El manco legendario

“y allá en Teodelina

cuna de grande campeones

nació el campeón de campeones

pelotario Oscar Messina.”

Payada

En su humilde casa no tenía copas. Tampoco le importó ganarlas. Recorrió diferentes localidades de la Argentina, sobre todo de la provincia de Buenos Aires, mostrando un desfachatado talento. Siendo un ignoto le ganó con autoridad a rivales de renombre, el dinero que conseguía por medio de las apuestas lo dilapidaba en la milonga o en lujos excesivos, no le caía bien a los porteños, nunca escondió su favoritismo hacía la UCR, solía andar armado, no había terminado la primaria pero escribía poemas. Así se puede resumir la vida de Ismael Oscar Messina, más conocido como el Manco de Teodelina, uno de los grandes jugadores de pelota a paleta del país y quizás el gran mito olvidado del deporte argentino.

Sobre todo durante las últimas décadas del Siglo XIX y las primeras del Siglo XX, el fútbol todavía estaba recluido en los aristocráticos clubes y colegios británicos. La gran pasión popular era la pelota vasca, actividad traída por los inmigrantes llegados desde el País Vasco, y los frontones para jugar se extendían por todo el país. Roberto Arlt, el mismo que escribió las fenomenales Aguafuertes porteñas, jugaba en la cancha la Granja, ubicada en Rivadavia 9840. Muchas veces entre el público se podía ver a Carlos Gardel o a Bernabé Ferrerira, quien gracias a su traspaso récord de Tigre a River Plate inmortalizó el mote de Millonarios. En citas importantes no faltaron los presidentes de la Nación, caso Domingo Faustino Sarmiento.

En especial en las zonas rurales se jugaba con poco o nada de protección y los jugadores sentían las consecuencias. Terminaban con las manos hinchadas llenas de heridas y moretones. A veces para drenar la sangre se cortaban la palma de la mano con un cuchillo o se la hacían pisar. En 1904 Gabriel Martinen, un tambero de Burzaco apodado Sardina, con la ayuda de Francisco Marticonera, un inmigrante vasco, inventaron una paleta que dio paso a la versión argentina de la pelota vasca: la pelota a paleta, considerado el segundo deporte nacional después del Pato y el que más títulos del mundo le dio a la Argentina (41).

La flamante creación fue ganando adeptos y llegó a Teodelina, una localidad santafecina reconocida últimamente por Diego Buenanotte, el jugador de River Plate. Allí un pequeño Messina motivado por Don Ramón, su padre, empezó a familiarizarse con este deporte en el frontón del pueblo. A la hora de la siesta aprovechaba con sus amigos para ir a jugar, siempre y cuando la policía no los llevará detenidos. “Nos hacían baldear la comisaría, limpiar y después nos largaban. Ha habido tardes que me han llevao (sic) hasta 3 veces”, recordaba en una de sus últimas entrevistas quien fue el mayor de 5 hermanos de una familia muy pobre y que vivía en una casa de un ambiente.

A los 12 se ganó el apodo de Manco que lo marcó para siempre. Trabajando en el campo recibió el golpe de un caballo y se fracturó el brazo izquierdo. Como no había yeso se lo entablillaron con tablitas de dulce de membrillo y le recomendaron que lo tuviera quieto. Messina no hizo caso a la advertencia y se le formó un sobrehueso. En el mejor momento de la carrera se solía decir que “era tan manco como Gardel mudo”.

Un año más tarde comenzó el periplo por distintas localidades bonaerenses. Partió del pago natal con la idea de encontrar alguna cosecha para conseguir un peso extra. Mientras viajaba se paraba en cuanto frontón se le topaba en el camino y desafiaba al crédito local. La primera parada fue Coronel Suárez y gracias a las apuestas ganó 20 pesos. Pigüe, Bahía Blanca, General Pringles o Lamdrid, fueron algunos de los puntos que vieron al Manco, que era derecho pero que para jugar tenía una zurda endemoniada.

El Manco de Teodelina.

No tenía estudios básicos, pero compensaba su ignorancia con mucha viveza y picardía. La idea era presentarse ante la estrella local en lugares alejados de Teodelina, con lo cual los apostadores no lo conocían e iban con todo el dinero al jugador del pueblo. Seguramente más de uno se llevó una ingrata sorpresa cuando este desconocido destrozaba a su jugador predilecto. Así se fueron gestando infinidad de mitos en torno a su figura. Se cuenta que varias veces cansaba a su oponente con la derecha, cuando este no daba más, lo liquidaba con la izquierda.

En una ocasión, por insistencia de su padre, desafió al invicto de Colón Cabeza Papaolo. Ante 800 personas el Manco perdía 11-1 e intempestivamente su progenitor ingresó a la cancha gritando “sinvergüenza, arruinaste a todo un pueblo”. “Papá, vea que el partido va por 11 y es a 30”, contestó con tranquilidad su hijo. Ganó 30-23 y ese día recaudó 3.800 pesos.

El Manco no tenía inconvenientes de desafiar a cualquiera. Mientras él se fuera con plata (“yo por nada no juego”, solía decir) en el bolsillo no ponía trabas. El rival podía ser alguien sacado de una de las pulperías de mala muerte que frecuentaba o un campeón del mundo.

Esto último ocurrió en 1958 cuando enfrentó junto al Negro Cacho Acevedo, su compañero de ruta, a Armando Olite/Juan Andrade, recientes ganadores del mundial en dobles, que hicieron todo lo posible para evitar enfrentarlo. Finalmente cedieron a la presión. Perdieron 30-27 y la leyenda dice que prácticamente fue Messina contra Olite/Andrade.

Otra anécdota ocurrió en el Club Gutemberg de La Plata. Aquella vez El Manco, que oficialmente sólo registra una participación en el Campeonato Argentino de 1971, se impuso en un duelo después de tomarse 8 medidas de whisky con tónica.

Desde ya que todas estas andanzas, seguramente agrandadas con el paso del tiempo, llegaron a oídos de varios dirigentes de clubes que querían sumarlo a sus equipos profesionales. Lo contrató Gimnasia y Esgrima de La Plata, pero los días en la institución platense fueron breves. Lo suspendieron porque no quería sacarse un sombrero entrerriano de color hueso que llevaba puesto. Así se empezaban a ver algunos de sus delirios cercanos a los de una estrella de rock.

Messina era fanático de los perfumes caros y, sobre todo, del oro. “Un día fuimos a Rosario. Pasamos por una joyería y ve en la vidriera un mate muy grande de plata con una bombilla de plata cuya punta era de oro. Entró a la joyería y preguntó cuánto salía. Le dijeron un platal, que sé yo cuánto era. ‘Si ganó esta noche vengo mañana y lo compro’, dijo. Fuimos al Club Gimnasia y Esgrima, ganamos los dos partidos y al otro día fue y lo compró”, recuerda Juan Carlos Salamín Medici, eximio jugador contemporáneo al Manco. “¿Ha ganado mucha plata?”, le preguntaron ya jubilado. “¡Fortunas!”-exclamó- Ahora no tengo nada. La tiré ¡Y si nunca trabaje!”. A sí mismo se calificaba como un “vago”.

Ante semejante talento suelto la Federación Argentina no dudó en llamarlo para la preselección que se estaba preparando para el Mundial. Fue citado al Club Platense en donde enfrentó a los mejores exponentes del país y los superó a todos. Terminada la práctica los entrenadores le dijeron que en pocos días le confirmaban si quedaba entre los convocados definitivos. El Manco, un hombre de pocas pulgas, se enojó. “Le gane a todos, de mí qué tienen que evaluar. Veo que esto esta reservado para acomodados”, espetó el santafecino. Nunca más se lo volvió a citar y los porteños no quisieron saber más nada con tenerlo cerca.

“Yo no fui campeón mundial porque a mi no me mandaron porque yo soy radical y en aquel tiempo estaba Perón. Yo era un paisano mal llevao (sic), no me dejaba manosear por esos cara sucia, y de yapa, era radical; tenía todas las contras. Pero, ¿qué les ganaba? ¡Les robaba! Pero no me mandaban ¿Viste vos, cómo es la vida?”, contó Messina sobre la experiencia fallida dentro de la selección argentina.

El favoritismo hacía UCR jamás fue un secreto, inclusive en épocas en las cuales el peronismo estaba en el apogeo. En una de las tantas noches de borrachera el Manco gritó “viva el partido radical”. “Yo soy peronista y ha mucha honra”, le retrucó un panadero que lo escuchó. Messina no dudó en sacar su escopeta Smith and Wesson, apuntó al techo y disparó. Fin de la discusión.

Tapa del libro “La leyenda del Manco de Teodelina” escrito por Raymundo Goyanes.

Esa no fue la única vez, por lo menos que se tenga constancia, que usó un arma, la que solía llevar escondida debajo de un poncho. Por cuestiones reglamentarias a último momento fue suspendido para participar en un Campeonato Argentino y se le aplicó una sanción de 99 años. Furioso cuando le informaron la pena desenfundó una Colt Caballito calibre 32 y apretó el gatillo. Por suerte otra vez las balas dieron contra el techo. “Me preocupa, más que jugar campeonatos oficiales, el hecho que me hayan confundido con un elefante ¿Qué significativo tiene suspenderme tantos años?”, expresó.

Esa fue la última vez que el Manco, que vivió en Chascomús, en donde entabló una relación amistosa con Raúl Alfonsín, al que tenía como vecino, se vinculó con una competencia oficial. Volvió a su habitad natural: la ruta, el boliche de baja calaña y el frontón de algún pueblo perdido.

Murió el 11 de mayo de 2005 sin nada, en silencio y olvidado, aunque jamás se arrepintió de lo que había vivido. En los lugares por donde pasó dejó su sello y todavía algunos que peinan canas entre mate y mate en la plaza recuerdan los infinitos mitos y leyendas que rodean a la figura de este personaje único e irrepetible.

Fuentes/Links relacionados

Breve Historia del Deporte Argentino (Ezequiel Fernández Moores)

La leyenda del “Manco” Messina (Entrevista con el Manco. Parte 1) (colonbuenosaires.com.ar)

La leyenda del “Manco” de Teodelina (Entrevista con el Manco. Parte 2) (colonbuenosaires.com.ar)

El Manco de Teodelina (Página 12)

Leyenda del Manco de Teodelina (La Nación)

Lo llamaban “El Manco de Teodelina” (La Opinión de Pergamino)

15 Respuestas a “El manco legendario

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  2. Soy de Teodelina. Y el manco era un grande. Amante de la cerveza y compañero de mi viejo.
    Saludos muy buena la nota!

  3. me encanto la nota, el manco era amigo de mi viejo y de toda mi familia, un idolo, GRANDE MANCO, !!!!!!!!!!! siempre te vamos a recordar………besos a GRACIELA Y OSCAR

  4. Muerto!!! El Manco era analfabeto, a los poemas se los escribían las minas y el los memorizaba. Informate!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  5. Que buena historia, muchas gracias y les recomiendo que compren el libro, esta muy muy bueno.

  6. Manuel, vos tenes la posta!!! El Manco no sabía leer ni escribir, las minas escribían los versos y el los memorizaba. Soy de Chascomús y siempre caía gente al café de mi tío preguntando por el Manco. Mi tío me dice, esta gente de Marcos Paz anda buscando al Manco, anda a buscarlo a la casa. Llegue y me hizo pasar, le dije que lo buscaban. Con el mate en la mano me entro a cagar a pedos. Pero pibe recién arranco el mate, salimos al patio puso un trapito arriba de las garrafas y le hecho la yerba para usarla luego, un troesma!!!!

  7. Soy un jugador ocacional de pelota a paleta, pero cuando voy perdiendo invoco la maestro y digo “vamos manco, ayudame”, para mi es un dios, una leyenda viviente que mientras haya un jugador de pelota, seguira viviendo. Hasta pronto troesma.

  8. ESTO PASO HACE 48 AÑOS EN CDA VERDE JUGO EL MANCO CON LA CHELA DE GRAL VILLE GAS QUE TENIA ALG DISCAPACI DAD Y LES GANO MUY BIEN, EL MANCO Y JOR GE LECUMBERRY ES LO MAS BE LLO QUE HE VIS TO EN PELOTA PALETA ¡ NANINO

  9. muy linda la historia del manco peroo,, a mi me contaron la del tarta diego que era de garre y me parece que fue mucho mas jugador es de la misma epoca del manco y frecuentaba los mismos lugares

  10. Si los hay que personaje !!! Que auténtico, le salía de adentro lo q sentía hermosos recuerdos de este grande de la pelota!!!

  11. Oscar Messina,el mas grande jugador de paleta que ha dado el mundo. Un quijote incomparable; una fiera dentro de la cancha.mis ojos conservarán hasta el ultimo hilo de vida que me queda, la jerarquía de un jugador de esos que las viejas paren y rompen el mundo.

  12. Oscar Messina,el mas grande jugador de paleta que ha dado el mundo. Un quijote incomparable; una fiera dentro de la cancha.mis ojos conservarán hasta el ultimo hilo de vida que me queda, la jerarquía de un jugador de esos que las viejas paren y rompen el molde.

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