Gino Bartali: Un monje en bicicleta

Amado por Benito Mussolini, extremadamente católico, integrante de una red secreta que ayudó a judíos a escapar de la persecución nazi, protagonista involuntario en calmar una crisis interna en Italia y de uno de los duelos más famosos del deporte italiano. Así se resume la vida de Gino Bartali, también reconocido como uno de los grandes ciclistas de la historia.

En una Europa cada vez más convulsionada el nacido en Florencia con 22 años se convirtió en el inesperado ganador del Giro de Italia 1936. Esa fue la primera de sus 3 conquistas en la tradicional competencia creada por el diario la Gazzetta dello Sport. Al año siguiente y después de querer retirarse por la muerte de su hermano Guilio, golpe del que nunca se repuso, volvió a adueñarse de la camiseta rosa que viste el ganador.

Obligado por el gobierno de Mussolini, en 1938 Bartali renunció al Giro y se concentró en el Tour de France. Se quedó con la famosa carrera con una diferencia de casi 15 minutos con respecto al segundo en una victoria que se empezó a consumir en una complicada etapa 14. Con esta actuación, definitivamente se consagró como la gran figura del ciclismo. A la vez, su imagen quedó vinculada al fascismo, sin embargo no hay pruebas que lo vinculen a esa ideología. Más bien todo lo contrario.

Poco antes de la Segunda Guerra Mundial vio la aparición de su gran rival y con el que marcaría una época: Fausto Coppi. Con roles muy disimiles, compartían el poderoso combinado Legnano. La estructura giraba en torno a Bartali, mientras que Coppi cumplía un papel secundario (lo que en la jerga se conoce como gregario) y se encargaba de hacer el trabajo sucio. El quiebre se produjo en el Giro de 1940.

Bien temprano en la carrera Bartali se cayó. Esa contingencia derivó en un importante retraso en la clasificación general que lo dejó sin chances de pelear por la punta. Ante este contexto, el desconocido Coppi, de 20 años, pidió permiso para desprenderse de sus obligaciones y atacar. Le dieron vía libre y ganó. A Bartali le enojó que uno de sus súbditos se revelara y osara ponerse a su altura.

De esta manera nació una rivalidad entre dos personalidades opuestas en todo sentido: Bartali era un ferviente católico (por eso lo apodaban el Monje), partidario de la Democracia Cristiana, carismático, representaba la imagen de la Italia tradicional y montado en la bicicleta era puro sacrificio; Coppi, en cambio, era comunista, de perfil bajo, se lo vinculaba a la nueva Italia y arriba de la 2 ruedas tenía un estilo más elegante.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Gino Bartali en la tapa de la revista El Gráfico en 1952.

Días de guerra

Los que deberían haber sido los años de plenitud deportiva de Bartali coincidieron con la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, perdió la oportunidad de agrandar el palmarés. De todos modos, durante esa época hizo algo más valorable que cualquiera de sus victorias.

Entre 1943 y 1944 integró una sociedad clandestina creada por la Unión de las Comunidades Israelíes que con el apoyo de varios arzobispos en remotas abadías o conventos fabricaba pasaportes falsos para que los judíos pudieran escaparse de Italia. La misión del ciclista era transportar a través de la región de Toscana la documentación apócrifa y en otras oportunidades sirvió de guía para mostrarles a los fugitivos caminos seguros por donde transitar. Se estima que salvó la vida de alrededor de 800 personas.

Si en el trayecto lo paraba la policía decía que estaba entrenando. Como nadie se animaba a contradecir a un ídolo que, además, contaba con el beneplácito del Duche, le pedían un autógrafo y lo dejaban continuar sin hacer más preguntas.

Lo hecho por Bartali, similar a lo del boxeador alemán Max Schmelig en la Alemania nazi, se mantuvo en secreto hasta 2003 cuando los hijos de Gregorio Nissim, líder de esta organización, hicieron público un diario de su padre, que murió en 1976, en el cual se detallan cómo funcionaban las operaciones.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Gino Bartali durante el Tour de France de 1938.

Un país dividido

El deporte en la Italia de post guerra tenía 2 protagonistas: Bartali y Coppi. En torno a la creciente disputa se sostenía un Giro con un rol relevante en la recuperación de una nación devastada porque por los pueblos en donde pasaba requerían nuevos caminos y construcciones.

Ya sin ser compañeros, en 1946 Bartali y Coppi llevaron a la ruta la rivalidad trunca por la Gran Guerra y que tenía en vilo a los tiffosi. En Italia las discusiones ya no eran más Norte-Sur o comunistas-fascistas, sino coppistas o bartalistas.

En un Giro que se extendió por 22 días, el ganador fue Bartali, separado por sólo 47 segundos de Coppi, que festejó en 1947 luego de un mal inicio. Esa parecía ser una clara señal que se avecinaba un cambio de mando, pero el veterano Bartali todavía tenía mucho por mostrar.

Tour de France 1948. Bartali rápidamente quedó muy lejos de los primeros puestos en la clasificación y las chances de vestirse de amarillo se redujeron considerablemente. Paralelamente Italia era un polvorín a punto de explotar. El dirigente del Partido Comunista, en ese momento con mucho predicamento, Palmiro Togliatti sufrió un atentado por parte de un grupo paramilitar fascista. Esto derivó en una tensión social en aumento e incluso se percibía un clima pre bélico.

El Primer Ministro Alcide de Gesperi se contactó con Bartali para pedirle que ganara la carrera. El ciclista se comprometió a ganar la etapa del día siguiente, una de las más duras de la prueba.  En una de las actuaciones más recordadas, Bartali cumplió con la palabra y, además, le descontó mucho tiempo al líder Louison Bobet, que terminó física y mentalmente destrozado. Esa remontada fue la plataforma que lo llevó a obtener, después de 10 años, La Grande Boucle por segunda vez.

Exagerado o no, a medida que llegaban las noticias desde Francia la situación en Italia se fue apaciguando. “Decir que evitó una guerra civil me parece algo excesivo, pero es cierto que su victoria contribuyó a calmar los ánimos”, recordó el Primer Ministro Giulio Andreotti en 2000 cuando falleció Bartali.

Mientras tanto la disputa con Coppi iba en aumento y llegó al punto de máxima ebullición en el Tour de 1952. En ese momento los ciclistas se nucleaban según la nacionalidad y por eso los grandes contrincantes estuvieron forzados a compartir equipo. En condición de campeón del Giro y como nueva estrella, Coppi exigió que Bartali sea degradado a gregario.

Herido en el orgullo, Bartali se negó y el clima interno se enrareció al punto que la organización intimó a los italianos a que solucionen las disputas porque de lo contrario serían excluidos. Finalmente, Bartali aceptó a regañadientes un rol indigno para un corredor de su estirpe. De todos modos, terminó en un respetable quinto lugar, aunque lejos de Coppi, que obtuvo un triunfo que lo consagró definitivamente.

Aquel Tour es recordado por dos razones: fue el último Bartali-Coppi y porque entregó la imagen más polémica y famosa de la rivalidad. Sucedió en la etapa 11 cuando se encontraban juntos realizando un exigente tramo de ascenso en medio de un calor abrazador. En un instante se intercambiaron una cantimplora con agua fresca. No queda claro si es Coppi que se la da a Bartali o viceversa. Lo cierto es que ese gesto que parece insignificante, por muchos fue tomado como una evidente muestra de debilidad para con el archirrival.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el momento más polémico de sus carreras.

Gino Bartili detrás de Fausto Coppi en el instante más polémico de la rivalidad.

Bartali se retiró en 1953 luego de ganar el Giro de Toscana. Coppi siguió compitiendo algunas temporadas más, pero sin su álter ego no fue lo mismo. Pese a las rispideces que hubo entre ambos, fuera de las pistas había respeto muto. Por eso cuando Coppi, que falleció de una malaria que lo afectó durante un safari en Alto Volta (Burkina Faso), se incorporó al nuevo equipo San Pelegrino una de las exigencias fue que Bartali sea el director.

“Todo está equivocado. Habría que empezar de nuevo desde el principio”, opinaba Bartali sobre el ciclismo moderno con el fantasma del dóping dando vueltas. Falleció a los 86 años en Florencia, ciudad que vivió un verdadero duelo popular que se extendió por toda Italia. Con su muerte no sólo se fue un mito sino también el último eslabón de un ciclismo legendario y aventurero.

Informe Robinson: El secreto de Gino Bartali

Fuentes/Links relacionados

Gino Bartali y Fausto Coppi: La leyenda del ciclismo italiano (Jot Down Magazine)

Bartali, salvador de judíos (El País)

Los años heroicos del ciclismo (El País)

Y el monje voló al cielo (El País)

Fallece Gino Bartali, el último superviviente del ciclismo de leyenda (El País)

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Resumen 2011

Un repaso por los post publicados en el año.

Con la cabeza en otra parte: la selección de handball de Túnez debuta en el Mundial de Suecia al mismo tiempo que renunciaba el presidente tunecino en medio de un clima social muy tenso.

Perdido en Egipto: el tenista Mlandeli Ndlela vivió una odisea cuando intentó jugar un torneo en Egipto al mismo tiempo que el país ingresaba en ebullición.

Haití bajo cero: Jean Pierre Roy se convirtió en el primer esquiador haitiano que participó en el Mundial de ski.

La leyenda olvidada: la trágica historia de Eduard Streltsov. Pasó de ser el máximo ídolo del fútbol soviético y potencial figura del Mundial Suecia 1958 a ser un detenido en Siberia acusado de un crimen cuya investigación aún deja demasiadas dudas.

El mito del Giants Stadium: uno de los estadios más famosos de Estados Unidos y la leyenda urbana del cadáver del gremialista Jimmy Hoffa.

–  Un pionero llamado Wally Yonamine: primer jugador de beisbol estadounidense que jugó en la liga japonesa tras la Segunda Guerra Mundial y que ayudó a recomponer las relaciones entre ambos países.

Showtime en la URSS: en 1988 Atlanta Hawks realizó una caótica gira por la Unión Soviética que significó la única visita de una franquicia de la NBA a suelo comunista.

Rebel Tour: jugar en el Apartheid: entre 1982 y 1990 se organizaron una serie de partidos de cricket con combinados de fantasía conformados a fuerza de dinero que burlaron la prohibición que pesaba sobre Sudáfrica a causa del Apartheid.

Revolución cultural: gracias a los buenos resultados la selección femenina de fútbol de Corea del Norte se ganó el cariño del recientemente fallecido líder Kim Jonh Il y produjo un cambio en el rol de la mujer en la sociedad norcoreana.

La Generación del 80: la selección argentina de básquet que en el Preolímpico de Puerto Rico 1980 logró una histórica clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú, a los cuales no pudo asistir por cuestiones políticas.

Maravillas del béisbol: en la temporada 1945 Peter Gray y Bert Shepard fueron los únicos jugadores amputados que participaron en la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos.

Rocky de carne y hueso: Chuck Wepner, oscuro boxeador que tiró a la lona a Mohamed Ali y que sirvió de inspiración para la creación de la saga de Rocky.

Campeón incómodo: en medio de tensiones políticas Sudáfrica se transformó en el único país que ganó la Copa Davis por no presentación del rival en la final.

Cricket social: en un barrio marginal de Los Angeles con problemas de violencia, Compton Cricket Club aparece como una peculiar alternativa y como herramienta de reinserción para exconvictos. Además, el caso argentino en una villa de Barracas.

Bonus track: algunos post de años anteriores.

Mo Johnston y la muerte del sectarismo: por cuestiones religiosas la trasferencia del jugador escoses de moda produjo un quiebre en la centenaria historia de Rangers FC.

Superando obstáculos: Dalma Malhas, la primera mujer que representará a Arabia Saudita en los Juegos Olímpicos.

Dick, Kerr’s Ladies FC: Un equipo pionero: durante la Primera Guerra Mundial este equipo femenino surgido de una fábrica produjo una revolución en Inglaterra.

La historia jamás contada de los Blackbirds: un equipo de básquet universitario desechó la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 en oposición al régimen nazi.

Ese caos llamado ABA: desorganizada liga que en la década del 70 marcó una época y sirvió de influencia a la actual NBA.

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 3)

Parte 1 y 2 (resumen)

A raíz de la política del Apartheid Sudáfrica tenía prohibido competir internacionalmente. Para burlar la veda el cricket creó los Rebel Tour, giras en las que tomaban parte equipos de fantasía que se formaban gracias al dinero que, mayormente, aportaba el estado. Un grupo de ingleses inauguró estas visitas en 1982. Lo siguieron combinados de Sri Lanka y West Indies, cuyos jugadores en sus países de origen recibieron severos castigos deportivos y, sobre todo, sociales.

Rebel Tours: jugar en el Apartheid-Parte 1

Rebel Tours: jugar en el Apartheid-Parte 2

Capitulo 6: Crisis australiana

Entre fines de 1985 y principios de 1986 un conjunto australiano rodeado de mucha controversia visitó Sudáfrica. A parte del factor económico, hubo otras motivaciones para encarar una aventura en territorio prohibido.

En principio muchos de los integrantes del plantel ya estaban sobre el final de sus carreras y vieron una oportunidad para sumar algo más de dinero y, de paso, hacer una última prueba en el primer nivel. Por otro lado, los jugadores se encontraban en medio de una disputa contractual con la federación local, por lo que el viaje también significó un desafío hacía la dirigencia.

Tal como sucedió con los anteriores Rebel Tour, las negociaciones se manejaron en absoluto secreto. Los primeros contactos se dieron durante el Mundial de Inglaterra 1983. Al año siguiente, en una emotiva conferencia de prensa, Kim Hughes, entre lágrimas, renunció a la capitanía de la selección de Australia. Doce meses más tarde se descubrió la verdadera razón: era el capitán del equipo rebelde que disputó 7 partidos en Sudáfrica. Hughes, que perdió credibilidad, recibió 10.000 dólares estadounidenses por liderar el tour.

Equipo de Australia antes de partir a Sudáfrica. (The Age)

Periodistas, historiadores, jugadores y directivos, reconocen aquel momento como el más traumático en la centenaria vida del cricket australiano. Esto llevó a una división interna en la que quedaron resquemores que todavía siguen flotando en el aire y por eso la mayoría de los protagonistas optan por no hablar de esta cuestión con la prensa. De hacerlo, no dan sus nombres.

Al igual que los participantes de los Rebel Tour previos, los jugadores recibieron una sanción de entre 2 y 3 años, una pena mucha más leve a los 10 años que se preveían. También sufrieron el rechazo social, aunque no fue tan duro como en otros casos. Deportivamente al cricket australiano le costó mucho tiempo reponerse de la crisis interna que se había generado.

De los 16 miembros, a los que el Primer Ministro australiano Bob Hawke tildó de “traidores”, sólo 4 volvieron a ser convocados para vestir la camiseta de Australia. Otros, en cambio, continuaron sus carreras como entrenadores o dirigentes.

Capítulo 5: Gatting go home

Los Rebel Tours murieron con el Apartheid. En 1990 un nuevo equipo de Inglaterra visitó Sudáfrica en paralelo a la liberación de Nelson Mandela. En este tramo final aparece la figura de Mike Gatting, primer nombre que surge cuando se hace referencia a estos sucesos. A fuerza de declaraciones poco felices se había ganado el desprecio de una comunidad negra que se estaba revelando a tantos años de sufrimiento.

“Estaban bailando y celebrando”, fue una de las varias expresiones desafortunadas que dio Gatting cuando se refirió a una manifestación que terminó con una violenta represión policial. “Esto no tiene nada que ver con nosotros. No podemos ser responsables de algo que pasa fuera de los estadios”, le dijo a John Sogoneco, que encabezaba una protesta contra la gira. Los carteles y los canticos de “Gatting go home” se habían convertido en algo habitual en un país que vivía un proceso de cambio.

En Pietermaritzburg casi 5.000 personas, mayormente negros, recibieron con piedras a los jugadores cuando salían a la cancha. El público estaba demasiado irascible y Gatting intentó tranquilizar las aguas. Logró el efecto contrario y la concurrencia se enfureció todavía más. “En ese momento pensé que lo iban a asesinar”, evocó Alí Bacher, ex capitán de Sudáfrica e ideólogo de estas giras.

No sólo en los estadios a los ingleses le hacían sentir el rechazo, sino también en los hoteles en donde se hospedaban. Los cocineros se negaban a servirles la comida, por lo cual la delegación estaba obligada a cocinarse.

El 12 de febrero de 1990, un día después de la liberación de Mandela, en Newlands se vivió el punto de mayor tensión: horas antes de comenzar a jugar una bomba explotó en el estadio produciendo sólo daños materiales. Se canceló el amistoso, pero la gira continuó, aunque con menos partidos de los que estaban programados originalmente.

De vuelta a Londres la federación penalizó a los participantes con 3 años sin poder jugar internacionalmente. “Por suerte salió todo bien para Sudáfrica y Nelson Mandela es un gran hombre”, son las únicas declaraciones que se atribuyen a Gatting, que actualmente trabaja como directivo, al respecto ya que prefiere evitar este tema en las entrevistas.

Dos diarios de tendencias diferentes coincidieron en criticar el tour. “No más ignominia, ni descredito para un equipo o jugadores que visten el distintivo de Inglaterra”, escribió Fran Keating en The Guardian. “Desacreditaron a su país y a su deporte”, señaló el tabloide The Mirror.

Como conclusión los Rebel Tour dejaron un saldo negativo. Las mayorías negras lo veían como una provocación, para gran parte de los jugadores involucrados significó el final abrupto de sus carreras y todavía siguen sufriendo las consecuencias. Así lo resumió Bacher: “Vivíamos en un isla, incluido yo. Pensaba que el país, la gente, no tenía problemas. Debo confesar que si hubiera sabido de la furia y el dolor que causaron los Rebel Tour, lo pensaría dos veces. Fue demasiado perjudicial para mí”.

FIN

Links/Fuentes relacionadas

Rebels-The ’85 South Africa tour (The Age)

It was 20 years ago today… (The Age)

The crying game (cricketinfo.com)

1985-6 Australian XI (The Rebel Tour Blog)

Playing With Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

English rebels who ignored apartheid cause still show a lack of shame (The Guardian)

Rebels without a cause (cricketinfo.com)

Mike Gatting and his rebel team walked into eye of a storm in post-apartheid South Africa (The Telegraph)

1990 English XI (The Rebel Tour Blog)

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 2)

Parte 1 (resumen)

En una Sudáfrica en donde el racismo era moneda corriente a raíz de Apartheid, lo que trajo, entre otras consecuencias, el no poder competir internacionalmente en ningún deporte, el cricket encontró la manera de burlar la prohibición con los llamados Rebel Tour. Estos consistían en armar a fuerza de mucho dinero, aportado mayormente por el Estado, equipos ficticios para jugar contra la selección local. En 1982 un conjunto inglés protagonizó la primera gira rebelde.

Capítulo 2: Heridas que no cierran

En Sri Lanka Bandula Warnapura era visto como un héroe nacional. Había sido el capitán de la selección en una histórica serie ante Inglaterra, pero esa veneración la terminó dilapidando cuando lideró a 14 jugadores que formaron un equipo denominado Arosa Sri Lanka que marcó a sus participantes y que dejó secuelas que aún perduran.

La gira en todo sentido fue un desastre. El combinado ceilandés, que jugó en paralelo mientras en Zimbabwe se presentaba la selección oficial, perdió en las 6 presentaciones y nunca estuvo a la altura de las circunstancias. Esto perjudicó a la organización y el bajo nivel de los partidos le hizo perder mucho dinero.

Una vez terminada la aventura, que se tuvo lugar a fines de 1982, sus participantes recibieron una pena de 9 años en la que se les impedía tener cualquier tipo de vinculación con el cricket. De esta manera, quedaron totalmente marginados.

Equipo de Sri Lanka que realizó el Rebel Tour de 1982.

Era un hecho que sus carreras estaban acabadas, pero la vida debía seguir y no fue tan fácil en una sociedad que los rechazaba y los acusaba de traición a la raza. Con el dinero ganado en Sudáfrica los jugadores se compraron casas nuevas, aunque también quedaron desocupados y la falta de trabajo trajo consecuencias. Anura Ranasinghe, integrante de aquel equipo, sufrió depresión y cayó en el alcoholismo.

Ya cumplida la sanción, Warnapura, al que se acusa de haber organizado el viaje, todavía siente que es perseguido injustamente: “En una sociedad normal, cuando uno cumple la pena, es perdonado, incluso un criminal que estuvo en la cárcel. Pero los jugadores que fuimos a Sudáfrica seguimos sufriendo aunque el período de prohibición se ha terminado. Eso es triste”.

Warnapura sostiene que hubo exigencias de la dirigencia para realizar el tour y que los reales promotores “salieron sin un rasguño” y hoy ocupan cargos importantes en la federación. También prometió publicar un libro contando toda su verdad y mostrando documentos que abalan sus dichos.

Con o sin presiones externas, lo cierto es que aquella experiencia en Sudáfrica dejó heridas abiertas que ni siquiera el paso del tiempo ha podido cerrar.

Capitulo 3: Bastardos sin gloria

Entre las muchas historias que se desprenden de los Rebel Tours quizás la más dramática la entregue West Indies, representativo que nuclea a varias ex colonias británicas del Caribe. En el verano de 1983 se conformó un combinado que produjo un fuerte impacto entre los sudafricanos ya que todos sus integrantes eran negros. Paralelamente, en casa los esperaba el oprobio y una dura condena social.

El 6 de enero de 1983 Allan Rae, presidente de la West Indies Cricket Council, elogió públicamente a los jugadores por negarse a ir a Sudáfrica. No sabía que mientras decía esto a sus espaldas Lawrence Rowe, capitán de la selección, en secreto ultimaba detalles para 5 días más tarde emprender con el resto de sus compañeros rebeldes una gira de 8 amistosos en suelo sudafricano.

“Tal vez, como hacen un largo viaje a Johannesburgo, los jugadores puedan reflexionar sobre el hecho que de haber nacido en Soweto y no en Saint Peter, en Ciudad del Cabo y no en Spanish Town, su talento deportivo jamás habría visto la luz del día”, editorializó el Barbados Daily Town que, pese a la crítica, fue el único diario que no boicoteó la gira.

Una vez llegados al aeropuerto de Johannesburgo alrededor de 100 personas recibieron a la delegación. En un costado, casi escondidos, tres negros sostenían un cartel con un mensaje que resumía lo que estaba pasando en el país: “Primero libertad, cricket después”.

Ciudad del Cabo acogió el partido que abrió la serie. En el ambiente del estadio había mucha tensión porque se avecinaba un duelo entre un equipo compuesto por negros y otro por blancos, lo cual resultaba extraño para el público. “La mayoría de los hinchas eran blancos, los negros limpiaban las tribunas. Temíamos por los objetos que nos pudieran lanzar o alguna golpiza. Yo estaba muy tenso”, reconoció Franklyn Stephenson, quien disputó aquel encuentro.

Continúa Stephenson: “En un momento un chico me convido una Coca Cola. Me negué. Regresó más tarde y acepté. Tomé de la botella y al rato había unos 15 chicos ofreciéndome bebida. Fue conmovedor”. Ese simple acto de aceptar una Coca Cola significó un quiebre. Una barrera había caído.

De repente los jugadores de West Indies consiguieron ser aceptados en ámbitos en donde los negros sudafricanos no tenían acceso. “En Port Elizabeth un tipo alto, blanco, me llevó a un supermercado para blancos. Se volvieron un montón de cabezas. Llegue al mostrador y la señora me pidió que firmara algo. En ese momento todo el mundo detuvo su trabajo y corrió hacía mi para pedirme un autógrafo”, rememoró Stephenson.

Stephenson protagonista de una imagen rara en la Sudáfrica del Apartheid: un negro firmando autógrafos. (cricketinfo.com)

El tour tuvo dos momentos significativos: uno fue cuando los jugadores visitaron Soweto y dieron una clínica para chicos del lugar; el otro fue la presentación en Barea Park de Pretoria, el corazón del Apartheid.

Mientras tanto las críticas seguían: “Yo sé que algunos de ellos están sin trabajo, pero el dinero no es todo en la vida”, expresó el ex capitán de West Indies Clive Lloyd. También estaban los defensores: “Algo está muy mal cuando hombres que viven en casas de cristal, que manejan un Mercedes con aire acondicionado, comen en hoteles todos los días, van de vacaciones a París y mantienen 2 esposas, pueden decirle a un hombre pobre que tiene que alejarse del dinero en una sociedad que tiene al dinero como Dios”, escribió Lawson Bayley en Herald Sun.

Tras las 5 victorias ante Sudáfrica la delegación regresó a casa. Los 18 jugadores no sabían que la pesadilla estaba por comenzar y, en casos puntuales, todavía no terminó. Se los sancionó de por vida para realizar cualquier actividad vinculada con el cricket. La pena fue levantada en 1989 y sólo uno de ellos volvió a vestir oficialmente la camiseta de West Indies.

El castigo social fue más severo que la sanción deportiva. De los integrantes de ese plantel la mitad se fue al exterior, algunos para seguir jugando, sobre todo en Inglaterra, y otros para dedicarse a negocios ajenos al deporte, como, por ejemplo, Rowe, que paso de ser una celebridad en Jamaica a tener que ver los partidos escondido y disfrazado por miedo a represarías. Actualmente vive en Florida.

Otros, en cambio, no pudieron encausar su vida y terminaron en la ruina. La situación más extrema es la de Richard Austin, un talentoso jugador estrella en la década del 70, pero que luego de la visita a Sudáfrica se convirtió en un vagabundo drogadicto en las calles de Kingston y que sostiene que por culpa de aquel tour le asesinaron a su hijo.

También se puede mencionar a Stephenson, que supo tener actuaciones destacadas en Inglaterra y actualmente nadie lo quiere contratar como entrenador, consejero o cualquier otra función, a David Murray, que vive como un paria en una playa y da entrevistas por 20 dólares, o a Herbert Chang, del que se cree que aún vive en Jamaica, que perdió todo el dinero a manos de una mujer de confianza, que estaría mentalmente inestable y moribundo, sino no es que ya murió.

Los jugadores, que jamás negaron que la motivación del viaje fue el dinero, en un ambiente a priori hostil se ganaron la admiración, pero en sus países siguen siendo vistos como unos simples bastardos sin gloria.

Continuará

En el último capítulo de la saga Australia queda divida por culpa del Rebel Tour y un equipo inglés liderado por un polémico capitán juega en Sudáfrica al mismo tiempo que Nelson Mandela es liberado de la cárcel.

Links/Fuentes relacionadas

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

The rebel with a grouse (Indian Express)

Playing With Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

The unforgiven (cricketinfo.com)

1982 Arosa Sri Lanka (The Rebel Tours Blog)

1983 West Indian XI (The Rebel Tours Blog)

Rebel Tours: jugar en el Apartheid (Parte 1)

Introducción

El deporte tuvo un rol protagónico en la presión que la comunidad internacional ejerció sobre Sudáfrica en la lucha contra el Apartheid. Con el apoyo de las Naciones Unidas, el Comité Olímpico Internacional y las distintas federaciones marginaron del mapa a aquel país impidiéndole participar en mundiales, Juegos Olímpicos o cualquier otra competencia. Sumado a sanciones comerciales y políticas, los sudafricanos quedaron aislados.

Cumpliendo a rajatabla el clásico hecha la ley, hecha la trampa, se encontró la manera de burlar la prohibición. La mejor ejemplificación de esta situación la entregó el cricket con los llamados Rebel Tours.

Gracias al buen aporte de dinero que provenía de sponsors privados y, especialmente, de fondos públicos, se contrataban jugadores para formar equipos con nombres de fantasía que servían de rivales para la selección local.

Aunque previamente hubo experiencias con clubes o combinados regionales, los Rebel Tour tuvieron mayor relevancia entre 1982 y 1990. Durante esa época conjuntos no oficiales de Inglaterra, Sri Lanka, Australia y West Indies, que nuclea a naciones del Caribe ex colonias británicas, jugaron ilegalmente en Sudáfrica.

En medio de esas giras se mezclaron la política, el Apartheid y el dinero. La mayoría de sus protagonista vieron como sus carreras se truncaron demasiado temprano y socialmente quedaron marcados de por vida.

Capitulo 1: Los doce del patíbulo

“Otra gente puede ir a Sudáfrica como abogados, plomeros o contadores. Somos un blanco fácil para criticar”, era el justificativo usado por Graham Gooch, capitán del equipo inglés que en 1982 participó en el Rebel Tour inaugural, a la hora de defenderse de las criticas que llovían por la visita a un país que tenía al racismo como política de estado.

La primera intención de la organización, encabezada por Ali Bacher, último capitán sudafricano antes de la suspensión, era invitar a West Indies, en ese momento el mejor equipo del mundo, pero la posibilidad se diluyó. Se intentó con Inglaterra y las negociaciones tuvieron más éxito. Con Geoffrey Boycott, quien capitaneaba a la selección inglesa, como líder las tratativas se manejaron en absoluto secreto.

Finalmente se arregló una gira de 4 partidos que se extendió durante 1 mes. El hecho recién tomó estado público cuando el 1 de marzo 7 de los 12 rebeldes, que habían recibido entre 40 y 60 libras, aterrizaron en Johannesburgo. De los integrantes de aquel plantel sólo había una ausencia de los habituales convocados para la poderosa selección inglesa.

Geoff Boycott, izquierda, y Graham Gooch, las caras principales del polémico tour. (cricketinfo.com)

En Londres la noticia estalló como una bomba. Hubo protestas de grupos anti Apartheid y el tema no pasó desapercibido para el Parlamento. “Se vendieron a si mismos por unas monedas de oro cubiertas de sangre”, atacó el laborista Gerald Kaufmann. En ese recinto también se los tildó como The Dirty Dozen, tomando el nombre de la película de 1967 en la que un grupo de soldados debía cumplir una misión suicida y que en español se tradujo como Los Doce del Patíbulo. El apodo también fue adoptado por la prensa.

Mientras tanto en Sudáfrica la visita era promocionada como el retorno del cricket de primer nivel y la convocatoria de público, mayormente blanco, fue altamente positiva. Había que remontarse a 1970 para que Sudáfrica, nación con mucha tradición en este deporte, enfrentara a un rival importante.

No todos estaban felices con esta serie de amistosos y no lo tomaban como un hecho a celebrar. “No es un capitulo glorioso de su historia. Ellos no deberían decirle a sus hijos que vinieron”, escribió Desmond Tutu, por ese entonces Arzobispo de Johannesburgo y que en 1984 recibió el Premio Nobel de la Paz.

Tras esta aventura, en la que los visitantes estuvieron apartados de cualquier conflicto social, sobre todo por la feroz represión policial contra cualquier protesta, la delegación inglesa retornó a casa sin victorias pero con las billeteras más abultadas. Los miembros del equipo tuvieron que cumplir una pena de 3 años, que para la mayoría significó el fin de sus días como cricketeros profesionales y tardaron varios años en reinsertarse a la actividad.

Una historia que se desprende es la de Bob Woolmer, uno de los 3 jugadores que se integró en el tramo final del tour como refuerzo. En 2007 fue entrenador de Pakistán, otra potencia, y luego de la sorpresiva eliminación pakistaní en la primera ronda del mundial de ese año, Woolmer apareció estrangulado en la habitación de la concentración. Se cree que la muerte estuvo relacionada con el mercado negro de apuestas, pero al día de hoy el caso sigue siendo un misterio.

Con esta polémica vista del conjunto inglés, comenzaba lo que el periodista Peter May, autor de un libro al respecto, calificó como la crisis de conciencia del cricket.

Continuará

En la próxima entrega las visitas de Sri Lanka, West Indies y las dramáticas historias de vida post Rebel Tour.

Links/Fuentes relacionadas

SAB’s fat cheques broughy disgrace upon world cricket in 1982 (The Guardian)

The Dirty Dozen (cricketinfo.com)

Playing with Apartheid: The ‘Rebel’ Cricket Tours to South Africa (Think Africa Press)

Caught in Time: English rebel cricket tour of South Africa, 1982 (The Times)

1982 England XI  (The Rebel Tours Blog)

La leyenda olvidada

Al día siguiente de un nuevo aniversario de la muerte del difunto, Marina Lebedeva se acercó sigilosamente a la tumba, dejó un ramo de flores y mientras pronunciaba unas palabras en ruso se secaba las lágrimas de las mejillas. Aunque algo tardío, quizás esta haya sido la manera que la mujer encontró para redimirse de la misteriosa denuncia por violación que frustró la carrera de Eduard Streltsov y produjo un quiebre en la historia del fútbol soviético.

Suecia 1958 parecía ser la gran cita que iba a consagrar a Streltsov. A los 21 años había demostrado en Torpedo, uno de los clubes más pequeños de Moscú, que tenía un talento que lo proyectaba a conseguir cosas importantes. Era rápido, habilidoso para manejar la pelota y frente al arco rival no perdonaba. El mundo se enteró de su existencia en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, torneo que ganó la URSS, pese a que el delantero estrella vio desde afuera la final con Yugoslavia.

En la semifinal ante Bulgaria la Unión Soviética consiguió una victoria épica por 1-0. Sufrió dos bajas por lesión y como todavía no se permitían los cambios terminó con 9. El atacante del Torpedo Valentin Ivanov fue uno de los lesionados y quedó marginado para la definición. Como el entrenador Gavriil Kachalin prefería colocar una dupla ofensiva compuesta por compañeros del mismo equipo sacó de los titulares a Streltsov.

De izquierda a derecha: Streltsov, Yashin y Netto, figuras de la URSS campeona olímpica.

Por reglamento los suplentes no recibían las medallas, por eso Nikita Simonyan, actual vicepresidente de la Unión Rusa de Fútbol y reemplazante de la figura soviética, quiso regalarle la suya a Streltsov, que había estado en todos los partidos previos, pero este no la aceptó: “No te preocupes Nikita, ganaré muchos más trofeos en el futuro”, contestó sin saber que el destino, si es que esta escrito, le tenía preparado otra cosa.

Para esa altura Streltsov, que también sobresalía por un carácter extrovertido, había traspasado los límites de la Unión Soviética y era considerado uno de los mejores jugadores de Europa. En la primera edición del Balón de Oro, ganado por Stanley Matthews, terminó en el puesto 13 de la votación. En 1957 finalizó séptimo.

Hasta este punto la historia transita por un mismo camino, pero a partir de ahora se mete en terrenos pocos claros y surgen situaciones que generan muchas incógnitas sobre por qué Streltsov no llegó a ser lo que prometía.

Además de tener una vida trágica (se suicidó en 1974), Yekaterina Furtseva cumplió un papel protagónico en la URSS. A los 20 años se afilió al Partido Comunista y desde allí escaló posiciones hasta ganarse el aprecio de los altos mandos. Integró el Politburó como Ministro de Cultura, convirtiéndose en la mujer más poderosa del país porque fue la única en acceder a un cargo político tan relevante.

Como miembro del gobierno Furtseva participó en el agasajo que se organizó en el Kremlin para los campeones olímpicos en Melbourne. En esta reunión la dirigente le presentó a Streltsov a su hija Svetlana con la intención de casarlos. El futbolista rechazó la propuesta: adujó que estaba comprometido, lo cual era cierto. Con la celebración bien avanzada, Streltsov, con varios vodkas demás, fue demasiado lejos: en público insultó a la hija de Furtseva. Entre otros epítetos gritó: “jamás me casaría con esa cara de mono”.

Paralelamente el ascendente astro se encontraba en una puja con los dos grandes clubes de la capital: CSKA Moscú, vinculado al Ejército Rojo, y Dinamo Moscú, la pata deportiva de la KGB. Streltsov prefirió seguirle siendo fiel al humilde Torpedo, que lo descubrió cuando jugaba en el equipo de una fábrica textil, y le dio la espalda a las poderosas instituciones.

La vida de Streltsov cambió abruptamente meses antes del mundial de 1958. Durante una jornada de descanso en la preparación, el plantel de la URSS fue invitado a una dacha (casa de campo) para participar en la recepción de un militar que había vuelto del extranjero. En esta celebración Streltsov conoció a Marina Lebedeva. A la mañana siguiente la joven de 20 años lo denunció por violación e inmediatamente fue detenido.

Al momento de la declaración un agente de la KGB le prometió que si se reconocía culpable le iban a permitir jugar el mundial. Presionado por la situación Streltsov, que le había enviado una carta a su madre diciendo que era inocente, aceptó la culpabilidad y firmó la declaración, pero la otra parte no cumplió la palabra. Fue juzgado y condenado a 12 años de trabajos forzados en el Gulag (campo de concentración soviético) de Siberia.

Cuando se supo del arresto los primeros en reaccionar fueron los trabajadores de la ZIP, empresa automotriz a la que pertenecía Torpedo. Organizaron una manifestación en la que participaron alrededor de 100.000 personas. Sostenían que esto era una venganza contra Streltsov. Esta vez, como tantas otras, la voz del proletariado no fue escuchada.

Las autoridades sentían cierta incomodidad por las actitudes de Streltsov, que no coincidían con el ideal del ciudadano soviético. Su archivo afirma: “de acuerdo con una fuente verificada, les dijo a sus amigos en 1957 que siempre siente pena tener que retornar a la URSS después de un viaje al exterior”. En tanto, en un memo interno del Departamento de Fútbol se lo critica por el mal momento que eligió para contraer matrimonio: “encontramos que se había casado antes de un importante amistoso ante Rumanía. Esto demuestra la pobre educación al trabajo que hay en Torpedo”.

Eduard Streltsov

Con estas pruebas se puede deducir que a Streltsov le tendieron una trampa. Aunque también hay evidencias que llevan a una lectura diferente. Jonathan Wilson, periodista de The Guardian, entrevistó a Simonyan y este le mostró unas fotos. En una de ellas aparece Lebedeva acostada en lo que parece ser la cama de un hospital y con moretones en los ojos. En otra se ve al jugador durante el juicio con la cara rasguñada.

“Es una historia oscura. Es difícil decir quién la violó. Imagino que la chica a la noche fue a los suburbios, entonces unos chicos la esperaron y así fue como pasó, pero no me parece que haya sido un montaje. Quizás fue el dueño de la dacha”, dudó Simonyan.

“Cuando intente ayudar a Streltsov la policía me dijo que Khrushchev (NdR: presidente de la URSS) estaba siendo informado. Entonces fui la sede del Partido Comunista para pedir que suspendieran el caso hasta el final del Mundial. Me dijeron que no podían hacer nada porque estaba siendo manejado por las altas esferas. Entendí que era el final. Escuche que Furtseva lo había hecho para Streltsov, pero no sé exactamente qué fue lo que pasó”, le contó Kachakin, entrenador de la selección que jugó en Suecia, al historiador Axel Vartanyan.

Previo al mundial se comentaba que había dos selecciones debilitadas: Inglaterra, por el accidente aéreo de Múnich, y la URSS, por la ausencia de Streltsov. La ilusión de los soviéticos se acabó en los cuartos de final, instancia en la que cayeron 2-0 con Suecia, luego subcampeón y al que tiempo antes habían vapuleado 6-0 en un amistoso. Aquella goleada fue el debut de Streltsov, que marcó 3 goles, en la selección mayor.

Mientras tanto el protagonista de esta historia se encontraba aislado en Siberia desperdiciando los mejores años como futbolista. Sobre lo que sucedió en el Gulag no hay demasiada información porque Streltsov, temeroso a recibir represarías, evitó referirse al tema, incluso con familiares o amigos. Lo que se cree es que los primeros tiempos fueron difíciles y pasó 4 meses en el hospital de la prisión por un golpe con una barra de hierro. Una vez recuperado era utilizado por los guardias para partidos informales que servían para calmar los ánimos de los reclusos.

Al cumplirse 7 años a Streltsov le conmutaron la pena. Para esa altura los tiempos de idolatría se habían acabado y era visto como un criminal. Torpedo fue el único lugar en donde todavía era admirado y respetado. Los hinchas no olvidaron la prueba de fidelidad que significó rechazar la posibilidad de ir a CSKA Moscú o a Dinamo Moscú.

Todo ese cariño lo devolvió en la cancha. Con él como figura el conjunto moscovita fue campeón de las ligas de 1965 y 1968, siendo Streltsov premiado como el mejor futbolista en las temporadas 1967 y 1968. Físicamente ya no era el mismo, aunque el talento seguía intacto. Todavía hoy Torpedo le rinde homenaje permanente: la cancha lleva su nombre y también hay una estatua que lo recuerda.

Con la idea de recuperar la imagen del que muchos historiadores consideran que pudo haber sido mejor que Pelé, en 2001 se creó el Comité Streltsov. Este grupo presidido por Anatoly Karpov, campeón del mundo de ajedrez en los períodos 1975-1985 y 1993-1999, tiene como meta principal lograr que legalmente Streltsov quede exonerado del delito de violación.

La figura de Streltsov, que nunca pudo mostrarse en los grandes escenarios del fútbol, quedó olvidada en el tiempo y pocos lo recuerdan. Murió en 1990 a causa de un cáncer de garganta. En el lecho de muerte una de las últimas cosas que llegó a decir fue “soy inocente”.

Fuentes/Links Relacionados

El fútbol y la guerra fría. Eduard Streltsov: el Pelé ruso (Notas de fútbol)

Was Streltsov really the martyr Russian football demands? (The Guardian)

La triste historia del Pelé ruso (Don Balón)

Loyal fans fight to clear name of Russia’s Pele (The Guardian)

Perdido en Egipto

Mientras Mlandeli Ndlela ajustaba los últimos detalles antes de partir con destino a El Cairo con la idea de disputar el primer torneo de 2011, Thando, su madre, quizás impulsada por ese quinto sentido que tienen las mujeres y que se profundiza cuando se trata de un hijo, le pedía que por favor renunciara a participar y se quedara en casa. El mejor tenista de Zimbabue no escuchó la advertencia. Tomó las raquetas y se marchó sin saber que se encaminaba directo al centro de la tormenta.

Al mismo tiempo que Mdlela, integrante del equipo de Copa Davis de su país desde 2008, se dirigía a Egipto, las protestas contra el presidente Hosnin Mubarak no habían alcanzado el pináculo de violencia que tuvieron más tarde y no había una decisión tomada acerca de la cancelación del torneo de la categoría Future, la última del tenis profesional. Ni bien el jugador de 25 años puso un pie en suelo egipcio se dio cuenta que las circunstancias eran mucho más problemáticas de lo que podía imaginar.

Arribó el miércoles previo al inicio del certamen y en el aeropuerto reinaba la confusión y, para colmo, la aerolínea en la que viajó perdió su equipaje. “Todo era caótico -relató Mdlela- Tuve que comprar nuevo equipamiento y tener suficiente dinero para mi”. “Había mucha seguridad en el aeropuerto y la federación egipcia nos trasladó a Giza, en donde el sábado iba comenzar el campeonato”, explicó el estudiante de la Universidad de Concordia, Estados Unidos.

“La seguridad fue muy estricta en la sede y el propietario del hotel nos garantizó que estaríamos seguros”, expresó Mdlela. En esas horas el ambiente social y político llegó al punto límite y la situación definitivamente estalló. Con la aprobación de la Federación Internacional de Tenis la organización, con demasiado retraso, canceló el torneo. De esta forma Mdlela se convirtió en uno de los tantos extranjeros varados en Egipto. Quedó aislado del mundo porque las conexiones de Internet y telefónicas estaban caídas.

Mlandeli Ndlela

“Recibí un mail de un amigo en El Cairo diciéndome que perdió contacto con Mlandali y ahora estamos preocupados”, relató Daniel, padre de Mdlela, a una radio local mientras desde Egipto llegaban informaciones sobre muertos y un recrudecimiento de la violencia.

Los jugadores fueron trasladados al aeropuerto para que buscaran una forma de escapar del país. Las arterías de la capital egipcia se encontraban abarrotadas de manifestantes y militares que hacían que el transitar fuera muy complicado. “Del club al aeropuerto era un viaje de 20 minutos, pero tomó 3 horas por la cantidad de soldados que había en las calles”, describió el zimbabuense que no figura en el ránking mundial.

Casi como el protagonista de La Terminal, Mdlela quedó a la deriva intentando huir a Zimbabue o, por lo menos, a un destino más seguro en donde hacer escala. “Contuve mis nervios y continúe buscando vuelos alternativos para salir de Egipto. Pase 2 días sin baño y durmiendo sin mantas ni almohadas”, recordó el personaje central de esta historia.

La solución llegó cuando se topó con un keniata que le recomendó tomarse un vuelo de Fly Emirates que iba a Johannesburgo vía Dubai. Sin dudarlo, y con lo último que le quedaba en el bolsillo, pagó los 750 dólares del pasaje y emprendió el retorno. Ya en Dubai Mlandali por fin se contactó con un hermano que vive en Gran Bretaña. “Estas 2 semanas fueron el período más tenso para la familia. Estoy feliz que mi hijo haya vuelto a casa vivo”, manifestó Thando.

Después de esta experiencia seguramente para el próximo viaje Mdlela estará más atento a las advertencias de su madre.

Fuentes/Links relacionados

Zimbabwe Tennis Player Missing In Cairo (The Zimbabwe Mail)

How Tennis Star Plunged Into Egypt Chaos (allafrica.com)

Zimbabwe player escapes Egyptian chaos (tennis.com)

Tennis ace Ndlela safe (newsday.co.zw)

Perfíl de Mlandeli Ndlela (daviscup.com)

Twitter de Mlandeli Ndlela