Resumen 2011

Un repaso por los post publicados en el año.

Con la cabeza en otra parte: la selección de handball de Túnez debuta en el Mundial de Suecia al mismo tiempo que renunciaba el presidente tunecino en medio de un clima social muy tenso.

Perdido en Egipto: el tenista Mlandeli Ndlela vivió una odisea cuando intentó jugar un torneo en Egipto al mismo tiempo que el país ingresaba en ebullición.

Haití bajo cero: Jean Pierre Roy se convirtió en el primer esquiador haitiano que participó en el Mundial de ski.

La leyenda olvidada: la trágica historia de Eduard Streltsov. Pasó de ser el máximo ídolo del fútbol soviético y potencial figura del Mundial Suecia 1958 a ser un detenido en Siberia acusado de un crimen cuya investigación aún deja demasiadas dudas.

El mito del Giants Stadium: uno de los estadios más famosos de Estados Unidos y la leyenda urbana del cadáver del gremialista Jimmy Hoffa.

–  Un pionero llamado Wally Yonamine: primer jugador de beisbol estadounidense que jugó en la liga japonesa tras la Segunda Guerra Mundial y que ayudó a recomponer las relaciones entre ambos países.

Showtime en la URSS: en 1988 Atlanta Hawks realizó una caótica gira por la Unión Soviética que significó la única visita de una franquicia de la NBA a suelo comunista.

Rebel Tour: jugar en el Apartheid: entre 1982 y 1990 se organizaron una serie de partidos de cricket con combinados de fantasía conformados a fuerza de dinero que burlaron la prohibición que pesaba sobre Sudáfrica a causa del Apartheid.

Revolución cultural: gracias a los buenos resultados la selección femenina de fútbol de Corea del Norte se ganó el cariño del recientemente fallecido líder Kim Jonh Il y produjo un cambio en el rol de la mujer en la sociedad norcoreana.

La Generación del 80: la selección argentina de básquet que en el Preolímpico de Puerto Rico 1980 logró una histórica clasificación a los Juegos Olímpicos de Moscú, a los cuales no pudo asistir por cuestiones políticas.

Maravillas del béisbol: en la temporada 1945 Peter Gray y Bert Shepard fueron los únicos jugadores amputados que participaron en la Major League Baseball (MLB) de Estados Unidos.

Rocky de carne y hueso: Chuck Wepner, oscuro boxeador que tiró a la lona a Mohamed Ali y que sirvió de inspiración para la creación de la saga de Rocky.

Campeón incómodo: en medio de tensiones políticas Sudáfrica se transformó en el único país que ganó la Copa Davis por no presentación del rival en la final.

Cricket social: en un barrio marginal de Los Angeles con problemas de violencia, Compton Cricket Club aparece como una peculiar alternativa y como herramienta de reinserción para exconvictos. Además, el caso argentino en una villa de Barracas.

Bonus track: algunos post de años anteriores.

Mo Johnston y la muerte del sectarismo: por cuestiones religiosas la trasferencia del jugador escoses de moda produjo un quiebre en la centenaria historia de Rangers FC.

Superando obstáculos: Dalma Malhas, la primera mujer que representará a Arabia Saudita en los Juegos Olímpicos.

Dick, Kerr’s Ladies FC: Un equipo pionero: durante la Primera Guerra Mundial este equipo femenino surgido de una fábrica produjo una revolución en Inglaterra.

La historia jamás contada de los Blackbirds: un equipo de básquet universitario desechó la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 en oposición al régimen nazi.

Ese caos llamado ABA: desorganizada liga que en la década del 70 marcó una época y sirvió de influencia a la actual NBA.

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Showtime en la URSS

La necesidad de expandir sus fronteras y de abrir nuevos mercados fuera de Estados Unidos impulsó a la NBA a organizar partidos en el exterior, sobre todo en Europa. Las primeras experiencias fueron a fines de los 70, pero comenzaron a hacerse más asiduas en los últimos años de la década del 80. Durante ese período uno de los casos más curiosos ocurrió en 1988 cuando Atlanta Hawks visitó la Unión Soviética.

Denominada Goodwill Tour (Tour de la Buena Voluntad) la gira que se extendió aproximadamente por 20 días constó de 3 partidos en los que se enfrentaron la poderosa selección local subcampeona europea con la franquicia del Estado de Georgia. Motivos económicos y políticos fueron los motores de la expedición.

La principal interesada era la cadena TBS, perteneciente al empresario oriundo de Atlanta Ted Turner, que buscaba profundizar los lazos comerciales con una URSS que se hallaba en plena apertura económica (Perestroika). Los contactos habían comenzado en 1986 cuando TBS junto con la TV soviética coprodujeron los Goodwill Games, unos minis Juegos Olímpicos que reunía a atletas de Estados Unidos y Europa del Este.

El segundo involucrado era la NBA. La URSS se presentaba como un sitio atractivo no sólo por lo monetario, sino también porque era una constante productora de talentos. Por eso la delegación estuvo liderada por David Stern, comisionado de la liga, que aprovechó la oportunidad para reunirse con los altos mandos del deporte soviético.

Estos factores influyeron para que Atlanta Hawks se lanzara a una aventura que en la sensación de los protagonistas duró una eternidad. “Viví muchas experiencias en mi carrera, pero ninguna tan memorable como el viaje a la Unión Soviética para cubrir la gira de los Hawks. Fue uno de esos viajes tan horrendos que terminas recordándolos con cariño. Mala comida, desplazamientos muy complicados, desordenes intestinales y malos alojamientos”, recordó Jack McCallun, periodista de Sports Illustrated.

Realidades opuestas

En lo deportivo los equipos tenían objetivos diferentes. Atlanta Hawks venía de ser protagonista de la temporada 1987/1988. Su campaña culminó en las semifinales de la Conferencia Este con una derrota en un séptimo partido ante Boston Celtic. Para esta altura del calendario se suponía que los jugadores debían estar de vacaciones. “Realmente el tour significa mucho más para la TBS que para nosotros. Pero bueno, estos son negocios”, reconoció el base John Battle.

Para la URSS, en cambio, estos amistosos eran importantes. No sólo por el hecho de ponerse a prueba ante un rival que venía de ser tercero en la División Central y octavo en el total de la etapa regular de la NBA, sino que además servían como test de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Por esta razón el entrenador Aleksander Gomelski convocó a la mayor parte del plantel que meses más tarde se consagró campeón olímpico.

Luego del extenso viaje la comitiva estadounidense arribó a Moscú. De ahí fue trasladada al Centro Olímpico de Sukhumi, una localidad turística a orillas del Mar Negro. Entre turismo, entrenamientos y una clínica para los jugadores soviéticos, algo que cayó muy mal en la selección de Estados Unidos que se preparaba para los Juegos Olímpicos, pasaron los primeros días de la estadía. Mientras tanto había que adaptarse al brusco choque cultural y a una dieta basada en pepinos y tomates que no convencía a nadie.

En Tiblisi, República de Georgia, se abrió el Goodwill Tour. En un estadio repleto se disputó un partido muy luchado que se definió en el último ataque. A falta de 19 segundos la URSS estaba arriba 84-83 y la pelota en control de Atlanta Hawks. Con un lanzamiento agónico a pocos metros del aro Battle convirtió el doble definitivo que les dio la victoria a los visitantes por 84-85.

Banderín conmemorativo de la gira por la URSS.

Olvidado en Moscú

Para la siguiente presentación el itinerario indicaba que había desplazarse hasta Vilna, lo que implicaba otro extenso y complicado traslado. En la capital lituana se sumó Dominique Wilkins, la gran estrella de Atlanta Hawks. Para arribar hasta allí primero tuvo que pasar una odisea.

Llegar de Estados Unidos a la URSS había sido tortuoso. Una vez en Moscú unos directivos soviéticos se iban a encargar del papeleo para hacer el trasbordo, pero por una descoordinación perdieron el vuelo. En vez de buscar una solución se retiraron del aeropuerto y Wilkins durante casi 1 día quedó abandonado en una especie de limbo. De repente se encontró solo, incomunicado, sin entender el idioma y sin dinero ni comida.

“Fueron 12 horas sin dirigentes o personas que conociera, así que me senté y esperé”, recordó Wilkins. Finalmente lograron rescatarlo y tras cerca de 24 horas de viaje por fin pudo llegar a destino.

Hechos como esos fueron constantes y desnudaban bastante precariedad por parte de la organización. “No importaba sobre qué le preguntáramos, ellos siempre decían que tardarían 20 minutos. Usualmente tomaba más de 2 horas”, contó Scott Cunningham, el fotógrafo oficial de Atlanta Hawks.

“No cruzamos medio mundo para empatar”

Durante el anteúltimo encuentro del Goodwill Tour los estadounidenses sintieron la pasión de los lituanos por el básquet. “Por lejos fue el mejor público que tuvimos. Eran muy ruidosos y apreciaban a ambos equipos”, rememoró Cunningham. En la cancha se vio otro partido de trámite parejo que derivó en un final extraño.

Terminado el tiempo regular el resultado estaba nivelado en 90. Al ser un amistoso Gomelski quiso pactar un empate con su colega Mike Fratello, pero el orgullo pudo más. “No estamos dispuestos a cruzarnos medio mundo a mitad de nuestras vacaciones para empatar un partido. Vamos a jugar la prórroga”, fue la rotunda negativa del entrenador visitante.

En los 5 minutos suplementarios Atlanta Hawks selló el triunfo con un 105-110. Wilkins no sintió el cansancio y demostró porque era uno de los mejores jugadores del momento. Con 29 puntos fue el goleador en la noche de Vilna.

Wilkins y Fratello en la Plaza Roja.

Yankees go home

El estadio olímpico Luzhniki acogió el cierre del tour con un partido que se disputó con un reglamento híbrido entre el utilizado por la NBA y la Federación Internacional. Entre los varios grandes momentos que vivió el básquet soviético, lo ocurrido aquel 30 de julio tiene un lugar destacado en la historia.

La URSS contó con una ofensiva que funcionó a la perfección y que se sostuvo en un trabajo de defensa impecable. Además se topó con un rival desgastado física y mentalmente. Con un Aleksandr Volkov, que en 1986 fue drafteado por Atlanta Hawks, pero que recién se incorporó al equipo en 1990, intratable (29 puntos), los soviéticos lograron un memorable triunfo por 132-123.

Con esta victoria la selección soviética se convirtió en el segundo equipo europeo en vencer a un rival de la NBA. El otro había sido Maccabi Tel Aviv, que ya había superado a Washington Bullets (1978), New Jersey Nets (1984) y Phoenix Suns (1984). La historia de estos enfrentamientos es muy recordada en Israel, pero en Estados Unidos prácticamente no figura en ningún registro.

En este partido se vieron los momentos más calientes de la serie. Curiosamente los protagonistas no fueron los jugadores (entre ellos hubo bastante cordialidad), sino los árbitros (uno estadounidense, el otro soviético). Con las sanciones cada uno intentó favorecer a “su” equipo y hubo discusiones entre ellos. Para el segundo tiempo se cambió a uno de los jueces, algo pautado de antemano, y el clima se tranquilizó.

El mejor resumen de lo ocurrido en esos movidos días del Goodwill Tour en los que el showtime de la NBA visitó por única vez la URSS lo dio Battle: “Nos dio algo para hablar durante la larga temporada, pero si la TBS quiere organizar una gira el próximo verano podría hacerla en Bahamas”.

Resumen de los dos primeros partidos

Links/Fuentes relacionadas

Verano de 1988: Cuando la URSS superó a la NBA (acb.com)

Rare Birds Sighted (Sports Illustrated)

Behind the Curtain (atlantahawks.com)

1987-88 Atlanta Hawks Roster and Statistics (basketball-reference.com)

La leyenda olvidada

Al día siguiente de un nuevo aniversario de la muerte del difunto, Marina Lebedeva se acercó sigilosamente a la tumba, dejó un ramo de flores y mientras pronunciaba unas palabras en ruso se secaba las lágrimas de las mejillas. Aunque algo tardío, quizás esta haya sido la manera que la mujer encontró para redimirse de la misteriosa denuncia por violación que frustró la carrera de Eduard Streltsov y produjo un quiebre en la historia del fútbol soviético.

Suecia 1958 parecía ser la gran cita que iba a consagrar a Streltsov. A los 21 años había demostrado en Torpedo, uno de los clubes más pequeños de Moscú, que tenía un talento que lo proyectaba a conseguir cosas importantes. Era rápido, habilidoso para manejar la pelota y frente al arco rival no perdonaba. El mundo se enteró de su existencia en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, torneo que ganó la URSS, pese a que el delantero estrella vio desde afuera la final con Yugoslavia.

En la semifinal ante Bulgaria la Unión Soviética consiguió una victoria épica por 1-0. Sufrió dos bajas por lesión y como todavía no se permitían los cambios terminó con 9. El atacante del Torpedo Valentin Ivanov fue uno de los lesionados y quedó marginado para la definición. Como el entrenador Gavriil Kachalin prefería colocar una dupla ofensiva compuesta por compañeros del mismo equipo sacó de los titulares a Streltsov.

De izquierda a derecha: Streltsov, Yashin y Netto, figuras de la URSS campeona olímpica.

Por reglamento los suplentes no recibían las medallas, por eso Nikita Simonyan, actual vicepresidente de la Unión Rusa de Fútbol y reemplazante de la figura soviética, quiso regalarle la suya a Streltsov, que había estado en todos los partidos previos, pero este no la aceptó: “No te preocupes Nikita, ganaré muchos más trofeos en el futuro”, contestó sin saber que el destino, si es que esta escrito, le tenía preparado otra cosa.

Para esa altura Streltsov, que también sobresalía por un carácter extrovertido, había traspasado los límites de la Unión Soviética y era considerado uno de los mejores jugadores de Europa. En la primera edición del Balón de Oro, ganado por Stanley Matthews, terminó en el puesto 13 de la votación. En 1957 finalizó séptimo.

Hasta este punto la historia transita por un mismo camino, pero a partir de ahora se mete en terrenos pocos claros y surgen situaciones que generan muchas incógnitas sobre por qué Streltsov no llegó a ser lo que prometía.

Además de tener una vida trágica (se suicidó en 1974), Yekaterina Furtseva cumplió un papel protagónico en la URSS. A los 20 años se afilió al Partido Comunista y desde allí escaló posiciones hasta ganarse el aprecio de los altos mandos. Integró el Politburó como Ministro de Cultura, convirtiéndose en la mujer más poderosa del país porque fue la única en acceder a un cargo político tan relevante.

Como miembro del gobierno Furtseva participó en el agasajo que se organizó en el Kremlin para los campeones olímpicos en Melbourne. En esta reunión la dirigente le presentó a Streltsov a su hija Svetlana con la intención de casarlos. El futbolista rechazó la propuesta: adujó que estaba comprometido, lo cual era cierto. Con la celebración bien avanzada, Streltsov, con varios vodkas demás, fue demasiado lejos: en público insultó a la hija de Furtseva. Entre otros epítetos gritó: “jamás me casaría con esa cara de mono”.

Paralelamente el ascendente astro se encontraba en una puja con los dos grandes clubes de la capital: CSKA Moscú, vinculado al Ejército Rojo, y Dinamo Moscú, la pata deportiva de la KGB. Streltsov prefirió seguirle siendo fiel al humilde Torpedo, que lo descubrió cuando jugaba en el equipo de una fábrica textil, y le dio la espalda a las poderosas instituciones.

La vida de Streltsov cambió abruptamente meses antes del mundial de 1958. Durante una jornada de descanso en la preparación, el plantel de la URSS fue invitado a una dacha (casa de campo) para participar en la recepción de un militar que había vuelto del extranjero. En esta celebración Streltsov conoció a Marina Lebedeva. A la mañana siguiente la joven de 20 años lo denunció por violación e inmediatamente fue detenido.

Al momento de la declaración un agente de la KGB le prometió que si se reconocía culpable le iban a permitir jugar el mundial. Presionado por la situación Streltsov, que le había enviado una carta a su madre diciendo que era inocente, aceptó la culpabilidad y firmó la declaración, pero la otra parte no cumplió la palabra. Fue juzgado y condenado a 12 años de trabajos forzados en el Gulag (campo de concentración soviético) de Siberia.

Cuando se supo del arresto los primeros en reaccionar fueron los trabajadores de la ZIP, empresa automotriz a la que pertenecía Torpedo. Organizaron una manifestación en la que participaron alrededor de 100.000 personas. Sostenían que esto era una venganza contra Streltsov. Esta vez, como tantas otras, la voz del proletariado no fue escuchada.

Las autoridades sentían cierta incomodidad por las actitudes de Streltsov, que no coincidían con el ideal del ciudadano soviético. Su archivo afirma: “de acuerdo con una fuente verificada, les dijo a sus amigos en 1957 que siempre siente pena tener que retornar a la URSS después de un viaje al exterior”. En tanto, en un memo interno del Departamento de Fútbol se lo critica por el mal momento que eligió para contraer matrimonio: “encontramos que se había casado antes de un importante amistoso ante Rumanía. Esto demuestra la pobre educación al trabajo que hay en Torpedo”.

Eduard Streltsov

Con estas pruebas se puede deducir que a Streltsov le tendieron una trampa. Aunque también hay evidencias que llevan a una lectura diferente. Jonathan Wilson, periodista de The Guardian, entrevistó a Simonyan y este le mostró unas fotos. En una de ellas aparece Lebedeva acostada en lo que parece ser la cama de un hospital y con moretones en los ojos. En otra se ve al jugador durante el juicio con la cara rasguñada.

“Es una historia oscura. Es difícil decir quién la violó. Imagino que la chica a la noche fue a los suburbios, entonces unos chicos la esperaron y así fue como pasó, pero no me parece que haya sido un montaje. Quizás fue el dueño de la dacha”, dudó Simonyan.

“Cuando intente ayudar a Streltsov la policía me dijo que Khrushchev (NdR: presidente de la URSS) estaba siendo informado. Entonces fui la sede del Partido Comunista para pedir que suspendieran el caso hasta el final del Mundial. Me dijeron que no podían hacer nada porque estaba siendo manejado por las altas esferas. Entendí que era el final. Escuche que Furtseva lo había hecho para Streltsov, pero no sé exactamente qué fue lo que pasó”, le contó Kachakin, entrenador de la selección que jugó en Suecia, al historiador Axel Vartanyan.

Previo al mundial se comentaba que había dos selecciones debilitadas: Inglaterra, por el accidente aéreo de Múnich, y la URSS, por la ausencia de Streltsov. La ilusión de los soviéticos se acabó en los cuartos de final, instancia en la que cayeron 2-0 con Suecia, luego subcampeón y al que tiempo antes habían vapuleado 6-0 en un amistoso. Aquella goleada fue el debut de Streltsov, que marcó 3 goles, en la selección mayor.

Mientras tanto el protagonista de esta historia se encontraba aislado en Siberia desperdiciando los mejores años como futbolista. Sobre lo que sucedió en el Gulag no hay demasiada información porque Streltsov, temeroso a recibir represarías, evitó referirse al tema, incluso con familiares o amigos. Lo que se cree es que los primeros tiempos fueron difíciles y pasó 4 meses en el hospital de la prisión por un golpe con una barra de hierro. Una vez recuperado era utilizado por los guardias para partidos informales que servían para calmar los ánimos de los reclusos.

Al cumplirse 7 años a Streltsov le conmutaron la pena. Para esa altura los tiempos de idolatría se habían acabado y era visto como un criminal. Torpedo fue el único lugar en donde todavía era admirado y respetado. Los hinchas no olvidaron la prueba de fidelidad que significó rechazar la posibilidad de ir a CSKA Moscú o a Dinamo Moscú.

Todo ese cariño lo devolvió en la cancha. Con él como figura el conjunto moscovita fue campeón de las ligas de 1965 y 1968, siendo Streltsov premiado como el mejor futbolista en las temporadas 1967 y 1968. Físicamente ya no era el mismo, aunque el talento seguía intacto. Todavía hoy Torpedo le rinde homenaje permanente: la cancha lleva su nombre y también hay una estatua que lo recuerda.

Con la idea de recuperar la imagen del que muchos historiadores consideran que pudo haber sido mejor que Pelé, en 2001 se creó el Comité Streltsov. Este grupo presidido por Anatoly Karpov, campeón del mundo de ajedrez en los períodos 1975-1985 y 1993-1999, tiene como meta principal lograr que legalmente Streltsov quede exonerado del delito de violación.

La figura de Streltsov, que nunca pudo mostrarse en los grandes escenarios del fútbol, quedó olvidada en el tiempo y pocos lo recuerdan. Murió en 1990 a causa de un cáncer de garganta. En el lecho de muerte una de las últimas cosas que llegó a decir fue “soy inocente”.

Fuentes/Links Relacionados

El fútbol y la guerra fría. Eduard Streltsov: el Pelé ruso (Notas de fútbol)

Was Streltsov really the martyr Russian football demands? (The Guardian)

La triste historia del Pelé ruso (Don Balón)

Loyal fans fight to clear name of Russia’s Pele (The Guardian)

La tragedia de una campeona

Muchas veces en la vida hay situaciones que duran un puñado de segundos o quizás milésimas, pero que traen como consecuencia un cambio rotundo en las personas y que significa una quiebre muy brusco porque nada volverá a ser como antes. Este es el caso de Elena Mukhina, quien estaba signada a ser una de las figuras del equipo soviético de gimnasia durante los Juegos Olímpicos de Moscú 1980 y días antes de comenzar a competir sufrió una grave lesión que la confinó a una silla de ruedas hasta el fin de sus días.

El acto de vivir casi nunca fue una tarea sencilla para Mukhina, nacida el 6 de junio de 1960 en tierra moscovita. A los 5 años sufrió un duro golpe: su madre murió en un incendio. Su abuela, Anna Ivanova, se encargó de criarla. Al mismo tiempo comenzó a tejer los primeros sueños de destacarse en la gimnasia, una de las piedras fundamentales en el entramado del deporte en la Unión Soviética.

Un día a la escuela llegó un entrenador preguntando si había alguna interesada en sumarse a su equipo. Por supuesto que Mukhina no dudó en levantar la mano. Comenzó a trabajar con Mikhail Klimenko y rápidamente se destacó como una promesa al ganar el campeonato nacional juvenil de 1976. Esa misma temporada terminó en el 12° puesto en la exigente Copa URSS, un torneo con un nivel parecido o hasta superior al que se podía encontrar en un Mundial o en Juegos Olímpicos. Sin embargo, no le alcanzó para clasificar a la cita olímpica de Montreal.

Mukina en acción. (El País)

Ese mismo año en el Europeo de Praga finalizó en la segunda en el all around, prueba que combina todas las especialidades de la gimnasia, detrás de la leyenda Nadia Comaneci. Además consiguió otras 3 medallas de oro.

La gran explosión de Mukhina llegó 2 años más tarde en los mundiales de Estrasburgo (Francia). Allí se colgó 5 preseas doradas, incluido el título en el all around batiendo a Comaneci. Sorprendió a todos por la complejidad de sus movimientos en los diferentes aparatos. Definitivamente se había consagrado como una de las grandes estrellas de la gimnasia mundial y era la cara más importante del poderoso combinado de la URSS. Por eso desde el estado comunista habían puesto muchas esperanzas en ella de cara a los Juegos Olímpicos que se avecinaban.

A fines de 1979 empezaron los problemas. Durante una competencia Mukhina sufrió una fractura en una pierna y casi sin tiempo para llegar en condiciones optimas al gran objetivo su entrenador Klimenko y el jefe de equipo, Aman Shaniyazov, quizás sufriendo presiones por parte de altos mandos, apuraron la recuperación de la gimnasta con una operación. Lo planificado no salió como se esperaba: la pierna de Mukhina no quedó bien, por lo que nunca se terminó de reponer del todo. Igualmente los entrenadores aceleraron los plazos porque su recuperación era una cuestión de estado. Si o si debía participar en los Juegos Olímpicos.

Pocas semanas antes que se prendiera la Llama Olímpica en la capital soviética la selección de la URSS estaba concentrada en Minsk ajustando detalles para el torneo. Durante uno de los últimos entrenamientos Mukhina practicaba ejercicios de suelo y cuando realizaba uno de los movimientos que más dominaba cayó mal y dio con la pera contra el piso. Se rompió varias vertebras y quedó tetrapléjica. A los 20 años su vida se se redujo a una silla de ruedas y solo moviendo algunas partes del cuerpo.

Elena Mukina y su foto más famosa. (Wikipedia)

Sin dar demasiadas especificaciones desde la Federación Soviética informaron que Mukina no iba a participar en los Juegos Olímpicos por lesión. Esa fue la última noticia que se tuvo de ella porque quedó olvidada.

Su primera aparición pública tras el accidente, y confirmando las sospechas que había alrededor de ella, en especial del otro lado de la Cortina de Hierro, fue cuando la URSS le entregó como reconocimiento la Orden de Lenin. En 1983 el Comité Olímpico Internacional la condecoró con la Orden Olímpica, el galardón más importante dentro del olimpismo.

En 1988 Mukhina, que volvió a vivir con su abuela, realizó una las pocas entrevistas mientras estuvo en la silla de ruedas. “Ni culpo ni condeno a nadie por lo que sucedió. Fui estúpida. Lo único que quería era justificar la confianza que habían puesto sobre mi y ser una heroína”, explicó. También criticó al modelo soviético: “Había conceptos como el honor del club, el honor del equipo, el honor al equipo nacional, el honor de la bandera. Eran palabras detrás de las cuales a las personas no se les prestaba atención”. Vivió en el ostracismo y lo que se sabe es que colaboró como columnista en un diario de Rusia, no mucho más.

Volvió a escucharse su nombre cuando murió a los 46 años. No se confirmó cual fue la causa de su muerte, pero al parecer estaría relacionada con alguna disfunción causada por la tetraplejia.

Mukhina todavía hoy es recordada. Muchos de sus movimientos fueron novedosos durante una época en la que la gimnasia era dominada por los países de Europa del Este y solo Estados Unidos podía inmiscuirse un poco. Quizás sin saberlo muchas de las estrellas actuales están rindiéndole homenaje a uno de los grandes nombres de la historia de la gimnasia.

Elena Mukhina en los mundiales de Estrasburgo (Francia) 1978

Fuentes/Links relacionados

Elena Mukhina, orgullo de la gimnasia de la URSS (El Mundo)

La tragedia de una gimnasta (El País)

Elena Mukhina dies (intlgymnast.com)