Showtime en la URSS

La necesidad de expandir sus fronteras y de abrir nuevos mercados fuera de Estados Unidos impulsó a la NBA a organizar partidos en el exterior, sobre todo en Europa. Las primeras experiencias fueron a fines de los 70, pero comenzaron a hacerse más asiduas en los últimos años de la década del 80. Durante ese período uno de los casos más curiosos ocurrió en 1988 cuando Atlanta Hawks visitó la Unión Soviética.

Denominada Goodwill Tour (Tour de la Buena Voluntad) la gira que se extendió aproximadamente por 20 días constó de 3 partidos en los que se enfrentaron la poderosa selección local subcampeona europea con la franquicia del Estado de Georgia. Motivos económicos y políticos fueron los motores de la expedición.

La principal interesada era la cadena TBS, perteneciente al empresario oriundo de Atlanta Ted Turner, que buscaba profundizar los lazos comerciales con una URSS que se hallaba en plena apertura económica (Perestroika). Los contactos habían comenzado en 1986 cuando TBS junto con la TV soviética coprodujeron los Goodwill Games, unos minis Juegos Olímpicos que reunía a atletas de Estados Unidos y Europa del Este.

El segundo involucrado era la NBA. La URSS se presentaba como un sitio atractivo no sólo por lo monetario, sino también porque era una constante productora de talentos. Por eso la delegación estuvo liderada por David Stern, comisionado de la liga, que aprovechó la oportunidad para reunirse con los altos mandos del deporte soviético.

Estos factores influyeron para que Atlanta Hawks se lanzara a una aventura que en la sensación de los protagonistas duró una eternidad. “Viví muchas experiencias en mi carrera, pero ninguna tan memorable como el viaje a la Unión Soviética para cubrir la gira de los Hawks. Fue uno de esos viajes tan horrendos que terminas recordándolos con cariño. Mala comida, desplazamientos muy complicados, desordenes intestinales y malos alojamientos”, recordó Jack McCallun, periodista de Sports Illustrated.

Realidades opuestas

En lo deportivo los equipos tenían objetivos diferentes. Atlanta Hawks venía de ser protagonista de la temporada 1987/1988. Su campaña culminó en las semifinales de la Conferencia Este con una derrota en un séptimo partido ante Boston Celtic. Para esta altura del calendario se suponía que los jugadores debían estar de vacaciones. “Realmente el tour significa mucho más para la TBS que para nosotros. Pero bueno, estos son negocios”, reconoció el base John Battle.

Para la URSS, en cambio, estos amistosos eran importantes. No sólo por el hecho de ponerse a prueba ante un rival que venía de ser tercero en la División Central y octavo en el total de la etapa regular de la NBA, sino que además servían como test de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Por esta razón el entrenador Aleksander Gomelski convocó a la mayor parte del plantel que meses más tarde se consagró campeón olímpico.

Luego del extenso viaje la comitiva estadounidense arribó a Moscú. De ahí fue trasladada al Centro Olímpico de Sukhumi, una localidad turística a orillas del Mar Negro. Entre turismo, entrenamientos y una clínica para los jugadores soviéticos, algo que cayó muy mal en la selección de Estados Unidos que se preparaba para los Juegos Olímpicos, pasaron los primeros días de la estadía. Mientras tanto había que adaptarse al brusco choque cultural y a una dieta basada en pepinos y tomates que no convencía a nadie.

En Tiblisi, República de Georgia, se abrió el Goodwill Tour. En un estadio repleto se disputó un partido muy luchado que se definió en el último ataque. A falta de 19 segundos la URSS estaba arriba 84-83 y la pelota en control de Atlanta Hawks. Con un lanzamiento agónico a pocos metros del aro Battle convirtió el doble definitivo que les dio la victoria a los visitantes por 84-85.

Banderín conmemorativo de la gira por la URSS.

Olvidado en Moscú

Para la siguiente presentación el itinerario indicaba que había desplazarse hasta Vilna, lo que implicaba otro extenso y complicado traslado. En la capital lituana se sumó Dominique Wilkins, la gran estrella de Atlanta Hawks. Para arribar hasta allí primero tuvo que pasar una odisea.

Llegar de Estados Unidos a la URSS había sido tortuoso. Una vez en Moscú unos directivos soviéticos se iban a encargar del papeleo para hacer el trasbordo, pero por una descoordinación perdieron el vuelo. En vez de buscar una solución se retiraron del aeropuerto y Wilkins durante casi 1 día quedó abandonado en una especie de limbo. De repente se encontró solo, incomunicado, sin entender el idioma y sin dinero ni comida.

“Fueron 12 horas sin dirigentes o personas que conociera, así que me senté y esperé”, recordó Wilkins. Finalmente lograron rescatarlo y tras cerca de 24 horas de viaje por fin pudo llegar a destino.

Hechos como esos fueron constantes y desnudaban bastante precariedad por parte de la organización. “No importaba sobre qué le preguntáramos, ellos siempre decían que tardarían 20 minutos. Usualmente tomaba más de 2 horas”, contó Scott Cunningham, el fotógrafo oficial de Atlanta Hawks.

“No cruzamos medio mundo para empatar”

Durante el anteúltimo encuentro del Goodwill Tour los estadounidenses sintieron la pasión de los lituanos por el básquet. “Por lejos fue el mejor público que tuvimos. Eran muy ruidosos y apreciaban a ambos equipos”, rememoró Cunningham. En la cancha se vio otro partido de trámite parejo que derivó en un final extraño.

Terminado el tiempo regular el resultado estaba nivelado en 90. Al ser un amistoso Gomelski quiso pactar un empate con su colega Mike Fratello, pero el orgullo pudo más. “No estamos dispuestos a cruzarnos medio mundo a mitad de nuestras vacaciones para empatar un partido. Vamos a jugar la prórroga”, fue la rotunda negativa del entrenador visitante.

En los 5 minutos suplementarios Atlanta Hawks selló el triunfo con un 105-110. Wilkins no sintió el cansancio y demostró porque era uno de los mejores jugadores del momento. Con 29 puntos fue el goleador en la noche de Vilna.

Wilkins y Fratello en la Plaza Roja.

Yankees go home

El estadio olímpico Luzhniki acogió el cierre del tour con un partido que se disputó con un reglamento híbrido entre el utilizado por la NBA y la Federación Internacional. Entre los varios grandes momentos que vivió el básquet soviético, lo ocurrido aquel 30 de julio tiene un lugar destacado en la historia.

La URSS contó con una ofensiva que funcionó a la perfección y que se sostuvo en un trabajo de defensa impecable. Además se topó con un rival desgastado física y mentalmente. Con un Aleksandr Volkov, que en 1986 fue drafteado por Atlanta Hawks, pero que recién se incorporó al equipo en 1990, intratable (29 puntos), los soviéticos lograron un memorable triunfo por 132-123.

Con esta victoria la selección soviética se convirtió en el segundo equipo europeo en vencer a un rival de la NBA. El otro había sido Maccabi Tel Aviv, que ya había superado a Washington Bullets (1978), New Jersey Nets (1984) y Phoenix Suns (1984). La historia de estos enfrentamientos es muy recordada en Israel, pero en Estados Unidos prácticamente no figura en ningún registro.

En este partido se vieron los momentos más calientes de la serie. Curiosamente los protagonistas no fueron los jugadores (entre ellos hubo bastante cordialidad), sino los árbitros (uno estadounidense, el otro soviético). Con las sanciones cada uno intentó favorecer a “su” equipo y hubo discusiones entre ellos. Para el segundo tiempo se cambió a uno de los jueces, algo pautado de antemano, y el clima se tranquilizó.

El mejor resumen de lo ocurrido en esos movidos días del Goodwill Tour en los que el showtime de la NBA visitó por única vez la URSS lo dio Battle: “Nos dio algo para hablar durante la larga temporada, pero si la TBS quiere organizar una gira el próximo verano podría hacerla en Bahamas”.

Resumen de los dos primeros partidos

Links/Fuentes relacionadas

Verano de 1988: Cuando la URSS superó a la NBA (acb.com)

Rare Birds Sighted (Sports Illustrated)

Behind the Curtain (atlantahawks.com)

1987-88 Atlanta Hawks Roster and Statistics (basketball-reference.com)

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Un pionero llamado Wally Yonamine

La carrera de Joe Stanka en el béisbol parecía estancada. No tuvo suerte cuando intentó dar el salto a la Major League Baseball (MLB) y sin demasiado éxito sobrevivía en equipos de ligas menores que jugaban en estadios ruinosos, que solían registrar campañas opacas y pagaban un puñados de dólares. Por eso para mantener a la familia trabajaba en una fábrica de muebles en Oklahoma. Todo indicaba que no había salida, hasta que de golpe su vida deportiva y personal sufrió un vuelco: le propusieron irse a Japón.

Stanka firmó un contrato con Nankai Hawks de Osaka por un dinero que jamás hubiera imaginado. No sólo se convirtió en una estrella a nivel nacional, sino que también fue campeón en 1961, recibió el premio al mejor jugador de la Liga del Pacífico en 1964 y todavía hoy se lo recuerda como uno de los grandes extranjeros que pasó por el béisbol de aquel país.

Pese a que no todos tienen la misma suerte (a veces el choque cultural es una barrera insalvable), la historia de Stanka es aplicable a muchos otros que por distintas razones no se insertaron en la MLB. Aquellos que quedan marginados de la liga estadounidense pueden encontrar en Japón una alternativa para desarrollarse como profesionales. Allí el béisbol es popular, los contratos son buenos y, aunque inferior en comparación con Estados Unidos, la competencia interna es fuerte.

Sobre todo por las tensiones generadas durante la Segunda Guerra Mundial, bomba nuclear en Hiroshima/Nagasaki y ocupación mediante, el béisbol, al igual que otros aspectos de la sociedad, fue un territorio tácitamente cerrado para los estadounidenses. El gran culpable de producir un quiebre en la historia fue Wally Yonamine, que a fuerza de bateos se convirtió en un pionero que rompió los prejuicios hasta convertirse en una leyenda.

Wally Yonamine

Nacido el 25 de julio de 1925 en Hawaii en una familia de inmigrantes japoneses, Yonamine tenía aspiraciones de ser jugador de football americano, deporte que practicó en la secundaria. Las buenas actuaciones, sobre todo a la hora de defender, en un combinado de la armada le permitieron incorporarse a San Francisco 49ers, pero con la franquicia californiana sólo disputó una temporada. Una fractura que sufrió jugando al béisbol en una liga amateur en Hawaii lo obligó a retirarse del football americano.

Una vez recuperado Yonamine optó por sacarse el casco y agarrar el bate. Se destacó en campeonatos de segundo orden y por esta razón Lefty O’Doul, su entrenador en San Francisco Seals y consejero de Yomiuri Giants, el equipo más importante de Japón, le recomendó que fuera a probar suerte al Lejano Oriente. El hawaiano aceptó la propuesta y se incorporó al conjunto de Tokio. De esta manera se convirtió en el primer jugador estadounidense en formar parte de la Nippon Professional Baseball (NPB) tras la Segunda Guerra Mundial.

A raíz de las tensas relaciones entre Japón y Estados Unidos la adaptación de Yonamine fue demasiado complicada. Cuando recién llegó a Yomiuri Giants era visto como un traidor o, incluso, como un intruso. Esto llevó a que fuera blanco de varios intentos de agresiones. En Nagoya, por ejemplo, debió escaparse del banco de suplentes porque unos hinchas furiosos quisieron atacarlo, en Osaka le lanzaron piedras y en Hiroshma fueron más lejos: un grupo de gansters planeó asesinarlo.

Las complicaciones con las que convivía Yonamine no sólo eran por cuestiones extra deportivas, sino que adentro de la cancha también generaba rechazo. Su concepción del juego era opuesta a la que se tenía en Japón. A medida que se fue destacando y los resultados aparecieron, la percepción sobre su figura cambió.

Con Yomiuri Giants ganó el campeonato de 1951, el cual volvió a conquistar en 1953. Además Yonamine fue pieza importante para obtener el título de conferencia en 8 ocasiones en la década del 50. A nivel individual entre otros reconocimientos recibió en 3 veces el premio al mejor bateador, en 1957 fue el Jugador Más Valioso de la Central League y durante 9 años no faltó nunca en el equipo ideal.

En 1957 Yonamine recibió como premio una bicicleta por haber sido el mejor bateador de la temporada.

Cuando dejó de jugar se convirtió en el primer entrenador extranjero en la historia de la NPB. Se retiró definitivamente en 1988. Para esa altura la semilla que puso a principios de los 50 había germinado porque ya no era una extravagancia ver jugadores de Estados Unidos emigrar a Japón. El aporte de Yonamine también sirvió para que japoneses hicieran el camino inverso y se sumaran a la MLB.

En 1994 Yonamine fue el primer foráneo incluido en el Salón de la Fama del béisbol japonés. Murió en 28 de febrero de 2011 dejando un legado muy grande que todavía es recordado. Gracias a su aventura produjo un quiebre en la historia del béisbol en Japón y le abrió nuevas oportunidades a muchos jugadores a los que les cambió la vida. Stanka, y otros tantos, pueden dar fe de ello.

Fuentes/Links relacionados

A Yank in Japan (Sports Illustrated)

You’ve Gotta Have “wa” (Sports Illustrated)

Wally Yonamine Dies at 85; Changed Japanese Baseball (New York Times)

Remembering Wally Yonamine (ESPN)

49ers Pioneer Wally Yonamine Passes (49ers.com)

Sitio oficial de la Nippon Professional Baseball

Sitio oficial de Wally Yonamine