre se consideró escoses porque había hecho toda su vida allí, en silencio tenía los mismo planes que su rival. No contaba con tanto apoyo monetario como su oponente pero se las ingenió. Utilizando partes de un lavarropas viejo construyó The Old Faithul (la vieja fiel). La novedad más importante fue que colocó el manubrio debajo del pecho y adoptaba una postura similar a la de los esquiadores. Por eso se la llamó posición del huevo. Además sacó la barra paralela para poder pedalear con más facilidad.

Obree partió hacía Noruega con su invención a cuestas, a la cual muchos no le tenían fe. En el velódromo Vikingskipet de la ciudad de Hamar tuvo 2 intentos. El primero falló. Al día siguiente en 1 hora recorrió 51,592 kilómetros, dejando atrás los 51,141 kilómetros de Francesco Moser, poseedor del récord desde 1984. “Cuando rompí el récord de la hora fue mi intento de encontrar la explicación para sentirme ser humano. Me sentí totalmente realizado. Significaba que había pasado la distancia de Moser y no me importaba nada más”, recordó Obree. La alegría duró poco. Una semana más tarde en Bourdeos Boardman, con una bicicleta diseñada por computadora, se apoderó de la marca.

Días más tarde de su hazaña comenzó el Mundial de ciclismo y allí logró el primero de sus 2 títulos en la prueba de persecución individual 4000 metros.

Cuando en un deporte en el cual la tecnología y la física cumplen un papel importante y aparece alguna novedad que no estaba prevista en los reglamentos, por lo general las federaciones tienden a prohibirlas. La UCI, cuerpo que gobierna el ciclismo a nivel mundial, no fue la excepción y declaró a la Old Faithul y a la posición del huevo ilegales. En contraposición reconoció la marca de Obree.

En los primeros meses de 1994 recuperó el récord de la hora (52,713 kilómetros) volviendo a desafiar las leyes de la UCI. Hizo una nueva versión de la Old Faithul que tenía el manubrio alejado del resto de la bicicleta, por lo cual los brazos quedaban completamente extendidos. A esta postura se la denominó Superman. La nueva ubicación se popularizó entre los ciclistas, logrando la mayoría muy buenos resultados, sin embargo más tarde esta fue prohibida por la UCI. En septiembre Miguel Indurain, español que dominó el ciclismo durante la década del 90, quebró la marca del escocés.

Mientras el mundo hablaba de Obree, este luchaba con su depresión. En la adolescencia intentó suicidarse en 2 oportunidades: una vez con una sobredosis de aspirinas y la otra aspirando humo de un caño de escape. Cerca de Navidad de 2002 volvió a intentarlo. Se quiso colgar, pero la soga se cortó. La hija de un granjero de la zona lo encontró inconsciente. “Navidad siempre es un momento emocional para Graeme por el accidente de su hermano”, comentó Anne, su esposa, a los medios. En 1994 su hermano murió en un accidente de tráfico, lo que hizo profundizar la enfermedad.

Luego que la UCI, presionada por las grandes fábricas de bicicletas, le pusiera todas las trabas posibles a Obree, este pudo celebrar en la cara de los máximos dirigentes de la entidad. En 1995 el Mundial se disputó en Colombia. Allí Obree reconquistó el título mundial de los 4000 metros persecución y los premios fueron entregados por el presidente de la UCI, Hein Verbruggen. El nacido el 11 de septiembre de 1965 en Warwickshire considera este momento el más feliz de su carrera: “Fue un incentivo extra ganar sabiendo que Verbruggen era el que iba entregar las medallas”, explicó Obree a la BBC.

En 1997 se retiró de la actividad profesional porque le diagnosticaron una depresión profunda. Intentó retornar en 2000 con la idea de arrebatarle el récord de la hora a Boardman, quien volvió a ser recordman, pero no pudo. Actualmente compite en campeonatos para veteranos en Escocia o dando conferencias en las que cuenta sus experiencias. En diciembre de 2009 fue incluido en el Hall of Fame del ciclismo británico.

Sus logros inspiraron a una generación de ciclistas escoses. El más destacado de ellos es Chris Hoy, quien en Atenas 2004 se colgó el oro olímpico en la prueba del kilómetro. “Encontré en Graeme Obree una figura para inspirarme cuando recién estaba empezando. Su vida es como un film de Hollywood. Más de uno la encontraría increíble si la mira en un cine”, comentó quien también intentó emular a su ídolo batiendo el récord de la hora y no pudo hacerlo.

Por supuesto que su historia no pasó desapercibida para el cine. Basada en su autobiografía, en 2006 se estrenó con bastante éxito en Gran Bretaña The Flying Scotsman (El Escocés Volador), tal el sobrenombre que se ganó por sus proezas deportivas. El papel de Obree lo encarnó Jonny Lee Miller, conocido por ser el protagonista de Trainspotting.

Nunca se subió a un podio en los Juegos Olimpicos, en los cuales participó solamente en Atlanta 1996, no corrió el Tour de France, aunque estuvo contratado por un equipo para hacerlo, pero por cuestiones no muy claras solo formó parte del mismo por 2 días. Sin embargo, todo esto no impidió que se hiciera un merecido lugar en los libros del ciclismo porque no sólo superó a quienes le ponían trabas desde los escritorios o a sus rivales, sino que Obree se ganó a si mismo.

Foto 1: Obree con la Old Faithul y la posición del huevo. (Wikipedia)

Foto 2: La posición de Superman y la nueva versión del Old Faithul. (British Olympic Association)

Obree batiendo el récord de la hora en 1993

The Flying Scotsman (Parte 1 Parte 2 Parte 3 Parte 4 Parte 5 Parte 6 Parte 7 Parte 8 Subtítulos)

Fuentes/Links relacionados

Graeme Obree (Blog de los deportistas olvidados)

Graeme Obree: Homegrown Hero (BBC Scotland)

Cycling champion in suicide attempt (BBC Scotland)

Sitio tributo a Graeme Obree